Cuando usted expresa una preocupación sobre el desarrollo o el comportamiento de un niño (parece estar más ansioso que otros niños de su edad o tiene dificultades en la escuela), el primer consejo que probablemente escuchará es: “Espera”. Espera y ve si logra superar sus miedos. Espera y ve si se pone al día con sus compañeros. El consejo de relajarse y esperar puede ser muy tranquilizador: de hecho, los niños se desarrollan a diferentes velocidades. Y a veces puede ser un buen consejo. Pero a veces no lo es. Por cada niño que mejora a partir de lo que parece ser un problema, otro empeora. Y ahí estará usted, diciéndole al especialista que sabía que algo andaba mal desde hace un año o dos, pero que estaba esperando a ver si se resolvía por sí solo. Entonces, ¿cómo diferenciar entre problemas transitorios y problemas duraderos?

Lo decimos todo el tiempo: muy pocos niños y adolescentes con graves trastornos psiquiátricos y del aprendizaje son diagnosticados a tiempo, cuando la intervención es más eficaz. Pero también sabemos que los padres tienen muy claro que, tratándose de enfermedades mentales, puede haber diagnósticos erróneos y excesivos, así como tratamientos innecesarios que tienen un costo en tiempo y dinero. Estos factores, y el estigma que aún se asocia a estos trastornos, hacen que la pregunta “¿cuándo debo esperar para buscar atención médica?” merezca ser estudiada. Nos propusimos encontrar algunas respuestas.

“Como padres podemos ser algo ansiosos”, dice la psicóloga clínica del CMI, Rachel Busman, y mantener en perspectiva los desafíos de un niño requiere una cabeza clara. “Si algo lo está limitando, es persistente e interfiere en su vida, esos son factores clave” para elevar una peculiaridad en el desarrollo al nivel de un problema que requiere tratamiento. Por otro lado, “si vive en Manhattan y lo que tiene es fobia a las serpientes, eso no afectará su vida con demasiada frecuencia”, dice la Dra. Busman, por lo que tal vez el médico prescriba precisamente una estrategia de espera vigilante.

La Dra. Busman da el ejemplo de un adolescente que experimentó un ataque de pánico en la escuela lo suficientemente severo como para que el maestro le recomendara ir con su médico. “El médico de atención primaria lo revisó, y médicamente el joven estaba bien”, dice, pero sugirió que el adolescente “se sometiera a una evaluación psiquiátrica” para estar seguros. Durante el proceso de admisión, mientras la madre del paciente se enteraba de lo que implicaba la evaluación, preguntó si el procedimiento era realmente necesario.

“Podría haber sido un incidente aislado”, señala la Dra. Busman. “Mi sensación es que la madre estaba pensando: ‘Esto fue algo de una sola vez. Tal vez nos podemos ahorrar todo esto’”. La familia terminó decidiendo no hacer una evaluación. ¿Habrán estado en lo correcto?

“La mayoría de los jóvenes de 15 años no tienen ataques de pánico que requieran atención médica”, continúa la Dra. Busman. “Sin embargo, eso no significa que ahora él vaya a tener un trastorno de pánico por el resto de su vida”. Pero sí significa que la familia tiene que estar alerta: “Esto implica esperar a ver si tiene otro ataque y si desarrolla alguna conducta dirigida a evitar el pánico”. Por ejemplo, evitar ir al lugar donde ocurrió el ataque de pánico o tomar medidas extremas para mantener la calma”.

Lo básico

Hay una serie de situaciones y síntomas que hacen que la decisión de esperar o no sea bastante sencilla. Algunos trastornos son tan graves (y responden bien a una intervención temprana e inmediata) que es imprescindible consultar a un profesional de la salud mental. Cuando los déficits de comunicación y los problemas sociales asociados con el autismo se detectan a tiempo, los niños tienen más posibilidades de mejorar y de disfrutar de una vida menos restringida. Identificar un trastorno alimentario antes de que se arraigue puede, literalmente, salvar la vida de un joven. Y si hay antecedentes familiares de una determinada enfermedad psiquiátrica, los padres deberían estar naturalmente más atentos a los síntomas específicos y ante cualquier posibilidad de que el niño comience a desarrollar el trastorno.

Luego están los eventos de la vida que causan cambios en el funcionamiento de los niños como parte del proceso natural de adaptación. El divorcio de los padres, el cambio de escuela, un nuevo hermano, todos ellos pueden tener efectos preocupantes en el comportamiento de un niño, aunque la mayoría de las veces los síntomas pasarán con el tiempo. De hecho, el criterio para determinar muchos de los trastornos psiquiátricos de niños y adolescentes requiere que los síntomas estén presentes al menos durante un período de semanas o meses. Por lo tanto, a veces es necesario observar y esperar.

