Cada niño enfrenta desafíos cuando regresa a la escuela. Pero el regreso a clases puede ser excepcionalmente difícil para el 20% de los niños que tienen un trastorno de salud mental o de aprendizaje.

El ambiente escolar les exige muchas cosas que las actividades del verano no tienen, la habilidad de quedarse quieto, estar organizado, mantenerse enfocado y adaptarse a un horario nuevo, altamente estructurado todos los días. La escuela también requiere que los niños se separen de sus padres y que interactúen con sus compañeros, desafíos bastante difíciles para cualquier niño con ansiedad.

Estas son seis cosas que los padres de niños vulnerables deberían saber sobre el comienzo de clases.

1: Los problemas de salud mental emergen durante el regreso a clases

Los niños con necesidades especiales necesitan muchísima ayuda para aprender cómo lidiar con el nuevo horario de clases. Usted, como padre, puede aligerar la ansiedad de su hijo al modelar confianza y un comportamiento tranquilo, y al imponer una estructura en la vida familiar (la comida, la tarea y las rutinas de sueño).

Pero si su hijo está mostrando señales de ansiedad extrema y está teniendo dificultades inusuales en la escuela, debería discutir cualquier preocupación que tenga con el maestro de su hijo y con un profesional de la salud mental, alguien que le pueda decir si los problemas de su hijo son normales y apropiados para su edad, o si necesita una evaluación más profunda.

2: El cerebro de los niños están cambiando dramáticamente

Ocurren cambios muy profundos a lo largo del desarrollo del cerebro de los niños, especialmente cuando están entrando a la adolescencia. El cerebro adolescente empieza a “podar”, reforzando algunas conexiones entre las neuronas y eliminando otras. Esta “poda” causa un desequilibrio temporal en ciertas áreas del cerebro, lo cual se ha vinculado al comportamiento errático y riesgoso tan clásico de la adolescencia, y también se ha vinculado al comienzo de varios trastornos de ansiedad, depresión y de abuso de sustancias.

Es muy importante que mantengan los canales de comunicación abiertos durante estos momentos de vulnerabilidad, cuando los adolescentes empiezan a parecer adultos, y hasta piensan que son adultos, pero puede que no tengan las herramientas necesarias para manejar el estrés. Si no lo ha hecho todavía, ahora es el momento perfecto para reservar un poco de tiempo al día para hablar con su hijo acerca de los desafíos y las nuevas experiencias de la escuela.

3: Padres ansiosos mandan a la escuela a niños ansiosos

Los trastornos de ansiedad son genéticos. Además, la gente con ansiedad tiende a casarse con otra gente con ansiedad; esto hace que los hijos de dos padres con ansiedad tengan un mayor riesgo. Pero la genética solo es un factor. El ambiente es el otro. Los niños son como esponjas, absorben la energía de sus entornos y adoptan los comportamientos que ven a sus alrededores.

Una de las cosas más útiles que usted puede hacer es modelar un comportamiento tranquilo y con confianza, particularmente cuando usted esté ayudando a un niño a prepararse para la escuela. Un niño normalmente comienza la escuela no menos calmado que el padre que estaba menos relajado.

4: Los maestros importan más de lo que usted piensa

Los maestros conocen a la familia de un niño desde el punto de vista del niño, y a ellos también les toca ver cómo se comporta el niño cuando los padres no están presentes. Lo que significa esto es que los padres pueden recibir información muy útil acerca del niño si se comunican con su maestro. Este tipo de información puede incluir las dificultades de aprendizaje y los problemas que su hijo pudiera tener con los compañeros, así como también los logros académicos y las amistades cercanas. Los maestros son sus aliados y debería hablar con ellos con regularidad.

Entre las preguntas que puede hacerle al maestro, incluyen: ¿Cómo le va a mi hijo? ¿Tiene usted alguna preocupación con respecto a las habilidades sociales o académicas de mi hijo? ¿Piensa usted que él necesita ayuda con algo?

5: El tiempo de tarea es crucial.

Los niños pequeños que tienen dificultades de aprendizaje, y también aquellos que no tienen algún problema documentado, se pueden beneficiar del involucramiento de sus padres a la hora de hacer tarea. Los padres deberían reservar un poco de tiempo cada tarde para tener una sesión de tarea estructurada.

Una buena rutina puede comenzar así: Hagan un espacio en un escritorio para trabajar; ayude a su hijo a limpiar su mochila, revisen las tareas del día y discutan activamente la tarea y cualquier duda que pueda tener acerca de ella. De esa manera, usted podrá observar las fortalezas y las debilidades de aprendizaje de su hijo y al mismo tiempo puede reforzar los buenos hábitos de estudio. Sea positivo y alentador.

6: No llegue a conclusiones precipitadas

Los niños crecen y se desarrollan a ritmos distintos. Idealmente, un niño adquirirá varias habilidades dentro de ciertos periodos de tiempo, pero puede que en un área se desarrolle más rápidamente que en las otras. Los padres se preocupan cuando, por ejemplo, un niño de 5 años puede leer fluidamente mientras que otro ni siquiera puede pronunciar las palabras que está leyendo. Pero un retraso en una área de desarrollo no necesariamente significa que el niño tiene un trastorno. Si cree que puede haber un problema en el desarrollo de su hijo, hable con su maestro. Un maestro experimentado, con más de diez años de experiencia, puede cuadrar el progreso de su hijo en relación con tantos como 300 niños. Por esto, los maestros son aliados valiosos.