En realidad no hay forma de suavizarlo: criar a una hija que tenga una actitud confiada, segura de sí misma, que se sienta cómoda con su cuerpo, no es tarea fácil en estos tiempos.  Desde que son pequeñas, las niñas son bombardeadas por los medios de comunicación y otros mensajes culturales que debilitan el tipo de imagen saludable, resiliente que usted quiere que desarrolle su hija. Pero los padres tienen una enorme influencia en la manera en que una niña se percibe a sí misma, y con el mapa correcto en la mano, usted puede alejar a su hija de las influencias y actividades que menoscaban su autoestima y dirigirla hacia aquellas que contribuyan a formar una imagen corporal realista y un fuerte sentido de sí misma. Estos son los principales desafíos que ella enfrentará en varios momentos de su desarrollo:

Los medios de comunicación

Imágenes de celebridades que son manipuladas digitalmente y modelos esqueléticas establecen estándares de belleza imposibles para las niñas, mucho tiempo antes de que puedan percatarse siquiera de que lo que están viendo en la televisión no es real. “Las imágenes que nos presentan de las mujeres están muy trabajadas para hacerlas parecer más altas y más delgadas”, señala Gavin Polone, veterano de la televisión y productor de películas (Jane By Design). “Y no se trata solo de estirarlas: hay efectos visuales para quitar las líneas de expresión e imperfecciones, y yo diría que actualmente la mitad o más de las mujeres en la televisión usan pelucas o extensiones”.

Es poco probable que las niñas dejen de ver televisión. Por eso es fundamental que los padres les enseñen a cuestionar y descifrar los mensajes que se transmiten. A Margaret Kahn, de 16 años, le gusta ver Gossip Girl, una serie de televisión donde chicas de preparatoria (high school) que se visten de manera provocativa tienen mucho sexo casual. Margaret, quien asiste a una escuela para niñas en la ciudad de Nueva York, dice que el programa está totalmente fuera de la realidad (“no conozco a nadie que use tacones para ir a la escuela”), pero sus argumentos tan interesantes califican como buena televisión. Su madre, Jessica, se opone a la forma en que se representa a las mujeres y al sexo en la serie, pero la ve junto con Margaret y su hermana para que después puedan conversar sobre lo que vieron. “El motivo por el que se los permito ver, dice Jessica, es porque para mí es muy importante que ellas se conviertan en consumidoras inteligentes de medios y quiero que estén conscientes de las distorsiones o representaciones nocivas de la realidad sin perder de vista la diversión”.

Como Margaret, muchas jóvenes dicen que son plenamente conscientes de que las representaciones de las mujeres que ven en la televisión y las modelos que ven en las revistas muestran estándares de belleza poco realistas, incluso poco saludables, y también de cómo debería ser el cuerpo de una mujer. ¿Pero estar plenamente conscientes significa que no se verán afectadas? Eso depende. “Los anunciantes y los medios mantienen vivo el mensaje”, explica Mary Rooney, una psicóloga clínica en el Child Mind Institute. “Si te ves así, entonces sentirás que eres valiosa. Si tienes estas cosas, entonces tendrás confianza en ti misma. Y creo que las adolescentes y las niñas en particular son vulnerables a este mensaje porque todavía no han definido quiénes son”.

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Las jóvenes se ven afectadas no solo por lo que ven, sino que también por lo que hacen, añade la Dra. Rooney. “Y mientras se mantengan las cosas a un nivel superficial: entre más tiempo pasen de compras o tratando de verse más atractivas o hablando sobre quién está saliendo con quién, menor será el tiempo que dediquen a actividades que realmente las harían desarrollar valores positivos esenciales y una percepción positiva acerca de sí mismas”. Todos los expertos que fueron consultados para este artículo hicieron énfasis en la importancia de hacer que las niñas se involucren en una actividad, ya sea deportes en equipo, teatro o un instrumento musical, en la que puedan expresarse y desarrollar su autoestima a partir del proceso de dominar una habilidad. Y además coinciden en que esto tiene que ocurrir lo más pronto posible.

