Guía para padres sobre abuso de sustancias y salud mental

Ha notado que su adolescente está cada vez más malhumorado y ansioso. ¿Es esto una señal de un trastorno de salud mental? ¿O de abuso de sustancias? ¿O podría tratarse de ambas cosas? Lo que puede estar detrás del cambio de comportamiento de un joven es con frecuencia difícil de precisar, particularmente cuando intervienen tanto el consumo de sustancias como la salud mental. Pero comprender cómo se pueden manifestar estos desafíos en la vida de nuestros hijos, y cómo a veces se entrelazan para crear nuevos problemas o complicar su tratamiento, es esencial para ayudarlos a que se mantengan sanos.

Se dice que cuando los niños sufren tanto un trastorno por abuso de sustancias como un trastorno de salud mental, tienen trastornos concurrentes. También se les conoce como trastornos comórbidos o “diagnóstico dual”. Los trastornos pueden haberse desarrollado al mismo tiempo, o uno puede haber provocado el otro. De cualquier manera, los trastornos concurrentes suelen plantear una gran cantidad de preguntas.

¿Qué tan preocupados deben estar los padres si su hijo tiene ansiedad y está fumando marihuana? Si un adulto joven tiene depresión y está bebiendo, ¿por dónde debería empezar el tratamiento? ¿Un niño diagnosticado con TDAH es más vulnerable a desarrollar un problema por el uso de sustancias?

Si usted es un padre o cuidador, maestro o miembro de la comunidad preocupado por la salud mental o el uso de sustancias de un niño, se encuentra en el lugar correcto.

Esta guía es una colaboración del Child Mind Institute y Partnership to End Addiction, y proporciona información sobre los trastornos de salud mental más comunes en la adolescencia (y los medicamentos que suelen utilizarse para tratarlos), consejos para identificar el uso indebido de sustancias y medidas para tomar decisiones informadas sobre la evaluación y el tratamiento de los trastornos concurrentes.

Una introducción a los trastornos concurrentes

Prevalencia de trastornos concurrentes

Más de 2,3 millones de adolescentes (de 12 a 17 años) y 7,7 millones de adultos jóvenes (de 18 a 25 años) consumieron drogas ilegales o utilizaron indebidamente medicamentos de venta con receta en los Estados Unidos en 2014. Alrededor de 2,9 millones de adolescentes y 20,8 millones de adultos jóvenes —más de la mitad de la población de adultos jóvenes— consumieron alcohol durante el último mes.

Los trastornos de salud mental son un tema de cada vez mayor preocupación para los adultos jóvenes. Uno de cada cinco adolescentes tiene un trastorno de salud mental. Los más comunes son los trastornos de ansiedad, la depresión y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Los jóvenes también parecen estar lidiando con el trastorno bipolar, la esquizofrenia y el trastorno límite de la personalidad.

Factores de riesgo

Los trastornos de salud mental y el uso de sustancias están estrechamente vinculados. Cuando a una persona joven no se le ha diagnosticado o atendido oportunamente un trastorno de salud mental, con frecuencia intentará automedicarse o autotratarse con drogas o alcohol. Los estudios demuestran que el TDAH, los trastornos de ansiedad, el trastorno de estrés postraumático y la depresión aumentan el riesgo de consumo de drogas y de dependencia en los adolescentes.

Al mismo tiempo, el uso de sustancias plantea un grave riesgo de desarrollar un trastorno de salud mental. El consumo excesivo de marihuana es un factor de riesgo demostrado para desencadenar episodios de psicosis, en particular en las personas con antecedentes familiares de trastornos psicóticos. El uso indebido de medicamentos de venta con receta, como los estimulantes o determinados antidepresivos, puede provocar estados de ánimo maníacos o inusualmente irritables.

Afortunadamente, las investigaciones también demuestran que la identificación y el tratamiento de los trastornos de la salud mental pueden reducir el consumo de sustancias. Del mismo modo, la reducción del uso de sustancias puede mejorar los resultados del tratamiento de los trastornos de salud mental.

Una visión general del abuso de sustancias

¿Cuál es la atracción?

Los adolescentes y los adultos jóvenes usan sustancias por una variedad de razones. Pueden comenzar por curiosidad y por la presión de sus compañeros. A menudo, los que se convierten en consumidores habituales están tratando de “resolver un problema”. Las sustancias pueden ayudarles a relajarse, aliviar el aburrimiento, encajar socialmente, escapar del dolor emocional o físico, lidiar con recuerdos traumáticos, aliviar la ansiedad, dormir, levantarse por la mañana, perder peso, etc. El uso de sustancias es “reforzante”, lo que significa que es más probable que el joven siga tomándolas cuando éstas parecen ayudarlo con un determinado problema o necesidad. Es importante que los padres comprendan qué es lo que hace que las sustancias sean atractivas para su hijo con el fin de hacer frente a su consumo. Y cuando el problema con el consumo de sustancias es grave, puede ser difícil para cualquier padre abordar estas causas y mantener a su hijo a salvo sin ayuda profesional.

Información básica sobre el abuso de sustancias

Es útil tener una comprensión básica de los diferentes tipos de sustancias, sus efectos y cómo reconocer las señales de abuso. Las sustancias comunes utilizadas por los adolescentes y los jóvenes adultos incluyen el alcohol, el tabaco (JUUL o cigarros electrónicos y cigarrillos), la marihuana (hoja, aceites de THC, toques y vapeadores), alucinógenos (LSD y PCP o fenciclidina), sedantes (Xanax, Ambien), estimulantes (Adderall, cocaína) y opiáceos (Vicodin, heroína, Percocet).

¿Cómo saber si un adolescente está consumiendo alcohol y/o drogas? Aparte de las pruebas directas (como botellas, bolsas u otra parafernalia), los padres suelen observar cambios físicos, emocionales y de comportamiento. Por supuesto, los detalles de estos cambios dependen directamente de la sustancia que se utiliza. Por ejemplo, los estimulantes pueden causar un ritmo cardíaco irregular, insomnio, irritabilidad y una pérdida de peso inexplicable. Los opiáceos, como la Vicodina, el Percocet y la heroína, pueden causar falta de entusiasmo y energía, estreñimiento, respiración lenta, pupilas puntiformes y náuseas.

Algunos cambios de conducta que pueden producirse con el abuso de sustancias:

  • Pérdida de interés en los hobbies o actividades extracurriculares
  • Comentarios de profesores, compañeros de clase o amigos
  • Cambios en las amistades
  • Alteraciones del estado de ánimo
  • Irritabilidad o tendencia a la argumentación
  • Agitación, intranquilidad o hiperactividad inusuales
  • Aletargamiento o falta de motivación
  • Cerrar las puertas con llave, exigir más privacidad, aislamiento o ausencia en los eventos familiares
  • Descenso de las calificaciones, faltas de asistencia a la escuela o pobre desempeño en el trabajo
  • Mayor propensión a accidentes
  • Participación en conductas de riesgo (como tener relaciones sexuales o conducir bajo la influencia de sustancias)
  • Pedir prestado o tomar dinero u objetos de valor
  • Desaparición de medicamentos de venta con receta o desaparición de bebidas alcohólicas

Muchos de estos síntomas se cruzan con los trastornos de salud mental. Por ejemplo, puede ser difícil saber si un niño que se retrae y se aísla está deprimido, consume alcohol o ambos. Usted puede aprender más acerca de cómo diferenciar entre los trastornos de salud mental y los de abuso de sustancias en la Sección 3.

¿Qué es el trastorno por abuso de sustancias?

El término “abuso de sustancias” existe a lo largo de un espectro que va desde el uso inicial hasta una mayor frecuencia (y generalmente a mayores consecuencias) y eventualmente hasta la adicción.

Independientemente de la sustancia, el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, en su quinta edición (conocido por sus siglas en inglés como DSM-5) define el trastorno por abuso de sustancias como el uso problemático y recurrente de drogas o alcohol que causa una angustia o impedimento significativo en la vida de una persona. Hay cuatro categorías de conductas que se usan para determinar la gravedad del problema: control deteriorado, deterioro social, uso riesgoso, y tolerancia y abstinencia.

Una persona debe cumplir con dos o tres de estos criterios para ser diagnosticada con un trastorno leve de abuso de sustancias. El cumplimiento de cuatro o cinco de los criterios se considera un trastorno de abuso de sustancias moderado, y seis o más se considera un trastorno de abuso de sustancias grave.

Incluso si el uso de alcohol y/u otras drogas por parte de un menor no alcanza el nivel de un trastorno de abuso de sustancias “oficial”, puede interferir con su funcionamiento. Hay una tendencia en el campo que se aleja de la categorización de la severidad por criterios de dependencia o abstinencia y en su lugar mira el impacto en la vida de la persona. No es necesario que un joven sea dependiente de las drogas o que padezca síntomas de abstinencia para que la sustancia tenga un enorme impacto en su funcionamiento académico y/o social.

Diagnóstico diferencial

¿Qué causa estos síntomas?

¿Son los pensamientos, las emociones y las conductas inquietantes de su hija el resultado de un trastorno de salud mental o de un trastorno por consumo de sustancias? Averiguar qué síntomas provienen de cada trastorno y qué problema comenzó primero se llama diagnóstico diferencial. Es importante determinar el diagnóstico diferencial, porque el tratamiento de un trastorno de salud mental puede ser muy diferente del tratamiento de un trastorno por abuso de sustancias.

