Haz que tu hija o hijo se sienta a salvo. Todas las niñas y los niños, desde quienes están en su primera infancia hasta quienes están en la adolescencia, se benefician de tu contacto: abrazos extra, besos o simplemente una palmada tranquilizadora en la espalda.
Guía
Cómo ayudar a niñas y niños a manejar un evento traumático
Qué aprenderá en esta guía
Después de un evento traumático, como un episodio de violencia o un desastre natural, tu apoyo y consuelo puede ayudar a niñas y niños a afrontar el trauma y manejar sus miedos, sentirse a salvo, dejarse guiar durante el proceso de duelo y recuperarse de una manera saludable.
Esta guía fue elaborada por profesionales en psiquiatría, psicología y salud mental que se especializan en situaciones de crisis. Ofrece consejos simples sobre qué esperar, qué hacer y qué buscar. Si tú o tu hija o hijo necesitan ayuda profesional en salud mental, no dudes en pedirle a tu médico familiar o a otro tipo de proveedor de atención de la salud que te recomiende a alguien.
Consejos para ayudar a niñas y niños después del evento
- Haz que tu hija o hijo se sienta a salvo. A todas las niñas y los niños, desde quienes están en su primera infancia hasta quienes ya están en la adolescencia, les viene bien el contacto físico contigo: caricias, abrazos o simplemente una palmada reconfortante en la espalda. Esto les brinda una sensación de seguridad, lo cual es fundamental después de un evento aterrador o perturbador. Para obtener información específica sobre qué hacer y qué decir, consulta la guía por edad.
- Actúa con calma. Tras un evento traumático, niñas y niños buscan un refugio reconfortante en las personas adultas a su alrededor. No hables acerca de tus temores con tu hija o hijo, o cuando te pudiera estar escuchando, y sé consciente del tono de tu voz, ya que niñas y niños perciben la ansiedad rápidamente.
- Mantén las rutinas tanto como sea posible. En medio del caos y del cambio, las rutinas les aseguran a niñas y niños que la vida volverá a estar bien. Trata de tener horarios regulares para comer y dormir. Si están sin hogar en este momento o acaban de mudarse, establece nuevas rutinas. Y mantén las mismas reglas familiares, como aquellas que tienen que ver con el buen comportamiento.
- Promueve la diversión. Anima a tu hija o hijo a realizar actividades y jugar con otras niñas y niños. Le hará bien distraerse y además le brindará una sensación de normalidad.
- Comparte información acerca de lo sucedido. Siempre es mejor conocer los detalles de un evento traumático de parte de una persona de confianza y en un ambiente seguro. Sé breve, habla con honestidad y permite que tu hija o hijo te haga preguntas. No asumas que le preocupan las mismas cosas que a las personas adultas.
- Elige buenos momentos para hablar. Busca oportunidades naturales de abordar el tema.
- Evita o limita la exposición a las noticias sobre el evento. Esto es especialmente importante con niñas y niños en su primera infancia y en edad escolar, ya que ver el recuento de los eventos perturbadores en televisión o en el periódico, o escucharlos por radio, puede hacer que parezca como si continuaran sucediendo. Cuando niñas y niños piensan que los eventos son pasajeros, se pueden recuperar con más rapidez.
- Sé consciente de que la forma de enfrentar la situación puede ser diferente en cada caso. Hay quienes querrán pasar más tiempo con sus amistades y familiares, mientras que en otros casos podrían querer pasar más tiempo a solas. Hazle saber a tu hija o hijo que es normal sentir enojo, culpa y tristeza, así como expresar sus sentimientos de maneras diferentes. Por ejemplo, una persona podría sentirse triste pero no necesariamente ponerse a llorar.
- Escucha atentamente. Es importante entender cómo ve tu hija o hijo la situación, así como aquello que le podría parecer confuso o inquietante. No es necesario dar un discurso, tan solo muéstrale tu comprensión. Hazle saber que en cualquier momento se puede acercar contigo a decirte cómo se siente.
- Promueve la relajación con ejercicios de respiración. Cuando sentimos ansiedad, nuestra respiración se torna más superficial. Las respiraciones profundas pueden ayudar a niñas y niños a calmarse. Puedes sostener una pluma o un poco de algodón delante de la boca de tu hija o hijo y pedirle que lo sople con una exhalación lenta. O puedes decir: “Inhalemos lentamente mientras cuento hasta tres, y luego exhalemos en tres”. O pídele que se recueste y coloca un peluche o una almohada sobre su vientre, luego observen cómo con cada inhalación y exhalación el peluche o la almohada sube y baja.
