El fallecimiento de la madre o el padre es siempre doloroso para un niño. Y su muerte por suicidio, en especial cuando se trata del suicidio de la madre como muestran las investigaciones, tiene un efecto aún más doloroso y potencialmente devastador.

Como en todo evento traumático, la forma en que los niños son apoyados para procesar sus sentimientos sobre la pérdida afecta la calidad de su recuperación. Los niños son muy resilientes, y aunque el suicidio del padre o de la madre nunca dejará de ser un acontecimiento trascendental en sus vidas, con ayuda pueden recuperar su salud emocional y su vitalidad.

Cuando los niños experimentan la muerte inesperada de uno de sus padres, pasan por lo que se denomina duelo traumático. Este tipo de muerte no es solo algo muy doloroso de asimilar, sino que además desencadena un proceso que es emocionalmente complicado y conflictivo.

Un duelo saludable

Cuando una muerte es impactante y desagradable, se generan pensamientos, imágenes y sentimientos aterradores que un niño querría evitar desesperadamente. En el caso de un suicidio, los niños pueden tener sentimientos hacia o sobre sus padres que consideran inaceptables, que prefieren negar. Por lo tanto, tratan de bloquearlos, y no hablan ni piensan en la persona que han perdido, que pueden sentir que los ha traicionado o rechazado. Sin embargo, para afrontar el duelo de forma saludable es necesario pensar en la persona que han perdido y permitirse sentir tristeza y dolor. Los niños necesitan poder recordar al padre o la madre que han perdido como una persona cariñosa pese a sus defectos.

Mucho más que una muerte accidental, el suicidio genera horror, enojo, vergüenza, confusión y culpa, sentimientos que pueden ser muy agobiantes para un niño. El mayor riesgo para la salud emocional del niño es no poder, o no ser alentado a expresar estos sentimientos, de tal manera que pueda alcanzar una comprensión de lo sucedido con la que pueda vivir. Por ejemplo, cuando una madre que ha estado deprimida durante un tiempo se suicida, queremos que se comprenda que ella tenía una enfermedad mental, y que fue un trastorno en su cerebro lo que provocó su muerte, a pesar de los esfuerzos por salvarla de quienes la amaban.

Los investigadores del Johns Hopkins Children’s Center descubrieron que los niños que eran menores de 18 años cuando sus padres se suicidaron tienen tres veces más probabilidades de cometer suicidio que los niños con padres vivos. Esto resalta la importancia vital de proporcionar apoyo a los niños que están en duelo. No solo estamos tratando el trauma de la pérdida repentina de los padres, sino que también estamos tratando de romper el ciclo de suicidio en las familias.

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Cómo apoyar a los niños

¿Qué es lo que más necesitan los niños después de un suicidio? Primero, necesitan respuestas simples y honestas a sus preguntas. Necesitan saber que sus sentimientos son aceptables. El enojo hacia una madre o un padre que se suicidó es normal, y no significa una traición al amor que le tenían o a la terrible pérdida que puedan estar sintiendo. Si la persona que murió había estado mentalmente enferma durante mucho tiempo, es posible que el niño se sienta aliviado por la muerte, y también se le debe permitir tener ese sentimiento.

Después de un suicidio, los niños necesitan escuchar que ellos no tienen la culpa. Al ser unos narcisistas naturales, los niños tienden a ponerse en el centro de la narración: Esto no habría pasado si me hubiera portado mejor, si hubiera llegado a casa justo después de la escuela, si me hubiera esforzado más en hacer feliz a mamá o a papá, etc. Lo que queremos que entiendan es que el padre o la madre estaban enfermos. Hicimos todo lo posible por ayudar, pero no funcionó. Comprender esto no se logra en una sola conversación, sino que debe trabajarse con el tiempo.

Volver a sus rutinas lo antes posible, volver a la escuela y a las actividades habituales ayuda a los niños a recuperarse y a mantener una vida lo más normal posible.

Señales de trauma

¿Cuándo debería preocuparnos que un niño no se esté recuperando de forma saludable? Aunque es difícil distinguir un comportamiento problemático del proceso esperado de duelo, hay algunos aspectos clave a los que estar atento.

Ante una experiencia traumática “normal”, como estar cerca de un accidente, un ataque o un desastre natural, esperamos signos de recuperación en aproximadamente un mes. Pero el periodo de duelo por la muerte de una persona es menos claro, por lo que el proceso de recuperación puede tardar más. Si la tristeza de un niño y su retraimiento de las actividades normales no se disipan con el tiempo, y comienzan a deteriorar su vida, puede ser motivo de preocupación. Hay que observar si se niega a ir a la escuela, si hay cambios en sus hábitos de sueño, si disminuyó su apetito o si aparecen signos de irritabilidad.

La principal señal de que alguien no está siguiendo un proceso de duelo de forma natural es una relación alterada con la memoria del ser querido. Esto puede incluir evitar lugares o situaciones que puedan recordarle al niño a su padre o madre que murió, así como adormecimiento emocional o amnesia selectiva sobre la pérdida traumática. Por otra parte, puede manifestarse como pensamientos invasivos sobre el evento. Todo esto se interpone en el proceso de formación de recuerdos del padre o la madre, lo cual es parte del proceso de un duelo saludable.

¿Quién tiene más riesgo de sufrir un trauma duradero? Los niños con personalidades evasivas o con ansiedad extrema caerán más fácilmente en un estilo de afrontamiento poco saludable. Los niños que han experimentado otros traumas también tienen más probabilidades de responder mal, dada la “práctica” que han tenido. Los niños que carecen de redes de apoyo fuertes, tanto dentro de la familia como en la comunidad en general, sufren más. Y las niñas, por razones que no entendemos del todo, parecen tres veces más propensas a tener reacciones traumáticas a eventos perturbadores.

Por último, cuando imaginamos la experiencia de un niño que ha perdido a uno de sus padres por suicidio, tenemos que reconocer que la familia puede haber estado luchando contra la enfermedad mental, y en muchos casos contra las adicciones, durante años, lo cual sin duda los habrá afectado a todos de manera considerable. Lo más importante que hay que tener en cuenta es que el antídoto contra el dolor traumático es la honestidad, el apoyo amoroso y la preservación de la familia de la mejor manera posible.

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