Bella en rosa

Desde que tienen edad suficiente como para sentarse frente a una pantalla, a veces tan pronto como a los 2 o 3 años de edad, la mayoría de las niñas empiezan a consumir los “clásicos” de Disney, que a menudo tratan de una princesa o damisela en apuros, que de alguna manera está dormida o esperando a ser rescatada por un apuesto príncipe. “Y vivieron felices para siempre” literalmente significa casarse con él.

Quyen Mullin, de 11 años, empezó a notar que algo estaba muy mal en los mensajes que estaba recibiendo cuando tenía menos de 4 años. “Ella había sido la pequeña señorita princesa Disney”, dice su padre Mark. “Veía las películas una y otra vez”. Y entonces un día su mamá la llevó a una tienda de Disney cerca de casa, en Pasadena, California, para que escogiera un disfraz de Halloween, y todo cambió: “Quyen le dijo a su mamá que quería ser el príncipe Felipe, porque, como le dijo a su madre: ‘Él pelea con el Dragón, y lo único que hace la Bella Durmiente es dormir’”.

Las princesas de Disney no son los únicos modelos pasivos que se encuentran codificados y que se promueven en la cultura de las niñas. Si usted entra a cualquier tienda de juguetes ‘Toys “R” Us’, verá claramente cómo nuestra sociedad divide a las niñas y los niños, y qué es lo que creemos que cada género debería aspirar a hacer en el mundo”, dice Anea Bogue, autora de 9 Ways We Are Screwing Up Our Girls and How We Can Stop y creadora de REALgirl (enlace solo disponible en inglés), un programa de empoderamiento para las niñas. “Los pasillos en los que están los juguetes para niños se tratan todos de acción, de ser héroes o guerreros y salvar a otros. Los pasillos de las niñas son sobre todo de color rosa y se enfocan en verse ‘lindas’, en ser princesas o en jugar a la cocina”.

Y mientras que las fiestas de cumpleaños de los niños a menudo involucran algún tipo de deporte o actividad, Catherine Steiner-Adair, quien es psicóloga de Harvard y consultora escolar, dice que “ahora se ha vuelto muy popular que las niñas tengan fiestas de pedicure en la primaria, donde básicamente lo que se está diciendo es que el modo de celebrarte a ti misma es trabajar en tu apariencia y tu glamour”. No hay duda de que nuestra cultura tiene un código programado para las niñas. Los padres tienen que aprender a ver el código tal y como es y ayudar a sus hijas a aprender a descifrarlo por sí mismas.

La presión de ser amables

Mabel Hanson, una estudiante de séptimo grado, vive en Oshkosh, Wisconsin, y asiste al ALP (Accelerated Learning Program o programa de aprendizaje acelerado), que va del quinto al octavo grado. Mabel es inteligente, pero también se preocupa por su apariencia. “Trabajo duro para que mi cabello se vea bien”, dice. “Lo rizo todos los días”, y también se pone maquillaje para ir a la escuela todos los días. “Me pongo base, a veces sombra de ojos en colores neutros y rímel, todos los días. Me enorgullezco de mis enormes pestañas”. Dice que la mayoría de sus amigas también utilizan maquillaje de manera regular. Cuando se le preguntó para quién trataba de verse bonita, la respuesta fue inmediata: “Chicos. Definitivamente tratamos de vernos bien para los chicos. Y agrega: “Mi mamá es previsora, no puedes ir a la escuela viéndote como si acabaras de levantarte, siempre debes verte bien. Nunca sabes a quién te puedes encontrar”.

El programa Full of Ourselves que fue desarrollado por Steiner-Adair (enlace disponible solo en inglés) se propone enseñar a las niñas, no solo a ser críticas con los medios de comunicación, sino a dejar de buscar aprobación en fuentes externas (como los chicos), y en lugar de eso, mirar hacia dentro y encontrar su propia voz y sus propias fortalezas. “Si le preguntas a un chico, ‘dime cuatro cosas en las que destacas que no estén relacionadas con tu aspecto’, explica Stainer-Adair, ellos te dirán: ‘Soy buenísimo con los problemas de ciencia, soy bueno jugando como ala derecha en el equipo de hockey, soy bueno en esto, soy bueno en esto otro’. Si les preguntas a las chicas lo mismo, se ruborizan. No quieren contestar. Esto se debe a que las niñas crecen con un código que establece que si dices que eres buena en algo podrías lastimar los sentimientos de tu mejor amiga si resulta que ella no es buena en eso. Se ve como presumir, como tener demasiado carácter, demasiado seguras de sí mismas, en el mal sentido de la palabra”.

