Guía sobre el trastorno bipolar

El trastorno bipolar, también conocido como trastorno maníaco-depresivo, se caracteriza por episodios de depresión intensa y períodos de manía (euforia, falta de criterio y actividad de toma de riesgo extremo) en un ciclo a menudo debilitante.
Esta guía ofrece información sobre síntomas, diagnóstico y opciones de tratamiento para el trastorno bipolar.

Bipolaridad: ¿Qué es?

Las personas que tienen el trastorno bipolar, también conocido como trastorno maníaco-depresivo, presentan episodios de depresión intensos y períodos de manía (euforia, falta de criterio y actividad de toma de riesgo extremo) en un ciclo a menudo debilitante. El inicio generalmente ocurre durante la adolescencia media a tardía, aunque hay casos en niños. El trastorno bipolar se puede tratar, pero manejar los episodios de depresión y manía es un compromiso de por vida.

Los niños que eran crónicamente irritables y propensos a berrinches severos a menudo eran diagnosticados como bipolares, a pesar de que no experimentaban los episodios de manía que definen el trastorno. En la última edición revisada del DSM-5, estos niños ahora son diagnosticados con trastorno de desregulación disruptiva del estado de animo.

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Bipolaridad: A qué estar atento

Los adolescentes que tienen el trastorno bipolar mostrarán señales de depresión (tristeza prolongada, falta de afecto e interés en cosas que antes disfrutaban, dormir demasiado), y de manía (períodos de excitabilidad o irritabilidad, autoconfianza exagerada, incluso imprudencia). Para algunos, la aparición del trastorno bipolar está marcada por un episodio depresivo; para otros, es un episodio maníaco. El inicio también puede ser una forma menos severa y crónica de depresión llamada distimia o una forma más leve de manía llamada hipomanía. La duración y los intervalos entre los episodios depresivos y maníacos son muy variables, particularmente en personas más jóvenes.  

Una persona joven podría estar teniendo un episodio maníaco si su personalidad parece cambiar drásticamente, desarrolla un sentido inflado de sus habilidades, muestra un pensamiento de grandiosidad, comienza a dormir mucho menos de lo normal o se vuelve extremadamente enérgico, insensato y voluble. Los episodios psicóticos (rupturas con la realidad) pueden ocurrir durante episodios maníacos, así como en episodios depresivos severos. Durante un episodio maníaco, estos pueden incluir evaluaciones imposibles (puedo volar), o pensamientos delirantes. Para algunos, un episodio psicótico es la primera señal del trastorno. 

Si alguien ya tiene síntomas depresivos, es particularmente importante estar atento a los síntomas de manía. El trastorno bipolar con un componente maníaco inadvertido puede diagnosticarse erróneamente como trastorno depresivo mayor, ya que es mucho más probable que las personas busquen ayuda profesional cuando se ven atrapadas en un episodio depresivo. Cuando ocurre un episodio maníaco, un paciente a menudo está eufórico, muestra un juicio pobre y no puede darse cuenta de que su comportamiento es irracional. Pero la depresión y el trastorno bipolar no son lo mismo y deben tratarse de manera diferente.  

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Bipolaridad: Factores de riesgo

Los niños que tienen un familiar con el trastorno, tienen una probabilidad mayor de desarrollar trastorno bipolar. 

Bipolaridad: Diagnóstico

El criterio para un diagnóstico de trastorno bipolar se basa en la presencia de un episodio maníaco, aunque la gran mayoría experimentará depresión como parte del trastorno. 

Un episodio maníaco es un período sostenido de “estado de ánimo anormal y persistentemente elevado, expansivo o irritable” en un cambio distinto del funcionamiento normal, no solo “10 minutos de sentirse súper bien”, como dice un médico, sino un patrón de comportamiento. Algunos de los siguientes síntomas también suelen estar presentes: grandiosidad, disminución de la necesidad de dormir, hablar mucho más de lo “normal”, pensamientos acelerados, atención dispersa, impulso para lograr objetivos y conductas de riesgo. Estos síntomas deben interferir significativamente con las actividades normales (vida social, escuela, trabajo) o debe estar presente un episodio psicótico. 

Un adolescente en un episodio depresivo mayor mostrará un estado de ánimo deprimido o irritable la mayor parte del tiempo, o perderá interés o placer en las cosas que alguna vez disfrutó. Además, mostrará algunos de los siguientes síntomas: pérdida o aumento de peso marcados, dormir demasiado o muy poco, inquietud o letargo, fatiga, sentimientos de desesperanza, impotencia, inutilidad o culpa excesiva o inapropiada, pensamiento turbio o indeciso y una preocupación por la muerte, planes de suicidio o un intento de suicidio real. 

