Consejos para ayudar a los niños a recuperarse de una manera saludable

  • Tenga en cuenta que la preguntas pueden persistir. Debido a que la secuela de un desastre puede incluir situaciones que cambian constantemente, los niños pueden tener preguntas en más de una ocasión. Hágales saber que está listo para hablar en cualquier momento. Los niños necesitan digerir información en su propio tiempo y las preguntas podrían llegar de la nada.
  • Estimule las conversaciones familiares acerca de la muerte de un ser querido. Cuando las familias pueden hablar y sentirse tristes juntas, hay mayor probabilidad de que los niños compartan sus sentimientos.
  • No les de a los niños demasiada responsabilidad. Es muy importante no sobrecargar a los niños con tareas, o darles tareas de adultos, ya que esto podría ser muy estresante para ellos. En vez de eso, para el futuro cercano debe bajar las expectativas de las tareas del hogar y las demandas de la escuela, aunque es bueno ponerlos a que hagan por lo menos algunos de los quehaceres del hogar.
  • Proporcione ayuda especial a niños con necesidades especiales. Estos niños podrían requerir más tiempo, apoyo y guía que otros niños. Es posible que tenga que simplificar el vocabulario que usa, y repetir las cosas con mucha frecuencia. También es posible que necesite personalizar la información según la fortaleza de su hijo, por ejemplo, un niño con una discapacidad del lenguaje puede que entienda mejor la información a través del uso de materiales visuales u otras maneras de comunicación a las que esté acostumbrado.
  • Ayude a los niños a relajarse con ejercicios de respiración. La respiración se vuelve hueca cuando la ansiedad entra en efecto; respirar desde la barriga de manera profunda puede ayudar a que los niños se calmen. Puede agarrar una pluma o una bolita de algodón frente a la boca de su hijo y pedirle que la sople, soltando el aire lentamente. O puede decir, “Vamos a respirar lentamente mientras cuento hasta tres, luego deja salir el aire mientras cuento hasta tres”. Ponga un peluche o almohada en la barriga de su hijo mientras está acostado boca arriba y pídale que inhale y exhale lentamente y mire el peluche o almohada subir y bajar.
  • Esté pendiente a señales de trauma. Dentro del primer mes de un desastre es común que los niños parezcan estar mayormente bien. Después de eso, la sensación de anestesia desaparece y los niños podrían experimentar más síntomas; especialmente los niños que han presenciado lesiones o muerte, han perdido familiares cercanos, experimentaron trauma previamente en sus vidas, o quienes no se han reubicado un nuevo hogar.
  • Sepa cuando debe buscar ayuda. A pesar de que la ansiedad y otros problemas pueden durar por meses, busque ayuda de inmediato del médico de la familia o de un profesional de salud mental si no disminuyen o si tu hijo comienza a ecuchar voces, ver cosas que no están ahí, se vuelve, experimenta ataques de pánico, o tiene pensamientos de querer hacerse daño a sí mismo o a otras personas.
  • Cuídese. Usted puede ayudar mejor a su hijo cuando se ayuda a sí mismo. Hable acerca de sus preocupaciones con sus amigos y familiares; podría ser útil formar un grupo de apoyo. Si es miembro de una iglesia o grupo comunitario, continúe participando. Trate de comer bien, tome suficiente agua, mantenga las rutinas de ejercicio y duerma suficiente. La salud física protege contra la vulnerabilidad emocional. Para reducir estrés, realice ejercicios de respiración profunda. Si sufre de ansiedad severa que interfiere con su capacidad para funcionar, debe buscar ayuda de un médico o profesional de salud mental y sino tiene acceso a uno, hable con su líder religioso. Reconozca su necesidad de ayuda y obténgala. Hágalo por el bien de su hijo, aunque no lo haga por otra razón.