Puede que le preocupen los cambios de humor y sospeche que su hija tiene un trastorno bipolar, cuando en realidad ha estado consumiendo opiáceos y cocaína. De manera similar, se podría diagnosticar a un chico con un trastorno por consumo de cannabis (marihuana) sin considerar que puede haber algo más que esté sucediendo o que esté en la raíz del problema, como la ansiedad o una experiencia traumática.

Encontrar el tratamiento adecuado se complica cuando los adolescentes o los adultos jóvenes no informan de todo lo que sucede en sus vidas. Cuando los jóvenes son remitidos para recibir ayuda por un trastorno de salud mental, a menudo pueden ser reacios a hablar sobre su consumo de sustancias. Del mismo modo, los jóvenes que son evaluados por problemas de abuso de sustancias a menudo evitan hablar de problemas emocionales o de comportamiento.

Esta falta de información puede dificultar la obtención de un diagnóstico preciso. Por eso es fundamental que los médicos tengan una visión completa de los síntomas que se produjeron primero y de cuándo comenzó el abuso de sustancias. Usted puede ayudar a animar a su hija a que hable sobre lo que realmente está pasando en su vida, y también puede ayudar a llenar los vacíos. Puede compartir información sobre el historial de su hija y de su familia, así como sobre otros factores, como problemas recientes (por ejemplo, falta de asistencia a la escuela, cambios en los patrones de sueño o de alimentación, etc.).

Los síntomas conductuales que pueden resultar tanto de los trastornos de salud mental como del abuso de sustancias incluyen:

  • Mal humor
  • Dormir más o menos de lo habitual
  • Paranoia
  • Evitar amigos y situaciones
  • Comportamiento errático

Cómo obtener una evaluación

No existen pruebas de laboratorio para diagnosticar trastornos de salud mental o de abuso de sustancias, por lo que el diagnóstico diferencial depende de los informes del paciente, su familia, maestros y otros médicos, y de las observaciones del médico. Esta imagen de lo que está sucediendo se compara con los criterios del DSM-5, que los profesionales utilizan para ayudar a diagnosticar.

Aquí hay algunos ejemplos de preguntas que un médico tratará de responder:

  • ¿La tristeza está relacionada con una pérdida, o es algo inesperado?
  • ¿El adolescente está usando sustancias como una forma de enfrentar la situación?
  • ¿Es el abuso de sustancias una respuesta a acontecimientos estresantes de su vida?
  • ¿La impulsividad forma parte de la personalidad del niño, o está vinculada a la hiperactividad, o es más maníaca y autodestructiva?
  • ¿El objetivo de su consumo de sustancias es buscar la excitación o escapar de la realidad?

Ejemplos de resultados

El diagnóstico diferencial puede revelar que el abuso de sustancias es una consecuencia de un trastorno de salud mental. A continuación se presentan algunos ejemplos de cómo el abuso de sustancias puede ser consecuencia de un trastorno de salud mental:

  • El alcohol puede ser un autotratamiento para la ansiedad, la depresión o el trastorno bipolar.
  • El uso de la marihuana a menudo está ligado a trastornos psicóticos, TDAH y ansiedad.
  • Los opiáceos (Percocet, Tylenol con codeína) y las benzodiacepinas (Xanax, Ativan) son más propensos a ser utilizados por jóvenes con trastorno desafiante oposicional, trastorno de conducta y trastorno límite de la personalidad.
  • El consumo de anfetamina (Adderall) puede ser una respuesta a la ansiedad y el estrés abrumadores relacionados con el rendimiento académico.

Por otra parte, es posible que los síntomas psiquiátricos de salud mental sean el resultado del efecto directo de la sustancia en el cerebro. Una vez más, he aquí algunos ejemplos:

  • El consumo de alcohol puede causar importantes fluctuaciones en el estado de ánimo.
  • El uso de la nicotina puede imitar los síntomas de la ansiedad.
  • Las drogas psicodélicas pueden causar estados psicóticos.

Incluso aunque resulte que el abuso de sustancias de un joven y sus síntomas de salud mental no estén relacionados, sí pueden empeorarse mutuamente.

En las siguientes secciones se presentan los trastornos de salud mental de los adolescentes, sus síntomas y tratamiento, y las cuestiones relacionadas con las sustancias que suelen concurrir con estos trastornos.

La depresión y el abuso de sustancias

La depresión ya es bastante dura por sí sola, pero la combinación del uso de sustancias y la depresión en los adolescentes eleva el riesgo de autolesión y a veces de suicidio. Los adolescentes y adultos jóvenes que están deprimidos tienen sentimientos crónicos de inutilidad y pierden el interés en las cosas que antes disfrutaban. Mientras que los adultos con depresión pueden estar tristes y letárgicos, los adolescentes deprimidos tienden a ser más irritables, inquietos y negativos. El tipo de depresión más común se denomina trastorno depresivo mayor. Este trastorno se compone de episodios graves que duran al menos dos semanas. El trastorno depresivo persistente tiene síntomas más leves, pero puede durar años.

Trastorno depresivo mayor

Si su hijo ha estado deprimido o irritable de manera constante o ha perdido el placer de realizar sus actividades diarias (o ambas) durante al menos dos semanas, es posible que tenga un trastorno depresivo mayor. Estos síntomas deben ser muy diferentes de los estados de ánimo o comportamientos anteriores para poder hacer el diagnóstico.

Otros signos de un trastorno depresivo mayor incluyen:

  • Notable pérdida o aumento de peso
  • Dormir demasiado o muy poco
  • Inquietud, letargo o fatiga
  • Sentimientos de inutilidad o de culpa excesiva o inapropiada
  • Pensamiento confuso o indeciso
  • Preocupación por la muerte, ideación suicida o un intento de suicidio real

Trastorno depresivo persistente

El trastorno depresivo persistente se puede diagnosticar cuando una persona joven se encuentra en un estado de ánimo deprimido o muy irritable durante la mayor parte del día por lo menos durante un año completo. Cuando una persona tiene un trastorno depresivo persistente, la gravedad de los síntomas puede variar y a veces puede incluir episodios lo suficientemente graves como para cumplir los criterios de un trastorno depresivo grave.

Cuando un adolescente o joven tiene depresión, lo primero que los padres tienden a notar es el síndrome de abstinencia o cuando el adolescente deja de hacer las cosas que normalmente le gustan. Por supuesto, los adolescentes suelen hacer cambios radicales que son completamente normales; la clave para los padres es notar cuando el cambio dura más de dos semanas. Esa puede ser la principal diferencia entre la angustia normal de un adolescente y la depresión.

Tratamiento de la depresión

La depresión a veces se puede tratar con solo terapia o medicación, pero los expertos están de acuerdo en que lo mejor es una combinación que incluya terapia y medicación.

La depresión en los jóvenes suele tratarse con terapia cognitivo-conductual (TCC) y otros enfoques especializados basados en evidencias. La terapia interpersonal (IPT, por sus siglas en inglés) se centra en cambiar las relaciones en la vida del joven, la activación conductual (BA, por sus siglas en inglés) se centra en realizar actividades para mejorar el estado de ánimo y la terapia conductual dialéctica (DBT, por sus siglas en inglés) se centra en ayudar a regular las emociones. Como padre o miembro de la familia, usted también podría participar. La terapia familiar se utiliza para que la familia se involucre en ayudar a controlar los síntomas difíciles.

Los medicamentos pueden incluir inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) e inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina (IRSN). Los padres deben vigilar de cerca a sus hijos cuando acaban de empezar a tomar los medicamentos o cuando se ha cambiado la dosis recientemente. Los antidepresivos deben tomarse diariamente según lo recetado durante al menos 2 a 4 semanas para que empiecen a ser eficaces, y es probable que un médico deba ajustar la dosis.

La depresión y su interacción con el abuso de sustancias

Los adolescentes con depresión a menudo consumen alcohol o drogas para acallar sus sentimientos dolorosos y para sobrellevar sus constantes pensamientos negativos. Al principio es posible que funcione, pero con el tiempo el abuso de sustancias empeora la depresión.

Los adolescentes deprimidos saben que hay algo malo en ellos, y por lo general recurren primero al recurso que sus compañeros pueden ofrecerles: el alcohol o las drogas. Pero estas sustancias, al afectar los centros de gratificación del cerebro -las mismas áreas que se asocian con la depresión- a su vez los deprimen más cuando no están consumiendo. Debido a esto, rápidamente corren el riesgo de abusar de sustancias problemáticas o caer en la adicción. Abordar sólo un problema probablemente hará que el tratamiento fracase; la atención integral trata estos trastornos concurrentes como algo interrelacionado.

El consumo de alcohol es especialmente perjudicial para los adolescentes deprimidos porque los afecta de manera diferente a los adultos. En lugar de sedarse con el alcohol, como suelen hacer los adultos, los adolescentes se vuelven más enérgicos y son propensos a tener conductas más arriesgadas, incluso a tratar de hacerse daño a sí mismos.

Los trastornos de ansiedad y el abuso de sustancias

Es perfectamente normal que los jóvenes experimenten cierto grado de ansiedad. Empezamos a llamarlo trastorno de ansiedad cuando los sentimientos de ansiedad aumentan hasta el punto de interferir con la capacidad de una persona joven para manejar las situaciones cotidianas, y de impedirle disfrutar de sus actividades “normales”.

