Cuando Brady entró a Green Chimneys, una escuela terapéutica en Brewster, Nueva York, él y su familia habían estado en un camino peligroso y confuso a lo largo de sus diez años de vida.

Los padres de Brady, Anne y Paul, dicen que su hijo, ahora de 23 años, era un niño gentil y simpático, pero que sus crisis explosivas, que empezaron cuando él tenía 3 meses, les hacían temer por el bienestar de todos en la casa, especialmente por el de Brady y el de su hermana menor Lynne. “Él no era deliberadamente violento con la gente”, dice Anne, “pero sí era incontrolable y disparatado. Existía un verdadero potencial para que alguien saliera dañado. Él no tenía límites ni un concepto del resultado de sus acciones”.

Poco después, Brady se estaba trepando a los muebles de la cocina, desarmando los candados “a prueba de niños” y lanzando latas de comida pesadas sin hesitación. Paul y Anne decidieron vaciar los gabinetes de la cocina y sellar las puertas con clavos. Para prevenir que él se escabullera hacia la calle, construyeron una valla alrededor de su casa. Brady, mientras tanto, jaló la estufa y la desconectó del gas, creando un riesgo de explosión, y se paraba encima de los carritos en el supermercado mientras gritaba groserías. Sus berrinches, junto con el hecho de que podía mover los muebles hacia las ventanas para tratar de salirse, hicieron que la familia se tuviera que deshacer de la mayoría de los muebles, incluyendo los de su cuarto, cuyo interior ahora solamente consistía de un colchón en el piso; ni siquiera tenía persianas, ya que a Anne y a Paul les daba miedo de que se fuera a ahorcar accidentalmente.

No había nada que ellos pudieran haber hecho para salvarlo de su comportamiento autodestructivo. “Hasta cuando controlamos sus entornos –decía Anne– Él se hacía daño a sí mismo. Se quebraba los dientes, se picaba los ojos y se pegaba en la cabeza. Fue la gota que derramó al agua”.

La pareja empezó a buscar especialistas, quienes les ofrecieron un menú entero de diagnósticos, incluyendo autismo, TDAH y trastorno bipolar, y también les dieron todo tipo de medicamentos, desde Ritalin hasta Litio. Con esto Brady mejoró, hasta que, a la edad de 10 años, tuvo su primera convulsión epiléptica que le causó daño permanente a su brazo derecho. Después de que las escuelas públicas no pudieron darle los servicios necesarios, Anne y Paul decidieron inscribirlo a la escuela Green Chimneys, y en el 2001, las cosas empezaron a cambiar para él.

Aunque la mayoría de los niños y sus padres nunca se enfrentarán a desafíos tan extremos, la historia de Brady es demasiado familiar para los equipos de las escuelas como Green Chimneys, las cuales ofrecen servicios residenciales y educación durante el día. La escuela de Children’s Village en Dobbs Ferry también ofrece un programa de corto plazo a más de 1000 niños y jóvenes cada año.

Green Chimneys y Children’s Village (CV) ambas tienen algo en común: las dos son parte de un movimiento incoativo que incorpora animales y un ambiente natural en sus programas terapéuticos, y ofrecen un nuevo comienzo a los niños con necesidad de ayuda urgente.

Los animales tranquilizan y enseñan a los niños

Fundada por el Dr. Sam B Ross Jr. en 1947, Green Chimneys ofrece servicios a casi 250 estudiantes, desde kínder hasta el último año de high school, como parte de su programa terapéutico durante el día. La mayoría de los estudiantes son hombres, entre 8 y 15 años de edad. De todos ellos, 88 están inscritos al programa residencial, que ofrece tratamiento psiquiátrico, incluyendo prescripciones de medicamentos. Los dos campus de la escuela en Putnam County se extienden a través de más de 500 acres. La Green Chimneys utiliza programas de animales de granja y silvestres como una pieza principal del modelo de tratamiento para los niños con problemas sociales, emocionales y de comportamiento, y con diagnósticos incluyendo los trastornos de ansiedad, TDAH, espectro autista, trastorno de estrés postraumático o TEPT, y trastorno reactivo del apego; muchos de los niños en la escuela fueron adoptados de otros países.

