Guía básica sobre el trastorno depresivo mayor

La forma más común de depresión, el trastorno depresivo mayor o TDM (MDD, por sus siglas en inglés), se caracteriza por sentimientos crónicos de tristeza o inutilidad, irritabilidad, letargo físico, insomnio y, a veces, pensamientos suicidas. Esta guía describe cómo se identifica, diagnostica y trata el trastorno depresivo mayor en los niños.

TDM: ¿Qué es?

La depresión es un trastorno psiquiátrico que provoca en los jóvenes sentimientos crónicos de tristeza o inutilidad; la característica que define el trastorno es que priva a la persona de la capacidad de sentir placer. La infelicidad provocada por los acontecimientos no es infrecuente en los niños, pero normalmente desaparece cuando las circunstancias cambian. Los niños con depresión no se recuperan cuando los acontecimientos cambian; su estado de ánimo oscuro y su falta de interés hacia las cosas que solían disfrutar persistirán.

La depresión puede interferir en todos los aspectos de la vida de un niño, provocando que falte a la escuela, que tenga problemas para socializar con sus compañeros y, en casos graves, que piense en el suicidio. La depresión se diagnostica cuando los sentimientos negativos, la falta de interés por las actividades anteriores y los síntomas físicos como la fatiga y el insomnio persisten durante al menos dos semanas. El inicio suele producirse en la adolescencia y se diagnostica con el doble de frecuencia en las niñas que en los niños.

Las directrices del DSM-5 para el trastorno depresivo mayor se han modificado para eliminar lo que se denominaba la “exclusión por duelo”, que descartaba el diagnóstico de depresión durante los dos meses posteriores a la muerte de un ser querido. Esto se modificó para reflejar el pensamiento actual de que el duelo es un proceso que suele prolongarse de 1 a 2 años, y que la muerte de un ser querido también puede desencadenar un episodio depresivo mayor, especialmente en las personas que ya han experimentado un episodio de depresión. En lugar de descartar estos casos, el manual ofrece directrices detalladas para ayudar a los clínicos a distinguir entre el patrón de emociones experimentado durante el duelo y los síntomas de un episodio depresivo mayor.

TDM: A qué estar atento

La señal clave de la depresión es un cambio en el estado de ánimo: una tristeza inusual y un menor interés por las actividades -deportes, amigos, escuela- que el niño disfrutaba. La anticipación de las cosas que normalmente espera ya no es placentera. Algunos adolescentes deprimidos pierden el placer anticipatorio pero son capaces de disfrutar de lo que los clínicos llaman “placer consumatorio”, es decir, la idea de la pizza ya no les interesa, no buscarán la oportunidad de conseguirla, pero la pizza servida, pueden disfrutar comiéndola. Esta presentación, conocida como depresión atípica, puede confundir a los padres, que pueden desestimar la obstinada falta de interés de su hija por considerarla oposicionista.

Otros signos de depresión son los cambios inesperados e involuntarios de peso, los cambios importantes en los patrones de sueño y la pereza. Una niña deprimida puede expresar una culpa inapropiada o ser inusualmente dura consigo misma: soy fea, no soy buena, no le gusto a nadie. En los casos más extremos, los niños deprimidos pueden tener pensamientos o hacer intentos de suicidio.

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TDM: Factores de riesgo

Los niños que tienen un temperamento negativo son más propensos a desarrollar un trastorno depresivo mayor. Los que tienen familiares de primer grado que padecen depresión también tienen más riesgo, al igual que los niños que han tenido experiencias adversas en la infancia. El hecho de padecer otro trastorno grave o una enfermedad crónica o incapacitante también hace que los niños sean más propensos a desarrollar una depresión.

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TDM: Diagnóstico

Para diagnosticar la depresión, un profesional dependerá de las observaciones de la niña por parte de los miembros de su familia y otros adultos implicados en su cuidado, así como de sus propias descripciones de su vida.

