Es fácil empatizar con el sufrimiento que podemos vemos: una niña que ha perdido el cabello como resultado de la quimioterapia, por ejemplo. El sufrimiento de un niño con problemas psiquiátricos es mucho menos evidente. Muchos niños y adolescentes con problemas emocionales mantienen su sufrimiento en secreto. Otros expresan sus sentimientos de forma peligrosa u ofensiva. Debido en gran parte al estigma (miedo, vergüenza y malentendidos sobre los trastornos psiquiátricos), la mayoría nunca recibe atención clínica.

Desmentir los mitos sobre la salud mental infantil es fundamental para que más niños reciban la ayuda y comprensión que merecen.

MITO 1: Un niño que tiene un trastorno psiquiátrico está dañado de por vida.
Un trastorno psiquiátrico no es de ninguna manera una indicación del potencial de un niño para la felicidad y la realización futuras. Si se reconocen y tratan las dificultades de un niño (cuanto antes, mejor), tendrá muchas posibilidades de controlar o superar los síntomas y convertirse en un adulto sano.

MITO 2: Los problemas psiquiátricos son resultado de una debilidad personal.
Puede ser difícil separar los síntomas del trastorno psiquiátrico de un niño (comportamiento impulsivo, agresividad o ansiedad extrema, por ejemplo) del carácter de un niño. Pero un trastorno psiquiátrico es una enfermedad, como la diabetes o la leucemia, y no un tipo de personalidad. No podemos esperar que los niños y adolescentes tengan las herramientas para superar estos desafíos por sí solos, pero pueden recuperarse con la ayuda de sus padres y un plan de tratamiento y diagnóstico eficaces.

MITO 3: Los trastornos psiquiátricos son resultado de una mala crianza.
Si bien el entorno en el hogar de un niño y las relaciones con sus padres pueden exacerbar un trastorno psiquiátrico, estas cosas no causan el trastorno. Se considera que cosas como la ansiedad, la depresión, el autismo y los trastornos del aprendizaje tienen causas biológicas. La crianza de los hijos no tiene la culpa. Pero los padres juegan un papel central al brindar un apoyo y cuidado que son cruciales en la recuperación de su hijo.

MITO 4: Un niño puede controlar un trastorno psiquiátrico mediante la fuerza de voluntad.
Un trastorno no es una ansiedad leve o una baja en el estado de ánimo. Es una angustia y disfunción graves que pueden afectar todas las áreas de la vida de un niño. Los niños no tienen las habilidades y la experiencia de vida para manejar condiciones tan abrumadoras como la depresión, la ansiedad o el trastorno por déficit de atención con hiperactividad o TDAH. Pueden beneficiarse profundamente del plan de tratamiento adecuado, que generalmente incluye un tipo de terapia conductual, y recuperar su salud y felicidad.

MITO 5: La terapia para niños es una pérdida de tiempo.
El tratamiento de los trastornos psiquiátricos infantiles no es una terapia de conversación a la antigua. En la actualidad, los mejores programas de tratamiento basados ​​en evidencia para niños y adolescentes utilizan la terapia cognitivo-conductual, que se enfoca en cambiar los pensamientos, sentimientos y comportamientos que les están causando serios problemas. Y la investigación ha demostrado que existe una ventana de oportunidad (los primeros años en los que aparecen los síntomas), cuando las intervenciones de tratamiento tienen más éxito.

MITO 6: Los niños están medicados de manera excesiva.
Dado que muchas voces públicas (muchas sin experiencia clínica o de primera mano) han cuestionado el uso de medicamentos en el tratamiento de trastornos psiquiátricos infantiles, muchas personas creen que los psiquiatras recetan medicamentos a todos los niños que ven. Sin embargo, la verdad es que los buenos psiquiatras tienen gran cuidado al decidir si iniciar un plan de tratamiento para un niño que incluya medicamentos, y cómo hacerlo (generalmente junto con la terapia conductual). Nunca ponemos en duda si un niño con diabetes o un trastorno convulsivo debería recibir medicamentos: deberíamos tomarnos las enfermedades psiquiátricas con la misma seriedad.

MITO 7: Los niños superan los problemas de salud mental a medida que crecen.
Los niños tienen menos probabilidades de “superar” los trastornos psiquiátricos que estos de “convertirse” en enfermedades más perjudiciales. La mayoría de los problemas de salud mental que no se tratan en la infancia se vuelven más difíciles de tratar en la edad adulta. Debido a que sabemos que la mayoría de los trastornos psiquiátricos surgen antes de que los niños cumplan 14 años, deberíamos tener un gran incentivo para evaluar a los jóvenes en busca de problemas emocionales y de comportamiento. Luego, podemos coordinar las intervenciones, mientras el cerebro del niño responde mejor al cambio y es más probable que el tratamiento tenga éxito.