Trastornos de excoriación: A qué estar atento

Las marcas o costras en el cuerpo de un niño que posiblemente se ha rascado la piel son señales clave de que podría estar afectado por la excoriación.

La cara suele ser el punto más común, pero los jóvenes también se rascan los brazos, piernas, espalda, encías, labios, hombros, cuero cabelludo, piel del estómago, pecho, uñas de los dedos de las manos y de los pies. Algunos niños se rascan repetidamente una parte del cuerpo en particular, y otros la “rotan” para permitir que la parte anterior del cuerpo comience a sanar.

Por lo general, el rascado de la piel se hace con los propios dedos, aunque no es extraño que usen pinzas u otros instrumentos. Rascarse la piel puede desencadenarse por ansiedad o estrés, y ofrece a los niños una sensación de alivio. Pero es posible que el niño experimente culpa, vergüenza y desconcierto por su hábito, e intente ocultar o encubrir tanto el acto como la evidencia resultante del mismo en forma de marcas o costras.

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