Para diagnosticar un trastorno depresivo mayor, el/la joven deberá estar deprimido o irritable la mayor parte del tiempo, o perder el interés o el placer por las actividades cotidianas la mayor parte del tiempo, o bien ambas cosas, durante por lo menos dos semanas. Estos síntomas deben suponer un cambio claro respecto al funcionamiento anterior. Además, mostrará una variedad de los siguientes signos: marcada pérdida o aumento de peso; dormir demasiado o muy poco; inquietud o letargo; fatiga; sentimientos de inutilidad o culpa excesiva o inapropiada; razonamiento turbio o indeciso; y una preocupación por la muerte, planes de suicidio o un intento real de suicidio. El clínico también tendrá que descartar otras causas de estos síntomas, como el abuso de sustancias, afecciones médicas como la diabetes y el hipotiroidismo, y otros trastornos psiquiátricos. La afección debe interferir significativamente en sus actividades cotidianas.

TDM: Tratamiento

El tratamiento para los casos leves de depresión es a través de psicoterapias especializadas, pero los expertos coinciden en que en la mayoría de los casos lo mejor es una combinación de terapias psicológicas y farmacológicas.

Psicoterapéutico: La depresión infantil y adolescente suele tratarse con terapia cognitivo-conductual (TCC), que pretende tratar los trastornos psiquiátricos enseñándoles a los niños las maneras en las que sus pensamientos afectan a los sentimientos y comportamientos, se utiliza para tratar la depresión. La TCC para jóvenes con depresión también anima a los niños a buscar y participar en las actividades en las que han perdido el interés con el objetivo de acelerar la recuperación, un proceso llamado la activación conductual.

También puede utilizarse la terapia interpersonal, o TPI. En la TPI, el terapeuta se centra en las relaciones del joven con sus compañeros y su familia, y en cómo éstas pueden influir positiva (y negativamente) en la vida interior del niño.

Farmacológico: Muchos medicamentos se han demostrado eficaces para combatir la depresión. Un curso de terapia suele comenzar con uno de los inhibidores de la recaptación, medicamentos que aumentan el suministro de ciertos neurotransmisores -sustancias químicas que las partes del cerebro utilizan para comunicarse entre sí- cuya escasez se ha asociado con la depresión. Estos medicamentos incluyen los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), los inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina (IRSN) y los inhibidores de la recaptación de norepinefrina y dopamina (IRD). Estos medicamentos, aunque siguen teniendo algunos efectos secundarios importantes, son inocuos si se controlan adecuadamente.

La FDA ha decidido, basándose en la investigación, que todos los antidepresivos corren el riesgo de fomentar los pensamientos suicidas, y todos llevan etiquetas de advertencia. Pero el fenómeno es raro y sólo se ha relacionado con la ideación suicida, no con intentos reales de suicidio.

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TDM: riesgo de otros trastornos

La depresión se diagnostica muy a menudo junto con los trastornos de ansiedad, como el trastorno de ansiedad generalizada y el trastorno de pánico. Los jóvenes deprimidos también tienen más riesgo que la población general de desarrollar dependencias al alcohol y a las sustancias.

TDM: Otras preocupaciones

Riesgo de suicidio: Los niños y adolescentes con trastorno depresivo mayor corren un mayor riesgo de cometer suicidio, la tercera causa de muerte entre los adolescentes y adultos jóvenes de 15 a 24 años. Nunca ignore los signos de comportamiento o ideación suicida, que incluyen: cambios drásticos en los hábitos alimenticios, los patrones de sueño o la personalidad; un marcado descuido de la apariencia personal; regalar objetos personales; felicidad repentina después de un periodo de estado de ánimo deprimido; y, por supuesto, hablar de suicidio o de “irse” o “dejar de ser un problema”. Si cree que su hijo o adolescente tiene tendencias suicidas, puede llamar a la Línea Nacional de Prevención del Suicidio al 1-888.628.9454, para ayuda en español, y 1-800.273.8255 para ayuda en inglés o al 911 si se trata de una emergencia. No lo dude: el riesgo de suicidio en niños y adolescentes es demasiado real.

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