Los miedos son una parte inevitable de ser niño: esconderse detrás del sofá durante una tormenta eléctrica. Estar seguro de que hay algo en el armario: ¡un monstruo! Realizar esas interminables gimnasias nocturnas: ¡Cinco minutos más! ¡Un vaso más de agua! para evitar acostarse solos.

Cuando estos temores se acumulan, es nuestro instinto natural como padres calmar y consolar. ¡No hay nada debajo de la cama, te lo prometo! Pero, de manera realista, los padres no pueden, y no deberían, estar siempre allí para ayudar a los niños a calmarse. Enseñarle a su hijo a manejar sus miedos sin la intervención de los padres lo ayudará a desarrollar la confianza y la independencia que necesitará para sentirse más en control y con menos miedo, tanto ahora como a medida que crece.

Autorregulación

Entonces, ¿cómo ayudamos a los niños a comenzar a sentirse más valientes? La clave es una habilidad invisible llamada autorregulación. La autorregulación es esencialmente la capacidad de procesar y manejar nuestras propias emociones y comportamientos de una manera saludable. Es lo que nos da la capacidad de hablarnos a nosotros mismos y calmarnos o sentir las cosas sin actuar en consecuencia.

La mayoría de los adultos practican la autorregulación sin pensarlo dos veces. Piense en sentir un poco de miedo antes de asegurarse de que realmente no hay nada de aterrador en una habitación oscura. Pero para los niños, desarrollar la autorregulación requiere tiempo, práctica y espacio para aprender, lo que significa que los padres se tienen que sentir cómodos dejando que los niños se sientan un poco incómodos a medida que resuelven las cosas.

No le tema a los miedos

“Tener miedo a veces es una parte normal y saludable del crecimiento”, dice Elianna Platt, trabajadora social del Child Mind Institute. Y, aunque lamentablemente a veces los niños enfrentan cosas que son realmente aterradoras, la mayoría de los miedos infantiles no representan una amenaza real: el “monstruo” en el armario es solo un abrigo viejo que ha querido donar, lo que significa que ellos realmente presentan una oportunidad ideal para que los niños trabajen en sus habilidades de autorregulación. Pero para que eso suceda, los padres primero tienen que enfrentar su propia ansiedad.

“Queremos dar a los niños la oportunidad de practicar situaciones difíciles”, dice Platt, “pero para muchos padres, es más fácil decirlo que hacerlo”. Cuando ve a su hijo angustiado, la respuesta natural es querer tranquilizarlo, especialmente si la solución parece fácil.

Aunque intervenir de inmediato puede ayudar a su hijo a tener menos miedo en ese momento (y sentirse mejor para usted), a la larga puede hacer que sea más difícil para él aprender a calmarse a sí mismo. “Si los niños reciben el mensaje de que mamá o papá siempre estarán allí para consolarlos, no hay muchos incentivos u oportunidades para aprender a hacerlo por ellos mismos”, señala Platt.

Cómo ayudar

Por supuesto, esto no significa retirar todo el apoyo. “No estamos hablando de meter a tu hijo en su habitación oscura y decirle: “¡Adiós! ¡Sé valiente! ¡Te veo en la mañana!”. El objetivo, dice, es guiar suavemente a los niños hasta que estén listos para tomar las riendas. Queremos proporcionar el andamiaje que necesitan para sostenerse por sí mismos”, dice la Dra. Rachel Busman, psicóloga clínica del Child Mind Institute.

Entonces, ¿cuál es la mejor manera de ayudarlos (sin ayudar demasiado)?

Ayude a su hijo a hablar sobre lo que lo asusta. Los niños pueden saber de qué tienen miedo, pero no siempre tienen las palabras para explicar. Hacer preguntas específicas puede ayudar. Por ejemplo, si un niño le tiene miedo a los perros, podría decir: “¿Qué hace que los perros den miedo?”. “¿Te sorprendió o derribó un perro?”. “¿Hay algún perro al que le tengas miedo?”. Una vez que comprenda mejor a qué le tiene miedo su hijo, tendrá una idea más clara de cómo ayudarlo a superarlo.

Algunos miedos comunes de la infancia son:

  • Estar solo
  • La oscuridad
  • Lo perros u otros animales grandes
  • Los insectos
  • Las alturas
  • Vacunas o ir al médico
  • Ruidos desconocidos o fuertes
  • Monstruos imaginarios: la “cosa” debajo de la cama, etc.

