Cómo obtener ayuda

Cuándo buscar ayuda

La mayoría de los niños hacen berrinches o tienen crisis emocionales ocasionales. Portarse mal cuando es hora de irse a la cama o cuando han tenido que interrumpir un juego es algo habitual. Pero, cuando los niños hacen berrinches con frecuencia, o parece que no pueden controlar su temperamento la mayor parte del tiempo, es posible que esté viendo algo más extremo que una conducta problemática típica.

A continuación le mostramos algunas señales a las que hay que prestar atención:

  • Cuando la conducta problemática está interfiriendo con su capacidad para hacer amigos o llevarse bien con otros niños.
  • Cuando la conducta problemática está causando muchos conflictos en el hogar y alterando la vida familiar.
  • Cuando su hijo siente que no puede controlar su ira, lo que lo hace sentirse mal consigo mismo.
  • Cuando su comportamiento está causando problemas en la escuela con sus profesores o sus compañeros.
  • Cuando su comportamiento es peligroso para él mismo o para los demás.

Si está preocupado por el comportamiento de su hijo y a usted le está resultando muy difícil controlar la situación por su cuenta, puede ser muy útil agendar una cita con un médico especializado en la salud mental infantil. Un especialista clínico puede realizar una evaluación integral para determinar si su hijo podría tener un trastorno de salud mental no diagnosticado que esté contribuyendo a sus problemas de comportamiento, o recomendar estrategias o tratamientos específicos que puedan ser útiles.

Para obtener más información sobre cómo encontrar un médico que pueda ayudarlos, lea la guía para padres del Child Mind Institute, Guía para padres para obtener servicios de calidad.

Posibles causas y diagnósticos

A continuación le presentamos una lista de trastornos de la salud mental y otros desafíos que pueden estar asociados a la conducta problemática.

Trastorno por déficit de atención e hiperactividad o TDAH (ADHD, por sus siglas en inglés)

para los niños con TDAH es extraordinariamente difícil concentrarse en las tareas, prestar atención, sentarse quietos y controlar sus impulsos. Aunque la conducta problemática no es un síntoma del TDAH en sí, a menudo es el resultado de los síntomas del TDAH. La falta de atención y la impulsividad pueden hacer que sea muy difícil para los niños tolerar tareas que son repetitivas, aburridas o que requieren mucho esfuerzo. Debido a esto, los niños con TDAH se siente abrumados por la frustración muy a menudo, y tirar un zapato o empujar a alguien o gritar “¡cállate!” puede ser el resultado de su impulsividad. Algunos niños con TDAH también pueden desarrollar patrones de conducta negativos, los cuales son una respuesta a años de encontrarse en conflicto con los adultos.

Trastorno negativista desafiante o TNG (ODD, por sus siglas en inglés)

Los niños con TNG tienen un patrón bien establecido de problemas de comportamiento, con síntomas que incluyen discutir con figuras de autoridad, negarse a seguir las reglas, culpar a otros por sus errores, estar inusualmente enojados e irritables y más. Todos los niños pueden tener estos síntomas de vez en cuando. Lo que distingue al TNG del comportamiento negativista típico es su gravedad y el tiempo que lleva ocurriendo.

Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo o TDDEA (DMDD, por sus siglas en inglés)

Los niños con TDDEA experimentan estallidos de mal humor frecuentes y severos que parecen totalmente desproporcionados a la situación en cuestión. Entre berrinche y berrinche, ellos están crónicamente irritables. Su comportamiento disruptivo es el resultado de emociones intensas y habilidades limitadas de autoregulación. Los niños con TDDEA a menudo se sienten muy arrepentidos después de haber hecho un berrinche.

Ansiedad

Los niños que parecen enojados y desafiantes pueden estar muy ansiosos. Cuando los niños tienen dificultades para hacer frente a situaciones que les causan angustia, pueden dar golpes. Esto puede suceder cuando las exigencias de la casa o de la escuela los presionan y no pueden manejarlo. En una situación que induce a la ansiedad, el instinto de “lucha o huída” de su hijo puede tomar fuerza. Puede hacer un berrinche o negarse a hacer algo para evitar la fuente de un miedo agudo.

