Este artículo fue originalmente publicado en Understood.org

El cerebro de los estudiantes trabaja mucho cada momento del día, aprendiendo habilidades y conectando la información nueva con la antigua. También están procesando información constantemente cuando se relacionan con usted, su maestro.

Desarrollar relaciones positivas con los estudiantes es fundamental para el progreso. Cuando los estudiantes se sienten apoyados, es más probable que se involucren más en el aprendizaje y obtengan mejores resultados académicos. Además, cuando los estudiantes tienen interacciones positivas con los maestros, tienen menos problemas de conducta. Estas relaciones son más importantes y más desafiantes que nunca en tiempos de incertidumbre, como ocurre actualmente durante la pandemia del coronavirus.

La neurociencia nos ayuda a comprender lo que sucede en el cerebro de los estudiantes cuando se sienten seguros y entendidos. Estas son cuatro razones por las cuales las relaciones positivas entre maestros y alumnos son importantes, y cómo usted puede desarrollar esas relaciones.

1. Las relaciones positivas fomentan la motivación

La ciencia del cerebro: Las relaciones positivas se basan en interacciones positivas. Cada una de estas interacciones tiene un efecto poderoso en el cerebro. Cuando usted elogia con sinceridad a un estudiante o tiene una interacción positiva, el cerebro del estudiante libera dopamina.

Esto crea un ciclo. Usted proporciona comentarios positivos. El cerebro del estudiante libera dopamina. El estudiante se siente bien y está motivado para sentirse así de nuevo. Al tener más motivación, los estudiantes dedican más tiempo y atención a trabajar en una habilidad. Ellos desarrollan esas habilidades. Usted proporciona más elogios, lo que causa la liberación de más dopamina. Y el ciclo comienza de nuevo.

Por otro lado, cuando los estudiantes no reciben comentarios positivos, es menos probable que entren en el ciclo positivo de motivación y aprendizaje.

Cómo hacerlo: Para desarrollar una relación positiva, usted necesita tener más interacciones positivas que negativas. Específicamente, los investigadores recomiendan tener cinco interacciones positivas por cada interacción negativa. Las interacciones positivas podrían incluir saludar a los estudiantes por su nombre al comienzo de la clase, felicitarlos por su esfuerzo o preguntar a un estudiante por su mascota.

Los estudiantes que piensan y aprenden de manera diferente suelen tener más interacciones negativas que positivas. Por ejemplo, los estudiantes con TDAH pueden recibir constantemente recordatorios de los maestros para que lleguen a tiempo y permanezcan enfocados en el trabajo.

Esto no significa que nunca deba hacer comentarios correctivos y proporcionar recordatorios a los estudiantes. Pero asegúrese de que las interacciones positivas superen las negativas. Mientras más conozca a sus estudiantes, más reconocerá cuándo necesitan elogios o apoyo, y cuándo están abiertos a comentarios constructivos. Usted puede llevar la cuenta de cuántos recordatorios da a un estudiante para que complete una tarea. Trate de encontrar cinco veces más cosas positivas que comentar y también lleve la cuenta.

2. Las relaciones positivas crean espacios seguros para el aprendizaje

La ciencia del cerebro: Las actividades sociales como hablar y reír hacen que el cuerpo libere la hormona oxitocina. Esto nos ayuda a conectarnos con los demás. Esas conexiones crean un sentimiento que a menudo se llama “seguridad psicológica”. Cuando los estudiantes se sienten psicológicamente seguros, es más probable que participen en las discusiones de clase, hagan preguntas, intenten hacer una tarea aunque sea difícil o hablen con un tono de voz apropiado para la situación.

Piense de qué manera esto aplica a su vida. Si tiene un director que lo apoya y ofrece seguridad psicológica en su escuela, es más probable que usted se exija más y pruebe nuevas ideas en su salón de clases. Pero si las autoridades escolares hacen comentarios críticos constantemente, es posible que usted no se sienta psicológicamente seguro como para probar algo nuevo. Es lo mismo para los estudiantes.

Desarrollar seguridad psicológica es más difícil para algunos estudiantes que para otros. Piense en la última vez que vio a un estudiante que parecía reaccionar exageradamente. Este comportamiento puede ser el resultado de un trauma o de estrés crónico en la vida del estudiante (como pensar y aprender de manera diferente o haber crecido en un grupo marginado). Esto puede causar que se sientan amenazados en situaciones que otros estudiantes consideran inofensivas. El cerebro aprende que el entorno no es seguro y permanece alerta ante posibles peligros.

Cuando estos estudiantes perciben algo como una amenaza, una región del cerebro llamada la amígdala activa una alarma. La amígdala es conocida por su papel en la detección de amenazas en el medio ambiente. Su función es mantenernos seguros y vivos. Piense en un animal que debe decidir entre correr o quedarse inmovilizado cuando ve un depredador.

La amígdala desencadena la liberación de cortisol (también llamada hormona del estrés) y epinefrina (también llamada adrenalina). Esto envía energía adicional a todo el cuerpo. Los músculos se tensan y los latidos del corazón se aceleran, preparándose para luchar o huir. Cuando el sistema de detección de amenazas del cerebro está muy activado, no puede haber aprendizaje. Esto es lo opuesto a la seguridad psicológica.

