Todos los niños tienen dolores de cabeza o de estómago de vez en cuando. Por ejemplo, cuando no duermen lo suficiente o después de haber comido demasiados dulces en Halloween. Pero cuando los niños se quejan de dolores de estómago o de cabeza con frecuencia, esto podría ser una señal de ansiedad.

Dolor de estómago en la mañana antes de la escuela. Dolores de cabeza cuando hay un examen de matemáticas programado. Sentir mariposas en el estómago antes de una fiesta de cumpleaños. Vomitar antes de un partido de fútbol. Estos síntomas físicos pueden ser la primera evidencia para un padre de que un niño está ansioso. De hecho, es posible que el niño ni siquiera sepa que está ansioso.

“Sobre todo con los niños que tal vez no puedan expresar verbalmente la razón por la que se sienten ansiosos, la forma en que se manifiesta su ansiedad puede ser a través de síntomas físicos”, explica Amanda Greenspan, LCSW, trabajadora social clínica en el Child Mind Institute.

Síntomas físicos de ansiedad

De hecho, la ansiedad se asocia a una serie de síntomas físicos, incluyendo dolores de cabeza, náuseas, vómitos y diarrea, así como también corazón acelerado, temblores o sudoración, síntomas que experimentan las personas mayores cuando tienen un ataque de pánico.

Todos estos síntomas físicos están relacionados con la respuesta de lucha o huida que se activa cuando el cerebro detecta peligro. Todos ellos tienen un propósito, señala Janine Domingues, PhD, psicóloga clínica del Child Mind Institute. Cuando la Dra. Domingues habla con los niños acerca de los dolores de cabeza o de estómago causados por ansiedad, les explica el papel de cada uno. Por ejemplo: “Te duele el estómago porque tu sistema digestivo se está cerrando para enviar sangre a otras áreas de tu cuerpo. No quieres estar digiriendo comida en ese momento porque estás tratando de huir del peligro o luchar contra él”. La Dra. Domingues les asegura a los niños que estos síntomas no son dañinos: son solo su sistema de emergencia que responde a una falsa alarma. Pero es importante comprender que los niños no necesariamente inventan sus síntomas, y que el peligro puede parecerles muy real. No asuma que un niño que pasa mucho tiempo en la enfermería de la escuela lo hace intencionalmente para salir de clase. Su ansiedad aguda puede estar causándole el dolor.

“Los dolores de cabeza y de estómago relacionados con la ansiedad siguen siendo sentimientos reales y queremos tomarlos en serio”, dice la Sra. Greenspan.

Consulte con su pediatra

Cuando un niño desarrolla un patrón de síntomas físicos antes de la escuela u otros momentos potencialmente estresantes, los expertos recomiendan que visite a su médico para descartar otras razones médicas. Pero si el niño está bien de salud, el siguiente paso es ayudarlo a establecer la conexión entre sus preocupaciones y sus síntomas físicos.

“Los ayudamos a comprender de una manera muy aceptable para los niños, que a veces nuestro cuerpo puede darnos pistas sobre lo que estamos sintiendo”, explica Greenspan.

Los padres pueden comenzar por validar la experiencia de sus hijos y explicar lo que sienten de una manera más útil. En lugar de decir a los niños que no les pasa nada, el objetivo es decirles que lo que sienten es preocupación.

“Le damos un nombre”, agrega la Dra. Domingues. “Los ayudamos a conectarlo con una emoción y a etiquetarlo”.

Y después de algunas prácticas, los niños pueden identificarlo, agrega. “Sí, me duele el estómago y, ah sí, recuerdo que es porque me siento preocupado”. Después de aprender algunas habilidades para ayudarlos a calmarse, pienso que obtienen una sensación de control. Y eso ayuda”.

¿Qué pueden hacer los padres para ayudar?

Lo primero que sugieren nuestros expertos es algo que los padres no deberían hacer o al menos tratar de no hacer: dejar que los niños eviten las cosas que les causan temor. Puede ser muy tentador cuando los niños se quejan de dolor de cabeza o dolor de estómago permitirles no ir a la escuela o saltarse la fiesta o el juego que los tiene preocupados. Pero evitarlo en realidad refuerza la ansiedad.

“Si les permitimos evitarlo, dice Greenspan, entonces no podrán aprender que pueden tolerarlo”. El mensaje debe ser: “Sé que duele, sé que es incómodo, pero sé que puedes hacerlo”. Otra cosa que los padres no deben hacer es preguntar a los niños con mensajes guiados cosas como: “¿Te preocupa el examen de matemáticas?”. Las preguntas deben ser abiertas para evitar sugerir que usted espera que ellos estén ansiosos: “¿Cómo te sientes con respecto al examen de matemáticas?”.

