A algunos niños que tienen pensamientos intrusivos sobre suicidarse les aterran esos pensamientos y no tienen en realidad planes de suicidio. Son niños que tienen TOC. Sus cerebros les dicen cosas como, “deberías acuchillarte”. Pero no quieren hacer eso en absoluto. Les tienen miedo a sus pensamientos.
Cuando el TOC desencadena pensamientos suicidas
Cómo una forma del TOC se puede confundir con un comportamiento suicida.
Experto clínico: Jerry Bubrick, PhD
in EnglishPuntos clave
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Algunos niños con TOC tienen pensamientos intrusivos relacionados con el suicidio que les generan mucho miedo, pero no existe deseo ni intención de hacerse daño.
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Estos pensamientos son síntomas del TOC, no ideas suicidas genuinas, y esta confusión puede llevar a decisiones equivocadas, como una hospitalización innecesaria, en lugar de recibir el tratamiento adecuado para el TOC.
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El tratamiento consiste en ayudar a los niños a reconocer estos pensamientos como parte del TOC y en utilizar terapia para ir reduciendo, poco a poco su impacto.
Importante:
Si tú o alguien que conoces necesita ayuda ahora, llama al 988 o visita la Línea de prevención del suicidio y crisis.
Cuando los adolescentes, e incluso los niños, tienen pensamientos o fantasías suicidas, generalmente son producto de una gran angustia. Les atrae la idea del suicidio como una forma de acabar con su sufrimiento.
Pero hay niños que tienen pensamientos suicidas de un tipo muy diferente: pensamientos intrusivos de que deberían, o podrían, suicidarse. A estos niños no les atrae la idea del suicidio: les aterroriza. Además, sus visiones no deseadas de cometer un suicidio son una forma del trastorno obsesivo-compulsivo o TOC: ¿Y si saltara por esta ventana? ¿Qué pasa si salgo corriendo y me atravieso frente a este camión? ¿Y si tomo muchas pastillas?
Desafortunadamente para estos niños, sus obsesiones suicidas no siempre se reconocen como TOC. Enterarse de estos pensamientos suele ser una sorpresa para los padres y se preocupan de que sus hijos los pudieran llevar a la práctica.
Los profesionales clínicos también podrían asumir de manera equivocada que estos niños están en riesgo de realizar un intento de suicidio, y la prioridad pasa a ser evitar que se hagan daño.
“Muchos de estos niños que tienen obsesiones sobre el suicidio o acerca de lastimarse reciben el diagnóstico equivocado de depresión suicida”, explica Jerry Bubrick, PhD, psicólogo clínico que trató a muchos niños con TOC en el Child Mind Institute. “Muchos acuden a urgencias y, desafortunadamente, terminan pasando tiempo en hospitales psiquiátricos por tener pensamientos suicidas”.
El Dr. Bubrick agrega que este diagnóstico equivocado es lo que lleva a la hospitalización de niños con TOC con más frecuencia que cualquier otra cosa. “Hemos tenido caso tras caso de niños que llegan con nosotros habiendo estado en un hospital durante un período prolongado y que han recibido el diagnóstico de depresión suicida. Pero no tienen depresión: tienen TOC”.
La historia de una niña
Maisy tenía ocho años cuando, de camino a la escuela, le dijo a su madre que tenía un secreto. “Es realmente malo”, recuerda su madre, Kaitlyn, que le dijo su hija Maisy. “Yo le respondí: ‘Está bien, me gustaría saber tu secreto. ¿Me lo puedes decir?” Y ella dijo: “Mi cerebro me dice que necesito un cuchillo, y tengo que apuñalarme en el corazón y suicidarme”.
A diferencia de muchos niños en su situación, Maisy ya había sido diagnosticada con TOC.
Kaitlyn recuerda haberle preguntado de dónde creía que provenía la voz en su cerebro. “Ella dijo: ‘Creo que es ese TOC malvado en mi cerebro’. Le dije: ‘¿Cómo te sientes al respecto?’. Yo estaba tratando de determinar si sentía o no que realmente necesitaba morir. Ella dijo: ‘No quiero morir. Soy solo un niña’”.
Kaitlyn inmediatamente le reportó la conversación al psicólogo de la escuela y luego al terapeuta de Maisy.
“Nos hicieron venir esa misma tarde y la interrogaron de la misma manera que yo. ‘¿Cómo te hace sentir esto?’”, cuenta Kaitlyn. “Querían saber si ella tenía un plan para hacerlo. Ella dijo: ‘No, es solo la voz en mi cabeza la que me dice que necesito ir a buscar un cuchillo’. El médico dijo: ‘¿Cómo harías eso?’ Ella dijo: ‘No puedo, ni siquiera tengo permitido tocar los cuchillos’”.
Después de unos 45 minutos de preguntas, relata Kaitlyn, concluyeron que solo eran pensamientos intrusivos y que Maisy no quería morir. “Ella no quiere hacerse daño. Eso fue aterrador, pero aparentemente, es solo el TOC”.
Temores reforzados
Cuando padres o terapeutas confunden este tipo de TOC con una tendencia suicida real, el malentendido en realidad puede empeorar el TOC.
Si se hospitaliza a un niño por la creencia errónea de que en realidad tiene pensamientos suicidas, su familia recibirá instrucciones estrictas para mantener su seguridad, señala el Dr. Bubrick. “Quiten todos los cuchillos. No tengan cosas afiladas alrededor. Asegúrense de que alguien lo vigile todo el tiempo”.
