Pocos meses después del nacimiento de mi hija Alicia, me senté en una mecedora a las cuatro de la mañana, la amamantaba y lloraba sin ninguna razón clara, quizá por quinta vez en varias horas. Esto se había convertido en mi estado de ánimo: una gran e indefinida tristeza salpicada por destellos de intensa ansiedad.

“Solo estoy cansada”, decía al principio cuando los amigos o la familia expresaban su preocupación. “Soy una mamá nueva. ¡Ya saben cómo es eso!”.

Al mes siguiente fue lo mismo. “¡Son solo las hormonas!”. Lloré frente a mi marido. “Solo estoy cansada… Solo me estoy adaptando… Mejorará cuando ella comience a dormir más. Cuando las cosas empiecen a normalizarse. Cuando vuelva a caber en mi ropa…”.

Pero los meses pasaron y las cosas no mejoraron. Finalmente, me di cuenta de que necesitaba conseguir ayuda.

No solo depresión

Antes de que quedara claro que mis arranques de llanto de las cuatro de la mañana eran más que “solo las hormonas”, tenía una vaga imagen de la depresión posparto obtenida de búsquedas rápidas en Internet y de los folletos que me habían dado en el hospital. En su mayoría presentaban a una madre primeriza afligida, luchando por conectarse con su bebé. Esa no era yo, racionalicé. Claro, estaba triste, pero me sentía totalmente conectada a mi bebé. Incluso demasiado conectada. Tan conectada que pasé horas obsesionada con cada cosa mala que pudiera pasarle, imaginando situaciones cada vez más horribles e improbables. Esa rama podría caer y aplastarla. ¿Cómo podría vivir si ella muriera? ¿Y si alguien me la quita? ¿Y si se asfixia mientras duerme? ¿Y si, y si, y si…?

Pero eso era normal, pensaba. ¿Acaso no es preocuparse por su hijo justo lo que hacen las madres?

No del todo.

La mayoría de las mujeres están familiarizadas con la depresión posparto, pero las madres pueden también enfrentarse a la ansiedad posparto, el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y la psicosis. Por eso el viejo término “depresión posparto” está dando lugar a otro más amplio: “trastornos de ansiedad y del estado de ánimo en la etapa perinatal” o PMAD (por sus siglas en inglés: Perinatal Mood and Anxiety Disorders).

“Me gusta decir que los PMAD se han convertido en la nueva depresión posparto”, dice la Dra. Catherine Birndorf, fundadora y directora médica de The Motherhood Center en la ciudad de Nueva York, quien se especializa en salud mental perinatal. “El problema es que muchas madres escuchan ‘depresión posparto’ y piensan, ‘¡pero si no estoy deprimida! Estoy ansiosa, no puedo dormir y no me siento como yo misma’, pero como ninguna de ellas suena necesariamente a depresión, no creen que deban buscar un tratamiento”.

La ayuda está al alcance de la mano, y funciona, pero encontrar el tipo de tratamiento adecuado implica saber qué buscar, especialmente cuando los síntomas no se ajustan a la imagen estereotipada de la depresión posparto.

No solo madres primerizas

Si bien los términos “perinatal” y “posparto” se refieren sobre todo al período inmediatamente posterior al parto, la realidad es que muchas madres se enfrentan a estos problemas de salud mental mucho después del nacimiento del bebé. “Los síntomas aparecen en diferentes momentos de la vida”, dice la Dra. Birndorf. “Conozco a madres de adolescentes que dicen: ‘Siento que todavía estoy lidiando con problemas del posparto'”.

Las madres que encontraron maneras de enfrentar las complicaciones del posparto temprano con frecuencia se sienten incapaces de hacerlo cuando se enfrentan a nuevos desafíos, como el nacimiento de otro hijo. “El sistema se estresa”, dice el Dr. Birndorf. “Cuando usted ya está operando al límite de su capacidad, no hay lugar para nuevos factores de estrés. No hace falta mucho para derrumbarse”.

Esto es especialmente cierto para las madres de niños que tienen dificultades. Preocuparse por un niño que tiene dificultades en la escuela, cuidar de un niño ansioso o tener que pasar por otra crisis más en el supermercado puede ser suficiente para devolver a una madre a las fauces de la depresión o la ansiedad.

