Trastorno depresivo persistente: Diagnóstico

Para que un niño sea diagnosticado con un trastorno depresivo persistente, debe mostrar un estado de ánimo deprimido o irritabilidad la mayor parte del día durante al menos un año. Además, debe tener al menos dos de los siguientes síntomas, hasta el punto en que le ocasionen angustia o interfieran con su capacidad de funcionar bien en el hogar, la escuela u otras áreas de la vida diaria: falta de apetito o comer en exceso, problemas para dormir, cansancio persistente o falta de energía, baja autoestima, desesperanza, problemas para concentrarse y dificultad para tomar decisiones.

Cuando un niño tiene un trastorno depresivo persistente, la gravedad de sus síntomas puede variar, a veces incluyendo episodios lo suficientemente graves como para cumplir con los criterios de un trastorno depresivo mayor. En lugar de dar a estos niños dos diagnósticos separados, se instruye a los médicos para que lo identifiquen como un trastorno depresivo persistente “con episodios  intermitentes de depresión mayor”. Si sus síntomas a lo largo de más de un año de forma continua cumplen con los criterios del trastorno depresivo mayor, se instruye a los médicos para que lo llamen trastorno depresivo persistente “con episodios recurrentes de depresión mayor”.