Problemas sensoriales

Los problemas sensoriales suelen reconocerse por primera vez durante la infancia temprana, cuando los padres notan que el niño tiene una aversión inusual al ruido, a la luz, a los zapatos que se consideran demasiado ajustados y a la ropa que es irritante. También pueden notar torpeza y problemas para subir escaleras, y dificultad con las habilidades motoras finas, como manejar un lápiz y abrochar botones. Más desconcertantes, y alarmantes, para los padres son los niños que exhiben comportamientos extremos, tales como:

  • Gritar cuando se mojan la cara
  • Hacer berrinches cuando intenta vestirlos
  • Tener un umbral de dolor inusualmente alto o bajo
  • Chocar contra las paredes e incluso contra la gente
  • Poner cosas no comestibles, incluyendo rocas y pintura, en sus bocas

Estos y otros comportamientos atípicos pueden reflejar problemas sensoriales: dificultad para integrar la información de los sentidos. Los niños con problemas sensoriales pueden sentirse abrumados por demasiada información sensorial (es decir, hipersensibilidad), o recibir muy poca (es decir, hiposensibilidad), lo que hace que choquen y se froten contra las cosas, para sentir más. Los problemas sensoriales se consideran ahora un síntoma de autismo porque la mayoría de los niños y adultos en el espectro también tienen problemas sensoriales.

Cuando el cerebro se esfuerza por lidiar con información sensorial como el sonido, la luz y el olor, los niños pueden sentirse abrumados y pueden tener una tendencia a huir a un ambiente más tranquilo, a volverse agresivos o a experimentar una crisis emocional severa.

En la mayoría de los casos, los problemas sensoriales se vuelven significativamente más leves y menos interferentes a medida que los niños crecen. Las habilidades aprendidas en la terapia ocupacional y las adaptaciones ambientales pueden ayudar a limitar el impacto de los problemas sensoriales a medida que los niños crecen.

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