En los estudiantes esto podría lucir como:

  • Evitar tareas
  • Bajar la cabeza
  • Gritar o hacer comentarios negativos
  • Salir del salón de clases o abandonar una sesión de video en vivo
  • Actuar agresivamente

Si bien el desarrollo de la seguridad psicológica puede ser aún más difícil de lograr con estos estudiantes, es especialmente importante para ellos. Esto se debe a que la oxitocina también ayuda a mantener en silencio el sistema de detección de amenazas de la amígdala. Con el tiempo, cuando los estudiantes están rodeados de personas en las que confían, es menos probable que se active su sistema de detección de amenazas y puedan aprender mejor.

Cómo hacerlo: Usted puede desarrollar seguridad psicológica en los estudiantes al elogiar el esfuerzo en lugar del resultado. También ayuda hacer saber a los estudiantes que ciertas habilidades son difíciles. Puede decirles que no se preocupen si a veces responden incorrectamente o fallan. Mostrar cómo responde usted a sus propios fracasos puede ser también una lección poderosa.

Su enfoque tendrá que ser ligeramente distinto con los estudiantes que corren el riesgo de una reacción de lucha o huida. Use estrategias como oraciones del tipo cuando-entonces para que sepan exactamente qué resultado positivo esperar cuando completen una tarea, al mismo tiempo que les da el poder de elección. A veces pueden tener una reacción exagerada, ofrézcales el espacio y el tiempo necesarios para que se calmen. Al usted mantener la calma, no solo se está recordando a sí mismo reaccionar al comportamiento de sus estudiantes como una forma de comunicación y responder de manera apropiada. También está desarrollando seguridad psicológica y confianza.

3. Las relaciones positivas crean nuevas vías para el aprendizaje

La ciencia del cerebro: Lo que usted ha escuchado es cierto. Aprovechar los conocimientos previos de los estudiantes los ayudará a aprender información nueva al activar las vías neuronales en sus cerebros. Desarrollar una nueva vía neuronal es como crear un nuevo sendero en el bosque. Requiere tiempo, trabajo y mucha repetición para construirlo. Así que tiene sentido crearlo donde ya existía un camino previamente.

Conforme va enseñando nueva información, las nuevas vías neuronales conectan la información anterior con la nueva. Si los estudiantes no entienden el contexto o no pueden vincular la nueva información con nada de lo que ya conocen, les será difícil entender la lección.

Cómo hacerlo: Pregunte a sus estudiantes sobre sus pasatiempos e intereses para que puedan tener como referencia sus conocimientos previos cuando los necesiten. Conectar ese conocimiento con la información nueva que usted está enseñando puede ayudar a individualizar la instrucción.

Pida a los alumnos que compartan lo que saben sobre un tema. Cada estudiante tiene un conjunto de conocimientos previos diferente. Por ejemplo, si sabe que un estudiante es un artista talentoso, puede aprovechar su conocimiento de los diferentes tipos de pinceles para explicar el roce. O puede hacer una analogía sobre la relación entre los personajes del libro favorito de un estudiante y el conflicto interno en la Guerra Civil.

4. Las relaciones positivas mejoran el comportamiento del estudiante

La ciencia del cerebro: La investigación respalda la idea de que las relaciones e interacciones tempranas, incluidas las que se tienen con los maestros, desempeñan un papel central en el reforzamiento de conductas y habilidades sociales en los niños. Lo sepa o no, es probable que sus estudiantes reproduzcan sus comportamientos. Sus palabras y acciones importan.

La investigación en neurociencia ha comenzado a descubrir por qué ocurre esta imitación, y cómo se puede usar para promover conductas positivas. Los estudios han demostrado que cuando las personas observan la ejecución de una acción, se activan algunas de las mismas vías neuronales que se activarían si ellos realizaran la acción. Esto se llama sistema neurona espejo.

Esencialmente, nuestros cerebros practican la acción que estamos viendo, aunque nuestros cuerpos no se muevan. Los estudios muestran que cuando las personas ven una acción, pueden realizar la acción más rápidamente que si no la hubieran visto primero.

Cómo hacerlo: Comience por pensar qué comportamientos y habilidades sociales está modelando en el aula. Por ejemplo, es probable que ya esté modelando diariamente algunas habilidades sociales, como tomar turnos, la cooperación y la empatía. Puede dar un paso más allá y explicar a sus estudiantes los comportamientos que está modelando. La próxima vez que se sienta frustrado, dígales a sus estudiantes cómo se siente. Hable de cómo lidiar con la frustración, como por ejemplo con una respiración profunda.

Para el manejo conductual en el aula de estudiantes de menor edad, use estrategias como los recordatorios que le permiten decir, mostrar y recordar a los estudiantes de manera explícita cómo abordar tareas o situaciones difíciles antes de enfrentarlas.

Los niños pequeños son aún más propensos que los adultos a imitar los comportamientos que ven. Eso se debe a que todavía están aprendiendo habilidades sociales y comportamientos apropiados. Además, la corteza prefrontal (la parte del cerebro que nos permite elegir dónde dirigir nuestra atención y regular nuestros comportamientos y emociones) termina de desarrollarse entre los 20 y 25 años de edad aproximadamente. La infancia es el mejor momento para modelar el comportamiento y las habilidades sociales de los estudiantes.

Investigación

Culturally responsive teaching and the brain” by Zaretta Hammond

A fine balance: The magic ratio to a healthy relationship” from Purdue University

High-performing teams need psychological safety. Here’s how to create it” from Harvard Business Review

The mirror-neuron system” from the Annual Review of Neuroscience

The optimum context for learning: Drawing on neuroscience to inform best practice in the classroom” from Educational & Child Psychology

Relationships matter: Linking teacher support to student engagement and achievement” from the Journal of School Health

Teacher-child relationships at the forefront of effective practice” from Young Children

Understanding the stress response” from Harvard Health Publishing

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