Gina, la madre de un niño de 12 años, recibió una llamada desconcertante de su escuela. Un estudiante se había quejado de que su hijo lo estaba acosando. Después de investigar el asunto, el personal de la escuela concluyó que su hijo había estado atormentando a varios de sus compañeros con insultos, violencia física e incluso acoso sexual. “No hace falta decirlo, estábamos mortificados y avergonzados, –recuerda Gina. –Pero no solamente eso, se nos rompió el corazón”.

Ningún padre quiere escuchar que su hijo es un bully (acosador). Es doloroso pensar que tu hijo le esté haciendo daño a otros niños. Pero la intimidación también es un problema serio para aquel que está agrediendo. Las habilidades de amistad de los niños son un indicador importante del estado de su salud mental en general. Si se da cuenta de que su hijo está involucrado en comportamientos de intimidación, ya sea física o verbal, puede ser una señal de que él esté sufriendo una gran angustia. Podría estar sintiendo ansiedad o depresión, y tiene dificultades para regular sus emociones y comportamiento.

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¿Por qué los niños acosan?

Es importante tomar en cuenta que los niños no intimidan porque son “niños malos”. “Los niños se involucran en todo tipo de comportamientos los cuales no son un reflejo de ellos como personas”, dice el Dr. Jamie Howard, director del Stress and Resilience Program del Child Mind Institute. “Todavía están tratando de entender las cosas. Pueden ser buenos niños que hayan cometido algunos errores”. Hay muchas razones por las que un niño, que normalmente se comporta bien, podría no ser amable con otros niños. Aquí les presentamos algunas de estas razones:

  • El niño quiere formar parte de un grupo de amigos que está acosando a un compañero de clase.
  • Está siendo acosado en casa o en la escuela, y trata de recuperar el sentido del poder a través de una conducta agresiva hacia los demás.
  • Busca la atención de los maestros, padres o compañeros de clase y no ha podido conseguirla de ninguna otra manera.
  • Es por naturaleza más asertivo e impulsivo que sus compañeros.
  • Tiene tendencia a percibir el comportamiento de otros niños como hostil, incluso cuando no lo es.
  • No entiende muy bien de qué manera su comportamiento hace sentir a la víctima de su agresión. Esto es particularmente el caso de los niños más pequeños.

Al hablar con su hijo sobre esto, al entender aquello por lo que está pasando desde su punto de vista y al guiarlo a través de comportamientos amigables apropiados, podrá frenar el acoso y abordar los problemas que podrían haber causado que ocurriera en primer lugar. Estos son algunos consejos para asegurarse de que su hijo fomente relaciones respetuosas con sus compañeros.

Comuníquese

Si un maestro u otro padre le dice que su hijo está acosando a alguien, lo primero que debe hacer es hablar con su hijo acerca de la situación. Sea directo con el niño, pero déjele bien claro que está abierto a escuchar su versión de la historia. Dígale algo como: “Hoy recibí una llamada de la escuela y el maestro me indicó que estabas involucrado en un caso de bullying. Estoy muy preocupado y tenemos que hablar de esto. Por favor, dime qué pasó”.

Cuando habla con su hijo de la situación, puede ayudarlo a usted a entender por qué está sucediendo la agresión social, y qué pasos hay que tomar para detenerla. Después de que a Gina le dijeron que su hijo estaba acosando a los otros niños, ella y su marido tuvieron muchas charlas largas con él sobre por qué estaba actuando de esa manera.

“Le hicimos muchas preguntas sobre por qué lo hizo, – explica Gina. –Nuestro hijo tenía una autoestima increíblemente baja. La intimidación le daba poder y control sobre algo. Nos dijo que le gustaba que lo conocieran como ‘el peor niño de la escuela’, en lugar de pasar desapercibo”.

Otros niños podrían no ser capaces de articular las razones por las que están actuando así. Esto es principalmente cierto para niños más pequeños y que están lidiando con ansiedad, traumas o cualquier otro problema de salud mental. Si tiene problemas para averiguar por qué su hijo se está portando mal, considere la posibilidad de consultar con un psicólogo o psiquiatra infantil que cuente con mucha experiencia en la evaluación del comportamiento de los niños.

Afronte la situación con anticipación

Una vez que haya analizado las raíces del problema, podrá adaptar su respuesta a los desafíos específicos que su hijo esté enfrentando en sus interacciones sociales. Discuta con él los escenarios que le resultan difíciles de manejar, y guíelo a través de respuestas más adecuadas. Si, por ejemplo, su hijo ha estado excluyendo deliberadamente a uno de sus compañeros de las actividades sociales, dígale: “Cuando alguien pida jugar contigo, deberías decirle que sí. Quiero que incluyas a los niños y quiero que uses sólo un lenguaje respetuoso”.

“Tenga soluciones diferentes para los distintos tipos de problemas que pueden surgir, y dele ejemplos claros a su hijo sobre cómo espera que responda, –dice el Dr. Howard. –Yo trataría de plantearlo como un comportamiento de amistad, en lugar de: ‘No seas un acosador’. Los niños responden mejor cuando se les dice lo que sí deben hacer en lugar de lo que no deben hacer”.

Otra manera de afrontar la situación con anticipación es alentar a su hijo a tomar la perspectiva de la persona que está siendo acosada. Pregúntele: “¿Puedes pensar en un momento en el que te sentiste excluido o triste porque alguien no estaba siendo amable contigo? Ese sentimiento que tuviste es el mismo sentimiento que tiene tu compañera de clase porque no estás siendo amable con ella”.