Esta sección describe la forma más grave de la afección, llamada trastorno bipolar I. Algunos también son diagnosticados con trastorno bipolar II, en el cual los episodios menos severos de hipomanía reemplazan los episodios maníacos. 

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Bipolaridad: Tratamiento

Los medicamentos son esenciales para el tratamiento del trastorno bipolar, como lo es la participación de toda la familia. La psicoterapia puede ser de ayuda para limitar y controlar los episodios maníacos y depresivos y sus consecuencias, que pueden afectar gravemente a una persona joven y a todos los que lo rodean. Incluso con un tratamiento eficaz con medicamentos, las personas con trastorno bipolar pueden tener “avances” o recaídas, por lo que es vital contar con una red de apoyo de familiares, amigos y profesionales que supervisen el comportamiento del joven.

Psicoterapéutico: La bipolaridad a menudo se trata con terapia cognitivo-conductual o TCC (CBT, por sus siglas en inglés) además de medicamentos. La TCC ayuda a los niños y adolescentes con el trastorno a entender qué es lo que desencadena sus episodios, de qué manera sus pensamientos influyen en sus sentimientos y cómo controlarlos y manejarlos. La terapia familiar a menudo se emplea para involucrar a los padres y a otros miembros de la familia en el seguimiento de los síntomas y el control de los niveles de estrés en el hogar, el cual puede provocar episodios.

Algunas otras terapias que han demostrado ayudar incluyen la “detección de pródromo”, que fomenta la detección temprana y la prevención de un episodio incipiente, y la terapia del ritmo social, que utiliza un programa diario codificado para evitar la manía o la depresión.

Farmacológico: El medicamento de primera línea utilizado para tratar el trastorno bipolar es a menudo un estabilizador del estado de ánimo. Esta clase incluye litio y varios anticonvulsivos, que generalmente son efectivos para tratar los síntomas maníacos y reducir la frecuencia y gravedad de los episodios maníacos y depresivos. Una persona joven diagnosticada con trastorno bipolar podría tomar litio por el resto de su vida.

Se pueden recetar otros medicamentos para tratar síntomas como la psicosis (antipsicóticos) o problemas para dormir (medicamentos contra la ansiedad). Si un estabilizador del estado de ánimo no aborda adecuadamente los síntomas depresivos, un médico puede recetar un antidepresivo, pero lo hará con extrema precaución y casi siempre junto con un estabilizador del estado de ánimo, ya que los antidepresivos pueden desencadenar un episodio maníaco.

Muchas personas con trastorno bipolar toman más de un medicamento y los medicamentos pueden tener interacciones complejas, lo que lleva a efectos secundarios significativos si un médico experimentado no los controla de manera efectiva.

Terapia electroconvulsiva: En algunos casos donde los medicamentos y la terapia no proporcionan el resultado esperado, se puede considerar la terapia electroconvulsiva o TEC (ECT, por sus siglas en inglés). Esta no es la antigua “terapia de choque”; en la TEC, el paciente es anestesiado brevemente mientras la corriente eléctrica pasa a través de una parte del cerebro. Esto provoca una convulsión, aunque haya muy pocas (o ninguna) señales externas de convulsiones, y ningún peligro para el paciente, al que también se le ha dado un relajante muscular. La TEC rara vez se usa en adolescentes, y hay poca información sobre su uso en niños prepúberes.

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Bipolaridad: Otras preocupaciones

Los niños y adolescentes con trastorno bipolar tienen un mayor riesgo de suicidio, que es tercera causa principal de muerte entre adolescentes y adultos jóvenes de 15 a 24 años. Nunca ignore las señales de conducta o ideación suicida, las cuales incluyen: cambios drásticos en los hábitos alimenticios, patrones de sueño o personalidad, abandono evidente de la apariencia personal, regalar pertenencias personales, felicidad repentina después de un período de depresión, y por supuesto, hablar de suicidio o de “irse” o “no ser más un problema”.

Si usted cree que su hijo o adolescente está en riesgo suicida, puede llamar a la Línea Nacional de Prevención del Suicidio al 1-888-628-9454 para español, 1-800-273-8255 para inglés o al 911 si hay una emergencia. No dude, el riesgo de suicidio en niños y adolescentes es real.

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