El lado positivo de esto, dice la Dra. Birndorf, es que cuando las madres buscan ayuda para sus hijos, a menudo tienen un momento de claridad sobre su propia salud mental. “Cuando los padres tienen que calmarse y mirar lo que está pasando con su hijo puede ser un buen momento para detenerse y considerar lo que está pasando con ellos mismos”.

Más allá de la ansiedad propia de la crianza

Dado que cierta cantidad de ansiedad es parte normal del proceso de tener un hijo, muchas madres primerizas asumen, como yo lo hice, que sus preocupaciones son simplemente algo propio de la crianza. “Muchas madres experimentan una ansiedad intensa y terrible, dice la Dra. Birndorf, pero no se dan cuenta de que es un síntoma  del posparto”. Los signos de un trastorno de ansiedad perinatal incluyen:

  • Ansiedad persistente e intensa que está fuera de toda proporción con su experiencia real. Por ejemplo, el temor de que un bebé sano pueda tener cáncer. O una sensación general de que algo “terrible” podría suceder, cuando las cosas parecen ir bien.
  • Insomnio.
  • Imágenes intensas y aterradoras que parecen salir de la nada de algo que puede lastimar a su hijo, o de usted haciendo daño a su hijo.
  • Sentimientos de desesperanza, inutilidad y miedo.
  • Miedos o preocupaciones que afectan su capacidad de funcionamiento y que hacen que incluso las tareas más simples, como salir de casa o conducir de un lugar a otro, parezcan peligrosas e insuperables.

Para algunas madres, estos pensamientos se vuelven perturbadores, obsesivos y controladores, y pueden ser un síntoma de una condición distinta llamada trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) del posparto.

Identificar la depresión

De la misma manera, puede ser difícil saber si lo que usted está sintiendo es depresión posparto o simplemente los “dolores del crecimiento” como padres, en especial cuando se está increíblemente agotada y se vive de lo poco que se pueda aprovechar en los cinco minutos antes de que el bebé se despierte. Muchas mujeres experimentan un período de cambios de humor, tristeza o irritabilidad conocido como “baby blues” después de dar a luz, pero para la mayoría los síntomas desaparecen después de unas semanas. Si persisten, o parecen empeorar, en lugar de mejorar, podría ser el momento de hablar con un médico. Los síntomas de depresión posparto incluyen:

  • Sentimientos de inutilidad, desesperanza o aletargamiento.
  • Cambios de humor.
  • Llorar todo el tiempo o estallar en lágrimas por una pequeña (o ninguna) razón.
  • Pérdida del apetito o comer como escape emocional.
  • Olvidar dormir cuando el bebé duerme, de modo que no duerme en absoluto. O, al contrario, no hacer nada más que dormir.
  • Falta de resiliencia. Sentirse totalmente abrumada por incluso las tareas más simples.
  • Sentimientos de rabia, estallidos verbales contra los amigos, la familia o su bebé.
  • Sentirse desconectada de su bebé, o conectada de una manera tan intensa y perturbadora que se siente incapaz de soportarlo.
  • Preocuparse de que “nada volverá a ser lo mismo”.

También es probable tener tanto ansiedad como depresión. De hecho, la ansiedad no tratada frecuentemente deriva en depresión.

Por qué cuidar de usted misma es lo correcto

Los padres a menudo pasan por alto sus propios sentimientos y necesidades para ocuparse de los de sus hijos, algo que, por muy bien intencionado que sea, puede causar un efecto dominó negativo en la salud mental de toda la familia. “Existe este mito generalizado de la supermamá que siempre está cuidando de todos menos de sí misma”, dice la Dra. Birndorf. “Pero cuando la supermamá está en dificultades, esforzarse por salir adelante a menudo le hará más daño que bien”. Si mamá y papá no están bien, es muy difícil que el niño esté bien”.

Los niños buscan en los padres pistas sobre cómo comportarse, y cuando se es un padre o una madre que enfrenta problemas, eso ocurre frente a público. Algunos estudios han demostrado que los hijos de padres deprimidos o ansiosos son más propensos a tener problemas de comportamiento, de aprendizaje y de salud mental. Por eso es importante que los padres obtengan ayuda para sí mismos, y que muestren resiliencia para enseñar a los niños a manejar situaciones difíciles de manera saludable.

