A menudo escuchamos que las mujeres se disculpan más que los hombres, y que hacerlo no siempre es algo saludable o efectivo. Recientemente, la comediante Amy Schumer hizo un sketch sobre mujeres líderes intelectuales en una conferencia, quienes estaban tan ocupadas disculpándose en el escenario, que nunca tuvieron la oportunidad de compartir su experiencia.

Disculparse puede ser algo bueno, una señal de que un niño es empático y tiene habilidades sociales desarrolladas. Pero decir demasiado que lo sientes puede resultar contraproducente.

Por ejemplo, cuando una niña empieza una frase diciendo: “Lo siento, pero…”, o “puede que me equivoque, pero…”, tal vez piense que está siendo educada, pero en realidad desautoriza lo que está a punto de decir. “En realidad está diciendo: ‘No me siento segura de lo que voy a decir o de mi derecho a decirlo’”, explica la Dra. Rachel Busman, psicóloga clínica del Child Mind Institute.

Entonces, ¿qué hace que las niñas sean propensas a disculparse, y qué pueden hacer los padres para ayudarlas?

Mensajes contradictorios

A medida que las niñas crecen, los mensajes que reciben sobre cómo es un “buen” comportamiento se vuelven más y más complicados y confusos. En su libro The Triple Bind, el Dr. Stephen Hinshaw explica que a medida que las niñas llegan a la adolescencia, se les pide cada vez más que se ajusten a lo que él considera “un conjunto de estándares imposibles”.

Una de las tareas clave de la adolescencia es lo que se llama “individualización”, o el proceso de convertirse en un individuo único, explica el psicólogo clínico Dr. Hinshaw. Los niños, dice, “son vistos tradicionalmente como que tienen más habilidades que conducen a la individualización: asertividad, confianza en sí mismos, expresividad y compromiso con sus intereses propios”.

Desde una edad temprana los niños son elogiados y animados cuando muestran comportamientos confiados y sin rodeos, como ganar un juego o subir a la rama más alta.

El Dr. Hinshaw explica que a las niñas se les dice que deben ser ambiciosas, inteligentes y exitosas. Pero para ellas, la instrucción llega con condiciones que dificultan la individualización:

  • Tengan confianza, pero no sean presumidas.
  • Sean inteligentes, pero a nadie le gusta una sabelotodo.
  • La ambición es buena, pero esforzarse demasiado es malo.
  • Sean asertivas, pero solo si no molesta a nadie más.

El enfoque en la empatía

Estos mensajes confusos reflejan el hecho de que a menudo se espera que las niñas sean empáticas e hiperconscientes de cómo sus acciones afectan a los demás. De hecho, un estudio (enlace en inglés) sobre hombres y mujeres en edad universitaria afirmó que ambos sexos se disculpan en igual proporción por aquello que consideraban un comportamiento ofensivo, pero las mujeres informaron haber cometido más ofensas que los hombres, lo que indica que su umbral de percepción de la ofensa era mucho más bajo.

Esto podría ser porque las niñas y mujeres están condicionadas a estar más conectadas con la forma en que su comportamiento afecta a los demás, y ser más responsables de ello. Esta conciencia empática complica los comportamientos asociados al éxito: ganar, dirigir y competir.

Por ejemplo, si un joven gana una carrera, es menos probable que piense en cómo su victoria pudo haber afectado a sus competidores, mientras que una joven puede ganar y alegrarse por ello, pero restarle importancia a su éxito porque se preocupa por los sentimientos del perdedor.

El Dr. Hinshaw explica que “las niñas son recompensadas más a menudo por enfocarse en los sentimientos de los demás, mientras que los niños son recompensados más a menudo por afirmarse a sí mismos”.

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El problema de las mandonas

Las niñas que no siguen estas reglas suelen experimentar una reacción social negativa. Una chica que es asertiva podría ser llamada mandona y una que muestra confianza en sus ideas, presumida. Aunque se les dice que trabajen duro, que salgan adelante y que tengan éxito, las chicas a menudo son humilladas, especialmente por parte de sus compañeras, si se muestran insistentes, demasiado seguras de sí mismas o muy atrevidas.

“Ninguna persona quiere ser vista como una mandona”, dice la Dra. Busman. “Así que puede ser tentador para una chica usar un lenguaje restrictivo para evitar ser vista en forma negativa por sus compañeros o por la autoridad”.

Las chicas comienzan a condimentar su lenguaje con disculpas y calificativos que convierten las frases en sugerencias y hacen que las peticiones se sientan menos exigentes. “Lo sé” se convierte en “no estoy segura, pero…”, “tengo una pregunta” se convierte en “lo siento, ¿puedo hacer una pregunta?”.