Cuando los niños como Brady llegan a Green Chimneys, ya tienen una falta de autoconfianza y sus familias están agobiadas al máximo, habiendo agotado todos los otros métodos terapéuticos y educacionales, dice Michael Kaufmann, director de la vida de granja y silvestre, y supervisor de los programas de animales y de horticultura de Green Chimneys. Ya que la mayoría de estos niños han estado en evaluación tras evaluación, ellos “no confían en la gente con facilidad”, añade.

Pero cuando ven la granja, el establo y el centro de rehabilitación de vida silvestre, hogar de más de 50 aves de caza heridas, se dan cuenta de que esta no es una escuela como las otras. “Lo que hacemos es cuidar cerca de 300 animales, desde caballos, perros, hasta la vida silvestre, sin mencionar a las abeja, e integrarlos a la vida recreativa y clínica de todos los estudiantes bajo nuestro cuidado”, dice él. Los cuidadores de los animales son parte de un equipo terapéutico, junto con psiquiatras, psicólogos, terapeutas y trabajadores sociales.

Por ejemplo, cuando los estudiantes están en el establo, todo está muy claramente organizado y los estudiantes se hacen responsables de todos los materiales que se usan para estar con los caballos, y los tienen que usar de la manera apropiada y regresarlos donde pertenecen.

Al trabajar con los animales los niños también aprenden ciertas habilidades sociales. Kaufmann presenta un ejercicio en el cual él muestra a los estudiantes un pizarrón con dibujos de las cabezas de cinco caballos, cada uno de ellos con una expresión facial diferente. Cuando le pidió a dos visitantes que escogieran al caballo que estaba enojado, ellas escogieron el que estaba agachando su cabeza antes de que una de ellas cambiara de opinión: “No, es el que tiene los ojos medio enojados”. Estaba en lo correcto al elegir ese dibujo, pero seleccionó el signo equivocado. Era el caballo con las orejas hacia atrás, no los ojos, que decía “enojo de caballo”. Este pequeña prueba es un recordatorio poderoso de lo difícil que puede ser para estos niños leer las emociones de las personas basándose solamente en sus expresiones faciales e incluso en su lenguaje corporal.

Al ayudarles a los animales, los niños se sienten capaces

Kaufmann atribuye el éxito de Green Chimney’s a un par de razones, la primera siendo que “estos niños, que están acostumbrados a ser el centro de atención y de cuidado por parte de los adultos, se pueden volver cuidadores ellos mismos. Les encanta ser útiles y estar involucrados en algo de esta manera”.

También nota que la metáfora de cuidado es distinta dependiendo de qué tipo de animales estén tratando. “Las cabras, las ovejas y los conejos todos tienen nombres, son muy gentiles, y los puedes abrazar y acariciar, y esto es lo que muchos niños quieren cuando están lidiando con los animales”. Pero, el centro de aves se contrasta muy agudamente con el cuidado de los animales peludos y con un mensaje muy importante. “Estos animales no nos pertenecen”, dice Kaufmann. Aunque la meta es rehabilitarlos y liberarlos, muchos de ellos, como un búho ciego con el pico quebrado, vivirán toda su vida en cautiverio, sin ser nombrados, por respeto a sus orígenes silvestres”.

“Las aves también demuestran a los niños que se puede ser saludable y fuerte a pesar de cualquier discapacidad o herida que tengan –añade él. –Tienen garras y picos afilados y no dependen de la gente de la misma manera, lo cual les gusta a los niños y a los adolescentes que son más retirados. A muchos niños que caen en el espectro autista no les gusta el contacto físico”.

Kaufmann nota que los animales educan solamente al ser quienes son. “Digamos que un niño necesita poner el ronzal (lazo) a un burro. Si el niño corre a toda velocidad, el burro también corre. El niño aprenderá que si quiere atrapar al burro, se tiene que tranquilizar, respirar y caminar cuidadosamente. De repente, al mismo niño que le cuesta tranquilizarse puede empezar a hacerlo porque existe un factor que lo motiva. Puede ver al burro y saber si lo que está haciendo está funcionando o no”.