- Reconoce qué está sintiendo tu hija o hijo. Si una niña o niño te confiesa algo que le preocupa, no respondas con “no te preocupes”, porque eso puede hacer que se avergüence o sienta que le estás criticando. Simplemente confirma lo que estás escuchando: “Sí, entiendo por qué te preocupas”.
- Acepta que está bien responder “no sé”. Lo que más necesitan niñas y niños es alguien de confianza que escuche sus preguntas, acepte sus sentimientos y esté ahí para brindarles apoyo. No te preocupes si no sabes exactamente qué decir, después de todo, no existe una única respuesta que pueda hacer que todo esté bien.
Consejos para ayudar a niñas y niños a recuperarse de una manera saludable
- Ten en cuenta que las preguntas pueden continuar. Debido a que las consecuencias de un desastre pueden incluir situaciones que cambian constantemente, niñas y niños pueden tener preguntas en más de una ocasión. Hazles saber que estás disponible para hablar en cualquier momento. Necesitan procesar la información a su propio ritmo y las preguntas podrían surgir de la nada.
- Promueve las conversaciones familiares acerca de la muerte de una persona querida. Cuando las familias pueden hablar y sentirse tristes juntas, hay mayor probabilidad de que las niñas y los niños compartan sus sentimientos.
- No les asignes demasiada responsabilidad. Es muy importante no sobrecargar a niñas y niños con tareas, o darles tareas para personas adultas, ya que esto les podría causar mucho estrés. En lugar de eso, intenta bajar tus expectativas respecto de lo que pueden hacer en la casa y en la escuela, aunque es bueno que hagan al menos algunos quehaceres del hogar.
- Proporciona ayuda especial a niñas y niños con necesidades especiales. Es posible que en su caso requieran más tiempo, apoyo y guía. Tal vez tengas que simplificar el vocabulario que usas y repetir las cosas con frecuencia. También es posible que necesites adaptar la información según las fortalezas de tu hija o hijo. Por ejemplo, una niña o un niño con una discapacidad del lenguaje puede que entienda mejor la información si se usan materiales visuales u otras maneras de comunicación que le sean conocidas.
- Presta atención a señales de trauma. Es común que niñas y niños parezcan estar relativamente bien durante el primer mes. Después de eso, la sensación de anestesia desaparece y podrían experimentar más síntomas, especialmente quienes han presenciado lesiones o muerte, han perdido a alguien de la familia, experimentaron trauma previamente en sus vidas o están en un nuevo hogar.
- Reconoce cuándo se necesita pedir ayuda. A pesar de que la ansiedad y otros problemas pueden durar meses, busca ayuda de inmediato con tu médico familiar o un profesional de la salud mental si los problemas no disminuyen, o si tu hija o hijo comienza a escuchar voces, ver cosas que no están ahí, experimenta paranoia, ataques de pánico o tiene pensamientos de querer lastimarse o lastimar a otras personas.
- Cuídate. Puedes ayudar mejor a tu hija o hijo cuando te ayudas a ti. Habla acerca de tus preocupaciones con tus amistades y familiares. Podría ser útil formar un grupo de apoyo. Si formas parte de una iglesia o grupo comunitario, continúa participando. Trata de comer bien, toma suficiente agua, mantén las rutinas de ejercicio y duerme suficiente. La salud física protege contra la vulnerabilidad emocional. Para reducir el estrés, realiza ejercicios de respiración profunda. Si tienes ansiedad severa que interfiere con tu capacidad para funcionar de la forma habitual, debes buscar ayuda profesional en salud mental, y si no tienes acceso a especialistas de este tipo, habla con alguna persona de tu congregación religiosa. Reconoce tu necesidad de ayuda y consíguela. Hazlo por el bien de tu hija o hijo.
Cómo ayudar a niñas y niños de 0 a 2 años
Las y los bebés perciben lo que estás sintiendo y reaccionan en consecuencia. Si estás en calma, tu bebé sentirá seguridad. Si sientes ansiedad o te abrumas, tu bebé podría reaccionar con inquietud, tener dificultad para calmarse, comer o dormir de manera irregular o retraerse.