En el caso de niños con TOC, estas precauciones intensas solo sirven para reforzar sus temores intrusivos de que se podrían lastimar. “Esto refuerza totalmente la necesidad de los niños de estar a salvo —explica—, así como la sensación de que el TOC es real”.
La respuesta es comparable a lo que sucedería si a un niño con TOC que le teme a la contaminación le dicen que efectivamente tiene un riesgo extremo de infección, que no debe tocar nada y, que si toca algo, debe lavarse las manos repetidamente, agrega el Dr. Bubrick. “Imagínate cuánto reforzaría esto el miedo del niño a la contaminación”.
Cómo funciona el TOC
Las obsesiones que se centran en el suicidio no son diferentes de otras obsesiones más conocidas. Los niños que se preocupan por la contaminación, por ejemplo, se lavan las manos obsesivamente, evitan tocar cosas que temen que les puedan enfermar, y buscan la confirmación reiterada de sus padres de que, por ejemplo, su comida no está contaminada, y que si la comen, no se van a enfermar.
Niños que tienen obsesión con el suicidio se preocupan por la posibilidad de hacerse daño, o a veces de lastimar a otras personas, y evitan las cosas y los lugares donde esto podría suceder, como cosas afiladas o balcones o el borde de las plataformas del metro. Y comunican sus preocupaciones a sus padres, confiesan fantasías suicidas y piden que les aseguren que esto no sucederá.
En lugar de recibir estos pensamientos suicidas como una salida a su dolor (como podría ocurrir en el caso de una persona con depresión), estos pensamientos resultan profundamente perturbadores para los niños y quieren que desaparezcan. “¿Qué me pasa? ¿Por qué tengo pensamientos suicidas? Amo mi vida. No quiero morir. No quiero tener este pensamiento.”
Sus preocupaciones son como otras formas del TOC, señala el Dr. Bubrick. “Si les preguntas a los niños: ‘¿Estás diciendo que vas a hacer esto, o te preocupa la posibilidad de que pudieras hacerlo?’ Si tienen TOC, dirán: ‘Me preocupa la posibilidad’. Justo de la misma manera en que otros niños podrían decir ‘me preocupa la posibilidad de contraer SIDA por haberme sentado en este punto rojo’, o ‘me preocupa la posibilidad de tener mala suerte si piso esta grieta’. Es solamente otro síntoma del TOC”.
Validación reiterada
Cuando una niña o un niño expresa pensamientos suicidas, por lo general su familia trata de transmitirles calma, por ejemplo, diciéndoles que en realidad no quieren (o no deberían querer) hacerse daño. “Están constantemente tranquilizando a sus hijos”, dice el Dr. Bubrick. “‘No, mi amor, por supuesto que no te quieres lastimar. No deberías pensar así. Tienes una gran vida’”.
Esta es una reacción natural de los padres: cuando un niño siente preocupación, lo que quieres es transmitirles el mensaje de que está a salvo y que lo que le preocupa no le hará daño. Pero uno de los aspectos más engañosos del TOC es que este tipo de validación en realidad puede perpetuar el trastorno. Esto se debe a que pedir la validación se puede convertir en una compulsión, o algo que los niños hacen para controlar su temor.
Después de ese tipo de tranquilidad, los niños se pueden sentir mejor en el momento, pero a largo plazo esto suele aumentar su ansiedad, y depender de esa reafirmación se puede convertir en un obstáculo en el proceso de recuperación.
Tratamiento para el TOC
En el caso de niños con TOC que centran sus temores en el suicidio, el tratamiento es el mismo que para otras formas del TOC. Los padres reciben capacitación para no ofrecer consuelo, ya que esto fortalece los temores. A los niños se les enseña a reconocer que sus miedos son su TOC hablando, así como a responderle al TOC en lugar de evitarlo.
En una forma de terapia cognitivo-conductual llamada exposición y prevención de respuesta se expone a los niños a los factores que desencadenan su temor y se les enseña a tolerar el miedo sin recurrir a la evitación o a pedir confirmaciones constantes. Con el tiempo, el miedo disminuye. El terapeuta podría llevar al niño a un balcón, o a la plataforma de un tren, o hacer que practique sosteniendo un cuchillo hasta que el miedo disminuya.
En cuanto a Maisy, cuyo TOC le decía que debía suicidarse, su madre reporta que los terapeutas le dijeron que ignorara esa voz en su cerebro y le respondiera. Le sugirieron que le contara a su TOC todas las cosas que ella les había dicho a los terapeutas: “¡No tengo permitido tocar cuchillos! ¡No quiero hacerme daño! ¡No quiero lastimar a nadie más! ¡Déjame en paz!
Preguntas frecuentes
A algunos niños que tienen pensamientos intrusivos sobre suicidarse les aterran esos pensamientos y no tienen en realidad planes de suicidio. Son niños que tienen TOC. Sus pensamientos intrusivos de suicidio son síntomas del TOC. No son distintos a otros pensamientos y miedos a los gérmenes o a pisar una grieta.
Si un niño con TOC tiene pensamientos suicidas, no trates de hacerlo sentir mejor con frases como: “No digas eso. Tienes una vida increíble. Claro que no quieres suicidarte”. Y no pienses que en realidad el niño quiere suicidarse. Si le diagnostican equivocadamente depresión suicida, no obtendrá el tratamiento que necesita para su TOC.
El tratamiento para niños con pensamientos intrusivos suicidas es el mismo que para otros síntomas del TOC. Se les enseña que sus miedos en realidad son el TOC hablándoles. También se les ofrece una terapia llamada exposición y prevención de respuesta. Se les expone gradualmente a aquello a lo que le temen y, poco a poco, los pensamientos que les asustan desaparecen.
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