Los animales no juzgan

Brady era uno de los niños que siempre lo atraían los animales más gentiles y seguros. “Primero, fue un perro de la pradera que eventualmente se enfermó y falleció –dice Anne. –Luego fue un conejo grandote llamado Gobbles”. Al principio, a Brady le daban miedo los caballos, “pero después de caminar con un caballo miniatura, el equipo lo animó y elevaron su confianza, hasta que finalmente pudo participar en el caballeo terapéutico, lo cual lo ayudó a mejorar sus habilidades motoras y su coordinación”.

Los animales en Green Chimneys ayudaron a Brady a desarrollar su confianza e hicieron que pudiera disfrutar la escuela por primera vez en su vida. “Lo relajan –dice su madre. –Nunca ha tenido amigos. Ellos fueron sus amigos. Cuando los estaba cuidando, se exponía. Adoraba ir a la granja, era su deber preferido”.

Su nuevo internamiento también funcionó porque Brady encajaba con los demás. En vez de que haya bullying, algo que según Anne pasaba en su escuela anterior, Green Chimneys tiene una póliza de cero tolerancia. “Los estudiantes lo aceptaban, mientras que en su otra escuela pública lo excluían–dice Anne. –Por eso, por la primera vez en su vida, tenía amigos y pudo hacer deportes con ellos. Green Chimneys lo mantuvo saludable en términos de su salud mental, relajado y no aturdido, para que pudiera aprender”. Otro beneficio extra: “Experimentó convulsiones mucho menos seguido”.

Entrenar animales también educan los niños

Además de educar y tranquilizar a los estudiantes, los animales también participan en otro programa innovador de Green Chimneys: el entrenamiento vocacional. Kaufmann dice que, aunque no fuerzan a los niños a interactuar con los animales, la mayoría de ellos lo hacen voluntariamente. En Green Chimney’s también ofrecen otras oportunidades de trabajo vocacional, incluyendo al trabajo en las Boni-Bel Farms, donde los estudiantes venden frutas, vegetales y la miel que producen. También hay programas culinarios y de 4-H.

Los estudiantes también tienen la oportunidad de entrenar a los perros que asistirán a los discapacitados. El programa está hecho a través del ECAD (Educadores Caninos Asistiendo con las Discapacidades), que fue fundado por Lu Picard, una entrenadora de obediencia que vio lo tanto que ayudaron los perros de servicio al estrés de su hija con necesidades especiales y a la depresión de su ya mayor padre después de que tuvo un infarto cerebral. Empezó en Green Chimneys, cuyo dueño, el Dr. Ross fue su primer cliente, en 1997. Ahora, Picard tiene contratos con cinco centros residenciales de tratamiento.

Green Chimneys ofrece el primer paso en la cadena de entrenamiento para los cachorros, entrenando a los cachorros que han sido criados para ser perros de servicio. Los estudiantes entrenan a los perritos por un año y les enseñan más de 80 comandos de voz para que realicen varias habilidades, como abrir un refrigerador y traerles refrescos a sus dueños discapacitados con sus grandes y suaves hocicos de retriever. “Algunos de los niños que son desafiantes en el salón de clase se comprometen a portarse bien por un par de horas en lo que entrenan a los perros”, dice Kaufmann.

Cuando los perros hayan terminado la primera fase de su entrenamiento, pueden trasladarse a Children’s Village, en la cual hay más o menos 150 jóvenes en su programa de tratamiento residencial, y está a menos de una hora al sur de Green Chimneys. Esa cifra incluye a los “niños de crianza con problemas de conducta severos, a los niños involucrados con el sistema judicial que están sirviendo una sentencia alternativa a una de detención y a los niños en la residencia de crisis Jackson”, dice Topher Nichols, la oficial de comunicaciones superior de CV. Aunque la mayoría de estos solamente se quedan en un programa de tratamiento residencial por un promedio de 7 meses, el Louis Jackson Rapid Intervenciones Center es un programa de 30 días, y es más restrictivo que la mayoría de los otros programas en el CV, ya que el anterior ofrece una alternativa a la hospitalización para los niños cuyos trastornos psiquiátricos y comportamiento los pone en riesgo a ellos o a otras personas. También es el lugar en donde la mayoría de la terapia de animales se lleva a cabo.

