Exámenes estandarizados. Dos palabras que nos llevan a evocar recuerdos de lápices No. 2, respuestas de opción múltiple y, para muchos de nosotros, una sensación de terror.

Desde los exámenes estatales de primaria hasta las solicitudes de ingreso a la universidad, los exámenes estandarizados son un hecho de la vida académica de la mayoría de los estudiantes. Y si bien aprender a quererlos puede ser una exageración, una preparación efectiva, un poco de perspectiva y la actitud correcta pueden hacer que el proceso sea menos doloroso y más productivo tanto para los niños como para los padres.

¿Por qué causan ansiedad los exámenes?

Como la mayoría de nosotros sabemos, cuando uno se siente ansioso o con pánico, generalmente no podemos pensar con claridad. Y saber que no estamos pensando muy bien solo nos hace sentir más ansiosos. Esto puede conducir a ansiedad antes de un examen y a quedarnos paralizados durante el mismo. La ansiedad se puede magnificar durante ciertos tipos de exámenes, particularmente los estandarizados.

No hacemos exámenes estandarizados con tanta frecuencia como otro tipo de pruebas, y a menudo se perciben como más importantes. Podrían determinar si un niño deberá esperar un año para ingresar a la escuela o si entrará en un programa para niños dotados. También podrían ser utilizados para evaluar a su escuela y a sus maestros. Para algunos niños, el hecho de que se los ubique en un listado comparativo con respecto a sus compañeros puede provocarles ansiedad.

Los exámenes estandarizados también pueden influir en la determinación de si un estudiante podrá ingresar a una escuela específica, obtener créditos para acceder a una clase del programa avanzado (AP, por sus siglas en inglés) u obtener un diploma de preparatoria (high school). Por supuesto, los exámenes estandarizados más aterradores que realizará la mayoría de los niños son los SAT y los ACT para el ingreso a la universidad.

La ansiedad no solo es incómoda, sino que puede interferir con la capacidad de los niños para dar lo mejor de sí mismos. Pero ayudarlos a elaborar un plan para estudiar con anticipación y tener formas de manejar la ansiedad en el momento, puede permitirles calmarse y concentrarse más eficazmente.

Plan de ataque

Parte de lo que hace que los exámenes estandarizados parezcan más difíciles es que, a diferencia de un examen final de historia por ejemplo, tienden a cubrir una gama más amplia de temas y no siempre se centran en el material que su hijo ha aprendido recientemente, lo cual puede complicar el estudio. Estas son algunas estrategias para enfrentar ese desafío:

Empezar pronto: “El énfasis debe estar en el estudio lento y constante”, dice Matthew Pagirsky, neuropsicólogo clínico del Child Mind Institute. “Es importante que los niños no traten de incorporar toda la información la noche anterior o incluso una semana o un mes antes”.

Cuando se trata de retener información nueva, el tiempo y la repetición son fundamentales para que las ideas se adhieran, y para asegurarse de poder recuperarlas cuando sea el momento del examen. Debido a esto, atiborrarse (tratar de acumular una tonelada de estudio en un corto período de tiempo) probablemente no sea de mucha ayuda. “Estudiar durante un período de tiempo, incorporando la información de manera gradual, es la única forma real de asegurarse de que podremos recordarla cuando sea necesario”, añade el Dr. Pagirsky.

Hacer un cronograma y cumplirlo: Trabaje con su hijo antes del examen para establecer un cronograma razonable para los estudios. Por ejemplo, si su hijo está planeando tomar el SAT en 6 meses, podrían acordar que él pasará al menos 5 horas a la semana estudiando y que tomará un examen de práctica todos los domingos.

A medida que se acerque el examen, él podría reunirse con un grupo de estudio una vez a la semana o también tomar una clase preparatoria para el SAT. Esto es doblemente importante si sabe que su hijo es propenso a postergar las cosas o tiene dificultades con el manejo del tiempo.

Conocer el formato del examen: Familiarizarse con la estructura del próximo examen y con el tipo de temas que cubrirá puede hacer que los estudiantes se sientan más seguros. Los diferentes exámenes pueden incluir preguntas de opción múltiple, preguntas de respuesta corta, preguntas basadas en documentos, ensayos largos o problemas de matemáticas en los que se responde utilizando una cuadrícula. Este amplio rango puede parecer abrumador, pero realizar exámenes de práctica puede ayudar a los niños a acostumbrarse al formato y sentirse mucho menos asustados cuando se sienten a hacer el examen real.

