Dentro de lo que se llama “la teoría del mundo intenso”, un neurocientífico dirigente hace el argumento de que el autismo se debería reconocer no como un déficit cognitivo, sino como una sobrecarga cognitiva.

Esta teoría radical viene de una observación que Henry Markram tuvo al lidiar con su propio hijo, Kai, quien está en el espectro bajo del síndrome de Asperger. Y, sus investigaciones con ratas ofrecen la evidencia, según argumenta él, que apoya la teoría al decir que el cerebro autista de hecho es hipersensible a los estímulos externos. Los comportamientos rígidos y repetitivos que asociamos con el autismo, sin mencionar las crisis, se pueden explicar como un intento de lidiar con una sobrecarga extraordinaria sensorial y emocional. Y la insensibilidad social se puede ver como un mecanismo de enfrentamiento hacia un “ataque pesado y caótico de datos de entrada no filtrados, indescifrables, y cacofónicos”.

Una historia de Markram y su teoría en el sitio web Medium es muy interesante, y tiene implicaciones muy importantes hacia el tratamiento. Ya que los niños aprenden sus habilidades sociales en cachos específicos de su desarrollo, ¿Puede ser que “una intervención temprana para reducir o moderar la intensidad del entorno de un niño autista” podría prevenir que los niños se desconecten durante estos periodos cruciales de aprendizaje, y por lo tanto, proteger su desarrollo?

Aprenda de otra teoría, acerca de los problemas sensoriales en el autismo, basada en las imágenes cerebrales, de la Dra. Wendy Chung, que llega a conclusiones sorprendentemente parecidas, al respecto de crear ambientes y experiencias de aprendizaje para los jóvenes en el espectro autista.