P: Tengo un hijo de 5 años y otro hijo de 6 meses de edad. El de 5 años, quiere a su hermano y es muy sensible pero no escucha cuando le digo lo que tiene que hacer. Lo pongo en “time out” pero parece que no funciona. Cuando le pregunto “¿Por qué has hecho eso?” no me contesta y empieza a llorar. También me falta el respeto. ¿Qué debo hacer?

R: Parece que las rabietas de su hijo ocurren cuando se ve obligado a seguir sus instrucciones, un disparador muy común del comportamiento irrespetuoso y rabietas de los niños pequeños. A pesar de que puede ser muy frustrante cuando los niños se oponen a las normas y les dan rabietas cuando reciben órdenes, hay cosas que incluso el padre mejor intencionado hace que pueden empeorar el problema.

Muchos de los padres que veo tienen este problema, los niños se vuelven desafiantes o resentidos cuando se les obliga a hacer algo que no quieren hacer o a dejar de hacer algo que les gusta hacer. Lamentablemente, muchos de estos padres han llegado a un patrón en el que prestan atención a la mala conducta de sus hijos y no hacen caso del comportamiento apropiado y obediente. Una de las primeras cosas que me gusta hacer con los padres es invertir este patrón de atención prestando atención al comportamiento apropiado y haciendo caso omiso del comportamiento irrespetuoso y las rabietas de forma consistente. De esta manera, el niño aprende que la conducta de cumplimiento dará lugar a una atención positiva gratificante, y que la conducta de oposición no le llevara a conseguir la atención ni ayudarle a conseguir lo que quiere.

Al hacer preguntas como “¿Por qué haces eso?” durante o después de una rabieta, por si misma, dirige la atención al mal comportamiento del niño, por lo que es más probable que lo siga haciendo en el futuro. También puede aumentar la intensidad de la rabieta en ese momento. Debido a que muchos niños que tienen rabietas se ponen muy a la defensiva cuando son culpados de algo, exigir una justificación de su conducta negativa puede causar un aumento de la intensidad de su rabieta. Y un niño que es muy emocional no puede pensar racionalmente sobre su comportamiento.

Los padres que vienen a verme en los cursos de orientación parental a menudo me dicen que han probado los “timeouts” y que no funcionan con sus hijos. Con frecuencia esto se debe a errores comunes al poner en práctica del método que lo hacen ineficaz. En primer lugar, un “time out” debe tener una consecuencia negativa. Si el niño puede divertirse en ese tiempo (por ejemplo, ver la televisión, jugar con un juguete o leer un libro), entonces ya no es un “time out”, ¡es tiempo de diversión! En segundo lugar, los niños deben ser ignorados durante todo el “time out”.

Los padres que hablan, miran o hacen un gesto al niño durante el “time out” están dando al niño atención que refuerza su comportamiento. En tercer lugar, el comportamiento del niño debe ser adecuado durante el “time out”. Los padres que equivocadamente dejan salir a su hijo del “time out” aun cuando están llorando y gritando no están enseñándole como debe actuar de manera adecuada para resolver el “time out”. Por otra parte, si el niño deja el “time out” antes de que su tiempo haya terminado, debe volver a la zona de “time out”. Muchos padres, cuando los niños dejan el “time out” prematuramente, a menudo se dan por vencidos y dan por sentado que el “time out” no esta funcionando. Por último, cuando el “time out” del niño ha terminado, deberá cumplir la orden original que lo llevó al “time out”. Muchos padres, cuando su hijo ha terminado el “time out”, les permiten hacer otra actividad en lugar de cumplir con la orden original (p.e. haz tus deberes), convirtiendo el “time out” en una estrategia de evitación que refuerza su comportamiento en lugar de una consecuencia negativa.

Si utiliza “time out” sistemáticamente y tiene en cuenta los pasos anteriores, a la vez que elogia los comportamientos positivos e ignora los de mala conducta, logrará que aumente la obediencia de su hijo y que disminuyan las faltas de respeto y rabietas. Si sigue teniendo problemas después de utilizar de forma consistente estos pasos, puede consultar con un psicólogo con experiencia en orientación a padres, especialmente la terapia de interacción entre padres e hijos (PCIT), que le ayudarán a dominar estas habilidades para educar a sus hijos.

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