El primer día de un nuevo año escolar siempre se siente como un nuevo comienzo. Nuevos útiles escolares, nuevas clases, nuevos maestros, nuevas esperanzas, y si usted se parece un poco a mí: una nueva oportunidad de echarlo todo a perder.

Tengo TDAH, y pasé toda la preparatoria (high school) sin diagnóstico, apenas sobreviviendo académicamente. Empezaba cada semestre llena de optimismo y con grandes esperanzas de éxito. Éste, me decía a mí misma, será “el bueno”. El semestre en el que todo cambiará, en el que voy a actuar diferente, en el que voy a empezar (y me mantendré) con el pie derecho. “El bueno”.

Si usted es padre o madre de un niño con TDAH, o con algún problema de aprendizaje, seguramente podrá adivinar lo que sigue.

Cuando se tienen grandes expectativas pero sin un plan para alcanzarlas, las cosas tienden a desviarse del camino muy rápidamente. Nunca pasó mucho tiempo para que mi semestre, “el bueno”, se convirtiera simplemente en uno más. Otro año en el que apenas lograba mantenerme a flote.

No fue sino hasta que fui diagnosticada que las cosas empezaron a cambiar. Una vez que entendí por qué tenía problemas pude empezar a crear estrategias para enfrentarlos, en lugar de seguir creyendo que de alguna manera tan solo con desear que las cosas cambiaran sería suficiente. Cambiar las cosas requirió mucho esfuerzo: entender cuáles son mis fortalezas y mis debilidades, aprender a pedir (y aceptar) apoyo, enfrentar las dificultades en vez de evitarlas y también aprender a ser un poco menos dura conmigo misma. No es fácil pero es posible, y las recompensas duran mucho tiempo después de que se acaba la escuela.

A continuación encontrará algunos pasos para ayudar a su hijo a sentar las bases para que este año (de verdad) empiece con el pie derecho.

Sea específico sobre los problemas de aprendizaje

Cuando se tiene TDAH o alguna discapacidad del aprendizaje, las dificultades que causan suelen desconcertar y sentirse como si fueran inmanejables e inevitables. La maestra ha estado hablando casi una hora y yo no tengo idea de lo que dijo. ¿Cómo saben los demás? O, todos los niños ya acabaron de responder el cuestionario, ¿por qué yo me tardo tanto?

Sin saber el porqué de estas dificultades, puede ser fácil que los niños se hundan en el autodesprecio, y se digan a sí mismos soy un desastre. O que simplemente descarten el tema y digan: De todas maneras nunca voy a entenderlo, así que ¿para qué me esfuerzo?

Cuando se trata de trastornos del aprendizaje, el conocimiento es poder. Ayudar a su hijo a entender su problema de aprendizaje es la base del éxito. No se trata solo de explicarle en qué consiste el problema, es importante hablar también de las formas específicas en que lo afecta dentro y fuera de la escuela. Por ejemplo:

  • Si su hijo se distrae con facilidad o tiene problemas de impulsividad, “estudiar” con sus amigos puede no ser la mejor manera de prepararse para los exámenes. Acuerde con él que este año estudiará en un lugar tranquilo de su casa y verá a sus amigos después.
  • Si su hija se siente fácilmente abrumada por los proyectos grandes, revisen juntos su programa de estudios y piensen cómo pueden dividir las tareas más desalentadoras en partes más pequeñas, más manejables.
  • Si él o ella tienen problemas con una materia en particular, bríndeles apoyo adicional y planifiquen desde el principio, en vez de esperar hasta que ya se hayan quedado atrás.

Haga de la organización una prioridad

La desorganización y una mala administración del tiempo son como unos agentes gemelos del caos y la destrucción. Nada desvía un nuevo semestre más rápido del buen camino que las tareas perdidas, las mochilas olvidadas y las llegadas tarde. Si su hijo batalla con la organización, ayúdelo a ser proactivo. Conversen sobre sus desafíos de organización y elijan algunas estrategias realistas para enfrentarlos. Aquí hay algunos consejos que pueden ayudarlo a empezar.

Hablen sobre qué hacer cuando las cosas no salen según el plan

“Todo será perfecto este año”, me decía a mí misma: “Perfecto”. Desafortunadamente, en la vida real las cosas rara vez son perfectas, por lo que cuando no lograba alcanzar esa meta imposible que me había fijado, me daba por vencida. Ser capaz de recuperarse y salir adelante a pesar de los errores es una de las habilidades más importantes que los niños puedan aprender.

