Guía básica sobre el trastorno de adaptación

El trastorno de adaptación es una reacción inusualmente fuerte o prolongada a algún suceso estresante, como un divorcio, la muerte de un familiar o un cambio de casa o de escuela, lo cual provoca que los niños se depriman o sientan ansiedad, se peleen o no quieran ir a la escuela. Esta guía explica cómo reconocer los síntomas de un trastorno de adaptación, cómo se diagnostica y opciones de tratamiento.  

Trastorno de adaptación: ¿Qué es?

El trastorno de adaptación es una reacción inusualmente fuerte o prolongada ante un suceso perturbador.  El evento desencadenante puede ser un divorcio, la muerte de un familiar, una mudanza, cambio de escuela, ruptura o una gran desilusión en la vida. El niño con este trastorno tendrá dificultades para enfrentarse a sus emociones y puede deprimirse o sentirse ansioso, hostil, querer pelear o negarse a ir a la escuela, entre muchas otras posibles conductas.  El trastorno es una reacción a un suceso de gran importancia para el niño, sin importar qué tan significativo es para los demás. Los niños pequeños adolescentes e incluso a adultos podrían experimentarlo. 

Trastorno de adaptación: A qué estar atento

Si un niño experimentó un suceso estresante y, a partir de eso, no es el mismo de siempre, el niño podría tener un trastorno de adaptación. Las señales incluyen ansiedad o depresión anormales, problemas para conciliar el sueño o experimentar episodios de llanto frecuentes. Otras señales pueden ser no querer ir a la escuela, querer aislarse de la familia y de los amigos, sentirse irritable, o recurrir al vandalismo o a las peleas. Los sucesos estresantes que producen los trastornos de adaptación incluyen divorcios, cambios de casa o de escuela, rupturas de pareja o, para el estudiante perfeccionista, sacar malas calificaciones. Hay que estar alerta, en particular, con reacciones que se prolonguen más de lo que usualmente se espera y que interfieran en la vida diaria del niño de manera significativa.    

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Trastorno de adaptación: Factores de riesgo

Los niños que experimentan estrés grave con frecuencia tienen más probabilidad de desarrollar un trastorno de adaptación.  

Trastorno de adaptación: Diagnóstico

Para que un niño sea diagnosticado con trastorno de adaptación, debe haber experimentado un suceso estresante que lo haya molestado de forma inusual y tener dificultades para afrontarlo. Su angustia debe ser más grave de lo que normalmente se esperaría de un evento de este tipo, y causarle un deterioro significativo en las actividades académicas o sociales. Sin embargo, si estos síntomas han durado más de seis meses después del suceso estresante, no será considerado como trastorno de adaptación.  

Trastorno de adaptación: Tratamiento

El trastorno de adaptación es tratado principalmente con psicoterapia, aunque en algunos casos también se prescriben medicamentos para aliviar los síntomas.  

Psicoterapéutica: La terapia hablada es extremadamente efectiva en el tratamiento del trastorno de adaptación. Un terapeuta podría alentar al paciente a expresar sus emociones en un ambiente de apoyo y de manera constructiva, o sugerir que una reacción típica al estrés se le ha ido de las manos, pero que tiene el poder de controlarla. Otro objetivo de la terapia es enseñar formas más saludables para lidiar con situaciones estresantes futuras. Debido a que los trastornos de adaptación a menudo afectan a toda la familia, algunas sesiones pueden incluir la presencia de los padres o de otros cuidadores. Las terapias de grupo también pueden ser de mucha ayuda. Unas cuantas sesiones por lo general son suficientes para el tratamiento, aunque en ocasiones podrían llevar meses.  

Farmacológica:  Un doctor puede prescribir dosis bajas de medicamentos ansiolíticos o incluso neurolépticos para ayudar con los problemas de ansiedad y comportamiento. También podrían prescribirse antidepresivos para tratar la depresión o pensamientos suicidas. En la mayoría de los casos el tratamiento farmacológico es corto.  

Trastorno de adaptación: Riesgo de otros trastornos

Los adolescentes que no reciben tratamiento para su trastorno de adaptación tienen un riesgo más elevado de desarrollar depresión, ansiedad crónica y problemas de abuso de sustancias.