Autocuidado

Dedicar tiempo a la práctica del autocuidado es importante. El autocuidado puede ser cualquier cosa que le permita alejarse de los factores estresantes y tener un momento para sí misma. Algunos ejemplos son:

  • Tomar un baño cuando su hijo está durmiendo, o ver su programa favorito después de que todos se hayan ido a la cama.
  • Salir a cenar fuera.
  • Escribir un diario.
  • Inscribirse a una clase para hacer ejercicio.
  • Meditar durante cinco minutos o usar una aplicación de meditación.
  • Salir a dar un paseo tranquilo.

El autocuidado no tiene que ser lujoso, costoso o consumir mucho tiempo. “Pequeñas acciones pueden ser verdaderamente útiles”, dice la Dra. Birndorf.

Pida ayuda

También es importante dejar de fingir que está bien cuando no lo está. Busque el apoyo de su familia o amigos. “Dígale a la gente que está enfrentando dificultades y, lo más importante, hágales saber cómo pueden ayudarla”, dice la Dra. Brindorf. Asignar tareas específicas facilitará que las personas la ayuden de la manera en que usted realmente lo necesita. Por ejemplo, llevar a su hijo a alguna cita, cuidarlo mientras usted y su pareja salen solos, o simplemente comunicarse con usted una vez a la semana para ver cómo sigue.

Unirse a comunidades en línea o grupos de Facebook dedicados a la crianza de los hijos o a la salud mental posparto es una buena manera de encontrar apoyo y de conectarse con otras madres. Pero asegúrese de que los grupos o páginas con los que se involucre calmen sus ansiedades, no las aumenten. “Los grupos en línea pueden ser útiles, dice la Dra. Birndorf, pero recuerde que la gente en la web puede parecer tan autoritaria como su médico, y estar totalmente, totalmente equivocada”.

Conectarse con otras madres en persona puede ayudar a aliviar la sensación de aislamiento, y unirse a un grupo de apoyo de PMAD (página en inglés) cerca de su localidad puede ser de gran ayuda, dice la Dra. Birndorf. “El solo hecho de hablar con otras personas que entienden lo que usted está pasando puede quitarle un gran peso de encima”.

Busque un tratamiento

La terapia cognitivo conductual (CBT, por sus siglas en inglés) ha demostrado ser muy eficaz en el tratamiento de los trastornos perinatales. Esta terapia enseña a las personas que sus pensamientos, sentimientos y conductas están todos interconectados, de modo que cambiar uno de estos aspectos puede cambiar a los tres. Médicos y pacientes trabajan juntos para alcanzar las metas, tales como detectar patrones de pensamiento poco útiles y mejorar la resiliencia.

Algunos terapeutas se especializan en PMAD. Pero, dice la Dra. Birndorf, una especialidad no lo es todo. ” El punto es obtener ayuda cuando la necesite. Si usted atraviesa por una situación difícil, encontrar un terapeuta con quien se sienta cómoda para desarrollar una relación y que sepa comprender sus necesidades es más importante que localizar a un especialista”.

Medicamentos antidepresivos o ansiolíticos también pueden ser una parte importante de la ecuación. Las mujeres que se preocupan por tomar medicamentos durante la lactancia deben hablar con sus médicos, dice la Dra. Brindorf. “Es absolutamente viable, dice, solo hay que trabajar con alguien que pueda ayudarla a encontrar la solución correcta”.

Se hace camino al andar

Yo finalmente me lancé y encontré un terapeuta que entiende de dónde vengo. He empezado a hacerme amiga de otros padres, a pedir ayuda cuando la necesito y he dejado de insistir en que estoy bien cuando no lo estoy. Tengo días fantásticos y otros malos, pero ya no me siento aislada o asustada. Veo a mi hija cuando me mira a la cara, y las líneas del poema de Theodore Rotheke, “The Waking”, cruzan por mi mente: Aprendo yendo a donde necesito ir.

“Lo resolveremos juntas”, le digo con una sonrisa.