Valide lo que siente y siga adelante. Una vez que sepa cuál es el miedo, Diga a su hijo que cree lo que está diciendo, en serio. “Cuando un niño dice que algo da miedo, hay muchas posibilidades de que nosotros, como adultos, no pensemos que da miedo”, dice la Dra. Busman. “Pero siempre queremos comenzar validando sus sentimientos”. Por ejemplo, en lugar de decir ‘¡Ah, hijo, eso no daba miedo!’ o ‘No hay nada allí que dé miedo’ intente, “¡Guau, eso suena aterrador!” o “Sé que muchos niños se preocupan por eso”.

Una vez que haya ofrecido consuelo, es importante avanzar rápidamente, dice la Dra. Busman. “No queremos detenernos en ofrecer confort en torno a lo que da miedo, porque incluso eso puede convertirse en un refuerzo y adquirir vida propia”. En cambio, comience a hablar sobre cómo trabajarán juntos para ayudarlo a comenzar a sentirse más valiente y llegar al punto en que pueda manejar el miedo por sí solo.

Haga un plan. Trabaje con su hijo para establecer metas razonables. Por ejemplo, si generalmente necesita que usted se siente en la habitación con él hasta que se duerma, podrían acordar que al final de la semana intentará apagar la luz y quedarse dormido solo. Una vez que haya establecido el objetivo, hable sobre los pasos que tomará para alcanzarlo y sea paciente.

Por ejemplo, un plan podría ser:

  • Noche uno: Acuerden que leerá dos libros, apague las luces y encienda una lámpara  con luz tenue y luego siéntese en silencio con él (sin hablar ni jugar) hasta que se duerma.
  • Noche dos: Lea un libro, luego apague las luces y encienda la lámpara. Dejar la puerta entreabierta y estar afuera, pero no en la habitación.
  • Noche tres: Lea un libro, luego encienda la lámpara y cierre la puerta.
  • Noche cuatro: Lea un libro, luego apague las luces y cierre la puerta.

Ofrezca aliento y sea paciente. Finalmente, los padres deben recordar que el cambio lleva tiempo y el miedo es un sentimiento muy poderoso. Sea constante y elogie el arduo trabajo de su hijo: “Creo que fuiste muy valiente al quedarte en tu habitación durante media hora. ¡Veamos si puedes quedarte más tiempo mañana!”.

Hágale saber que cree que puede enfrentar sus miedos, incluso si aún no está tan seguro. “Decir cosas como, “¡Tú puedes hacerlo!’” o “¡Estás siendo tan valiente!” puede ayudar a que su hijo se sienta más seguro”, dice la Dra. Busman. Los niños, especialmente los más pequeños, pueden necesitar algunos intentos antes de que las cosas se normalicen, así que no se rinda si su hijo todavía está pidiendo ese tercer vaso de agua o se esconde de los perros en la calle, incluso después de que haya empezado a trabajar para desarrollar la valentía.

No todos los miedos son iguales

Ayudar a los niños a aprender a manejar los miedos que enfrentan regularmente, como tener miedo a la oscuridad o tener miedo de ir al médico, es esencial, pero no todos los miedos son iguales.

“Los temores que no interfieren con la vida de un niño no siempre necesitan superarse”, dice la Dra. Busman. Por ejemplo, si a un niño no le gustan las películas de terror, está bien. En realidad, puede ser un testimonio de sus habilidades de autodefensa, señala la Dra. Busman. “Al decidir, ‘no me gustan estos, no voy a mirar’ es que su hijo le avisa: ‘Este es mi límite’ y así defiende sus necesidades”.

Por otro lado, si los temores de su hijo son persistentes, demasiado intensos o comienzan a interferir con su vida diaria, podría ser el momento de buscar ayuda. Las señales de que un miedo puede ser algo más incluyen:

Preocupación obsesiva: Su hijo se obsesiona con el objeto de su miedo, piensa o habla de él con frecuencia, incluso cuando el desencadenante no está presente. Por ejemplo, estar terriblemente ansioso meses antes de su próxima visita al dentista.

Miedos que limitan la capacidad de su hijo para disfrutar de su vida o participar en actividades. Por ejemplo, negarse a hacer un viaje al parque con su clase al porque podría haber perros en el parque.

Temores intensos y específicos que causan discapacidad.

Las señales de ansiedad severa, como ataques de pánico, conductas compulsivas, comportamiento disruptivo o abandono de actividades, la escuela o la familia.

Si los temores de su hijo parecen ser algo más serio, haga una cita para hablar con un profesional para ver si necesita más ayuda.