TOC: Señales de alerta

Los niños pequeños experimentan el TOC de manera diferente que los adolescentes y adultos. El trastorno se puede manifestar ya a los 5 años, sin embargo, un niño puede no ser consciente de que sus pensamientos y miedos son exagerados o poco realistas, y puede no ser plenamente consciente de por qué se siente llamado a realizar un ritual; sólo entiende que le da una sensación “perfecta”, al menos momentáneamente. Más tarde, surge lo que los profesionales llaman “pensamiento mágico”: aunque sepa que es disparatado, el niño se ve obligado, si se ha rascado el hombro izquierdo, a rascarse el hombro derecho, de modo que la madre tenga menos probabilidades de morir en un accidente de coche, por ejemplo. En cualquier caso, la respuesta es muy estructurada y repetitiva, haciendo que el niño parezca rígido y sujeto a reglas que interfieren con su funcionamiento normal. Y mientras todos los niños buscan el consuelo de los adultos, los niños y adolescentes con TOC formulan reiteradas preguntas sobre el futuro.

Las obsesiones en el TOC caen en una variedad de categorías: contaminación (gérmenes, residuos, fluidos corporales, químicos, etc.), simetría (sin la cual se atrae a la mala suerte), miedo al daño o responsabilidad por el daño (la casa se quemará, uno de los padres sufrirá un accidente), agresividad (puedo dañar al bebé), entre otras. Como las obsesiones pueden ser tanto impulsos como imágenes, la compulsión como respuesta a un impulso temido puede ser evitar el contacto o situaciones problemáticas o aislarse. Además, los rituales realizados pueden ser más mentales que físicos y pasar desapercibidos por los padres—e incluso por el niño