Trauma

Con frecuencia, los niños que han sido traumatizados enmascaran su dolor con un comportamiento agresivo. Como resultado de su trauma lidian con una autorregulación emocional limitada o nula, pensamientos negativos, están demasiado alerta a los peligros, y es más probable que reaccionen con una respuesta tipo “lucha o huída” en un esfuerzo por protegerse a sí mismos.

Problemas de aprendizaje

Los niños que se portan mal constantemente en la escuela o durante el horario de tareas pueden tener un trastorno de aprendizaje no diagnosticado. Pueden sentirse frustrados y avergonzados porque se esfuerzan por hacer cosas que a otros niños les resultan fáciles y no saben por qué. En lugar de pedir ayuda, es posible que rompan las tareas o se porten mal para crear una distracción de sus problemas reales.

Dificultades con el procesamiento sensorial

Algunos niños tienen problemas para procesar la información sensorial que reciben del mundo que los rodea. Los niños que son poco o demasiado sensibles a la estimulación sensorial pueden sentirse incómodos, ansiosos, distraídos y abrumados, lo que a menudo puede conducir a una conducta problemática.

Autismo

Los niños en el espectro autista tienden a ser rígidos (necesitan una rutina consistente para sentirse seguros), y los cambios inesperados pueden llevarlos a hacer un berrinche. Los niños autistas también pueden enfrentar problemas sensoriales que los dejan abrumados. Algunos niños autistas también pueden carecer de las habilidades de lenguaje y comunicación para expresar lo que quieren o necesitan.

Programas de entrenamiento para padres

Los programas de entrenamiento para padres están diseñados para reforzar las habilidades que los padres pueden necesitar para manejar la conducta problemática de su hijo y mejorar la relación padre-hijo. Estos programas están dirigidos por psicólogos y trabajadores sociales y están basados en evidencias, lo que significa que han sido probados exhaustivamente y se ha determinado que son efectivos para muchas familias.

A continuación se presenta una lista de diferentes tipos de entrenamiento para padres, incluyendo lo que los hace diferentes y para qué familias pueden funcionar mejor.

Terapia de interacción padres-hijos (PCIT, por sus siglas en inglés)

Tanto los padres como los hijos participan en las sesiones de la PCIT, durante las cuales un profesional clínico les enseña habilidades para interactuar de forma positiva y satisfactoria. Es efectivo para niños entre 2 y 7 años, y generalmente requiere de 14 a 17 sesiones semanales.

Durante la PCIT, los padres reciben entrenamiento en vivo (a través de un micrófono en el oído) de un terapeuta que observa desde atrás de un espejo unidireccional mientras ellos y su hijo realizan una serie de tareas, y los padres practican respuestas específicas tanto al comportamiento deseado como al no deseado.

Entrenamiento para padres en manejo y control (PMT, por sus siglas en inglés)

Durante el PMT, para niños de 3 a 13 años de edad, se suele ver a los padres sin que el niño esté presente, aunque se puede pedir a los niños que participen en algunas sesiones. El terapeuta enseña y modela las habilidades para tratar más eficazmente los comportamientos difíciles y luego las pone en práctica con los padres. Después de cada sesión, se espera que los padres practiquen las habilidades en casa. Las familias suelen participar en al menos 10 sesiones.

Dado que el PMT es apropiado para todas las edades, es una buena opción cuando los niños son demasiado grandes para la PCIT. También puede ser una buena opción para familias donde la relación padre-hijo es fuerte, pero los niños pueden estar lidiando con cosas como la ansiedad, la impulsividad extrema o la ira explosiva.

Adolescentes desafiantes (Defiant Teens)

El programa es para padres de adolescentes de 13 a 18 años. La primera mitad de este programa involucra sólo a los padres, y se centra en la enseñanza de las herramientas más eficaces para interactuar con el adolescente, específicamente para manejar el incumplimiento o la conducta desafiante. Pero, como los adolescentes son más autónomos que los niños más pequeños y están menos influenciados por la orientación de sus padres, el programa también incluye entrenamiento del adolescente para ayudarlo a participar en el cambio de la dinámica familiar.

En la segunda mitad, tanto los padres como los adolescentes son entrenados en comunicación orientada a la resolución de problemas. El objetivo es proporcionar recursos de comportamiento familiar para ayudar a cada miembro de la familia a desarrollar habilidades de resolución de problemas, negociación y comunicación más efectivas, y corregir cualquier creencia poco razonable que pudiera estar impidiendo sus interacciones.