  • Hablen de lo que podría hacer su hijo si no entrega una tarea o si se empieza a retrasar. Esto puede incluir hablar con su maestro sobre prórrogas, acercarse al centro de servicios escolares, o acordar que en adelante redirigirá sus esfuerzos a obtener una buena calificación en un examen importante o que realizará un proyecto con el que pueda subir su calificación.
  • Aborde el tema de la evasión. Cuando las cosas empiezan a salirse de curso, muchos niños recurren a la consagrada estrategia de “si lo ignoro, tal vez desaparezca”. Está claro que evitar tareas intimidantes o el impacto de recibir una mala calificación pueden sentirse mejor en el momento, pero al final, esto conduce al desastre. Ayude a su hijo a enfrentar sus miedos de manera saludable incorporando revisiones regulares y haciéndole comentarios positivos por ser honesto y proactivo. “Me gusta que me hayas dicho que entregaste tarde tu escrito. Sé que estabas preocupado por eso. Déjame ayudarte”.
  • Entregar algo es siempre mejor que nada. Los niños a menudo sienten vergüenza de entregar sus tareas cuando ya es tarde, cuando están incompletas o cuando simplemente no están bien hechas. Pero un cero (o muchos ceros) es mucho más perjudicial que obtener una C. Acuerde con su hijo desde el inicio del año que entregará sus tareas pase lo que pase. En el caso de niños más pequeños o que requieren un pequeño incentivo adicional, puede considerar una recompensa: “Si entregas todas tus tareas este semestre, puedes ganarte el juego de Mario Bros cuando termine la escuela”.
  • Ayúdelo a resolver errores de manera saludable. Los tropiezos son molestos, sobre todo cuando la confianza del niño ya está tambaleante. Puede caer fácilmente en la autorecriminación, o sentir que no vale la pena seguir intentándolo. Encárguese de validar sus sentimientos (tal vez se siente frustrado, triste o preocupado por haberlo decepcionado), y hágale saber que usted aprecia que le haya contado el problema. Luego, cambie rápidamente la conversación hacia cómo puede seguir adelante y qué va a hacer para evitar problemas similares en el futuro.

Establezca refuerzos de la moral

Descubrir cómo lograr y sostener el éxito académico es un proceso largo y hay momentos en que la autoestima de su hijo se ve afectada. Crear algunas cosas interesantes por las que esperar puede ayudar a reforzar la imagen que tienen los niños de sí mismos y aliviar la presión cuando las cosas se ponen difíciles.

  • Asegúrese de que su hijo tenga tiempo para relajarse. No se exceda con actividades extracurriculares.
  • Cuando participe en actividades extracurriculares, aliéntelo a buscar actividades en las que tenga oportunidad de destacar. Un poco de éxito puede contribuir considerablemente a construir (y proteger) su confianza.
  • Planifique algunos eventos específicos por lo que su hijo pueda esperar y que no tengan nada que ver con la escuela: dormir en casa de un amigo, ir de viaje, comprar un nuevo videojuego y tener un día libre para jugar. Tener algo bueno en el horizonte puede ayudar a que los momentos difíciles se sientan menos agotadores.

No sorprenda a los niños con preguntas sobre la escuela

Cuando los niños tienen una historia de fracasos, las conversaciones sobre la escuela pueden ser tensas. Preguntas como “¿entregaste tu reporte?” o “¿cómo te fue en la prueba de matemáticas?”, pueden ser percibidas como críticas o hacer que los niños se sientan molestos y alterados. Evite sorprender a los niños con preguntas sobre la escuela cuando acaban de llegar a casa. Mejor, acuerden cuáles serán los momentos para hablar sobre lo que haya ocurrido en el día escolar y sobre lo que necesita hacer en cuanto a tareas o estudio.

  • Valide los sentimientos de su hijo reconociendo que la escuela es un tema duro para todos. “Sé que no es fácil hablar de esto, ¿cómo puedo ayudarte?”.
  • Mantener conversaciones de manera regular y predecible ayudará a que se vuelvan algo normal y a que sean más productivas. Al establecer ciertos límites para las discusiones escolares, usted podrá preservar la paz y mantener un ambiente positivo durante el tiempo en familia, incluso cuando las cosas no van bien académicamente.

Dé espacio a los niños para que lo intenten, y fallen, y vuelvan a intentarlo

Siempre que pueda, trate de empoderar a su hijo para que se haga cargo de sus propias necesidades. Ya sea que prepare su mochila para la escuela la noche anterior, que arregle una sesión de estudio o pida ayuda al maestro cuando tenga problemas con una tarea: entregarle las riendas (dentro de lo razonable) le comunicará que usted confía en sus habilidades y le permitirá practicar la independencia.

Ahora bien, algunos niños necesitan más apoyo que otros. Algunos, especialmente aquellos que tienen problemas de salud mental como depresión o ansiedad, quizás puedan obtener mejores resultados con una mayor supervisión de los padres. Evalúe dónde está su hijo de manera realista y avance de la manera que mejor funcione para su familia.

Finalmente, después de todos estos años lo que he aprendido es que no hay una manera “perfecta” de hacerlo mejor. Es un trabajo duro, pero vale la pena, tanto durante la escuela como mucho tiempo después.