Cuando se le pidió a Ruby Bromberg, una niña de 9 años que asiste a la escuela P.S. 41 de Greenwich Village en la ciudad de Nueva York, y quien es una niña muy adelantada para su edad, segura de sí misma, con muy buena capacidad para expresarse de manera verbal, que mencionara las cuatro cosas que le gustaban de ella misma, se ruborizó y se quedó callada, incómoda por un momento. “No sé”, dijo. Finalmente se le ocurrieron dos cosas (“mis ojos” y “mi personalidad”), pero como se veía incómoda y decía que el ejercicio era “estresante”, no continuamos más con él. Ruby no fue la única. La mayoría de las niñas que fueron entrevistadas para este artículo tuvieron reacciones similares.

La presión de ser amables y los mensajes culturales de que las niñas “no deben hacer olas” o causar conflictos las coloca en una posición peligrosa cuando llegan a la adolescencia y tienen que lidiar con los chicos y el sexo. “Me preocupan las niñas en particular, porque están tan presionadas como los niños en cuanto a lo que deben lograr y a cómo deben comportarse, pero de ellas se espera además que sean lindas y amables”, dice Kathryn Crosby, coordinadora del Independent School Program para el Freedom Institute (enlace disponible solo en inglés). “La exigencia de ser amables para no herir sentimientos puede ser muy problemática cuando se trata de situaciones sexuales. La llamamos “la tiranía de ser linda y amable”, y es la razón número uno por la cual las chicas se prestan a tener sexo no deseado.

La pubertad

La pubertad en sí misma es probablemente el mayor desafío para la autoestima e imagen corporal de una niña. “A medida que las niñas maduran físicamente, dice Douglas Bunnell PhD, desarrollan más grasa corporal y eso es realmente un detonante de la menstruación. Entonces, en este sentido, lo que está vinculado al crecimiento y al desarrollo de las niñas en realidad es valorado de manera negativa por la sociedad”. El Dr. Bunnell, psicólogo clínico, director de Outpatient Services en la Renfrew Center Foundation (enlace disponible solo en inglés) y especialista en el tratamiento de trastornos alimenticios, enfatiza que es casi normal que las adolescentes pasen por un periodo en el que odian sus cuerpos.

Mientras que un gran porcentaje de niñas se involucra en algún tipo de desorden alimenticio (definido como cualquier cosa que vaya desde una dieta hasta atracones y purgas ocasionales), las niñas que desarrollan verdaderos trastornos alimentarios, dice el Dr. Burnell, tienen una predisposición a los mismos. “Nadie desarrolla un trastorno alimentario por los mensajes que recibe de los medios”, dice. Factores como la dinámica familiar, la genética y condiciones no diagnosticadas como ansiedad, depresión y TDAH pueden desempeñar algún papel. “Pero lo que sí sabemos con certeza es que la sexualización prematura de las niñas es un factor de riesgo para desarrollar trastornos alimentarios”, añade. “Y no hay duda de que existe una cultura que promueve un ideal de cuerpo delgado que ha sido internalizado. Es un factor poderoso, y no es que la cultura esté fuera de nuestras cabezas. Si crecemos en determinada cultura, ella terminará siendo la manera en la que nos evaluamos”.

No es solo que el cuerpo ideal sea un factor de riesgo en el desarrollo del trastorno alimentario, sino que constituye un peligro aún mayor para una niña que intenta recuperarse de anorexia. “Si tu objetivo es subir de peso y estás viviendo en un ambiente que está promoviendo lo opuesto de manera masiva, dice el Dr. Burnell, se necesitan muchos recursos para nadar contra corriente”.

Presión de los pares

Para muchas jóvenes, no son las celebridades y las modelos quienes las hacen sentir mal respecto de sí mismas, sino sus propios pares. “No me influyen las revistas y esas cosas, porque sé que todo está editado y es algo falso”, dice Katherine Dryer, de 16 años, de Menlo Park, California. “Pero cuando lo ves frente a ti, en otras chicas adolescentes, ahí es cuando me dan ganas de verme o actuar como ellas”.