Identificar estos tics comunicativos es el primer paso para ayudar a su hija a usar un lenguaje más seguro. Estos son algunos a los que estar atentos:

Exceso de disculpas: Disculparse con demasiada frecuencia o cuando no hay un motivo real para hacerlo. Por ejemplo, una niña que se disculpa con una mesera por no estar lista para ordenar, o un “¡lo siento mucho!” automático al rozar el brazo de la persona que está a su lado en la clase.

Empezar las frases con “lo siento”: Esto hace que las niñas empiecen con el pie izquierdo desde el principio, dice la Dra. Busman. “Iniciar un comentario con una disculpa la pone inmediatamente en una posición inferior”, explica. “Deslegitimiza instantáneamente cualquier autoridad que tenga”.

Evasivas: Otra versión más imperceptible del lenguaje de disculpas es la “evasión”, que no es exactamente una disculpa, pero aun así expresa una falta de confianza. Ejemplos de evasiones comunes incluyen:

  • “Disculpe, ¿puedo preguntar…?”.
  • “Puede que me equivoque, pero…”.
  • “No lo sé, pero…”.

Entonces, ¿cómo pueden los padres ayudar a las niñas a aprender a hablar con más confianza?

Vigile su lenguaje

Lo primero que pueden hacer los padres es sintonizar con sus propios hábitos lingüísticos. “Los niños son grandes imitadores”, dice la Dra. Busman. Las niñas que escuchan a sus padres (especialmente a sus mamás) disculparse o usar lenguaje de evasivas son propensas a adquirir el mismos hábito. Estar atenta a su propio lenguaje será un ejemplo de lenguaje seguro, y le mostrará que usted quiere apoyarla a aprender a hacer lo mismo.

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Elogie la franqueza

Una de las razones por las que las niñas usan lenguaje evasivo o de disculpa es porque se siente más educado. Aunque se alienta a todos los géneros a tener buenos modales, a menudo se valora más la capacidad de las niñas de ser amables, educadas y obedientes.

No hay nada malo en ser amable, si la situación lo requiere, dice la Dra. Busman. “Decir ‘disculpe’ si realmente se está interrumpiendo una conversación es completamente razonable y muestra conciencia. Pero cuando empiezan las preguntas con un ‘disculpe’, sin estar realmente interrumpiendo nada, envían el mensaje de que sienten que necesitan permiso para expresar sus ideas”.

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En lugar de sobrevalorar la cortesía, ayude a su hija a centrarse en ser primero directa, y luego cortés. Usar un lenguaje claro demuestra confianza y hace más probable que su punto sea escuchado. Trabajen juntas para probar diferentes expresiones que sean educadas, pero directas. Por ejemplo, comparen las siguientes respuestas con un compañero de laboratorio que está teniendo problemas con una tarea:

  • Respuesta indirecta: “Lo siento, no soy realmente una experta, pero tal vez pueda ayudar”.
  • Respuesta directa: “Sé cómo hacerlo, ¿quieres que te enseñe?”.

La respuesta directa sigue siendo cortés, pero también comunica que se siente cómoda tomando la delantera y confía en sus habilidades.

Está bien no estar de acuerdo

Otra razón por la que las niñas matizan y se disculpan es para desactivar o evitar situaciones que podrían llevar a desacuerdos. Puede dar miedo comprometerse con una frase que a los demás no les agrade, pero aprender a sentirse cómoda con el desacuerdo y el debate la hará más resistente y le dará un conjunto de herramientas saludables para manejar la adversidad en el futuro.

Mantenga la disculpa en la realidad

Por supuesto que no todas las disculpas son innecesarias, pero es importante saber la diferencia entre las situaciones que requieren una disculpa real y sincera y las ocasiones en las que solo se pide perdón por costumbre. Empiece por pedir a su hija que tenga en cuenta por qué se está disculpando o siendo indirecta.

Por ejemplo, si tiene una pregunta durante una presentación en clase no hay razón para comenzar su declaración con “perdón, ¿puedo hacer una pregunta?”. Por otro lado, si interrumpe a un compañero de clase o habla fuera de turno, eso podría ser algo por lo que disculparse. Hacerla consciente de cuándo y por qué se está disculpando la ayudará a tener más confianza y a que sus verdaderas disculpas sean más significativas.

Herramientas para el futuro

Ayudar a su hija a dejar de lado las disculpas innecesarias y comenzar a usar un lenguaje claro y directo le dará una poderosa herramienta para el éxito en el futuro.

No importa con quién hable (amigos, profesores, compañeros de trabajo o incluso, eventualmente, los empleados de su propia empresa), el hecho de saber cómo comunicarse con confianza envía el mensaje de que está segura de sí misma, orgullosa de sus habilidades y cómoda para expresar sus ideas.

Y que no se arrepiente de nada.