Qué puedes hacer:
- Intenta actuar de manera calmada lo más que te sea posible. Incluso si sientes estrés o ansiedad, háblale a tu bebé con una voz suave.
- Responde de manera consistente a las necesidades de tu bebé. La tarea del desarrollo a esta edad es confiar en sus cuidadores, de tal manera que puedan desarrollar un apego fuerte y saludable.
- Continúa amamantando si lo has estado haciendo. Aunque existe el mito de que cuando una madre experimenta una conmoción, su leche materna se pone mala y puede causar que el bebé se “retrase” en su desarrollo o tenga discapacidades del aprendizaje, eso no es cierto. Es importante continuar amamantando a tu bebé para que se mantenga saludable y con un vínculo fuerte contigo. Tú también necesitas mantenerte saludable para poder amamantar, así que haz todo lo posible por comer y tomar agua.
- Mira a tu bebé a los ojos. Sonríele. Mantén un contacto físico frecuente. Estudios han demostrado que el contacto visual, el tacto y simplemente estar en la presencia de una madre, ayuda a mantener balanceadas las emociones de las y los bebés.
Cómo ayudar a niñas y niños de 2 a 5 años
A pesar de que niñas y niños a esta edad realizan grandes avances en el desarrollo, todavía dependen de su mamá y papá para que les cuiden. Igual que como ocurre en la etapa de bebés, las niñas y los niños a esta edad generalmente responden a las situaciones según la reacción de su madre o padre. Si tú estás en calma y demuestras confianza, tu hija o hijo sentirá mayor seguridad. Si muestras ansiedad o te abrumas, podría sentir inseguridad.
Reacciones típicas en niñas y niños de 2 a 5 años:
- Hablar repetidamente acerca del evento o pretender “jugar” al evento.
- Hacer rabietas o tener estallidos de irritabilidad.
- Llorar o estar al borde de las lágrimas.
- Aumento en los temores, generalmente a la oscuridad, los monstruos o a estar a solas.
- Aumento en la sensibilidad a sonidos, como el de los truenos, el viento y otros ruidos fuertes.
- Alteraciones en la alimentación, el sueño y las visitas al baño.
- Creer que lo sucedido se puede revertir.
- Mostrar un apego excesivo a sus cuidadores y dificultad para separarse.
- Retroceder a comportamientos tempranos, como hablar como bebé, orinarse en la cama y chuparse el dedo.
Qué puedes hacer:
- Haz que tu hija o hijo se sienta a salvo. Carga, abraza y mima a tu hija o hijo tanto como puedas. Dile que tú cuidarás de ella o él si se siente triste o tiene miedo. En el caso de quienes están aprendiendo a hablar, usa frases simples como: “Mami está aquí”.
- Fíjate en lo que dices. A esta edad las niñas y los niños tienen los oídos siempre en alerta y podrían detectar tu ansiedad, malinterpretar lo que escuchan o sentir temor de manera innecesaria por las cosas que no entienden.
- Mantén las rutinas tanto como sea posible. Independientemente de tu situación de vida, haz todo lo posible por mantener horarios regulares para las comidas y para irse a dormir. Si no tienes vivienda en este momento o se han mudado recientemente, crea nuevas rutinas. Trata de hacer las cosas que siempre has hecho con tu hija o hijo, tales como cantar o rezar antes de que se vaya a dormir.
- Proporciona apoyo extra a la hora de dormir. Niñas y niños que han experimentado un trauma podrían sentir ansiedad durante la noche. Cuando tu hija o hijo se vaya a la cama, dedica más tiempo de lo habitual a conversar o contarle historias. Está bien permitir que niñas y niños de corta edad duerman contigo por un tiempo, pero en el entendido de que en el futuro regresarán al arreglo habitual para la hora de dormir.
- No les expongas a las noticias. Niñas y niños de corta edad tienden a confundir los hechos con los temores. Es posible que no se den cuenta de que las imágenes que ven en las noticias no están sucediendo una y otra vez. Tampoco deberían escuchar radio.
- Anímales a compartir sus sentimientos. Empieza por hacerles una pregunta simple del tipo: “¿Cómo te sientes hoy?”. Luego continúa cualquier conversación sobre el evento reciente con una historia favorita o una actividad familiar para ayudarles a sentir mayor seguridad y calma.
