Como resultado de un acontecimiento perturbador, se puede esperar que los niños y adolescentes tengan reacciones que preocupen a los padres. La buena noticia es que estas reacciones, que pueden incluir un retorno o “regresión” a comportamientos anteriores en los niños pequeños, cambios en los hábitos de alimentación o sueño, quejas físicas o aislamiento social, son típicas en las personas jóvenes que han pasado por una experiencia muy estresante.

La mayoría de los niños regresan a su estado normal después de un tiempo, y los tiempos de recuperación natural tienden a depender de qué tan cerca, tanto física como emocionalmente, estuvo el niño del evento. Pero algunos niños no pueden recuperarse por sí solos, y llamamos a esto estrés traumático, que es cuando la exposición supera su capacidad para hacer frente a lo que han experimentado.

Hay dos trastornos que los profesionales de la salud mental pueden diagnosticar y tratar en los jóvenes después de un evento traumático: el trastorno de estrés agudo (TEA) y el trastorno de estrés postraumático (TEPT). La clave de ambos trastornos no son los síntomas inusuales, ya que todos los síntomas son parte de una respuesta típica a un evento perturbador. La clave es que estos síntomas son lo suficientemente graves como para afectar la capacidad del niño para funcionar en la vida diaria.

El TEA y el TEPT están esencialmente en un espectro. Los síntomas que comparten incluyen:

  • Estar aturdido, distante, con la mente borrosa, con dificultad para recordar partes del evento
  • Pensamientos intrusivos y/o angustia cuando se les recuerda el evento traumático
  • Evitar recordatorios del evento traumático
  • Ansiedad o hiperactividad
  • Dificultad con las tareas básicas (escuela, amistades)

El TEA se puede diagnosticar de 2 a 3 días después de que termina el evento, y es un trastorno de reacciones a corto plazo al trauma. El PTSD se puede diagnosticar a partir de un mes después del evento, y representa un afrontamiento inadaptado crónico a largo plazo.

Pero los criterios de tiempo no son tan claros y sencillos, advierte el Dr. Jamie Howard, líder del grupo de respuesta al trauma del Child Mind Institute. “Los efectos duraderos de un evento traumático podrían continuar para muchas familias”, dice. Y después de un evento perturbador, los padres y los miembros de la comunidad deben estar atentos a los síntomas de estrés traumático en el futuro.

Finalmente, incluso si un niño o adolescente no tiene una respuesta traumática a un evento, los cambios en la rutina o el desplazamiento del hogar pueden producir síntomas de afectación. Después de un cambio de vida significativo, los profesionales pueden diagnosticar el trastorno de adaptación, que se define por síntomas de impedimento que incluyen ansiedad o estado de ánimo deprimido, problemas para dormir, episodios de llanto regulares y rechazo a la escuela. En el trastorno de adaptación, estas reacciones son mucho más intensas de lo que normalmente se esperaría.