“Hay niños que no hablan para nada con el equipo, pero conviven muy bien con los perros – dice Avril Lindsay, la directora del programa. –Son muy cariñosos, interactúan con los niños y les dan besos. Y a los niños les encanta el refuerzo positivo que les dan los perros”.

Ella nos cuenta una historia triste acerca de un niño que no podía regresar a su casa en Navidad; su hermano estaba con una familia de crianza y él no era bienvenido a convivir con ellos. El niño se acostaba de panza abajo, casi tocando narices con la perra de servicio y hablo con ella acerca de su “pérdida” de Navidad. Lo que dijo “era exactamente lo que sentía por no poder ir a un hogar –dice Lindsay. –Fue como si él aconsejara a la perrita para sentirse mejor con respeto a la situación en la que se encontraba. Fue maravilloso”.

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Los niños dependen de los perros para desarrollar sus propias habilidades para tranquilizarse

Lindsay tiene a seis perros que trabajan con los niños por tiempo completo, respondiendo a las crisis y tratándolos con terapia y con recreación. Muchos de estos niños no han tenido buenas experiencias con los perros, nota ella. “Puede ser que sus únicas experiencias con los perros haya sido a través de las pandillas y las drogas, pero ellos se irán de aquí diciendo, “Les tengo miedo a los perros, pero no a estos perros, los perros de terapia son muy gentiles”.

Y cuando los niños regresan a sus comunidades y hacen sus propias estrategias de afrontamiento, “la mayoría de ellos escogen a los perros para ayudarles a poder calmarse –dice Lindsay. –Los perros no juzgan ni responden de manera negativa cuando estos niños están en crisis”.

Los perros también les enseñan a los niños acerca de las dinámicas de familia. “Algunos de estos niños nunca han tenido fiestas de cumpleaños –dice Lindsay, –nunca les han dado regalos”. Así que para el tercer cumpleaños de su golden retriever, Blondie, estuvieron planeando su cumpleaños por una semana entera. Le hicieron a Blondie una corona de cumpleaños hecha de papel de construcción e invitaron a su madre, Ruthie, que todavía hace trabajo en el campus, junto con 3 de sus cachorros. Los invitados humanos fueron ocho estudiantes, de 5 a 17 años, y más o menos el mismo número de miembros del equipo, quienes también ven a los perros como una manera de quitarse el estrés.

Un estudiante, Anthony, estaba tan motivado por el entrenamiento de perros que se levantaba a las 4:30 a.m. y hacía 2 horas diarias de tránsito para ir y regresar de su casa de crianza en Queens hacía CV durante la huelga de camioneros de gente con necesidades especiales en Nueva York. Cuando lo escogieron para que participara en el programa, a él “le aterrorizaban los perros”, dice. Pero ya entrando el segundo año, él sintió que fue una experiencia muy bonita e hizo trabajo de voluntario.

“Los perros son únicos y las maneras en las que aprenden son increíbles –dice él. –Puedo enseñarles y ellos ayudan a la gente con discapacidades en su vida diaria. A veces, cuando estás enseñando a los perros, tú mismo aprendes. Siento como si estuviera haciendo algo muy importante, retribuyendo a la comunidad y ayudándo a los veteranos”.

Resultados prometedores

Anne y Paul reportan que Brady, quien todavía vive con ellos en un departamento con su propia puerta, todavía es un poco raro socialmente, y todavía le cuesta organizarse y el manejo del tiempo. Pero en los dos años de su transición fuera de high school, obtuvo dos certificados técnicos y tuvo un trabajo de tiempo parcial en un cine, y luego se graduó con el diploma de New York State Regents Equivalency. Hasta se volvió un Eagle Scout. También es miembro de la iglesia familiar.

Y el entrenamiento vocacional le resultó bien; ahora tiene un trabajo de tiempo completo sindicalizado, gana un saldo razonable, tiene beneficios y vacaciones pagadas y ha hecho suficientes exámenes para ser calificado para una promoción.

En cuanto a Anthony, el joven de 17 años escogió una carrera que le va a servir para demostrar su fortaleza, gracias a su experiencia de entrenamiento de perros en la CV. Se siente motivado para estudiar y sacar buenas notas en su examen de Regent para poder ir a la universidad y ser un policía en la unidad canina.