Es un tema que se presenta pronto y con frecuencia. Ruby Bromberg dice que si ella pudiera cambiar algo de sí misma, sería su abdomen. ¿Por qué? “Es demasiado… quiero decir, no estoy gorda, pero no tengo el abdomen de mi amiga Izzy”, dice ella. “Mi amiga Izzy tiene un metabolismo realmente rápido, como la mayoría de mis amigas, y yo algunas veces me comparo con ellas, lo cual sé que no está bien”. Sin embargo, fuera de su abdomen, Ruby dice que está feliz tal como es.

Andrea Bauman no se siente así ni tampoco muchas de las chicas de su escuela en Evanston, Illinois. “Es angustiante pensar en lo que pasan tantas chicas cada mañana cuando se miran al espejo”, dice. “Tal vez te gustó cómo te veías ayer, pero no hoy, y lo odias y sientes que no vales nada por cómo te ves, y es terrible. Tengo que pasar tanto por esto. Tengo amigas que son hermosas pero tienen esta idea en la cabeza de que tienen que verse de cierta manera. Las consume. Las adolescentes tienen esta idea fija en su cabeza de que solo se puede ser feliz si eres hermosa y flaca. Ser flaca es súper importante. Jamás tendrás amigos si no eres flaca, y además nunca tendrás novio”.

Y el mensaje sobre cómo tienen que verse les llega todos los días en la escuela. “Todas las chicas populares son bellas y flacas”, dice Andrea. “Algunas veces los chicos hacen listas de quién es la más sexy. Puedes mantenerte al margen, pero cuando estás frente al espejo, todo lo que sientes es odio por ti misma, y no cabe otro pensamiento en tu cabeza”.

Las jóvenes como Andrea sienten la presión de sus pares por verse de cierta manera, pero la Dra. Rooney ve la presión de los pares como parte de un problema cultural mayor. “Los medios de comunicación y los publicistas perpetúan el mensaje de que serás popular y cumplirás este ideal y este estándar si te ves de cierta manera y adquieres ciertas cosas, dice la doctora, y se convierte en este mensaje omnipresente que la gente de nuestra cultura acepta”. Así que el mensaje general está ahí, que tienes que ser atractiva y tienes que tener la ropa más sexy. Pero donde ellas ven que realmente esto cobra sentido es con sus pares”.

Rooney dice que las adolescentes son particularmente vulnerables a la influencia que ejercen los medios de comunicación, los publicistas y sus pares, porque todavía están tratando de averiguar quiénes son, cuáles son sus valores y objetivos, y en quién quieren convertirse. “Los medios de comunicación, los publicistas y sus pares están listos para responder a esas preguntas de manera rápida y fácil”, explica la Dra. Rooney. “Si te ves así, entonces te estimarás a ti misma. Si tienes estas cosas, entonces te valorarás. Así que si ese es el único mensaje que están recibiendo es porque esos son los únicos lugares donde están buscando respuestas”.

Sexualización y “miniadultas”

Los niños en general crecen demasiado rápido, pero en años recientes nuestra cultura comenzó a sexualizar y cosificar a las niñas a una edad cada vez menor. “Muy recientemente hemos visto una disminución en la edad en la que las chicas están siendo vistas como mujeres miniadultas”, dice Steiner-Adair. “Ahora puedes conseguir tangas para niñas de cinco años. Puedes conseguir sujetadores para niñas de seis, siete y ocho años que tienen el pecho completamente plano”. El problema y sus consecuencias se han extendido tanto en la última década, que en 2007 la American Psychological Association o APA formó un grupo de trabajo sobre la sexualización de las niñas. “Si creces como una niña pequeña siendo prematuramente tratada como objeto, dice el Dr. Bunnell, eso comienza a crear una representación interna de ti misma”. El grupo de trabajo de la APA encontró investigaciones que vinculan la sexualización de las niñas con tres de los problemas de salud mental más comunes de las niñas y las mujeres: los trastornos alimentarios, la baja autoestima y la depresión.

Ahora usted ya sabe a qué se enfrenta. Suena aterrador pero hay mucho que puede hacer para poner a su hija en el camino correcto o para ayudarla en caso de que haya tomado un giro equivocado.

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