Priorizar: Conocer más sobre los elementos del examen facilita que los niños identifiquen cuáles son sus fortalezas y debilidades, lo que puede ayudarlos a priorizar las áreas en las que necesitan un poco más de preparación. Es decir, en lugar de preocuparse por el examen de matemáticas en su totalidad, un estudiante puede identificar que en realidad es bastante bueno en geometría, cálculos y operaciones, por lo que al estudiar tal vez quiera centrarse en álgebra.

Adaptaciones

Si su hijo tiene derecho a adaptaciones en los exámenes, averigüe qué adaptaciones específicas puede obtener, y si necesita hacer algo para solicitarlas. Asegúrese de que su hijo también sepa qué esperar.

“Las adaptaciones en sí mismas son muy complejas,” dice el Dr. Pagirsky. “No hay una muchos datos que sugieran que tienen un gran impacto en los resultados de los exámenes, pero —dice— cuando se trata de pruebas estandarizadas, tan solo saber que existe la opción de las adaptaciones puede ayudar a reducir la ansiedad. El tiempo adicional en los exámenes puede no ser necesariamente una panacea para los niños con problemas de aprendizaje y concentración, pero saber que la adaptación está ahí para ser utilizada en caso necesario puede ayudar a calmar los miedos de los niños y reducir la ansiedad general, lo que puede ser un beneficio en sí mismo.

Manejar la ansiedad en el momento

Con anticipación, ayude a su hijo a idear estrategias que lo ayuden a calmarse, en caso de que empiece a sentir pánico. La práctica de la respiración profunda y otras estrategias de relajación y atención plena pueden, por supuesto, ser muy útiles en esto. Su hijo puede practicar diferentes técnicas y ver cuál es más eficaz para él.

También hay diferentes estrategias para los exámenes que pueden ayudar a los niños a sentirse más en control. Por ejemplo, si su hijo tiene dificultades con las preguntas de opción múltiple, podría descubrir que le es útil reducir las opciones rayando las respuestas que él sabe que son incorrectas. O si se encuentra con una pregunta que realmente lo desconcierta, podría hacer alguna anotación para retomar esa pregunta más tarde.

Establecer reglas básicas para no dedicar demasiado tiempo a una sola pregunta y no dudar de sí mismo si sabe que es propenso a hacerlo, también puede ser una buena estrategia para mantener la calma.

Por último, aceptar cuando realmente no se sabe algo y seguir adelante, en lugar de castigarse a sí mismo, es a la vez amable con uno mismo e inteligente, ya que permite dedicar más tiempo a otras preguntas en las que se tienen más posibilidades de responder correctamente.

Manejar las expectativas, en especial las propias

“Esto puede ser lo más difícil para los padres”, dice el Dr. Pagirsky. Es humano querer que a su hijo le vaya bien, dice, pero los padres tienen que ser cautelosos cuando se trata de expresar sus propias expectativas y ansiedades. Aunque no siempre lo parezca, los niños son profundamente sensibles a las expectativas de sus padres. Si los niños perciben que usted tiene grandes esperanzas sobre su desempeño en los exámenes, es probable que se agrave cualquier ansiedad que puedan sentir sobre su propio desempeño.

“Lo que queremos es ayudar a los niños a tener una cantidad saludable de ansiedad con respecto a un examen”, dice el Dr. Pagirsky. Un poco de ansiedad está bien, explica, ayuda con el desempeño y mantiene a los niños concentrados, pero demasiada puede confundir a los niños.

En cuanto a los exámenes para las escuelas y universidades competitivas, los niños a veces viven con el temor de que todo su futuro depende de este único examen. “Los niños pueden sentir que si se equivocan, o no obtienen el puntaje que esperaban, se acabó el juego”, dice el Dr. Pagirsky. Pero no es así.

Los padres pueden ayudar expresando su confianza en que sus hijos tienen muchas fortalezas, y que hay muchas rutas diferentes para un futuro satisfactorio.

“Haga un poco de investigación”, dice el Dr. Pagirsky. “Hable con su hijo sobre sus intereses y objetivos sin juzgarlo: ¿Cuáles son las cosas que haces bien? ¿Cuáles son las cosas que te gusta hacer? ¿Qué te apasiona?’. Y luego hablen de cómo pueden trabajar juntos para esculpir eso en un camino valioso.”