Gabe estaba en octavo grado cuando su madre descubrió que había estado viendo pornografía en la computadora. “De manera periódica revisaba el historial de su navegador, porque asumí que probablemente la estaba viendo”, dice la madre de Gabe, Greta.

Greta le dijo a su hijo que sabía que él había estado viendo pornografía. “Se sentía tan abochornado que literalmente bajó la cabeza de la vergüenza”, dice ella. “Le dije que estaba bien y era natural sentir curiosidad por el sexo, pero le advertí que buscar sitios pornográficos en la web lo llevaría a lugares a los que no querría ir. También le recordé que tenía un hermano pequeño quien, bajo ninguna circunstancia, debía ver eso”.

Con los sitios de pornografía disponibles en todos los dispositivos digitales y el uso de las redes sociales en aumento, es inevitable que la mayoría de los niños estén expuestos a la pornografía en algún momento. Si bien los varones conforman la mayor parte de los adolescentes que ven pornografía, las jóvenes también la ven, aunque no siempre la buscan como lo hacen los jóvenes. En una encuesta (enlace disponible solo en inglés), el 93 por ciento de los estudiantes universitarios hombres y el 62 por ciento de las estudiantes mujeres dijeron haber visto pornografía en línea antes de los 18 años.

Hablar con su hijo sobre ver pornografía puede ser incómodo y algo que preferiría evitar, pero es una conversación importante. Los jóvenes pueden obtener información sumamente engañosa sobre las relaciones sexuales al ver pornografía. Estos son algunos consejos sobre cómo abordar el tema:

Sea directo

La probabilidad de que su hijo diga: “Oye, mamá, veo pornografía” es nula, señala Alexandra Hamlet, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute. Esto significa que depende de usted iniciar la conversación. Idealmente, usted querría tener esta conversación antes de sospechar que su hijo está viendo pornografía, pero esto no siempre es posible.

“No tiene que ser un monólogo de una sola vez —dice la Dra. Hamlet— sino algo que de manera casual usted menciona cada cierto tiempo. Mantenga las conversaciones breves para que su hijo no se sienta incómodo y se cierre”.

Dave Anderson, PhD, psicólogo clínico del Child Mind Institute, reconoce que a los padres podría preocuparles que mencionar el tema con los niños que todavía no han visto pornografía pudiera darles la idea de hacerlo. “No les estamos diciendo a los padres que autoricen ver pornografía, como tampoco les estamos diciendo que les den permiso para beber”, dice.

“Es simplemente ser realista y decir: ‘Escucha, sé que es posible que veas pornografía en algún momento. Esto es lo que necesitas saber’. También puede decirles que si tienen preguntas sobre sexo, pueden hablar con usted o con otro adulto de confianza”.

Finalmente, cuando hable con su hijo o hija, tenga en cuenta que el objetivo es hacerles saber que al ver pornografía podrían quedarse con algunas ideas erróneas sobre el sexo que pueden ser perjudiciales cuando se trata de sexo real. No es para avergonzarlos o moralizar.

Retrase la exposición

La edad promedio en la que los niños pierden la virginidad es entre los 15 y los 17 años. Dado que hasta los niños de ocho años reciben computadoras portátiles y teléfonos inteligentes, es probable que vean pornografía mucho antes de tener sexo.

La primera prioridad es retrasar el mayor tiempo posible la visualización de pornografía, dice el Dr. Anderson. Como los cerebros de los adolescentes aún se están desarrollando, los niños pueden manejar mejor el material potencialmente perturbador y hacer mejores juicios sobre lo que ven cuando están en la adolescencia tardía.

Controlar lo que los niños ven en cada paso del camino no es realista, especialmente porque probablemente son más conocedores de la tecnología que sus padres y pueden ser capaces de anular los controles parentales. Pero el uso de controles parentales y la limitación del tiempo frente a la pantalla pueden ayudar.

Con niños más pequeños, por ejemplo, usted puede limitar el uso de la pantalla a una computadora en la sala de estar y no permitirles usar un teléfono o iPad en su habitación. También es fundamental que los padres y los hermanos mayores comprendan que si están viendo cualquier tipo de pornografía, deben preocuparse de limpiar su navegador.

Explique que la pornografía no es sexo real

Una encuesta de 2016 (enlace disponible solo en inglés) con un grupo de adolescentes entre 16 y 17 años encontró que los jóvenes obtuvieron de la pornografía la mayor parte de su información sobre sexo, lo que puede generar mucha confusión y mensajes poco saludables.

Por lo general, un video porno gira en torno a una “trama” o premisa pobre que rápidamente conduce al sexo.

“El enfoque suele estar exclusivamente en el placer masculino y el sexo suele ser duro e incluye muchas posiciones diferentes”, dice el Dr. Anderson. Además, la mujer alcanza el clímax rápidamente, lo que sugiere que su pareja no tiene que hacer mucho para que eso suceda. “No hay preparación, no hay intimidad”.

Los actores porno masculinos son musculosos, están bien dotados y tienen una resistencia poco realista. Las mujeres protagonistas, por su parte, son excepcionalmente esbeltas y curvilíneas y están dispuestas a tener sexo de cualquier tipo, en cualquier momento. Las investigaciones muestran que ver pornografía puede tener un impacto negativo tanto en mujeres como en hombres, señala el Dr. Hamlet, porque afecta su autopercepción y autoestima. Las niñas pueden preocuparse por el tamaño de sus senos o por su vello púbico. A los niños les puede preocupar que su pene sea demasiado pequeño y que no puedan “durar” lo suficiente.

Los jóvenes también pueden asumir que las mujeres siempre están listas para tener relaciones sexuales, lo que puede generar problemas con el consentimiento en una situación de la vida real. Una conclusión engañosa en el caso de las jóvenes, dice el Dr. Anderson, puede ser que tienen que estar dispuestas a hacer cualquier cosa. En una encuesta, el 44 por ciento de las y los adolescentes entrevistados dijeron que les habían pedido hacer algo que su pareja vio en un video porno.

Tanto los adolescentes como las adolescentes necesitan saber que las mujeres no alcanzan el clímax de inmediato, ni responden solo a un hombre que está excepcionalmente bien dotado o que puede tener relaciones sexuales sin parar. “El mensaje debe ser que la atracción física es solo uno de los elementos en una relación, y que encontrar a alguien en quien confiar, que nos quiera y nos comprenda es lo más importante”, dice el Dr. Anderson.

Sepa cuándo se necesita ayuda

A veces, a pesar de sus mejores esfuerzos, la pornografía puede llevar a comportamientos poco saludables en los jóvenes. Algunas señales que podrían indicar un problema son:

  • Su adolescente parece estar evitando hacer conexiones y desarrollar relaciones románticas en la vida real.
  • Su hijo parece pasar una cantidad excesiva de tiempo viendo pornografía, hasta el punto en que interfiere con otras áreas de su vida.
  • Un niño muy pequeño habla de pornografía y parece muy perturbado o estresado. “Hay situaciones en las que una persona mayor les muestra pornografía infantil en contra de su voluntad”, dice el Dr. Anderson. “Esto puede sugerir que la persona está ‘preparando’ al niño para el abuso sexual al probar sus reacciones ante las imágenes”.

Si nota alguno de estos comportamientos en su hijo, puede considerar buscar la ayuda de un terapeuta para que lo ayude a descubrir qué hay detrás de ellos.