Lidiar con el hecho de que su hijo está hospitalizado

Es probable que tenga muchos sentimientos intensos acerca de tener un hijo en un hospital psiquiátrico —incluyendo vergüenza, culpa, miedo, enojo, tristeza y alivio—, y podrá ayudar mejor a su hijo si se permite sentir y procesar estas emociones. La mezcla de sentimientos de su pareja será sin duda diferente a la suya. Ambos tienen derecho a sentir lo que sienten. Sean amables el uno con el otro, ya que cada uno está sufriendo a su manera.

No importa lo que sientan, recuérdense una y otra vez: su hijo está a salvo. Esto, al menos, es bueno.

Ahora que su hijo está a salvo, es hora de que se atiendan a ustedes mismos. Por supuesto, tómense un día o dos para dar rienda suelta a sus sentimientos, y luego aprovechen el tiempo para reponerse.

Las llamadas telefónicas, la ira y la angustia

Los niños a menudo se sienten avergonzados, confundidos y asustados por estar en un centro de salud mental. Como son niños, es probable que se desquiten con la persona que más quieren, la persona que más seguridad les da: usted.

No es usted la primera persona a la que se le llama la peor madre o padre del mundo, ni la última en recibir un devastador “¿Cómo pudiste hacerme esto?”. No se lo tome como algo personal, aunque esté dirigido a usted. Independientemente de su miedo (y de la afirmación de su hija) de que le odiará el resto de su vida, lo más seguro es que no lo hará. Así que cuando reciba esa décima llamada venenosa, o escuche otra súplica desgarradora para sacarla de ahí, respire.

Puede intentar razonar con su hija, pero no espere llegar lejos. La lógica rara vez es efectiva para desarmar las emociones. Probablemente hará el mayor progreso reconociendo y empatizando con sus sentimientos más profundos:

“Suena como si estuvieras realmente asustada”.

“Debes estar muy enojada por tener que estar ahí”.

“Siento mucho que sea tan duro. Desearía que hubiera una forma mejor, pero no la hay”.

Si usted es demasiado frágil para manejar este enfoque (o las llamadas simplemente llegan a ser demasiado para usted), hable con el personal de enfermería acerca de limitar el acceso al teléfono. O bien, no atienda todas las llamadas. No tiene que “estar ahí” para su hija cada hora del día. Es saludable establecer límites.