La mayoría de los niños tienen rabietas o arrebatos emocionales ocasionales, pero cuando los niños tienen repetidas reacciones violentas, se comportan de manera desafiante o no pueden controlar su temperamento, esto puede afectar su desempeño en la escuela y causar serios disturbios familiares.

El primer desafío al ayudar a un niño a manejar su comportamiento de mejor manera es comprender por qué hace lo que hace. De la misma manera que un dolor de cabeza o la fiebre pueden ser causados ​​por muchas cosas, los estallidos frecuentes (que los médicos llaman “desregulación emocional”) pueden reflejar una serie de problemas subyacentes.

Es fácil llegar a la conclusión de que un niño que empuja, golpea o tiene rabietas está enojado, o se comporta de manera desafiante u hostil. Pero en muchos casos el comportamiento disruptivo, e incluso explosivo, proviene de la ansiedad o la frustración que pueden no ser evidentes para los padres o los maestros.

Estos son algunos de los diagnósticos asociados con el comportamiento disruptivo en niños. Es fundamental entender qué hay realmente detrás de los problemas de comportamiento infantil para poder tratarlos de manera eficaz.

El diagnóstico común: Trastorno negativista desafiante

Con frecuencia, se piensa que los niños que reaccionan con ira o que se niegan a seguir instrucciones tienen un trastorno negativista desafiante (ODD, por sus siglas en inglés), el cual se caracteriza por un patrón de comportamiento negativo, hostil o desafiante. Los síntomas del ODD incluyen que un niño pierda los estribos con frecuencia, discuta con los adultos, se moleste fácilmente o desobedezca de manera activa las solicitudes o las reglas. Para ser diagnosticado con ODD, el comportamiento disruptivo del niño debe manifestarse durante al menos seis meses. Sin embargo, hay otros problemas que pueden llevar a que los niños tengan una conducta desafiante o estén fuera de control en la escuela o en el hogar.

Trastornos de ansiedad

Los niños con trastornos de ansiedad tienen una gran dificultad para enfrentar las situaciones que les causan angustia. Cuando un niño con un trastorno de ansiedad no tratado se encuentra en una situación que le provoca ansiedad, puede tener una conducta desafiante, en un esfuerzo por escapar de esa situación o evitar la fuente de su miedo intenso.

Por ejemplo, un niño con ansiedad social aguda puede arremeter contra otro niño si se encuentra en una situación difícil. Los niños con el trastorno obsesivo-compulsivo o TOC pueden enojarse mucho y gritar a sus padres cuando no les brindan el consuelo constante y repetitivo que suelen utilizar para manejar sus miedos obsesivos.

Tendemos a asociar la ansiedad con niños retraídos que evitan las cosas que temen o que se aferran a sus padres, señala la Dra. Rachel Busman, psicóloga clínica del Child Mind Institute. “Pero también se pueden ver rabietas y verdaderas crisis emocionales”.

“La ansiedad es uno de esos diagnósticos que es un gran artista del disfraz”, explica la Dra. Laura Prager, directora del Child Psychiatry Emergency Service del Massachusetts General Hospital. “Puede parecer muchas cosas”. En especial, los niños que tal vez no tengan las palabras para expresar sus sentimientos o a quienes nadie los está escuchando pueden manifestar su ansiedad con una desregulación del comportamiento”.

TDAH

Muchos niños con el TDAH, especialmente aquellos que experimentan impulsividad e hiperactividad, puede que parezcan tener un comportamiento opositor de manera intencional Estos niños pueden tener dificultades para quedarse quietos, agarran cosas de otros niños, sueltan comentarios inapropiados, tienen dificultad para esperar su turno, interrumpen a otros y actúan sin pensar en las consecuencias.

Estos síntomas son más el resultado de sus habilidades de funcionamiento ejecutivo limitadas (su capacidad para pensar con anticipación y evaluar el efecto de su comportamiento) que de un comportamiento opositor intencional.

En un estudio reciente realizado por la Dra. Amy Roy de la Universidad de Fordham, más del 75 por ciento de los niños que presentaron estallidos de temperamento severo también cumplían con los criterios para el TDAH. Eso no significa necesariamente que hayan sido diagnosticados con TDAH. De hecho, el trastorno puede ser pasado por alto en niños que tienen un historial de agresión.

“Lo que las personas no entienden es que la falta de concentración, la incapacidad para completar el trabajo y tolerar el aburrimiento, entre otros síntomas, pueden contribuir a una escalada hacia estallidos explosivos”, explica el Dr. Vasco Lopes, psicólogo clínico. “Por lo tanto, se necesita llegar a la causa subyacente”.

Trastornos del aprendizaje

Cuando un niño se porta mal de manera repetida en la escuela, es posible que el comportamiento se deba a un trastorno del aprendizaje no diagnosticado. Supongamos que tiene una dificultad extrema para dominar las habilidades matemáticas, y trabajar infructuosamente en una serie de problemas lo hace sentir muy frustrado e irritable. O sabe que la siguiente asignatura es clase de matemáticas.

“Los niños con problemas de aprendizaje pueden ser maestros del engaño: no quieren exponer su vulnerabilidad. Quieren distraerlo para que usted no reconozca sus dificultades”, explica la Dra. Nancy Rappaport, profesora de la Facultad de Medicina de Harvard que se especializa en la atención de la salud mental en entornos escolares. “Si un niño tiene problemas con la escritura, las matemáticas o la lectura, en lugar de pedir ayuda o admitir que está atrapado, puede romper el papel con la tarea o comenzar una pelea con otro niño para crear una distracción”.

Prestar atención a cuándo ocurre el comportamiento problemático puede hacer que se revele un problema de aprendizaje, agrega. “Cuando padres y maestros están buscando las causas de la desregulación, es útil anotar cuándo sucede, para identificar las debilidades y obtener apoyo para los niños”.

Problemas de procesamiento sensorial

“Los niños que tienen problemas para procesar la información sensorial pueden tener un comportamiento extremo y en ocasiones disruptivo cuando sus sentidos están abrumados. Podrían hacer cosas como gritar si se les moja la cara, tener rabietas violentas cada vez que tratan de vestirlos, estrellarse contra las paredes e incluso contra las personas, y llevar cosas no comestibles, como piedras y pintura, a sus bocas.

Además de las rabietas y los cambios de humor, los niños con problemas de procesamiento sensorial también corren el riesgo de huir cuando un entorno se vuelve demasiado abrumador para ellos. La respuesta de “luchar o huir” puede activarse cuando los niños se sienten sobrecargados con información sensorial y sus reacciones de pánico pueden ponerlos en un peligro real.