Kaitlin Bell Barnett entrevistó a muchos jóvenes que tomaron medicamentos psicotrópicos cuando eran niños y adolescentes para su libro Dosed: The Medication Generation Grows Up. En el libro ella explora sus experiencias con la medicación, y el efecto que tuvo en sus identidades.

En este vídeo, Barnett, periodista y escritora de Brooklyn, ofrece a los padres consejos obtenidos de lo que aprendió en esas entrevistas y de su propia experiencia como adolescente que tomó antidepresivos. Se centra en la importancia de explicar a los niños, de una manera apropiada para su edad, por qué están tomando medicamentos y cómo pueden ayudarlos. Y escuchar bien puede ser tan valioso como hablar abiertamente: prestar atención a sus pensamientos y sentimientos acerca de la medicación no sólo le da una información valiosa, sino que ayuda a que se sientan dueños de la experiencia.

El libro Dosed: The Medication Generation Grows Up está disponible en Amazon.

Transcripción:

Hablemos a los niños sobre medicamentos… y escuchémoslos

Una de las grandes conclusiones a la que llegué tras hacer toda esta investigación, fue que es importante que los padres expliquen a los niños por qué están tomando medicamentos, pero deben explicarlo de forma apropiada a la edad y sería bueno si tuvieran un médico o terapeuta que pudiera ayudar a los adultos con esto para que el niño no sienta que conspiran en su contra.

Eso ayudaría a que entendiera los posibles beneficios que pueden obtener. Además, creo que es importante, dependiendo de la edad del niño, que a medida que crezca hay que respetar sus opiniones sobre su medicación.

Incluso hay que tomar esto en serio con los niños más pequeños, pues pueden tener miedos reales y dudar sobre los medicamentos, pensando que podrían estar defectuosos o que si se les cambiará su personalidad de alguna manera.

Los padres deben tomar esas preocupaciones en serio, sobre todo si los niños experimentan efectos secundarios e incluso si el doctor no piensa que sean efectos secundarios médicamente peligrosos. Los padres, junto con los médicos, terapeutas o cualquier otro adulto en sus vidas, deben tomar esas preocupaciones en serio y escucharlos.

Tal vez no se pueda cambiar la situación, pero a veces basta con cambiar a un medicamento diferente o podría significar modificar la dosis. Y de nuevo, a medida que el niño crece, hay que hacer del niño un socio en su tratamiento, haciéndolo sentir que su opinión vale.

Otra cosa que enfatizaría es la importancia de mantenerse flexibles y continuar consultando al médico, que no sea una consulta única. Puede ser difícil por la forma como presionan los seguros y muchos médicos solo pueden programar visitas muy cortas con los niños para recetarles medicamentos. Sin embargo, es posible efectuar visitas de seguimiento.

Y con el tiempo, si el niño sigue tomando ese medicamento, debemos asegurarnos de que aún sea apropiado para los síntomas que esté experimentando el niño, y también de que el niño aún lo necesita. Podría retirársele para hacer una prueba y ver su reacción. Y si experimenta nuevos síntomas, habría que considerar la posibilidad de darle un medicamento diferente que le funcione mejor.

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