Guía básica sobre la bulimia nerviosa

La bulimia se caracteriza por una alimentación descontrolada que se compensa con purgas, ayunos o ejercicios extremos diseñados para mantener el peso. En esta guía aprenderá cómo reconocer la bulimia, cómo es diagnosticada y tipos de tratamiento.

Bulimia: ¿Qué es?

La bulimia nerviosa es un trastorno alimentario que se caracteriza por una alimentación descontrolada que se atenúa con el ayuno, el ejercicio extremo o la purga, evitando la comida mediante el vómito autoinducido u otros medios. Los niños con bulimia, a diferencia de los que tienen anorexia, suelen mantener un peso saludable, incluso pueden tener sobrepeso, pero la forma en la que lo hacen es menos saludable.

Al igual que la anorexia, la gran mayoría de las personas diagnosticadas con bulimia son mujeres, aunque se desconoce la prevalencia real en los hombres. Existe evidencia de que las normas sociales de apariencia propagadas a través de los medios de comunicación, el “ideal de belleza”, podrían contribuir a la prevalencia de la bulimia, que se manifiesta típicamente a finales de la adolescencia o principios de la edad adulta.

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Bulimia: A qué estar atento

Una niña con bulimia nerviosa puede parecer que tiene un peso saludable para su edad, y parecer que come normalmente. La bulimia es mucho más difícil de detectar que la anorexia, y mantenerlo en secreto es una faceta clave del trastorno. Pero hay señales a los que hay que prestar atención. Puede estar deshidratada y experimentar reflujo ácido por los frecuentes vómitos, junto con dolores de garganta, glándulas inflamadas y el deterioro de los dientes debido al contacto con los ácidos estomacales. Las ausencias repentinas de la cena o las salidas rutinarias al baño justo después de comer son indicios clave. Una imagen corporal poco realista también es un posible signo de bulimia, como en el caso de la anorexia. Los bulímicos suelen preferir los atracones y las purgas en privado.

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Bulimia: Factores de riesgo

Los niños con problemas de peso, baja autoestima y temperamentos depresivos o ansiosos son más propensos a desarrollar bulimia, al igual que los niños que han sido abusados sexual o físicamente. La obesidad infantil y la maduración temprana de la pubertad también ponen a los niños en riesgo. El trastorno es más común entre los niños con antecedentes familiares de bulimia, y es mucho más común en las niñas.

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Bulimia: Diagnóstico

La clave para diagnosticar la bulimia nerviosa es observar si una niña es comedora compulsiva (atracones de comida), lo que significa que consume mucho más en un período determinado que el promedio, y tiene una “sensación de falta de control” durante el episodio de atracón, que a menudo se describe como una especie de experiencia “fuera del cuerpo”.

El diagnóstico también requiere que compense el episodio de atracón de manera inapropiada, vómitos autoinducidos, uso de laxantes o diuréticos fuera de lo indicado, ayuno o ejercicio excesivo, y que su imagen de sí misma esté dominada por su peso corporal y su apariencia. El comportamiento de atracón y compensación debe presentarse en promedio una vez a la semana durante 3 meses.

Bulimia: Tratamiento

Psicoterapéutico: El manejo del comportamiento es el tratamiento de primera línea para la bulimia. Los profesionales abordan el peligroso y preocupante comportamiento de purga y se aseguran de que el paciente esté sano antes de pasar a intervenciones más duraderas.

La terapia cognitivo-conductual o TCC (CBT, por sus siglas en inglés) se emplea para alterar la imagen corporal y los hábitos alimenticios, enseñando a los pacientes de qué manera sus pensamientos se convierten en sentimientos y acciones no deseados e incluso perturbadores. La TCC es efectiva en un 50 a 60% de los casos tratados. También se emplea la terapia interpersonal, que se centra en cómo las relaciones del niño con otros afectan sus sentimientos y acciones.

Farmacológico: Si la terapia conductual no da los resultados deseados, los medicamentos antidepresivos, en particular los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o los ISRS, pueden tener resultados positivos.

Además, la educación nutricional puede ser necesaria para convencer a alguien con bulimia de los efectos desastrosos de su trastorno, y puede ayudarlo a corregir su comportamiento.

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Bulimia: Otras preocupaciones

Al igual que la anorexia, las conductas poco saludables asociadas a la bulimia pueden llevar a problemas médicos graves e incluso a la muerte. Las condiciones asociadas incluyen latidos irregulares e insuficiencia cardíaca, caries y problemas digestivos graves. Las personas con bulimia también tienen más probabilidades de convertirse en dependientes del alcohol y las drogas, incluyendo aquellas que pueden usar para purgarse, en comparación con otras personas.

Bulimia nerviosa: Riesgo de otros trastornos

Los niños con bulimia también corren un mayor riesgo de tener otros trastornos psiquiátricos, principalmente depresión, trastorno obsesivo-compulsivo y trastorno por abuso de sustancias.