Observe su propio comportamiento

Los niños que están expuestos a interacciones agresivas o poco amables en sus hogares son propensos a repetir estos mismos comportamientos en la escuela. “Es importante que los padres piensen de qué manera sus propios comportamientos podrían influenciar a sus hijos. Tomen en cuenta la forma en que les hablan a sus hijos, a sus cónyuges y cómo manejan la ira. También sean realistas con respecto a si estas maneras de actuar pueden ser un modelo que el niño podría estar siguiendo o no”, dice la Dra. Kristin Carothers, psicóloga clínica.

Es posible que el acoso ocurra en su casa, y que usted ni siquiera esté consciente de ello. ¿Se involucran los miembros de su familia en gritos, insultos o humillaciones? ¿Sus hijos se molestan entre sí o se golpean? Si es así, es importante empezar a fomentar un ambiente positivo en el hogar, donde los miembros de la familia se traten con amabilidad y respeto los unos a los otros.

Después de que Gina se enteró de que su hijo estaba acosando a los otros, se esforzó mucho para asegurarse de que su vida en el hogar reflejara el tipo de comportamiento que ella quería que su hijo practicara en la escuela. “No permitíamos ninguna charla o chistes del tipo abusivo, practicábamos buenos modales y alentábamos a que nos ayudáramos y nos apoyáramos mutuamente, –dice. –Las cosas no siempre estaban perfectas en casa, pero si nosotros o los otros niños no se comportaban de manera apropiada, hablábamos de ello en familia”.

Dé consecuencias significativas

Los castigos relacionados a la conducta de intimidación pueden ser efectivos, pero deben ser relevantes y deben de tener un alcance limitado. Si, por ejemplo, usted descubre que su adolescente está involucrado en el acoso cibernético, sus acciones deben ser enfrentadas con una pérdida inmediata de los privilegios de Internet o del teléfono. En el caso de los actos particularmente graves, revóquele los privilegios por el futuro previsible y busque la ayuda de un terapeuta. Pero en el caso de las formas de acoso menos graves, el niño debería ser capaz de volver a ganarse sus privilegios en el transcurso de unos cuantos días.

“Si le quita un privilegio por mucho tiempo, este privilegio podría perder su validez, –dice la Dra. Carothers. –El niño dice, ‘OK, bueno, nunca podré recuperarlo, así que no voy a intentarlo’. Usted quiere asegurarse de que el tiempo en el que el castigo ocurra, y la cantidad de tiempo en la que ocurra, tengan un equilibrio razonable para que tenga el mayor efecto posible”.

Arregle las cosas

Una vez que su hijo haya recuperado sus privilegios y esté tranquilo, explíquele que cometió un error que tiene que ser corregido. Su hijo puede optar por disculparse en persona, por medio de una carta, un mensaje de texto, etc., pero las rectificaciones pueden tomar muchas formas diferentes. Puede alentar a su hijo a que prepare galletas para toda la clase, por ejemplo, o a que juegue con un compañero al que había excluido anteriormente.

La Dra. Howard recuerda a una antigua paciente que había estado insultando y excluyendo a los demás niños de su grupo social. Como medio de reparación, la madre de la niña hizo que su hija invitara a todos los niños a los que había acosado a un evento social. “Fue una corrección, –explica la Dra. Howard. –Y fue una manera en la que la madre pudo restablecer el control”.

Supervise la situación

Si otro padre quiere hablar con usted acerca de la conducta acosadora de su hijo, notifique a los maestros de inmediato para que puedan mantenerse atentos al comportamiento problemático. Manténgase en contacto con los maestros de forma regular y dé muchos elogios específicos cuando su hijo sea un buen amigo.

El acoso cibernético (cyberbullying) puede ser particularmente difícil de controlar porque no ocurre a plena vista. Si su hijo ha acosado a otros niños a través de Internet, obtenga las contraseñas de sus cuentas de Facebook, Instagram y Twitter, y revíselas con regularidad para asegurarse de que está utilizando los medios sociales respetuosamente. Sea honesto al respecto: dígale a su hijo que usted supervisará su actividad en los medios sociales hasta que demuestre que puede gestionarla de manera responsable. “Si usted está pagando su cuenta de teléfono, y está pagando por Internet, debe estar consciente de lo que está haciendo su hijo”, dice la Dra. Carothers.

Busque ayuda

Si usted está continuamente intentando desarrollar las habilidades de amistad de su hijo y el acoso no cesa, busque a una evaluación de salud mental. Su hijo podría necesitar la ayuda de un terapeuta para resolver los problemas subyacentes.

Manténgase conectado

De alguna manera, la acción más importante que puede tomar es establecer un vínculo de comunicación con su hijo, que permanezca abierto, respecto a su vida diaria con el fin de que pueda reconocer más fácilmente las señales de bullying y problemas sociales. La Dra. Carothers recomienda hacerle a su hijo algunas preguntas abiertas todos los días. “Creo en la comunicación diaria con los niños, –explica. –Si quiere que su hijo hable con usted, usted tiene que hablar con su hijo”.

Por la mañana, pregúntele qué tiene planeado para el día; después de la escuela, pídale que le cuente una cosa realmente genial que le haya pasado ese día, y también una cosa no tan genial. Puede ser difícil empezar, pero los niños que tienen la expectativa de compartir con regularidad detalles de sus vidas con sus padres se sienten más cómodos al continuar con esto hasta la adolescencia.

Gina descubrió que mantenerse en contacto con su hijo de una manera solidaria y sin juzgarlo era la clave para minimizar su comportamiento agresivo. “Hable con sus hijos y siempre esté presente en sus vidas, – sugiere. –Necesitan sentir que usted se preocupa por ellos y que estará atento a lo que les pasa. Llene sus cabezas y sus corazones con amor”.