Hace unos años el New York Times publicó el perfil de Joe Holt, un hombre de 50 años con esquizofrenia que se encontrada al borde del suicidio (con un arma cargada en la mano) cuando comenzaba a encontrar la manera de deshacerse de sus delirios paranoicos de pesadilla. Lo que funcionó para él, con el apoyo de su esposa Patsy, es un régimen ideado por él mismo que lo ayuda a enfrentar las emociones negativas y las voces hostiles que algunos días lo pueden llevar al límite. Él no ha tomado sus medicamentos desde 2006, según Benedict Carey informa en el artículo (artículo en inglés), “pero los considera una valiosa red de seguridad”.

A lo largo de la siguiente década Holt ha logrado un matrimonio y una carrera profesional satisfactorios, y ha criado a muchos niños en acogida en su casa en Missouri. Es una historia atractiva y alentadora, pero una que saca conclusiones que difieren mucho de la realidad que viven la mayoría de las personas con esquizofrenia. Holt es capaz de reconocer sus delirios y de luchar contra ellos con un valor y una disciplina admirables. Sin embargo, el periodista Benedict Carey señala que “la habilidad de darse cuenta de que tu propia mente se está desviando de la realidad no es tarea fácil, es posible que la mitad de la gente que tiene esquizofrenia no tenga esa capacidad de autoconciencia”.

Es más, el hecho es que, para la gran mayoría de personas con esquizofrenia los síntomas causan una gran disfunción, independientemente de que sean conscientes de su trastorno o no, y los regímenes cuidadosamente controlados de medicamentos antipsicóticos han demostrado en numerosas ocasiones que son la mejor manera de controlar esta condición crónica. Además, terriblemente, la decisión de dejar la medicación acarrea efectos desastrosos para estos pacientes (recaída, abuso de drogas, indigencia, encarcelamiento) y para sus familias.

La actitud positiva y la fe que Patsy Holt tiene en su marido es admirable, pero no está en lo cierto cuando él dice que sus batallas son como las de los demás: “Le digo que todos luchamos con dudas, con miedos, que es normal. Normal.”

El alto grado de intranquilidad que experimentan las personas con esquizofrenia no es comparable a las dudas y temores ordinarios, las personas con esquizofrenia no son más débiles que los demás, sino que tienen una enfermedad real, y recibir un tratamiento con medicación no es solo más efectivo para ellos y sus familias, sino que es significativamente menos peligroso que sufrir los efectos por sí solos. La esposa de Joe Holt le dice que sea valiente, pero lo más valiente es obtener ayuda con base científica cuando se está enfermo.