A continuación se presentan algunos tipos de ansiedad en adolescentes y adultos jóvenes:

  • La ansiedad generalizada se presenta cuando los jóvenes se preocupan excesivamente por las cosas cotidianas. Los jóvenes con ansiedad generalizada a menudo tienen que lidiar con su perfeccionismo.
  • La ansiedad de separación causa una preocupación excesiva cuando los adultos jóvenes se separan de sus cuidadores, incluyendo el miedo a perder a los padres y el miedo a estar solos. Esto es más común en los niños más pequeños, pero también puede afectar a los preadolescentes y adolescentes.
  • La ansiedad social hace que los adolescentes y los adultos jóvenes se sientan excesivamente acomplejados en ciertas situaciones sociales. A menudo, la ansiedad social inhibe su capacidad para relacionarse con sus pares.
  • La fobia específica es el miedo a una cosa en particular, como los perros, las alturas, la sangre o las agujas.
  • El trastorno de pánico se caracteriza por ataques de pánico repentinos e impredecibles. Una persona joven que experimenta un ataque de pánico puede tener sentimientos de muerte o fatalidad inminentes y síntomas similares a los de un ataque cardíaco.

Hasta hace poco, el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y el trastorno de estrés postraumático (TEPT) se clasificaban como trastornos de ansiedad. Los jóvenes con TOC tienen pensamientos no deseados de los que intentan deshacerse practicando conductas ritualizadas, como lavarse las manos obsesivamente, contar o alinear cosas. Los síntomas del TEPT se desarrollan después de un evento perturbador y pueden incluir distanciamiento, dificultad para dormir, irritabilidad y reavivamiento del evento. Aunque técnicamente no se consideran trastornos de ansiedad, los jóvenes con TOC y TEPT tienen problemas con los sentimientos de ansiedad.

Señales de trastornos de ansiedad

Algunos síntomas de los trastornos de ansiedad son:

  • Dificultades para dormir
  • Quejarse de dolores de estómago u otros problemas físicos
  • Evitar situaciones
  • Mostrar un comportamiento dependiente de los padres o cuidadores…
  • Dificultad para concentrarse en clase o estar muy inquieto
  • Comportamiento disruptivo y arrebatos explosivos
  • Comportamiento excesivamente cohibido

Los trastornos de ansiedad suelen ser difíciles de detectar en los jóvenes. Algunos expertos llaman a la ansiedad el “gran enmascarador” porque los síntomas pueden parecer otra cosa. La conducta problemática o antisocial puede ser una tapadera para la ansiedad. Los jóvenes que constantemente buscan consuelo, los que son excesivamente severos consigo mismos o los que se las arreglan para evadirse mediante las redes sociales o los videojuegos pueden estar lidiando con una ansiedad severa.

Tratamiento de los trastornos de ansiedad

Los trastornos de ansiedad pueden ser tratados con terapia conductual, medicamentos o una combinación de ambos.

En la mayoría de los casos, los trastornos de ansiedad se tratan con terapia cognitiva conductual (TCC), la cual se ocupa de las preocupaciones y los patrones de pensamiento distorsionado de la persona joven. La exposición y la prevención de la respuesta es un tipo de TCC que se suele utilizar para tratar la ansiedad. En este tipo de terapia, los jóvenes se exponen a los desencadenantes de la ansiedad de manera gradual, en un entorno seguro. A medida que se acostumbran a cada uno de los desencadenantes, la ansiedad se desvanece.

Los medicamentos pueden aliviar los síntomas de la ansiedad y pueden hacer que la terapia conductual sea más eficaz. Los ISRS, o inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, han demostrado ser eficaces para controlar la ansiedad. Los medicamentos de acción rápida llamados benzodiacepinas (p. ej., Xanax, Klonopin) se utilizan a veces para tratar la ansiedad aguda, pero no ayudan a reducir los síntomas a largo plazo. También conllevan un riesgo de dependencia y, por lo general, no se recomiendan si alguien tiene un trastorno de abuso de sustancias concurrente debido al riesgo de adicción o de sobredosis si se usan en combinación con alcohol u opiáceos.

Los trastornos de ansiedad y su interacción con el abuso de sustancias

Los adolescentes con trastornos de ansiedad pueden usar drogas y alcohol para aliviar temporalmente los sentimientos de ansiedad asociados con la socialización, con tener que presentarse en clase, o con otras expectativas. Cuando los sentimientos de ansiedad se vuelven demasiado difíciles de manejar, el alcohol y las drogas les permiten sentirse mejor durante un corto período de tiempo.

Sin embargo, el consumo de sustancias puede complicar el tratamiento para la ansiedad. Debido a que los efectos de la sustancia encubren o enmascaran los síntomas de la ansiedad, se hace mucho más difícil evaluar el trastorno y proporcionar un tratamiento adecuado.

Además, los adolescentes que consumen alcohol o drogas para aliviar los síntomas de ansiedad pueden sentir que su ansiedad es más intensa cuando no están consumiendo. Esto puede llevar a un patrón de aumento del consumo que puede conducir a la dependencia y la adicción.

Si no se tratan, los trastornos de ansiedad también presentan riesgos a largo plazo por el uso o el abuso de sustancias. La buena noticia es que la identificación y el tratamiento de la ansiedad a tiempo pueden ayudar a reducir a la mitad el riesgo de un futuro trastorno por abuso de sustancias.

El TDAH y el abuso de sustancias

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) se diagnostica cuando una persona tiene dificultades para concentrarse, poner atención, sentarse quieta, seguir instrucciones y controlar su comportamiento impulsivo. Los niños con TDAH tienen una mezcla de comportamientos de falta de atención e hiperactivos o impulsivos que hacen que sea difícil aprender en la escuela y a menudo crean conflictos en el hogar.

Alrededor del 30 por ciento de los jóvenes con TDAH también tienen trastorno de oposición desafiante (TOD). Estos jóvenes son excesivamente opositores a la autoridad y rebeldes. Cuando un joven tiene TOD, las frustraciones diarias regulares pueden acumularse con el tiempo, dañando el vínculo entre el joven y sus padres y reforzando los patrones de comportamiento hostiles.

Las señales y síntomas característicos del TDAH incluyen:

  • Cometer errores por descuido
  • Distraerse fácilmente y aparentar no escuchar cuando se les habla directamente
  • Tener problemas de organización y perder cosas con frecuencia
  • Jugueteo nervioso
  • Hablar excesivamente o interrumpir, responder impulsivamente

¿Cómo es un adolescente con TDAH? En la adolescencia, el impacto de los síntomas de hiperactividad puede haber disminuido para algunos adolescentes, pero aún tienen problemas de atención, lo que interfiere con su éxito en la escuela o en el trabajo. También pueden tener problemas sociales, pueden estar alejados de sus compañeros debido a una pobre autorregulación y a la dificultad para prestar atención a las necesidades y deseos de los amigos. Su autoestima puede verse afectada por estas reiteradas dificultades; algunos adultos jóvenes con TDAH pueden incluso retraerse o deprimirse debido a esto.

Tratamiento para el TDAH

El tratamiento para el TDAH normalmente consiste en medicación, terapia conductual o una combinación de ambas.

Los medicamentos para el TDAH incluyen psicoestimulantes como el metilfenidato (Ritalin) y las sales de anfetamina (Adderall). En numerosos estudios se ha demostrado que estos medicamentos son eficaces en aproximadamente el 80 por ciento de los jóvenes con TDAH. Estos psicoestimulantes, que aumentan la accesibilidad de ciertas sustancias químicas en el cerebro, ayudan a los jóvenes a concentrarse y a frenar la impulsividad y la hiperactividad.

Las terapias conductuales no eliminan los síntomas centrales del TDAH, pero pueden ser muy útiles para enseñar a los jóvenes a manejarlos mejor. En los niños y preadolescentes, el enfoque principal de la terapia conductual consiste en enseñar a los padres y educadores cómo desarrollar relaciones que brinden apoyo a los niños con TDAH u otros trastornos de conducta, cómo implementar estrategias conductuales efectivas para promover conductas positivas, y cómo tomar decisiones claras, tranquilas y predecibles para establecer sanciones por mal comportamiento. Es importante destacar que, cuando se trata de edades tempranas, las investigaciones muestran claramente que es más crucial que los adultos aprendan técnicas para controlar el comportamiento de un joven con TDAH a que el niño reciba una terapia individual. A medida que los niños avanzan hacia la adolescencia, la terapia cognitiva conductual individual puede ser útil para que el joven asuma más responsabilidad en el manejo de los síntomas del TDAH o desempeñe un papel en la resolución de problemas relacionados con su comportamiento. Por ejemplo, si un adolescente tiene problemas para terminar las cosas y mantenerse organizado, puede aprender técnicas para completar las tareas y llevar un registro de las mismas.

TDAH e interacción con el abuso de sustancias

Los adolescentes y adultos jóvenes con TDAH son impulsivos, buscan experimentar sensaciones y están ansiosos por hacerlo. Tienden a sentirse atraídos por las sustancias disponibles en su entorno, lo que puede implicar el uso de productos fáciles de consumir, como la nicotina y la marihuana. Estas sustancias también son atractivas porque pueden ayudar temporalmente con los síntomas centrales del TDAH. La nicotina puede aumentar la concentración a corto plazo, y la marihuana puede calmar la hiperactividad.