- Permite que tu hija o hijo te cuente la historia de lo sucedido. Esto le ayudará a asimilar el evento y manejar sus sentimientos. El juego a menudo se puede usar para ayudarle a enmarcar la historia y contarte lo sucedido en sus propias palabras.
- Dibujen. Niñas y niños de corta edad suelen expresar bien sus emociones con dibujos. Esta es otra oportunidad para darles explicaciones y consuelo. Para iniciar una conversación, puedes comentar acerca de lo que hayan dibujado.
- Si se portan mal puede ser una señal de que necesitan más atención. Ayuda a tu hija o hijo a nombrar cómo se siente: ¿Siente miedo? ¿Enojo? ¿Tristeza? Hazle saber que está bien que se sienta de esa manera, luego muéstrale la manera correcta de comportarse. Puedes decir: “Está bien sentir enojo, pero no está bien golpear a tu hermana”.
- Promueve que se involucren en actividades. La distracción es algo bueno para niñas y niños a esta edad. Súmate a sus juegos y organiza citas para que jueguen con otras niñas y niños.
- Habla acerca de cosas que están yendo bien. Aún en los momentos más difíciles, es importante identificar algo positivo y expresar esperanza en el futuro para ayudar a que niñas y niños se recuperen. Puedes decir algo como: “Todavía nos tenemos tú y yo. Estoy aquí contigo y me quedaré contigo”. Señalar lo bueno también te ayudará a ti a sentirte mejor.
Qué hacer para ayudar a niñas y niños de 2 a 5 años a sobrellevar la muerte de una persona querida:
- Háblales a su nivel. Usa experiencias similares para ayudar a niñas y niños a entender lo sucedido, como la muerte de una mascota o los cambios en las flores del jardín.
- Dales explicaciones simples. Por ejemplo, “cuando alguien muere, no podemos ver más a esa persona, pero todavía podemos verla en las fotos y recordarla”.
- Reconforta a tu hija o hijo. Es posible piense que lo sucedido de alguna manera es su culpa, hazle saber que no lo es.
- Espera repetición de preguntas. Esa es la manera en que niñas y niños de corta edad procesan la información.
Cómo ayudar a niñas y niños de 6 a 11 años
A esta edad, niñas y niños pueden hablar más acerca de sus pensamientos y sentimientos y manejar mejor las dificultades, pero todavía se acercan a su mamá y papá en búsqueda de consuelo y orientación. Al escucharles, les demuestras tu compromiso. Cuando pasan cosas aterradoras, ver que su madre y padre pueden seguir cuidándoles puede ser la cosa más reconfortante para una niña o niño que siente temor.
Reacciones típicas en niñas y niños de 6 a 11 años:
- Ansiedad.
- Aumento de la agresividad, ira e irritabilidad (como bullying y peleas con sus pares).
- Alteración del sueño y el apetito.
- Culparse por el evento.
- Mal humor o llanto.
- Preocupaciones sobre continuar recibiendo cuidado y protección.
- Miedo a un posible daño o a la muerte de personas queridas.
- Negar que el evento haya ocurrido.
- Quejas por molestias físicas, como dolores de estómago o de cabeza o letargo, que pueden ser a causa del estrés.
- Hacer preguntas de forma repetida.
- Negarse a discutir el evento (más típico entre los 9 y los 11 años).
- Aislarse de interacciones sociales.
- Tener dificultades académicas: problemas con la memoria y la concentración en la escuela o negarse a asistir.
Qué puedes hacer:
- Asegúrale a tu hija o hijo que está a salvo. Los hechos concretos les brindan seguridad a niñas y niños de esta edad. Usa palabras de la realidad, como huracán, terremoto, inundación, réplicas. El conocimiento les hace sentir en control de la situación y les ayuda a liberar su ansiedad.
- Mantén las cosas tan “normales” como puedas. Las rutinas de comer y acostarse ayudan a niñas y niños a sentirse a salvo. Si están sin hogar en este momento o se han mudado recientemente, establece nuevas rutinas y dale a tu hija o hijo la posibilidad de decir algo al respecto. Por ejemplo, permite que elija qué historia se leerá a la hora de dormir. Esto le dará una sensación de control en momentos de incertidumbre.