Pensar en el desarrollo

La forma y el tiempo en que se decide controlar una situación depende de la edad del niño y de la preocupación específica, explica Matthew Cruger, psicólogo clínico y director del Learning and Development Center del Child Mind Institute. Cuando se trata de cuestiones de aprendizaje y desarrollo, dice, “como regla general, la mayoría de las personas esperan”, y eso está bien. “Si su hijo presenta algunos desafíos de aprendizaje, lo más obvio y natural es esperar y ver qué pasa. Es muy infrecuente la familia que viene y dice: ‘Mi hijo tiene 4 años, todavía no lee o de forma inconsistente, y quiero una evaluación”.

El desarrollo en las edades tempranas es desigual, continúa el Dr. Cruger. Los hitos no son reglas rígidas, y un grupo de niños en el mismo rango de edad puede mostrar una variación bastante amplia en el desarrollo social, el aprendizaje, las habilidades de atención y la madurez emocional. Si los retrasos, déficits o comportamientos inusuales persisten, dice, es entonces cuando los padres pueden consultar al pediatra, quien seguramente tendrá una comprensión más completa del rango de habilidades y comportamientos que son apropiados en el grupo de edad del niño. Y si los padres siguen preocupados, es natural que consulten a un especialista, alguien que conozca mejor los detalles de lo que le sucede al niño.

Buscar ayuda para un niño que tiene dificultades no significa que usted sea un mal padre o que esté exagerando. “A los padres les preocupa que se les vea como exagerados, o como si estuvieran investigando algo que no es importante”, dice Susan Schwartz, especialista en aprendizaje del Friends Seminary de Nueva York. “Pero usted, como madre o padre, tiene que encontrar lo que lo hace sentir cómodo”. Y eso puede ser muy positivo para los niños cuyos problemas de aprendizaje o ansiedad convierten la escuela o el momento de jugar en algo miserable. Una intervención “les permite comprender que las personas pueden ayudarlos, les proporciona formas de resolver los problemas y les asegura que no continúen desarrollando malos hábitos”, dice. “Estas son habilidades fundamentales que son cruciales para el desarrollo de un niño”.

Y tan solo un poco puede ser de gran ayuda, continúa Schwartz. “Los pequeños cambios tienen un efecto importante en el autoconcepto, el aprendizaje futuro, y en la capacidad de ser flexible y resolver problemas”. Lo único que se necesita es reconocer el problema que le preocupa e ir tras él. “No es necesario llevar a cabo la intervención más extensa. Puede observar el desarrollo de un niño por partes, en un área circunscrita”.

Costo de oportunidad

Hay muchas razones por las que una familia podría considerar no abordar un problema de salud mental, tanto de manera consciente como inconsciente. En primer lugar, cualquiera que le diga que no hay costos asociados con el tratamiento está mintiendo. Y hay consideraciones no financieras que determinan la intensidad de la intervención. Usted tiene que entender que “le está restando tiempo a otras cosas”, dice el Dr. Cruger. Y debido al estigma en algunas familias y la renuencia de ciertos profesionales a dar malas noticias a los padres, puede ser difícil para las familias obtener una evaluación honesta, lo que resulta en una inacción pasiva, que es el verdadero problema.

Lo más importante que deben entender los padres, dice el psicofarmacólogo pediátrico del Child Mind Institute, Alan Ravitz, es que la espera no es una postura pasiva, la espera es una acción. ¿Debe usted esperar? No, dice el Dr. Ravitz, si con ‘esperar’ usted quiere decir ‘ignorar’. “El verdadero problema es cuando usted considera que algo es nada”.

“Todas las cosas que las personas piensan que sus hijos terminarán superando con el tiempo, la mayoría de las veces no las superan”, dice el Dr. Ravitz. un buen ejemplo es el efecto de la ansiedad persistente en el desarrollo. Cuanto más tiempo viva un niño con ella, más probable es que modele su comportamiento de manera disfuncional. “Algunos niños superan la ansiedad”, dice el Dr. Ravitz. “Pero la superan desarrollándose a través de ella, y el problema tiene un impacto en la trayectoria específica del desarrollo”. Es posible que un niño que no podía dormir separado de sus padres, con el tiempo ya no tenga miedo de dormir solo en su habitación por la noche, “pero puede ser que ahora tenga miedo de dormir fuera de su casa o de que todos en su salón se enteren que cumple años porque no quiere ser el centro de atención”. Y comprensiblemente,“esto puede tener un impacto en su desarrollo social”, concluye el Dr. Ravitz.