Las diferencias estructurales y químicas del cerebro asociadas con el TDAH también hacen que estos jóvenes respondan mejor a los efectos de una droga y que sean más propensos a volver a consumirla. Pueden pasar rápidamente de la experimentación al hábito, y el uso crónico en realidad disminuye su capacidad de poner atención a largo plazo. El uso crónico de la nicotina puede disminuir el funcionamiento cognitivo y la atención mientras aumenta la impulsividad.

En algunos, pero no todos los casos, los jóvenes pueden hacer mal uso de los medicamentos para el TDAH aplastándolos y aspirándolos para drogarse, o venderán sus medicamentos a sus compañeros de clase. Por esta razón, el tratamiento con medicamentos para el TDAH debe ser cuidadosamente monitoreado por un médico calificado. En algunos casos, puede ser necesario que los padres se encarguen de controlar la administración. Las fórmulas de liberación inmediata son más fáciles de usar y deben ser recetadas con precaución en tales casos. Hay nuevas formulaciones específicamente diseñadas para impedir el mal uso mediante el aplastamiento y la inhalación.

Los médicos informan que los jóvenes con TOD se inclinan por drogas más poderosas como los opiáceos recetados (Vicodin, OxyContin) o los medicamentos para la ansiedad a base de benzodiacepinas (Xanax, Valium) que les ayudan a mitigar los sentimientos de dolor y a escapar o evitar las frustrantes relaciones con sus pares y familiares.

Cualquier droga, incluso la nicotina, puede interferir en la evaluación y el tratamiento del TDAH. La vaporización de nicotina, por ejemplo, lleva cantidades muy altas de la sustancia química al cerebro. Los efectos secundarios de la nicotina (estado de alerta, ansiedad, insomnio, pérdida de apetito) también se asocian a los medicamentos estimulantes, que lamentablemente pueden confundir el cuadro y conducir potencialmente a resultados deficientes del tratamiento. La nicotina, al interactuar con las enzimas que metabolizan los medicamentos en el hígado, puede disminuir la eficacia de algunos medicamentos. Es importante que los profesionales de la salud mental dispongan de tantos detalles como sea posible para poder ofrecer el mejor tratamiento.

El trastorno bipolar y el abuso de sustancias

El trastorno bipolar, también conocido como trastorno maníaco-depresivo, consiste en episodios de depresión grave y períodos de manía o hipomanía —euforia, falta de juicio y actividad de riesgo extremo— en un ciclo a menudo debilitante. Suele comenzar a finales de la adolescencia o principios de la edad adulta.

Síntomas

Los adolescentes y adultos jóvenes con trastorno bipolar mostrarán signos tanto de depresión (tristeza prolongada, falta de interés en las cosas que antes disfrutaban, sueño excesivo) como de manía (períodos de excitación o irritabilidad, confianza exagerada en sí mismos, incluso imprudencia). Para muchos, la aparición del trastorno bipolar se caracteriza por un episodio depresivo; en otros, es un episodio maníaco. La duración y la frecuencia de los episodios depresivos y maníacos varían bastante, especialmente en las personas más jóvenes.

Estar atentos a los síntomas de la manía es particularmente importante si alguien ya tiene síntomas depresivos. El trastorno bipolar con un componente maníaco que pasa desapercibido puede ser diagnosticado erróneamente como un trastorno depresivo mayor, pero los medicamentos utilizados para tratar la depresión pueden ser peligrosos para alguien con trastorno bipolar, lo que hace que el diagnóstico exacto sea muy importante.

Señales de manía en el trastorno bipolar:

  • Cambios drásticos de personalidad
  • Excitación e irritabilidad
  • Exagerada confianza en sí mismo
  • Pensamientos grandilocuentes y delirantes
  • Imprudencia
  • Disminución de la necesidad de dormir
  • Aumento de la locuacidad, pensamientos acelerados y atención dispersa
  • Episodios psicóticos, o rupturas de la realidad

Señales de depresión en el trastorno bipolar:

  • Pérdida de interés o placer en las cosas que antes se disfrutaban
  • Notable pérdida o aumento de peso
  • Disminución o aumento de la necesidad de dormir
  • Aletargamiento o fatiga
  • Sentimientos de desesperanza, impotencia, inutilidad
  • Culpa excesiva o inapropiada
  • Preocupación por la muerte, ideación suicida o un intento de suicidio real

Los episodios psicóticos en los jóvenes con bipolaridad —esencialmente rupturas de la realidad— pueden ocurrir durante los episodios maníacos y los episodios depresivos graves. Durante un episodio maníaco, estos pueden incluir pensamientos delirantes, como proclamar, “¡Puedo volar!” La psicosis suele ser la primer señal externa del trastorno bipolar.

Tratamiento del trastorno bipolar

La medicación es esencial para el tratamiento del trastorno bipolar, así como la participación de toda la familia.

La medicación de primera línea que se utiliza para tratar el trastorno bipolar suele ser un estabilizador del estado de ánimo, como el litio y diversos anticonvulsivos ( fármacos anticonvulsivos), que suelen ser eficaces para tratar los síntomas maníacos y reducir la frecuencia y la gravedad de los episodios maníacos y depresivos. En los niños y adolescentes, los medicamentos antipsicóticos pueden utilizarse como tratamientos de primera línea para los episodios maníacos agudos. Se pueden recetar otros medicamentos para tratar síntomas como la psicosis (antipsicóticos) o los problemas para dormir (medicamentos contra la ansiedad). Muchas personas con trastorno bipolar toman más de un medicamento que requieren el control de un médico experimentado.

El trastorno bipolar suele tratarse con terapia cognitivo-conductual (TCC) además de los medicamentos. La TCC ayuda a los niños y adolescentes que padecen el trastorno a comprender qué es lo que desencadena sus episodios, cómo sus pensamientos influyen en sus sentimientos y cómo controlarlos y manejarlos. Una forma especializada de TCC llamada terapia de ritmos sociales ayuda a reducir los síntomas al fomentar rutinas regulares y predecibles. La terapia familiar se emplea a menudo para que los padres y otros miembros de la familia hagan un seguimiento de los síntomas y controlen los niveles de estrés para evitar la aparición de episodios maníacos o depresivos.

El trastorno bipolar y su interacción con el abuso de sustancias

Casi el 60 por ciento de los individuos con trastorno bipolar tienen un trastorno de abuso de sustancias concurrente. Muchos adolescentes y adultos jóvenes reciben un diagnóstico de trastorno bipolar después de buscar ayuda para los problemas de abuso de sustancias, ya que las drogas pueden provocar los episodios maníacos que son la señal más visible del trastorno bipolar.

Los síntomas conductuales del trastorno bipolar también suelen provocar problemas de abuso de sustancias. La impulsividad es un síntoma que define el trastorno bipolar, no sólo durante un episodio maníaco, sino también entre los episodios. Por lo tanto, los jóvenes con trastorno bipolar son siempre más propensos a experimentar con drogas y alcohol.

Por último, como sucede con muchos trastornos, el consumo de drogas y alcohol complica el diagnóstico y dificulta el tratamiento. Los medicamentos utilizados para controlar el trastorno bipolar tienen efectos secundarios, como el aumento de peso y la lentitud, lo cual no gusta a los jóvenes y a menudo se niegan a tomarlos. Además, durante las etapas estables pueden estar convencidos de que no necesitan ayuda o prefieren automedicarse. El incumplimiento de la medicación es una consecuencia común del abuso de sustancias en el trastorno bipolar, y provoca un aumento de la frecuencia y la gravedad de los episodios del estado de ánimo.

Las drogas que suelen utilizar los jóvenes con trastorno bipolar, como la nicotina y el alcohol, también presentan una verdadera barrera química para la eficacia del tratamiento. La nicotina compite con las enzimas necesarias para que los medicamentos funcionen en el cuerpo, y los efectos del alcohol en el hígado también disminuyen la disponibilidad de esas enzimas. Estas drogas literalmente cambian la forma en que el cuerpo de una persona responde a los medicamentos psiquiátricos, lo que lleva a un efecto más reducido o mayor que lo esperado. Los padres y los adultos involucrados pueden ayudar a explicar la importancia de la adherencia a la medicación, y las interacciones con otras sustancias.

La esquizofrenia y el abuso de sustancias

La esquizofrenia es un trastorno caracterizado por percepciones distorsionadas de la realidad y una desorganización del pensamiento y el habla. Las personas que tienen esquizofrenia experimentan períodos de tiempo en los que pierden el contacto con la realidad en forma de alucinaciones y/o delirios. También pueden experimentar baja motivación y poca atención. Por lo general, comienza a finales de la adolescencia o principios de la edad adulta, a menudo a partir de un episodio psicótico, o de una ruptura con la realidad. La hospitalización suele ser necesaria cuando los síntomas son graves.

Síntomas de la esquizofrenia:

  • Alucinaciones: ver, oír, sentir u oler cosas que no están realmente allí
  • Ilusiones: falsas creencias que los demás claramente saben que no son verdaderas
  • Pensamiento desorganizado: discurso confuso, invención de palabras, saltos entre temas
  • Comportamiento desorganizado (agitación repentina, apariencia desaliñada, comportamiento sexual inapropiado) o actividad física extraña (posturas corporales bizarras o actividad motora excesiva)
  • Síntomas “negativos”: reducción de la expresividad emocional, apatía, retraimiento social, pérdida de placer en cosas que solían ser agradables, disminución del habla

Los padres y los miembros de la familia a menudo advierten indicios de esquizofrenia cuando un joven insiste en delirios como que la televisión le habla específicamente a él o que el gobierno lo persigue. Si bien muchas familias descubren por primera vez que el adolescente tiene esquizofrenia sólo después de un episodio psicótico, los síntomas de la psicosis pueden desarrollarse gradualmente, ya que el niño tiene delirios fugaces, retraimiento, mal humor o una gama reducida de emociones, o descuida su higiene. Observar estos síntomas “prodrómicos” y tratar al adolescente con la terapia adecuada puede reducir la posibilidad de una verdadera esquizofrenia en el futuro.