Si los problemas que tiene su hijo están interfiriendo en su capacidad para ir a la escuela de manera constante, o para concentrarse, participar en actividades y socializar con sus compañeros, podría haber desarrollado un trastorno de ansiedad que debería ser tratado por un profesional de salud mental. El tratamiento preferido por la mayoría de los médicos para los trastornos de ansiedad es la terapia cognitivo-conductual (conocida también por sus siglas TCC o CBT, por sus siglas en inglés). La TCC ayuda a los niños, desde los 5 años de edad a identificar su ansiedad y a aprender habilidades para reducirla.

Las técnicas que los médicos enseñan a los niños para calmar el cuerpo y la mente también pueden ser implementadas por los padres, para niños con síntomas más leves.

Técnicas para calmarse

Estas son algunas de las técnicas que los médicos enseñan a los niños ansiosos (adaptadas de la TCC y el entrenamiento de atención plena):

  • Respiración profunda: Tomar aire expandiendo el abdomen, conocido a veces como respiración abdominal, ayuda a los niños a relajarse al disminuir la respiración y reducir la frecuencia cardíaca, la presión arterial y las hormonas del estrés. También puede ayudar a relajar los músculos tensos del estómago.
  • Ejercicios de conciencia plena: Técnicas como enfocarse en lo que los rodea, lo que ven y escuchan, pueden ayudar a alejar a los niños de la ansiedad y a ayudarlos a poner los pies sobre la tierra en el momento.
  • Mecanismos de afrontamiento: A los niños se les enseña a “responder a sus preocupaciones”, explica Greenspan. “Pueden decir: ‘Me siento asustado y puedo manejarlo’”. O algo así como: “Soy más grande que mi ansiedad”.
  • Enfrentar la situación con anticipación: A los niños se les enseña que cuando tienen que hacer algo que los pone nerviosos, es útil anticipar que podrían sentir algo de incomodidad, y planificar lo que pueden hacer para contrarrestarlo. Sabiendo que sí pueden superarlo, la situación se volverá más fácil.
  • Aceptación: Esto implica reconocer el malestar sin combatirlo. “En lugar de tratar de alejar el sentimiento y deshacerse de él, explica la Dra. Domingues, les pedimos que se aferren a él, lo toleren y lo superen”.

El papel de los padres es clave

Es natural que los padres no quieran ver a sus hijos angustiados ni obligarlos a ir a la escuela cuando les preocupa que vomiten. Eso pone a los padres en un lugar difícil. “Lo que escuchamos de los padres es: ‘Sólo dejamos que se quede en casa un día, y un día llevó a tres meses’”, dice la Dra. Domingues. Es una pendiente resbaladiza: el niño puede pedir quedarse en casa cada vez más.

“Así que trabajamos mucho con los padres para encontrar el equilibrio entre ser permisivos con la ansiedad y ayudar al niño en el momento en el que está”, agrega. “Y también les compartimos frases que pueden usar para ser empáticos y alentadores al mismo tiempo. Por ejemplo: ‘Sé que esto es realmente difícil y sientes que estás enfermo. Pero también sabemos que esto es ansiedad y que puedes superarla”.

A veces, establecer un sistema de recompensas puede ayudar en la medida que brinda a los niños mucho refuerzo positivo para que superen su ansiedad.

Los padres también enfrentan el desafío de tener que tolerar su propia ansiedad por estar empujando a un niño que dice que se siente enfermo o preocupado por vomitar. “Si su hijo está angustiado y habla de no querer ir a la escuela o se siente enfermo o piensa que podría vomitar, entonces, usted como padre, también está ansioso de que eso pueda suceder”, dice la Dra. Domingues.

Trabajar con la escuela

La escuela juega un papel importante cuando los niños desarrollan síntomas físicos de ansiedad. Los médicos trabajan con la enfermera de la escuela, y a veces con el psicólogo o el consejero escolar, para establecer un protocolo que mantenga las ausencias del salón de clases lo más cortas posible. Por ejemplo, el tiempo de espera recomendado antes de empezar a alentar al niño a que regrese al salón podría ser tan breve como cinco minutos.

“Insistimos tanto como sea posible en que no se comuniquen con los padres o envíen al niño a casa si cuando dice que siente náuseas sabemos que se siente así porque está ansioso”, agrega la Dra. Domingues. En su opinión, cuanto más corto sea el descanso, es mejor, porque mientras más largo es el tiempo que están alejados de aquello que los hace sentir ansiosos, más difícil es lograr que regresen.

Este tipo de síntomas puede aparecer en una amplia gama de niños, pero son más comunes durante los años de la escuela primaria, señala la Sra. Greenspan. “A medida que los niños crecen y pasan a la adolescencia y la edad adulta, es más probable que manifiesten sus síntomas de ansiedad de otras maneras”.