Programa de crianza positiva (Positive Parenting Program or Triple P)

El objetivo de la Triple P es equipar a los padres con información y habilidades para aumentar la confianza y la autosuficiencia en el manejo del comportamiento de los niños. Se puede utilizar con un variado rango de edad de niños, desde la infancia hasta la adolescencia. Con el programa Triple P las familias pueden participar en diferentes niveles de intervención según sus necesidades. En algunas sesiones los terapeutas se reunirán uno a uno con los padres para discutir las habilidades y estrategias, y en algunas sesiones los niños serán incluidos y el terapeuta les proporcionará entrenamiento en vivo.

Los años increíbles (The Incredible Years)

En el programa se ofrece entrenamiento en grupos pequeños a los padres de niños desde bebés hasta los 12 años de edad. Los programas se dividen en cuatro grupos de edad (bebé, niño pequeño, preescolar y edad escolar) y abarcan desde las 12 hasta las 20 semanas.

El programa comienza con un énfasis en la mejora de las relaciones entre padres e hijos y el apego positivo antes de pasar a rutinas consistentes, reglas y establecimiento de límites. Por último, cubre estrategias de manejo de los niños como la indiferencia, la reorientación, las sanciones lógicas y naturales, el tiempo para calmarse y la resolución de problemas.

Para niños de cuatro a ocho años, el programa ofrece grupos infantiles que se centran en ayudarlos a adquirir estrategias de regulación de las emociones y habilidades sociales. Las investigaciones muestran que el grupo de niños funciona bien para mejorar el comportamiento prosocial y disminuir las conductas problemáticas. Los padres descubren que no sólo aprenden de los terapeutas sino también de otros padres del grupo.

Medicación

El entrenamiento de los padres y la terapia conductual se consideran las formas más efectivas y duraderas de ayudar a los niños a aprender a manejar las emociones intensas y a controlar la conducta problemática. Pero a veces los medicamentos se utilizan como complemento de la terapia conductual. Los medicamentos antipsicóticos como Abilify (aripiprazol) y Risperdal (risperdone), que han demostrado reducir la agresión y la irritabilidad, pueden utilizarse en los casos en que el niño corre el riesgo de que lo expulsen de la escuela o de su casa. Se pueden utilizar medicamentos estimulantes si un niño muestra impulsividad excesiva, incluso si se le ha diagnosticado TDAH. Los antidepresivos (SSRI) pueden ser útiles en caso de que el niño tenga depresión o ansiedad latente.

Es importante hablar con el médico sobre cualquier preocupación que usted pueda tener acerca del plan de tratamiento de su hijo, su progreso o cualquier efecto secundario que pueda estar viendo. Un buen médico estará preparado para hablar de los síntomas que usted está viendo y explicarle las posibles opciones para cambiar la dosis o la medicación. Si usted no cree que el médico de su hijo esté tomando en serio sus preocupaciones, o si su médico no está siguiendo las mejores prácticas para cambiar la dosis o agregar nuevos medicamentos, le recomendamos que busque una segunda opinión.

Si cree que su hijo debe dejar de tomar un medicamento en particular, asegúrese de comunicarlo a su médico y de discutir las ventajas y desventajas. No haga ajustes ni retire la medicación sin haberlo consultado con el médico previamente. Muchos medicamentos deben reducirse gradualmente y los niños deben ser supervisados muy de cerca para detectar los efectos secundarios de una retirada demasiado rápida.

Nota sobre el Risperdal

El Risperdal puede tener efectos secundarios graves, incluyendo un aumento de peso sustancial y cambios metabólicos, neurológicos y hormonales que pueden ser perjudiciales. Los niños que toman Risperdal u otro antipsicótico atípico deben ser controlados por sus médicos regularmente durante el curso del tratamiento. Antes de comenzar el tratamiento, se les debe hacer una prueba para establecer las líneas de base de la altura, el peso, los signos vitales y los niveles de prolactina y de grasas y azúcar en la sangre. Durante los primeros meses de tratamiento, los niveles del niño deben medirse con frecuencia. Si el niño está usando el medicamento a largo plazo, debe seguir siendo controlado anualmente.