Tratamiento de la esquizofrenia

El tratamiento recomendado para la esquizofrenia, llamado Atención especializada coordinada, consiste en una combinación de servicios coordinados por un grupo de profesionales que trabajan con el paciente y la familia. Los elementos del tratamiento incluyen:

  • Bajas dosis de medicamentos antipsicóticos
  • Terapia cognitivo-conductual para la psicosis (CBTp)
  • Educación y apoyo a la familia
  • Rehabilitación educativa y profesional

Los medicamentos que se recetan con más frecuencia para la esquizofrenia son los antipsicóticos como la risperidona (Risperdal) y la olanzapina (Zyprexa).

La esquizofrenia y su interacción con el abuso de sustancias

Algunos expertos estiman que el 50% de los jóvenes que buscan ayuda después de un episodio psicótico informan haber consumido drogas o alcohol. La marihuana es la sustancia más común, pero los pacientes también informan haber consumido alcohol, K2 (cannabis sintético), LSD, cocaína y opiáceos.

De hecho, múltiples estudios han demostrado que el consumo de marihuana en la adolescencia puede hacer que las personas vulnerables a la esquizofrenia tengan un episodio más temprano y tal vez más grave que si no hubieran consumido. En el caso de los que han tenido un primer episodio psicótico, el uso continuado de la sustancia les hará más propensos a tener síntomas psicóticos continuos y a tener una recaída en otro episodio psicótico completo.

Las conversaciones sobre el uso de sustancias son una parte importante del tratamiento de la esquizofrenia. Después de un primer episodio, los jóvenes están ansiosos por volver a la normalidad, por reanudar sus antiguas vidas, y eso puede significar volver a consumir sustancias. A los jóvenes con esquizofrenia puede resultarles difícil aceptar el hecho de que sus amigos puedan consumir sustancias, especialmente marihuana, pero que para ellos puede interferir con la recuperación y contribuir a la reaparición de los síntomas.

Algo que funciona favorablemente para dejar las sustancias es centrarse en el deseo de evitar más hospitalizaciones. También es importante que los padres y los médicos entiendan lo que el uso de sustancias hizo por su joven adulto (preguntándole qué necesidad hay que satisfacer, o por qué comenzó a usarlas en primer lugar) y lo alienten a reemplazarlas por alternativas saludables.

l trastorno límite de la personalidad y el abuso de sustancias

El trastorno de la personalidad límite (BPD, por sus siglas en inglés) ha sido históricamente difícil de entender y enfrentar para los jóvenes y sus familias. Los síntomas son una dolorosa mezcla de confusión emocional y un profundo sentimiento de inestabilidad, relaciones volátiles y comportamiento autodestructivo, incluyendo intentos de suicidio.

Las personas que desarrollan BPD son por temperamento altamente sensibles y reactivos emocionalmente. Cuando sus sentimientos muy intensos son crónicamente desestimados como si fueran una reacción exagerada, tienen dificultad para manejar sus emociones, y a menudo se ven abrumados por una intensa ira y sentimientos de abandono, vacío, vergüenza y autodestrucción.

Si bien en el pasado el BPD no se diagnosticaba antes de los 18 años, ahora se reconoce que su aparición suele ser en la adolescencia. Cuanto antes comience el tratamiento, mejor será el resultado.

Síntomas del trastorno de la personalidad límite

Estos son los criterios utilizados para diagnosticar el trastorno de personalidad límite:

  • Esfuerzos frenéticos para evitar el abandono, real o imaginario
  • Un patrón de relaciones inestables e intensas
  • Una imagen o sentido del yo inestable
  • Impulsividad peligrosa como encuentros sexuales inseguros, abuso de sustancias
  • Comportamiento suicida recurrente, gestos o amenazas, o comportamiento auto-mutilante
  • Inestabilidad emocional debido a la alta reactividad
  • Sensaciones crónicas de vacío
  • Cólera inapropiada, intensa o dificultad para controlar la ira
  • Paranoia transitoria relacionada con el estrés o síntomas disociativos graves

Una persona joven con BPD puede ser demasiado sensible a la forma en que sus amigos o compañeros de estudio piensan o actúan, y veloz para interpretar las cosas negativamente. Desaires menores son tomados como evidencia de abandono, y la reacción puede ser rápida e intensa. Ella o él puede pasar de un “te amo” a un “te odio” en un instante.

Los jóvenes con BPD a menudo encuentran formas poco saludables de manejar sus emociones, incluyendo el uso de sustancias, el sexo riesgoso, la búsqueda temeraria de emociones y las auto-lesiones como cortarse, rascarse y abrir heridas.

Tratamiento del trastorno de la personalidad límite

El tratamiento estándar para el trastorno de la personalidad límite es la terapia de comportamiento dialéctico (DBT, por sus siglas en inglés). La DBT enseña a los pacientes habilidades para regular emociones abrumadoras y detener los comportamientos autodestructivos. Mientras que en el pasado el BPD se consideraba en gran parte resistente al tratamiento, los estudios a largo plazo muestran que aquellos tratados con DBT tienen un buen pronóstico: En un estudio el 74% de los participantes no tenían síntomas activos después de 6 años.

Los medicamentos no pueden tratar el BPD en sí mismo, pero pueden ser usados para reducir síntomas específicos, incluyendo la agresión y la ansiedad. A menudo se diagnostica erróneamente a los jóvenes con BPD con el trastorno bipolar, la depresión o el TDAH, y se les puede administrar medicamentos que son ineficaces o dañinos. Al igual que con el trastorno bipolar, la identificación temprana por parte de un profesional clínico es muy importante.

La hospitalización puede ser necesaria para los jóvenes que corren el riesgo de autolesionarse.

El trastorno límite de la personalidad y su interacción con el abuso de sustancias

El abuso de sustancias es muy común en los adolescentes y adultos jóvenes con BPD. El alcohol, la nicotina y la marihuana son las sustancias más utilizadas, y los estudios muestran que hasta la mitad de todos los pacientes con BPD cumplen con los criterios para un trastorno por abuso de sustancias.

Los jóvenes con BPD tienden a usar las drogas o el alcohol no para drogarse sino para sentirse menos vacíos o para mitigar los sentimientos dolorosos, incluyendo el odio a sí mismos.

El alcohol y otras sustancias empeoran los síntomas del BPD, aumentando la paranoia y la impulsividad. Los jóvenes con BPD que consumen tienen más probabilidades de tener encuentros sexuales de riesgo, contraer enfermedades de transmisión sexual y hacer intentos de suicidio más graves. El abuso de sustancias también interfiere con el tratamiento del BPD.

Cómo motivar a su hijo adolescente a buscar tratamiento

Incluso cuando los adolescentes o los adultos jóvenes están dispuestos a considerar el tratamiento, no es raro que se sientan indecisos o inseguros. Pueden pensar que el problema “no es tan grave” o que no hay necesidad de un tratamiento formal. Un joven puede pensar que la ayuda se necesita sólo para la parte de la salud mental, como la ansiedad, pero no para los problemas de abuso de sustancias. En algunos casos, puede ser reacio a probar el tratamiento por temor a que se interponga en el camino de la escuela, el trabajo, los deportes u otras actividades. El estigma relacionado con el tratamiento también puede ser un factor que contribuya a esta resistencia.

Entonces, ¿cómo puede convencer a su hijo o hija para que intente un tratamiento?

Prepárese antes de sentarse a conversar sobre este importante tema. Las siguientes pautas pueden ayudar:

  • Haga un esfuerzo para ver los asuntos desde el punto de vista de su hijo. ¿Cómo beneficiará el tratamiento a su hijo o hija? ¿Se sentirá más saludable? ¿Tendrá más éxito en la escuela, el trabajo o los deportes? ¿Irá a la universidad de sus sueños? ¿Qué es lo que su hijo verá como la desventaja del tratamiento? ¿Tendrá problemas para socializar sin sustancias? ¿Tendrá que renunciar a ciertos amigos? Reconocer tanto los aspectos positivos como los no tan positivos de participar en el tratamiento puede ayudar a que la conversación sea más fluida.
  • Determine qué es importante para su hijo y enmarque la conversación. Por ejemplo, algunos adolescentes son reacios a hablar sobre el consumo de sustancias, pero pueden sentirse más cómodos hablando sobre su problema de salud mental, como la depresión o la ansiedad. Si este es el caso, hable sobre cómo obtener ayuda para el área en la que están dispuestos a trabajar. Hable con el equipo de tratamiento que elija sobre cómo incluir otras preocupaciones.
  • Haga su tarea y esté preparado con las opciones de tratamiento. Investigue programas para encontrar los que sean adecuados para su hijo. Si es posible, es conveniente que ofrezca opciones para que su hijo pueda tomar su propia decisión en lugar de que le digan lo que tiene que hacer. Para algunos adolescentes, comenzar por una “consulta” con un consejero es menos amenazante que hablar de un tratamiento a largo plazo.
  • Use un “gancho” motivacional. Destacar lo que su adolescente o joven adulto puede ganar a raíz del tratamiento (por ejemplo, mejor sueño, mayor autoestima, menos estrés) probablemente será mejor recibido que hablar sobre las sustancias a las que hay que renunciar. Algunos padres utilizan incentivos vinculados a algo que el joven desea como una forma de lograr que se comprometan con el tratamiento. Por ejemplo, se podría decir algo como: “Si completas ocho sesiones ambulatorias, podemos hablar de conseguir el videojuego que quieres”.
  • Considere los intentos anteriores. Si los intentos anteriores de sugerir un tratamiento no han funcionado como se había planeado, tómese un tiempo para considerar por qué la discusión no salió bien. ¿Qué no funcionó? ¿Qué cambios habría que hacer? ¿Fue la discusión demasiado larga? ¿Fue un mal momento? ¿Qué se interpuso en el camino? Trate de incorporar lo que ha aprendido para que esto funcione más fácilmente, incluyendo el momento de la conversación, un tono de voz colaborativo, la provisión de opciones e incentivos.
  • Considere también los obstáculos para el tratamiento. ¿Cubre su seguro el costo del tratamiento simultáneo? ¿Puede asumir los costos que no están cubiertos? ¿Será un problema el transporte de ida y vuelta al tratamiento? ¿Su hijo podrá mantenerse al día con la escuela? Analice estos asuntos antes de hablar con su hijo.
  • Practique lo que quiere decir. Una vez que haya reunido la información relevante sugerida anteriormente, puede ser útil escribir lo que quiere decirle. A medida que escriba, piense en cómo podría responder su hijo.

Una nota sobre el consentimiento requerido para el tratamiento

Si su hijo es menor de 18 años, puede suponer que su consentimiento es suficiente para iniciar el tratamiento; sin embargo, es posible que no sea así. Las leyes de los Estados varían considerablemente en cuanto a la edad de consentimiento, que en algunos casos puede ser tan baja como los 12 años de edad. Además, quién puede dar su consentimiento puede cambiar dependiendo de si el programa de tratamiento es para la salud mental o el abuso de sustancias y si el centro es ambulatorio u hospitalario. A menudo no hay orientación en situaciones en que los padres y el niño no están de acuerdo, dejando que los tribunales se encarguen de resolverlo.

Si su hijo se niega a dar su consentimiento, pedir a otros miembros de la familia o amigos que intervengan puede ayudar, especialmente si hay alguien en quien su hijo confía y a quien respeta. Algunos padres recurren a organizaciones educativas o religiosas para animar a los jóvenes a que se sometan al tratamiento, aunque las investigaciones demuestran que es más probable que los resultados sean positivos si su hijo acepta el tratamiento voluntariamente.

Alternativas al tratamiento

Si su hijo se niega rotundamente a buscar tratamiento, puede que haya otras alternativas saludables a considerar mientras tanto. La meditación de conciencia plena, por ejemplo, es una forma eficaz para que muchas personas disminuyan el uso de drogas y alcohol, y también se ha demostrado que ayuda con la depresión, la ansiedad y otros trastornos de salud mental.

El ejercicio es otra estrategia útil. Puede valer la pena pagar una membresía a un gimnasio o clases de yoga o danza. ¿Le interesa la música a su hijo? Las clases de guitarra o de canto pueden ser una gran diversión y una excelente manera de aumentar la confianza y la autoestima.

Hay varias formas en que los adolescentes pueden obtener ayuda y apoyo, incluso si no están listos para hacer cambios significativos a largo plazo. Un acuerdo para experimentar con la abstinencia o para reducir su consumo de sustancias mediante la participación en actividades más saludables puede considerarse una gran victoria que a menudo conduce a mayores cambios.

Cómo abordar las situaciones de crisis

Llame al 911 inmediatamente si le preocupa que su hijo sea violento o pueda tener una sobredosis o un suicidio. Informe al personal de respuesta que su hijo está teniendo una emergencia de salud mental con tantos detalles como sea posible para que puedan estar preparados cuando lleguen. También puede llamar a la red nacional de prevención del suicidio al 1-800-273-8255. La línea directa gratuita está disponible las 24 horas del día.

  • Algunos estados ofrecen servicios de respuesta móvil que responden las 24 horas del día, los siete días de la semana, proporcionando ayuda en su casa para evaluar a su hijo y ayudar a calmar la situación. Además, los servicios incluyen asesoramiento de apoyo y derivaciones a servicios de salud mental comunitarios, que suelen ser gratuitos.
  • Puede considerar la posibilidad de llevar a su hijo a la sala de emergencias o al centro de crisis más cercano, pero sólo si puede hacerlo de manera segura. Si es posible, llame y avise a la sala de emergencias cuando salga, para que estén preparados cuando llegue. Si cree que no puede conducir, pida recomendaciones sobre lo que debe hacer a continuación. No transporte a un joven en contra de su voluntad.

Situaciones que no son de emergencia

Si cree que su hijo no está en peligro inmediato, pero sí necesita ayuda, puede que haya varias opciones a considerar dependiendo de los servicios disponibles en su estado o comunidad. Las siguientes sugerencias pueden ayudarle a determinar el mejor curso de acción:

  • Si su hijo tiene un terapeuta o equipo de tratamiento (por ejemplo, psiquiatra, terapeuta, enfermera, etc.), ellos deben ser el primer punto de contacto. Las personas que conocen la historia de su hijo están en una buena posición para ayudarle a determinar el siguiente paso.
  • Llame al centro de crisis de salud mental de su comunidad local, el cual puede ser encontrado usando una búsqueda en Internet. Los servicios específicos varían mucho según el estado o el condado, pero la mayoría ofrece tratamiento ambulatorio especializado para los jóvenes. El personal suele incluir un equipo de profesionales de salud mental, como psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales y enfermeras.

Independientemente de a quién le llame, el primer paso es una evaluación o un examen. A continuación, el equipo se esforzará por comprender las necesidades de su hijo y por considerar varias alternativas de tratamiento.

La calidad del tratamiento y la forma de obtenerlo

Si le preocupa que su hijo se encuentre en una situación de abuso de sustancias y trastornos de salud mental, le será útil consultar a un profesional que esté bien versado tanto en salud mental como en abuso de sustancias. Esto puede incluir una evaluación con un profesional calificado en adicciones. Esta evaluación puede ayudar a desarrollar un diagnóstico preliminar y una recomendación sobre el mejor enfoque de tratamiento. Los síntomas, la edad, el sexo y la cultura de su hijo, entre otros factores, ayudarán a determinar su plan de tratamiento.

Se puede encontrar a los proveedores utilizando los directorios de la Substance Abuse and Mental Health Services Administration (SAMHSA) o de la American Society of Addiction Medicine (ASAM), Psychology Today o a través de su proveedor de seguros, que puede tener un portal en línea para buscar específicamente a los profesionales especializados en adicciones. Las evaluaciones suelen realizarse en un consultorio privado o en un entorno de pacientes externos intensivos, aunque algunas se realizan en entornos hospitalarios. Independientemente del entorno, es importante hablar con una persona que conozca bien tanto la salud mental como el abuso de sustancias para saber bien qué problemas hay que tratar. Para obtener más información, consulte la Sección Tres, que trata sobre el diagnóstico diferencial.

Dependiendo de las necesidades de su hijo y de la gravedad de sus síntomas, existen varios niveles de atención. Estos incluyen asesoramiento, programas intensivos para pacientes externos (IOP, por sus siglas en inglés), programas de hospitalización parcial (PHP, por sus siglas en inglés) y rehabilitación o atención domiciliaria. En general, su hijo será colocado en lo que se considera el nivel de atención menos restrictivo.

El tratamiento más eficaz para los trastornos concurrentes implica una atención integral. Esto significa que tanto la salud mental como el abuso de sustancias son tratados al mismo tiempo por proveedores capacitados (por ejemplo, un psiquiatra, un psicólogo, un administrador de casos, un equipo médico, etc.) que desarrollan e implementan un plan de tratamiento integral para ambos.

El plan de tratamiento debe incluir metas, objetivos, miembros del equipo de tratamiento y sus calificaciones, intervenciones basadas en evidencias, incluidas la terapia y los medicamentos, y otros servicios (como capacitación vocacional o apoyo académico) que puedan ofrecerse.

Las intervenciones basadas en evidencias pueden ser:

  • Terapia cognitivo-conductual (TCC)
  • TCC enfocada en el trauma (TF-CBT, por sus siglas en inglés)
  • Gestión de contingencias
  • Terapia dialéctico-conductual (DBT, por sus siglas en inglés)
  • Entrevista motivacional (MI, por sus siglas en inglés)
  • Terapia Multisistémica (MST, por sus siglas en inglés)
  • Terapia de aceptación y compromiso (ACT, por sus siglas en inglés)

Los programas también deben abordar los problemas de salud física, ya sea ofreciendo pruebas y asesoramiento in situ o derivando a otros proveedores de servicios. Esto puede incluir temas como el asma, el control del dolor, los trastornos del sueño, el VIH, la hepatitis C y la salud sexual.

¿Qué debería tener en cuenta en un programa de tratamiento de calidad?