Hacer algo no tiene que ser hacer mucho

Hacer algo no significa necesariamente gastar una fortuna para un tratamiento costoso o ir a terapia de por vida. “Puede que ni siquiera sea ver a un profesional de la salud mental”, dice el Dr. Ravitz. “Puede que no sean medicamentos psicotrópicos. Podría ser una conversación con un maestro”. Lo importante es reconocer las preocupaciones y monitorear cómo le está yendo al niño.

La Dra. Busman está de acuerdo. “Debe haber un equilibrio en la identificación de algo que resulta problemático”, y en muchos casos encontrar ese equilibrio significa hablar con otras personas involucradas en la vida del niño, comenzando con aquellos que lo observan en clases muchas horas al día.

“Los padres deben sentir que pueden hablar con los maestros”, continúa la Dra. Busman. No hay que tener miedo de reunir información para tomar una decisión, es lo que hacen los médicos. “Cuando hacemos una evaluación siempre obtenemos información colateral”, dice. “No es que no tomemos en cuenta lo que dice el padre como fuente confiable de datos, pero también hablamos con el niño, usamos escalas de valoración, hablamos con la escuela, con otros terapeutas, con el pediatra”.

A la inversa, los padres pueden consultar a los profesionales de la salud mental como parte de sus acciones ante las preocupaciones por un niño. Incluso si no hay un diagnóstico, dice la Dra. Busman, hablar con un profesional puede aclarar la imagen y proporcionar beneficios tangibles. “Ciertamente podemos ofrecer algunas estrategias para aliviar las dificultades, incluso aunque no se trate de un trastorno”, dijo, como las habilidades de la terapia cognitivo-conductual para hacer frente a la ansiedad o a los problemas de humor o de conducta, así como información útil sobre señales de alerta y síntomas.

Sobre todo, no se preocupe por programar una cita. Tanto la Dra. Busman como el Dr. Ravitz están de acuerdo en que no hay ningún inconveniente para la salud en buscar ayuda. “Un buen tratamiento nunca es perjudicial”, dice.

Haga lo que haga, recuerde que está tomando una decisión. “Está perfectamente bien decir quiero esperar”, concluye la Dra. Busman. “Pero hay una gran diferencia entre decir ‘veamos cómo van las cosas, hablemos en un año’, y decir ‘esto me preocupa mucho, estoy atentamente esperando”.

Todo comienza con la gestión y la evaluación de sus propias preocupaciones. “Uno se preocupa por todo tipo de cosas, pero se dice a sí mismo que está preocupado y que tiene que tomarse un tiempo para resolverlo”, dice el Dr. Cruger. “Por lo tanto, usted tiene este tipo de conversaciones consigo mismo todo el tiempo”.

Estar en la misma página

El Dr. Cruger también señala que esta conversación puede complicarse por desacuerdos entre ambos padres en cuanto a lo que constituye o no un “problema”. La diferencia entre “¿debería yo?” y “¿deberíamos?” puede ser significativa, y es una de las principales razones por las que las familias esperan para buscar consejo o atención. Pero, como toda espera, debería tener una estructura. “Usted dice que le preocupa su hijo”, podría decir el Dr. Cruger a uno de los padres, “pero usted dice (refiriéndose al otro padre) que no le preocupa su hijo. Digamos, pues, que acordamos que esta es un área que necesita ser monitoreada, y en 3 meses vamos a tener una reunión de seguimiento”.

Cualquier plan que haga para abordar una preocupación debe incorporar un plan de seguimiento: un “punto definido al que volver y examinar lo que han descubierto. ¿Las cosas se resolvieron por sí solas o todavía hay un problema?”. Este tipo de estructura facilita la reflexión sobre ustedes mismos y sobre el niño, y puede ayudarlos a entender si “están posponiendo las cosas, o si están evitando las cosas de alguna manera”.

Pero como el Dr. Ravitz y la Dra. Busman, el Dr. Cruger no ve ningún inconveniente para la salud al brindar una atención adecuada. “No hay ninguna duda en nuestra literatura de que cuanto antes se realice la intervención, mejor será el resultado”, dice. “Y cuanto más intervención, mejor”.

La clave para los padres es que la “espera” no debe ser una postura pasiva, la espera es una acción, y debe considerarse a la luz de las ventajas y desventajas de obtener una evaluación y un posible tratamiento… Y confiar en su instinto. “Si se encuentra constantemente irritado por el comportamiento de su hijo, eso podría ser la señal de un problema”, dice el Dr. Cruger. “Se supone que como padres no debemos sentir que nuestros hijos son molestos todo el tiempo”. O, para decirlo de otra manera, piense en todos los miembros de la familia antes de actuar, y piense antes de decidir esperar.