El papel de la escuela después del suicidio de un estudiante

Hay pocas cosas más devastadoras para una comunidad que cuando un adolescente se suicida. Estas son algunas cosas que el personal de la escuela y los maestros pueden hacer ante una tragedia de este tipo para asegurarse de que los estudiantes se sientan apoyados.

  • Vigilar de cerca a los estudiantes que se consideran “en riesgo”, ya que un adolescente deprimido se encuentra en mayor riesgo de suicidarse después de que un compañero se ha quitado la vida. Algunos adolescentes recurren al alcohol o las drogas como una manera de hacer frente a este tipo de tragedia. Se debe recomendar a los padres que estén atentos a conductas inusuales en sus adolescentes, y los maestros que sospechen de cualquier conducta de riesgo deben referir a esos estudiantes con el psicólogo de la escuela.
  • Hablar abiertamente sobre el suicidio. Los educadores y los padres deben trabajar juntos para transmitir un mensaje uniforme sobre las circunstancias de la muerte, y reducir así la confusión y la información errónea. Ocultar los hechos sobre el suicidio a los estudiantes puede generar ansiedad y desconfianza en los adultos en quienes deberían poder confiar. Explicar la muerte de una manera objetiva también puede evitar caer en sensasionalismos.
  • El suicidio debe ser explicado como una enfermedad mental no identificada o que no fue tratada. Debe explicarse (idealmente por un terapeuta profesional) que las personas que tienen una enfermedad mental a menudo ocultan su dolor, incluso de las personas más cercanas a ellos. También puede ocurrir que incluso cuando están siendo tratadas por un terapeuta algunas personas pueden recurrir al suicidio, del mismo modo que algunas personas enfermas de cáncer pueden morir a pesar de que están viendo a un oncólogo.
  • Mantener el contacto con los estudiantes. Para que los niños procesen un evento como el suicidio de un compañero de clase se requiere tiempo. Las consecuencias (académicas, sociales y emocionales) pueden manifestarse después de varios meses.
  • Algunos niños, sin importar cuán cercanos eran al estudiante que murió, pueden sentirse culpables, como si pudieran o debieran haber sabido que algo estaba mal, o como si pudieran haber hecho algo para evitarlo. Es importante enfatizar que esta es una reacción común cuando ocurre una muerte que es difícil de aceptar, pero que no hay nada que pudieran haber hecho para cambiar la situación.
  • Aunque la persona fallecida haya cometido suicidio, hacer un evento escolar en conmemoración de su vida sigue siendo una buena idea. De esta manera, sus compañeros tendrán algo más que recordar que la forma en que murió. Los estudiantes que lo deseen deben ser estimulados a participar en la conmemoración, ya sea hablando, compartiendo recuerdos, haciendo algún video, etc. Sin embargo, es importante no entrar en demasiados detalles acerca de la muerte en sí misma y evitar hacer de la muerte algo glamoroso. Se supone que la muerte causa miedo y es algo que queremos evitar. Hablar demasiado acerca de los detalles de un suicidio puede quitar algo de este temor y hacer que otros estudiantes en la comunidad sean más propensos a considerar el suicidio si se encuentran deprimidos.
  • Al darles a los niños la oportunidad de compartir sus sentimientos en una variedad de entornos (tanto individualmente como en grupo) y al hablar abiertamente sobre el suicidio, las escuelas pueden ayudar a los estudiantes a poner la muerte en perspectiva y sanar de una manera saludable.