  • Un plan de tratamiento integral para abordar la salud mental y el abuso de sustancias. Se debe pedir a los padres y/o al adolescente (dependiendo de la edad) que acepten y aprueben el plan de tratamiento. El plan de tratamiento debe ser revisado y actualizado periódicamente para reflejar el progreso o las modificaciones del plan y el enfoque.
  • Programas que incluyan un componente familiar como parte del plan de tratamiento para proporcionar educación, desarrollo de habilidades, recursos y apoyo. A menudo existe la oportunidad de interactuar con otras familias para compartir lo que funciona y lo que se puede mejorar.
  • Programas que promueven la interacción con mentores, actividades saludables y una comunidad de recuperación. A menudo, los adolescentes y los adultos jóvenes necesitarán ayuda para participar en actividades como deportes, voluntariado y otros eventos sociales organizados; para volver a conectarse con los pasatiempos e intereses que se hayan dejado de lado; y para pasar el tiempo con compañeros más sanos.

Muchos centros anuncian que ofrecen tratamiento para trastornos concurrentes, pero es importante que usted haga su tarea y averigüe exactamente lo que quieren decir con eso. Por ejemplo, algunos proveedores no trabajarán en temas de salud mental hasta que la persona se abstenga totalmente de consumir sustancias. Otros pueden decir que tratan trastornos concurrentes, pero lo que realmente quieren decir es que hay una enfermera a mano para dispensar los medicamentos psiquiátricos, o un psiquiatra que escribirá una receta basada en el diagnóstico que se le dio a su hijo antes de su admisión en el programa.

Los medicamentos seleccionados deben tener en cuenta tanto el abuso de sustancias como la salud mental, ya que hay algunos medicamentos que podrían no estar recomendados para las personas que tienen problemas con el abuso de sustancias. Por ejemplo, muchos profesionales no recetan Adderall para el TDAH o Xanax para la ansiedad debido a su potencial de mal uso.

Los programas pueden ofrecer yoga, clases de meditación, arte-terapia y otras actividades como suplementos al tratamiento. Algunos programas pueden ofrecer grupos de 12 pasos o de ayuda mutua como Alcohólicos Anónimos (AA) y Narcóticos Anónimos (NA) o SMART Recovery en las instalaciones, o requerir que su hijo asista en los días en que no está en la programación del centro. Otros apoyos que pueden ayudar incluyen el programa OK2Talk de la National Alliance on Mental Illness (NAMI) o el grupo de apoyo de la Depression and Bipolar Support Alliance (DBSA).

Los programas de calidad desarrollarán un plan integral de alta o de atención continua, que incluye derivaciones para un paso a un nivel de atención más bajo (por ejemplo, de un PHP a un IOP, o de un IOP a un asesoramiento individual y a un psiquiatra). Un componente crítico de la atención continua es un plan de prevención de recaídas que identifique situaciones o circunstancias de alto riesgo, señales y síntomas tempranos de advertencia, y señales o problemas relacionados con los medicamentos, los proveedores, las relaciones, la estructura diaria, el transporte o las finanzas. Además, puede ayudar a identificar un “socio co-responsable” para ayudar a mantener a su hijo en el camino de una vida saludable y para discutir cuáles serán los siguientes pasos en caso de que ocurra una recaída.

El papel de la familia en el apoyo a su hijo

El rol de la familia en el apoyo a un adolescente con trastornos concurrentes es vital. Esto incluye todo, desde reconocer que existe un problema, hasta motivar al joven para que busque ayuda, navegar por el sistema de tratamiento para encontrar la mejor opción para su hijo y ayudarlo a mantener los avances en la recuperación. Puede ser un compromiso emocional, de tiempo y financiero significativo, pero las investigaciones demuestran que el involucramiento de la familia mejora los resultados. Las familias también pueden ayudar a garantizar que el diagnóstico sea preciso.

Además de los mecanismos para obtener el tratamiento y proporcionar información al equipo de tratamiento, también pueden ayudar de otras maneras:

Cómo fomentar la participación en el tratamiento

Anime a su hijo a que asista a las citas y participe en todos los aspectos de su plan de tratamiento. Esto puede incluir la terapia individual, de grupo y la familiar, los medicamentos y el desarrollo de competencias para el trabajo y la vida. Si un asistente social está trabajando con su hijo, manténgase en sintonía y proporcione información sobre los progresos realizados, así como sobre los contratiempos. Es posible que sea necesario mantener un calendario de citas y asegurarse de que haya transporte disponible si es necesario.

Algunos padres utilizan el refuerzo positivo para mejorar las posibilidades de que su hijo cumpla con el plan de tratamiento. Escuchar que sus padres están orgullosos de ellos o recibir una carta de su casa mientras están en tratamiento residencial para mantenerlos motivados puede ser muy significativo para los jóvenes. Como padre, también puede ofrecer incentivos para participar en el tratamiento, como se mencionó anteriormente en la Sección Diez.

Cómo brindar apoyo y estímulo emocional

A menudo los adolescentes y los adultos jóvenes desean desesperadamente ser “normales”. No quieren tener que lidiar con el tratamiento. No quieren tomar ningún medicamento. Son hiperconscientes del estigma y es posible que, como consecuencia, minimicen uno o ambos trastornos. Escuchar las preocupaciones y ser empático puede ayudarles mucho a mantener el rumbo, además de simplemente hacerle saber a su hijo que usted se preocupa.

Algunos adolescentes y adultos jóvenes han estado en múltiples programas de tratamiento y pueden sentirse desmoralizados o que “nada funciona”. Usted también puede sentirse desesperado si su hijo necesita tratamiento una vez más. Puede ayudarles a ambos el reflexionar sobre cualquier aspecto del tratamiento anterior que haya sido útil (como, por ejemplo, haber aprendido sobre sus desafíos de salud mental, encontrar un terapeuta que le haya gustado, sentirse mejor incluso por un período corto de tiempo, aprender una nueva habilidad para sobrellevar la situación, conocer a alguien en el tratamiento con quien se pueda relacionar, etc.). Es útil pensar en cada episodio de tratamiento como una oportunidad para aprovechar lo que ya se ha aprendido.

Cómo participar en la educación familiar

Muchos programas ofrecen lo que se denomina grupo psicoeducativo para familias. Estos grupos se ofrecen para que las familias puedan aprender más acerca de los síntomas de salud mental, las señales de abuso de sustancias, las opciones de tratamiento, los medicamentos y las señales de advertencia de una recaída. También es un lugar donde las familias pueden procesar lo que ha sucedido desde la última sesión y obtener consejos sobre cómo responder de manera más efectiva si es necesario.

A menudo se ofrece un fin de semana familiar o un programa educativo de cuatro días en entornos de tratamiento domiciliario. También hay horarios designados para las visitas y, en algunos casos, tiempo fuera del campus.

Asistencia al asesoramiento individual y familiar

Participe en el asesoramiento individual y en el asesoramiento familiar que se le ofrezca, tanto con su hijo como sin él. Estas sesiones pueden ayudarle a abordar sus preocupaciones, mejorar las interacciones familiares y resolver problemas con el apoyo de un consejero en un entorno seguro. Los terapeutas capacitados pueden ayudarle a usted y a sus seres queridos a aprender a relacionarse con los demás y a responder eficazmente para construir una familia más fuerte.

Cómo ayudar con la administración de los medicamentos

Además de proporcionar información a los médicos a la hora de prescribir los medicamentos a su hijo, es posible que tenga que rellenar las recetas y darle la medicación, dependiendo de su edad. Puede ser útil llevar un cuaderno con el nombre del medicamento, la dosis prescrita y lo que se observa con respecto a los efectos secundarios y la reducción de los síntomas. Si se necesitan varios medicamentos, puede ser útil conseguir un pastillero semanal en la farmacia para organizar las píldoras en lugar de contarlas cada día.

No es raro que los jóvenes estén insatisfechos con sus medicamentos al principio. Esto puede significar que el medicamento que están tomando tiene efectos secundarios que no les gustan. También puede significar que las sustancias que estaban usando hicieron un mejor trabajo al tratar su ansiedad, aburrimiento u otras razones para su uso. En cualquier caso, puede ser útil discutir esto con el equipo de tratamiento para hacer ajustes si es necesario. A menudo las visitas a los psiquiatras son muy breves —a veces sólo 15 minutos— por lo que estar preparado para discutir cómo está funcionando la medicación es fundamental y puede aprovechar al máximo la sesión.

Promueva la abstinencia

El alcohol y otras drogas pueden empeorar los síntomas de salud mental e interactuar negativamente con los medicamentos. Mantenga todas las sustancias fuera de su casa, incluidos los productos domésticos que pueden utilizarse como sustitutos del alcohol (como los desinfectantes para manos o el extracto de vainilla), así como los productos que se pueden inhalar o aspirar (como los limpiadores de polvo para teclados). Si guarda alcohol o marihuana en su casa para su uso personal, manténgalo asegurado junto con cualquier medicamento que pueda ser mal utilizado.

Contribuya a establecer la estructura y el sentido cotidianos

Los trastornos concurrentes pueden perturbar el sentido de propósito de su hijo, haciendo que la estructura diaria caiga en picada, ya que el abuso de sustancias y los problemas de salud mental dominan la vida de su hijo. Volver a realizar actividades significativas es una de las piedras angulares de la recuperación y puede ayudar a motivar a su hijo a controlar su salud mental y proporcionarle razones para mantenerse sobrio. Es importante preguntar y fomentar la participación en la escuela, el trabajo, las actividades de voluntariado, los hobbies, los deportes y otras actividades interesantes.