- Limita la exposición a la televisión, los periódicos y la radio. Mientras más se expongan niñas y niños en edad escolar a las malas noticias, más aumentará su preocupación. Las imágenes en las noticias pueden incrementar el trauma que ha causado el evento. Por lo tanto, cuando niñas y niños vean las noticias o las escuchen por radio, siéntate a su lado para que después puedan hablar al respecto. Evita que vean imágenes demasiado explícitas.
- Dedica tiempo a hablar con tu hija o hijo. Hazle saber que está bien que haga preguntas y exprese sus preocupaciones o su tristeza. Una manera de alentar la conversación es usar el tiempo que pasan en familia (como la hora de la cena) para hablar acerca de lo que está pasando en casa y en la comunidad. Pregúntale también qué han estado diciendo sus amistades, para que así te asegures de corregir cualquier información errónea.
- Responde a sus preguntas de manera breve pero con honestidad. Cuando niñas o niños plantean un tema, pregúntales en primer lugar qué piensan, para que puedas entender exactamente cuál es su preocupación. Usualmente hacen preguntas porque les preocupa algo en específico. Dales una respuesta que les dé tranquilidad. Si no sabes la respuesta a una pregunta, está bien que digas: “No lo sé”. No especules ni repitas rumores.
- Promueve que niñas y niños que no hablan saquen su voz. Puedes abrir la conversación al compartir tus propios sentimientos. Por ejemplo, podrías decir: “Esto fue algo muy aterrador. A veces me despierto en la noche porque estoy pensando en ello. ¿Cómo te sientes tú?”. Hacer esto ayuda a que tu hija o hijo sienta que no es la única persona que tiene preocupaciones o miedos. Pero no le proporciones demasiados detalles sobre tus propias preocupaciones.
- Mantén a las niñas y los niños haciendo algo. Es posible que las actividades diarias, como jugar con sus amistades o ir a la escuela se hayan interrumpido. Promueve que piensen en actividades alternativas y organiza grupos de juego con otras familias.
- Calma las preocupaciones acerca de la seguridad de sus amistades. Asegúrale a tu hija o hijo que las madres y los padres de sus amistades les están cuidando tanto como tú cuidas de ella o él.
- Habla sobre la recuperación de la comunidad. Hazle saber a tu hija o hijo que se están haciendo cosas para mantener su seguridad, o para restaurar la electricidad y el agua, y que el gobierno y los grupos comunitarios están ayudando, si esto aplica.
- Promueve que ayuden. Esto les dará una sensación de realización y de tener un propósito en un momento en el que podrían estar sintiendo desamparo. Niñas y niños menores pueden realizar tareas pequeñas en la casa y en el caso de quienes tienen mayor edad pueden contribuir en proyectos voluntarios en la comunidad.
- Encuentra esperanza. Niñas y niños necesitan ver el futuro para recuperarse. A esta edad aprecian las cosas específicas. Por ejemplo, en el caso de un desastre natural, podrías decir: “Personas de todo el país están enviando materiales médicos, comida y agua. Han construido lugares nuevos donde se atenderá a las personas heridas y construirán casas nuevas. Seguirá siendo difícil pero solo por un tiempo corto”.
Cómo ayudar a niñas y niños de 6 a 11 años a sobrellevar la muerte de una persona querida:
- Descubre qué está pensando tu hija o hijo. Haz preguntas antes de hacer suposiciones acerca de lo que quiere saber. Por ejemplo, puedes decir: “Me enojé tanto cuando murió la abuela. ¿Tú cómo te has sentido? Cuesta pensar en esto, ¿verdad?”
- Usa palabras reales. Evita los eufemismos o sinónimos de la muerte para intentar suavizar las cosas, como decir “se fue a un mejor lugar”. Niñas y niños en edad escolar se confunden fácilmente con respuestas vagas. En vez de eso, puedes decir: “La abuela ha muerto, no va a regresar y es normal que nos sintamos tristes por eso”.
- Habla de la manera más concreta posible. Usa dibujos simples para describir cosas como el cuerpo y las lesiones.
- Informa a tu hija o hijo. Hazle saber que el enojo y la tristeza son típicos en situaciones como esta, y que si evita esos sentimientos se puede sentir peor más adelante.
- Prepara con anticipación a tu hija o hijo para cambios en la rutina o el funcionamiento del hogar. Habla acerca de lo que significarán los cambios en su caso.
