Este artículo ha sido publicado con permiso de fatherly.com, donde apareció por primera vez.

No hay clases. No hay citas de juego. No hay campamentos. No hay salidas a la alberca. El mundo, tal como lo conocen los niños, se ha volteado de cabeza completamente y ellos tienen una ansiedad justificada, lo demuestren o no. Hacer que se abran a esos sentimientos para que puedan ser abordados va a depender de los adultos a su alrededor. Se requiere delicadeza, curiosidad y un toque muy suave.

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“Nuestro trabajo como padres no es ofrecer certeza en un momento de incertidumbre. Nuestro trabajo es ayudar a los niños a tolerar la incertidumbre”, explica Jerry Bubrick, PhD, psicólogo clínico del Child Mind Institute.

Los niños no son tontos. Tampoco son ignorantes. Lo escuchan hablar de las noticias cada vez más graves sobre el COVID-19, ven los titulares en sus redes sociales y entienden que, en gran medida, las cosas que alguna vez disfrutaron ya no se pueden hacer. Jugar a epidemiólogo no va a funcionar. Los niños no necesitan respuestas específicas, necesitan una certeza mucho más grande de que son amados y que serán cuidados, certeza que hace que la ambigüedad del momento sea manejable.

Cómo validar sus sentimientos

“Queremos enseñarles cómo tolerar no saber algo. Usted debe permitirles que expliquen cómo se sienten y por qué, y puede ayudarlos a validar esos sentimientos diciendo cosas como: “Tengo preocupaciones similares. Hagamos una lluvia de ideas sobre cómo podemos mejorar las cosas”. Usted desea tener conversaciones con ellos y comparar notas en lugar de solamente dar respuestas”, dice el Dr. Bubrick.

Hacer que los niños participen en la resolución de problemas, independientemente de su edad, los hace sentir empoderados y que son parte de la solución. Pero como señala el Dr. Bubrick, si hace preguntas vagas, obtendrá respuestas vagas, incluido el temido “Estoy bien” (el callejón sin salida por excelencia de las conversaciones). El consejo del Dr. Bubrick es dirigir con curiosidad y hacer preguntas abiertas pero específicas:

  • ¿Qué aprendiste hoy?
  • ¿Qué escuchaste hoy que fuera interesante o divertido?
  • ¿Qué fue lo más divertido que hiciste hoy?
  • ¿Qué es esperas hacer mañana que te emociona?
  • ¿Cuál fue la parte más difícil del día?

“La hora de dormir no es el momento adecuado. Los niños comienzan a relajarse al final del día. Los niños ansiosos tienen más preocupaciones por la noche. No los lleve por el camino de más preocupaciones. Y no les hable de esto a primera hora cuando se despierten. Encuentre una hora del día, un tiempo neutral, cuando no haya habido una gran discusión. Busque un momento tranquilo”, dice el Dr. Bubrick.

Él sugiere tener conversaciones relajadas, ya sea durante la cena o mientras salen a un paseo en familia. Y él se basa en un enfoque simple pero inteligente que hace que las personas se abran.

“Con mis hijos, sugiero un juego que se llama como una rosa. Es un juego para romper el hielo y eso es lo nuestro. Comienza por modelar el juego. Hay tres componentes para la rosa. El pétalo: “Dime algo que te haya gustado hoy”. La espina: “Dime algo que no te haya gustado”. El capullo: “Dime algo que estás esperando en el futuro”. Usted tiene que modelarlo para obtener una respuesta”.

Ayudar a los niños a nombrar sentimientos

Si sus hijos no pueden expresar de manera elocuente cómo se sienten, use una tabla de sentimientos y vaya avanzando desde allí. Algunos niños de 5 años pueden explicar, con total claridad, qué cambió sus emociones y por qué. Mientras tanto, algunos adolescentes apenas pueden manejar una respuesta de dos palabras y no irán más profundo sin usted presionarlos un poco. Usted quiere que los niños sean lo más específicos posible acerca de lo que exactamente están sintiendo.

“Si puede nombrarlo, puede domarlo”, dice el Dr. Bubrick.

Su nota final es tan aplicable a los niños como a sus cuidadores adultos. No se salga de control. No se refiera a la situación como si todo fuera una catástrofe. Y recuérdeles a los niños que no, que sus amigos no tienen pijamadas secretas ni van al área de juego del parque a jugar. Todos estamos atrapados en casa.

“Queremos ayudar a los niños a permanecer en el momento. Es tan fácil quedar envuelto en lo desconocido. Todo lo que sabemos es lo que nos está sucediendo en este momento. Nos tenemos el uno al otro. Estamos conectados con nuestros amigos. Concentrémonos en eso. Nos ocuparemos de mañana, mañana”, dice él.

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