Esperamos que el equipo de tratamiento los guíen a usted y a su hijo en la creación de un día estructurado y con un propósito, pero si no es así, trate de elaborar un plan junto con su hijo. Un planificador semanal puede ser útil para establecer un horario de cuándo levantarse, hacer las tareas, asistir a la escuela o al trabajo, participar en actividades recreativas, asistir a la terapia, etc. No se trata de sugerir que cada minuto de cada día debe estar escrito en un guión, sino que puede ayudar a establecer expectativas y a identificar las lagunas en el horario de su hijo que pueden llenarse con actividades significativas.

Promueva la asistencia a actividades de apoyo social saludables

Los grupos de apoyo pueden ser una gran manera de que su hijo conozca a otras personas que entienden por lo que está pasando. Los grupos también son una fuente potencial de recursos y referencias, junto con apoyos sociales para participar en actividades que promueven su bienestar. Fomente la asistencia a reuniones para el uso de sustancias como el programa de los 12 Pasos (por ejemplo, AA o NA) y el programa de recuperación SMART. Puede buscar grupos de apoyo de pares para la salud mental en los sitios web de las asociaciones, como la Anxiety and Depression Association of America (ADAA), la Depression and Bipolar Support Alliance (DBSA) o la National Eating Disorder Association (NEDA). Dual Recovery Anonymous es una comunidad de 12 pasos específicamente para personas con trastornos concurrentes. Muchas de estas organizaciones tienen reuniones a las que se puede asistir en línea o en persona y tienen más contenidos útiles en sus sitios web.

Es posible que su hijo acoja con agrado su participación en una reunión o que prefiera ir solo o con un amigo. Deje que su hijo tome la iniciativa en este tema, especialmente si prefiere asistir sin que usted esté presente. Su hijo puede agradecer la oportunidad de compartir con otras personas, pero puede ser reacio a decir algo delante de usted. Además, cada reunión es diferente, así que si a su hijo no le gusta una, anímelo a probar una diferente.

Una nota de precaución: Algunos participantes en las reuniones de los 12 pasos creen que los medicamentos son una muleta e innecesarios para la “verdadera recuperación”. Esta no es la posición oficial de estas organizaciones, con la excepción de Narcóticos Anónimos. NA ha tomado una posición que establece que cualquier persona que esté en tratamiento asistido por medicamentos (MAT, por sus siglas en inglés) para el trastorno por abuso de opiáceos no es abstinente. A pesar de la abrumadora evidencia de que el MAT puede salvar vidas, algunas reuniones de NA limitarán la participación de cualquiera que esté en un MAT. Si su hijo tiene un MAT, es posible que le convenga un grupo de apoyo diferente.

Usted también puede ayudar a su adolescente o adulto joven a encontrar y participar en actividades recreativas sobrias. Además de los grupos de apoyo, los centros de recuperación organizan salidas (como fútbol de bandera, carreras de 5K, cafeterías, películas, noche de juegos, clases de cocina, picnics, etc.) que pueden ser de interés para su hijo. Muchos chicos piensan que nunca más se divertirán si no consumen sustancias, por lo que ayudarles a aprender a hacerlo es una parte fundamental de la recuperación.

Únase a los grupos de apoyo para familias

Los grupos de apoyo para familias orientados a prevenir el abuso de sustancias de un ser querido incluyen Al-Anon, Nar-Anon, Familias Anónimas y SMART Recovery for Friends and Family. Además, la mayoría de las asociaciones de salud mental mencionadas anteriormente también ofrecen apoyo a las familias. AA y Al-Anon, así como NA y Nar-Anon, suelen organizar reuniones al mismo tiempo y en el mismo lugar. Si se presenta la oportunidad, vale la pena asistir y comparar notas después con una taza de café o compartiendo un helado.

Fomente el desarrollo de habilidades para afrontar el estrés

Ayude a su hijo a aprender a enfrentar el estrés de una manera saludable desarrollando habilidades para enfrentarlo. Los factores de estrés pueden ser importantes, como una pérdida inesperada, una mudanza, la asistencia a una nueva escuela o el inicio de un nuevo trabajo, o pueden ser menores, como las molestias o preocupaciones cotidianas. Las habilidades de afrontamiento pueden ayudar a su hijo a lidiar con estos problemas y con los síntomas de salud mental relacionados con la depresión, la ansiedad, los problemas de sueño y las alucinaciones, así como las ansias de consumir sustancias.

Ayude a su hijo a procesar las experiencias estresantes estando ahí como una caja de resonancia para escuchar. Puede ser útil hacer preguntas como “¿Qué crees que debes hacer en estas circunstancias?” o “¿Cómo crees que quieres manejar esta situación?” en lugar de precipitarse con las respuestas. Aunque puede ser tentador intentar resolver los problemas de su hijo, puede socavar su autoestima y su confianza en sí mismo. Recordarle a su hijo las estrategias de afrontamiento para controlar el estrés también puede ser útil, tales como respirar profundamente o aprender a meditar. El equipo de tratamiento de su hijo debería poder aconsejarle sobre cómo apoyar a su hijo en el desarrollo de habilidades saludables para sobrellevar la situación.

Comprométase con el autocuidado

Ayudar a alguien con trastornos concurrentes es más parecido a una maratón que a un sprint, por lo que el autocuidado es fundamental. Recuerde que si se desmorona, no podrá ayudar a su hijo. Lidiar con su propio estrés sin necesidad de consumir sustancias, comer comidas nutritivas, hacer ejercicio, tomar los medicamentos según lo prescrito, dormir con regularidad, asistir a las reuniones de los grupos de apoyo, etc., puede ayudarle a sentirse mejor mientras modela un estilo de vida saludable para su hijo. Realizar prácticas de conciencia plena (como yoga, ejercicios de respiración, meditación, tai chi o visualizaciones guiadas) también puede ser útil y puede hacerse con su hijo o en familia.

Conozca las señales de la recaída

No es raro que se produzcan recaídas, a pesar de la calidad del tratamiento y de los esfuerzos de su hijo y su familia. Es importante conocer los “signos vitales” de su hijo tanto para la salud mental como para los trastornos por abuso de sustancias, para evitar una recaída y para tratarla en caso de que ocurra.

Los síntomas de una recaída suelen ser diferentes para los trastornos de salud mental y de abuso de sustancias, por lo que puede ser necesario pensar cuidadosamente para identificar qué es lo que hay que observar. El equipo de tratamiento y su hijo pueden ser de gran ayuda para determinar cuáles son las primeras señales de advertencia y qué hacer en caso de detectarlas. Tener un plan de prevención de recaídas puede ayudar a acortar su duración, haciendo que su hijo vuelva a encaminarse hacia el bienestar.

La esperanza de que las cosas puedan mejorar es un poderoso motivador que puede fortalecer el deseo y la determinación de una persona de atender su salud y bienestar. Usted y otros miembros de la familia pueden desempeñar un papel fundamental para ayudar a su hijo o hija a sentirse esperanzado, a reconocer que el cambio es posible y que puede llevar una vida maravillosa y plena.

Recursos para trastornos concurrentes

Puede ser de gran ayuda instruirse sobre el abuso de sustancias y los trastornos de salud mental. Además del Child Mind Institute (childmind.org) y Partnership to End Addiction (drugfree.org), existen muchos recursos disponibles. Si su hijo ya está en tratamiento formal, considere también la posibilidad de pedir recursos al equipo de tratamiento de su hijo.

El National Institute of Mental Health (NIMH) ofrece información sobre trastornos así como pruebas clínicas.

El National Institute of Drug Abuse (NIDA) ofrece investigación sobre el estado de la ciencia en la incidencia de trastornos por abuso de sustancias con enfermedades mentales y condiciones de salud física.

La National Alliance for Mental Health (NAMI) ofrece un curso gratuito de 12 semanas para las comunidades locales llamado “Familia a familia” para los cuidadores que viven con un ser querSubstance Abuse and Mental Health Services Administrationido con trastornos de salud mental.

La Substance Abuse and Mental Health Services Administration (SAMHSA) ofrece folletos electrónicos gratuitos y guías para descargar sobre varios trastornos concurrentes. También ofrecen un servicio de búsqueda de tratamientos. Es útil ver su corto video para aprender a usar sus capacidades de búsqueda.

Mental Health First Aid ofrece un curso de 8 horas para ayudar a los participantes a reconocer cuando una persona tiene un problema de salud mental o de abuso de sustancias y cómo ayudarla.

Crisis Text Line conecta a las personas con consejeros de Crisis entrenados para llevar a los usuarios de un momento candente a una fresca calma a través de la escucha activa y la colaboración en la resolución de problemas.

Las siguientes asociaciones y alianzas para los trastornos de la salud mental pueden tener recursos útiles que considerar:

La American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP) ofrece un centro de recursos con información sobre trastornos de salud mental, así como sobre el abuso de sustancias, bullying, suicidios, traumas, etc.

La Brain & Behavior Research Foundation se dedica a la investigación de vanguardia para encontrar curas para las enfermedades mentales. También tienen la serie de televisión pública Healthy Minds con el Dr. Jeffrey Borenstein y seminarios en la web informativos para el público en general.

MindTools.io tiene una lista de plataformas y aplicaciones para adolescentes y adultos relacionadas con la conciencia, el manejo del estrés, el insomnio, el abuso de sustancias, la salud mental y la consejería. Algunas de las aplicaciones son gratuitas mientras que otras tienen un costo simbólico.