- Tranquiliza a tu hija o hijo. Ayúdale a entender que está bien, y que es normal, tener problemas durante este tiempo en la escuela, con sus compañeras y compañeros de clase y con su familia.
- Promueve conmemoraciones significativas. Oren en familia y lleva a tu hija o hijo a la iglesia para encender una vela. Tal vez quiera escribir una carta para la persona que ha fallecido o hacer un dibujo que puede colgar en la pared.
- Sé paciente. Niñas y niños hasta los 11 años pueden pensar que la muerte es reversible, y pueden tener problemas para aceptar el hecho de que la persona no puede regresar. Podrías tener que decir repetidas veces: “Murió, no va a regresar y estoy triste por eso”.
Cómo ayudar a niñas y niños de 12 a 18 años
La adolescencia es de por sí una época difícil, en la que niñas y niños atraviesan por muchos cambios en sus cuerpos. Quieren mayor independencia de sus madres y padres, y suelen sentir que nada les puede hacer daño. Los eventos traumáticos pueden hacerles sentir fuera de control, incluso si parecen ser fuertes. También se sienten mal por las personas que han sido afectadas por el desastre y tienen un firme deseo de saber por qué ocurrió el evento.
Reacciones típicas de niñas y niños entre 12 y 18 años:
- Evitar los sentimientos.
- Pensar constantemente en el desastre.
- Alejarse de amistades y familiares.
- Enojo o resentimiento.
- Depresión, y tal vez pensamientos suicidas.
- Pánico y ansiedad, incluyendo preocupación por el futuro.
- Cambios de humor e irritabilidad.
- Cambios en el apetito y/o hábitos de sueño.
- Dificultades académicas, como problemas con la memoria y la concentración, y/o rechazo a la escuela.
- Involucrarse en comportamientos riesgosos o ilegales, como tomar alcohol.
Qué puedes hacer:
- Haz que tu adolescente se sienta a salvo otra vez. A las y los adolescentes no les gusta mostrarse vulnerables. Podrían actuar como si estuvieran bien aunque no lo estén. A pesar de que es posible que se resistan a los abrazos, el contacto contigo les puede ayudar a sentir mayor seguridad. Puedes decir algo como: “Sé que ya estás grande, pero yo necesito darte un abrazo”.
- Ayuda a las y los adolescentes a sentirse útiles: Asígnales tareas pequeñas y responsabilidades en el hogar, luego felicítales por lo que han hecho y cómo se han manejado. No les sobrecargues con demasiadas responsabilidades, especialmente aquellas que son para personas adultas, ya que eso podría aumentar su ansiedad.
- Abre la puerta para la conversación. Es muy típico que las y los adolescentes digan que no quieren hablar. Trata de iniciar una conversación mientras hacen algo en conjunto, para que la conversación no se sienta demasiado intensa o agresiva.
- Considera los grupos de jóvenes de su edad. Hay adolescentes que podrían sentir mayor comodidad al hablar en grupo con otras personas de su edad, así que considera organizar uno. También promueve la conversación con otras personas adultas de confianza, como familiares o docentes.
- Limita la exposición a la televisión, los periódicos y la radio. A pesar de que las y los adolescentes pueden manejar las noticias de mejor manera que niñas y niños menores, quienes no se pueden despegar de la televisión o la radio podrían estar afrontando la ansiedad de maneras poco saludables. Cualquiera que sea el caso, habla con tu adolescente acerca de las cosas que ha visto o escuchado.
- Ayuda a que tu adolescente actúe: A esta edad quieren ayudar en la comunidad. Busca oportunidades de voluntariado que sean apropiadas.
- Presta atención a un posible consumo de sustancias. Las y los adolescentes están especialmente en riesgo de recurrir al alcohol o las drogas para calmar su ansiedad. Si tu adolescente ha estado actuando de manera reservada o parece estar en estado de ebriedad o haber consumido drogas, ponte en contacto con su médico. Y habla con tu adolescente de una manera amable. Por ejemplo: “Las personas a menudo beben alcohol o consumen drogas después de un desastre para calmarse o para olvidar, pero esas sustancias pueden causar más problemas. Otras cosas que se pueden hacer son ir a caminar, hablar conmigo o con tus amistades sobre cómo te sientes, o escribir tus expectativas y sueños para un futuro mejor”.
