El trastorno bipolar, también conocido como trastorno maníaco-depresivo, involucra ataques de depresión extrema y períodos de manía-euforia, poco criterio y actividades de toma de riesgos extremos en un ciclo que a menudo se debilita. El comienzo usualmente se produce en la etapa media a tardía de la adolescencia, aunque existen casos en niños.

Hasta que la revisión del DSM-5 apareció en 2013, los niños que eran crónicamente irritables y predispuestos a berrinches graves fueron diagnosticados con frecuencia como bipolares, aunque no experimentaban los episodios de manía que definen el trastorno. Estos niños ahora tienen diagnóstico de trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo (DMDD, por sus siglas en inglés).

Señales de manía:

  • Cambios drásticos en la personalidad
  • Excitabilidad
  • Irritabilidad
  • Seguridad excesiva en sí mismo
  • Sumamente activo
  • Pensamiento grandioso/delirante
  • Imprudencia
  • Necesidad reducida de sueño
  • Locuacidad aumentada
  • Pensamiento acelerado
  • Atención dispersa
  • Episodios psicóticos – ruptura con la realidad

Señales de depresión:

  • Estado de ánimo deprimido o irritable
  • Pérdida de interés o placer en lo que alguna vez disfrutó
  • Pérdida o subida de peso marcada
  • Necesidad reducida o aumentada de sueño
  • Tristeza prolongada
  • Intranquilidad
  • Letargo
  • Fatiga
  • Sentimientos de desesperanza, desamparo, inutilidad
  • Culpa excesiva o inadecuada
  • Evitar ir a la escuela
  • Evitar amigos
  • Pensamiento confuso o indeciso
  • Preocupación con la muerte, planes de suicidio o un intento de suicidio real
  • Episodios psicóticos – ruptura con la realidad

Tratamiento

La medicación es esencial para el tratamiento del trastorno bipolar, como lo es el involucramiento de toda la familia.

Farmacológico:

El medicamento de primera línea utilizado para tratar el trastorno bipolar es a menudo un estabilizador del ánimo como el litio y varios anticonvulsivos, los que en general son eficaces para tratar síntomas maníacos y para reducir la frecuencia y gravedad de los episodios tanto maníacos como depresivos. Se pueden recetar otros fármacos para tratar los síntomas como psicosis (antipsicóticos) o dificultad para dormir (fármacos contra la ansiedad).

Muchas personas con trastorno bipolar toman más de un medicamento y estos fármacos pueden tener interacciones complejas, que producen efectos secundarios significativos si no son monitoreados eficazmente por un médico experimentado.

Psicoterapéutico:

El trastorno bipolar se trata con frecuencia con la terapia cognitiva conductual además de medicamentos. La terapia cognitiva conductual (CBT, por sus siglas en inglés) ayuda a niños y adolescentes con el trastorno a comprender lo que desencadena sus episodios, cómo sus pensamientos influyen sus sentimientos, y cómo controlarlos y manejarlos. La terapia familiar a menudo se emplea para hacer participar a los padres y a otros miembros de la familia para hacer un seguimiento de los síntomas y de manejar los niveles de estrés en el hogar, que puede producir episodios.

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