El trastorno de tics motores o vocales persistente (crónico) se caracteriza por lo que parecen ser tics incontrolables, los cuales son movimientos o sonidos verbales repentinos, rápidos y recurrentes.

Si el niño tiene tics motores y vocales, se le diagnostica el trastorno de Tourette; si solo tiene tics motores o vocales, pero no ambos, se le diagnostica el trastorno de tics motores o vocales crónicos.

Un porcentaje muy pequeño de niños tienen coprolalia o cacolalia, que incluye decir obscenidades involuntariamente o hacer observaciones inadecuadas socialmente.

Síntomas del trastorno de tics motores o vocales persistente

  • Encogerse de hombros
  • Parpadeos
  • Morderse los labios
  • Muecas faciales
  • Carraspear
  • Canturrear, olfatear, resoplar o chillar

Un niño puede reportar una sensación incómoda en su cuerpo antes de que se produzca un tic; esto se llama “impulso premonitorio”.

Tratamiento y prognósis

El trastorno de tics motores o vocales crónicos se puede tratar con terapia conductual y/o con medicación.

Terapia conductual: El tratamiento conductual más conocido es una forma de terapia cognitivo-conductual o TOC, (CBT, por sus siglas en inglés) conocida como entrenamiento en reversión de hábito. Si un niño tiene un impulso premonitorio antes del próximo tic, se le enseña a reconocerlo y a identificar las situaciones que podrían desencadenarlo. El niño y el terapeuta desarrollan una respuesta “competente” (una acción que el niño realiza cuando siente el impulso) que es incompatible con el tic y menos evidente para otros. Por ejemplo, un niño cuyo tic incluye sorber por la nariz puede hacer un ejercicio de respiración en su lugar. También se les puede enseñar técnicas de relajación para reducir la frecuencia de los tics.

Farmacológico: Existen varios medicamentos que son comúnmente recetados para ayudar a controlar los síntomas del trastorno de tics, y un profesional experimentado debe monitorear cualquier línea de acción.