Cómo ayudar a niñas y niños de 12 a 18 años a sobrellevar la muerte de una persona querida:
- Sé paciente. Las y los adolescentes pueden sentir miedo de expresar sus emociones acerca de la muerte. Anímales a hablar diciéndoles algo como: “Sé que es horrible que la abuela haya muerto. He leído que es bueno compartir nuestros sentimientos. ¿Tú cómo te has sentido?”.
- Muestra apertura. Háblales acerca de las maneras en que tú sientes que la muerte puede estar influyendo en tu comportamiento actual.
- Sé flexible. Está bien tener un poco más de flexibilidad con las reglas en momentos como estos, así como con las expectativas académicas y de comportamiento.
- Conmemorar de manera significativa. Oren en familia, deja que tu adolescente vaya a la iglesia a encender una vela, e inclúyele en las ceremonias conmemorativas. También podrían hacer un homenaje familiar en casa.
Qué pueden hacer maestras y maestros para ayudar a sus estudiantes
- Retoma la rutina tanto como sea posible. Niñas y niños tienden a funcionar mejor cuando saben qué esperar. Regresar a la rutina de la escuela les ayudará a sentir que los eventos traumáticos no han tomado el control de todos los aspectos de sus vidas. Mantén las expectativas de tus estudiantes. No tiene que ser al 100%, pero es muy útil tener que hacer algo de tareas en casa y actividades simples en el salón de clases.
- Presta atención a señales de que una o uno de tus estudiantes necesita ayuda adicional. Cuando alguien no puede funcionar debido a sentimientos de tristeza intensa, miedo o enojo, es necesario buscar ayuda profesional en salud mental. Niñas y niños pueden sentir angustia, la cual se manifiesta en molestias físicas, como dolores de cabeza, dolores de estómago o fatiga extrema.
- Ayuda a tus estudiantes a entender más acerca de lo sucedido. Por ejemplo, puedes mencionar los distintos tipos de ayuda que han recibido, y dar ideas para sobrellevar el evento de manera positiva.
- Considera hacer un homenaje. Los homenajes con frecuencia son útiles para conmemorar a las personas y cosas que se perdieron. Deben ser breves y apropiados a las necesidades y rangos de edad de la comunidad escolar. Es probable que niñas y niños menores de cuatro años no tengan el nivel de atención como para participar. Alguien que conozca, ya sea la persona que le está cuidando, una amistad o familiar, debería acompañar a la niña o el niño durante el funeral o las actividades de homenaje.
- Reitera a tus estudiantes que el personal de la escuela se asegura de que todas las personas estén a salvo. Los temores de las niñas y los niños disminuyen cuando saben que las personas adultas de confianza están haciendo lo posible por cuidarles.
- Mantén la comunicación con las familias. Háblales acerca de los programas y actividades escolares para que se preparen para preguntas o conversaciones que podrían continuar en casa. Anima a las familias a limitar la exposición de niñas y niños a las noticias.
- Cuídate. Puede que te enfoques tanto en ayudar a tus estudiantes que te podrías descuidar a ti. Busca maneras en que tú y tus colegas puedan brindarse apoyo mutuo.
Señales de trauma en niñas, niños y adolescentes
- Revivir constantemente el evento.
- Tener pesadillas.
- Pensar que el mundo es generalmente inseguro.
- Sentir irritabilidad, enojo y tener continuos cambios de humor.
- Falta de concentración.
- Problemas alimentarios o de sueño.
- Problemas de comportamiento.
- Sentir nerviosismo si las personas se les acercan mucho.
- Asustarse con los ruidos fuertes.
- En niñas y niños menores, regresión a comportamientos previos, como apegarse excesivamente a sus cuidadores, orinarse en la cama o chuparse el dedo.
- Dificultad para dormir.
- Desinterés o distanciamiento de otras personas.
- Consumo de alcohol y/o drogas en adolescentes.
- Impedimento funcional: incapacidad para ir a la escuela, aprender, jugar con amistades, etc.
Preguntas frecuentes
Saber cuándo buscar ayuda. Aunque la ansiedad y otros problemas pueden durar meses, busca ayuda inmediata de tu médico familiar o de un profesional de la salud mental si no disminuyen, o si tu hija o hijo empieza a oír voces, ve cosas que no están ahí, experimenta paranoia, ataques de pánico o tiene pensamientos de querer autolesionarse o lastimar a otras personas.
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