Oigo a los niños decir cosas negativas sobre ellos mismos todo el tiempo: “¡Soy tan estúpido!”.  “A nadie le caigo bien”. Y por supuesto: “Estoy gordo”. O “soy feo”.  A veces esos comentarios son una especie de anzuelos en busca de consuelo. Pueden ser inofensivos. Pero lo que los expertos llaman diálogo interno negativo también puede reflejar una tendencia poco saludable en los niños a pensar lo peor de sí mismos, y eso puede conducir a (o ser señal de) algo más serio.

¿Qué es el diálogo interno?

El diálogo interno es esencialmente nuestro monólogo interior, explica Rachel Busman, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute. Puede ser una manera de narrar lo que está sucediendo a nuestro alrededor, de practicar el lenguaje y de guiarnos a nosotros mismos a través de una tarea.

Si bien el diálogo interno suele ser constructivo, también puede ser lo contrario. Todos nos comportamos de forma autocrítica de vez en cuando, y no es motivo de preocupación urgente. Pero es útil analizar por qué su hijo podría estar hablando mal de sí mismo, y cuándo podría ser reflejo de un problema.

Generalizaciones

Los niños suelen hacer declaraciones acerca de sí mismos que reflejan un pensamiento de “todo o nada”, explica Lisa Brown, PsyD, psicóloga privada y en la Rodeph Sholom Day School en Nueva York. Esto ocurre por ejemplo cuando a un niño no le va bien en un juego de fútbol y dice: “¡Soy pésimo para el fútbol!”. Si este tipo de pensamiento persiste, dice, “puede afectar la forma en que los niños piensan y sienten sobre sí mismos de manera general”.

Perfeccionismo

“Los niños que establecen para sí mismos altos estándares imposibles de alcanzar, dice la Dra. Brown, son propensos a mantener diálogos internos negativos”. Estos perfeccionistas pueden ser tan duros con ellos mismos que se agotan intentando alcanzar sus metas.

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Demasiado “cool” para la escuela

A veces, las frases autocríticas como  “voy a reprobar ese examen” o “estoy tan gordo” pueden ser una forma de protección social. Para los niños mayores, en particular, “la esfera social se vuelve realmente importante”, dice la Dra. Busman. En ciertos círculos sociales ser inteligente puede no ser considerado algo popular o “cool”, y la obsesión por las apariencias puede ser una forma de encajar con los niños populares. O tal vez el niño está tratando de ganarle a los demás al ser el primero en hacer declaraciones negativas acerca de sí mismo.

Llamar la atención

“A veces, dice la Dra. Brown,  los niños pueden tener diálogos internos negativos en voz alta, en un intento por manipular a otros o en un esfuerzo por llamar la atención”. Por ejemplo, un niño puede tratar de hacer sentir mal a sus padres al decir que es un niño horrible que merece ser castigado.

Falta de resiliencia

En algunos casos, el pensamiento autocrítico puede ser un indicador de falta de resiliencia  o “determinación”, como la llaman algunos psicólogos. “Si los niños responden regularmente a las decepciones con un diálogo interno negativo desproporcionado en relación con las decepciones específicas, dice la Dra. Brown, esto puede llevarlos a evitar ciertas experiencias, así como a una falta de motivación para perseverar frente a las dificultades”.

Acoso o bullying

Cuando un niño está siendo acosado, puede ser que fácilmente empiece a internalizar los insultos dirigidos hacia él. Shawna Palomo, madre de una niña de 17 años, dice que el diálogo interno negativo de su hija comenzó cuando tenía 13 años. “Se burlaban de ella“, recuerda Shawna. “Después de un tiempo, empezó a creer todas las cosas malas que sus compañeros estaban diciendo sobre ella. Siempre decía lo fea que era”. Su hija se quejaba de que sus labios y su nariz eran demasiado grandes, su pelo demasiado rizado. “Es difícil ver a tu hija luchar contra esos demonios”, lamenta Shawna.

Cuándo preocuparse

Cuando el diálogo interno negativo ocurre de manera aislada, es algo natural y no es motivo de preocupación. Pero también puede ser muestra de baja autoestima, una discapacidad de aprendizaje, ansiedad o depresión. La Dra. Busman menciona algunas señales a las cuales estar atento:

  • El diálogo interno negativo es persistente y generalizado.
  • No se basa en la realidad. Por ejemplo, a su hijo lo invitan a una cita de juegos, pero aún así dice que no le cae bien a nadie. O, aunque siempre saca A en los exámenes de ortografía, sigue ansioso pensando que va a reprobar.
  • Está afectando las relaciones o el trabajo escolar del niño.
  • Los hábitos de alimentación y/o sueño de su hijo han cambiado.
  • Dice de manera persistente frases vagas como “no me siento bien” sin presentar síntomas físicos.

Shawna notó muchas de estas señales en su hija a medida que su diálogo interno negativo la iba conduciendo hacia la depresión. “A ella no le importaba su apariencia, luego pasó al otro extremo en el que su apariencia era lo único que le importaba. No hacía su tarea, perdió peso y quería permanecer en la cama todo el día”.

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Qué pueden hacer los padres para ayudar

Estas son algunas maneras de liberar a los niños de pensamientos negativos y alejarlos del diálogo interno destructivo:

Escuche y valide. Puede ser tentador ignorar a un niño cuando expresa por primera vez sentimientos negativos, pero la Dra. Busman dice que ella “recomendaría que este tipo de comentarios no sean nunca ignorados, aunque sean un poco tontos o no estén basados en la realidad”. En su lugar, ofrezca a su hijo un espacio seguro donde pueda plantearle sus preocupaciones, e intente averiguar qué está pasando.

Ofrezca un enfoque realista. Tanto la Dra. Busman como la Dra. Brown aconsejan no luchar contra el diálogo interno negativo con un “pensamiento positivo” excesivamente optimista, y recomiendan en cambio un enfoque más realista. En este sentido, si un niño dice que está seguro de que nadie le hablará en su primer día en una nueva escuela, usted no querrá decirle: “El primer día de escuela va a ser genial y vas a hacer un millón amigos”. En vez de eso puede decirle: “El primer día de escuela puede dar un poco de miedo, pero a medida que te sientas más cómodo, de seguro harás amigos y te va a encantar”.

Póngalo en contexto. La Dra. Brown señala que los adultos pueden ayudar a los niños a que “pongan en contexto su experiencia” y tengan una “perspectiva más amplia”. Ayúdelos a identificar específicamente lo que les molesta, explica Brown, o lo que los llevó a hacer una declaración autocrítica, así como a reconocer que una mala experiencia no equivale a ser pésimo en algo.

Dé el ejemplo con diálogo interno realista y positivo. Trate de dejar de decir cosas autocríticas sobre usted mismo, también. No se enfoque en los errores que ha cometido, ni exprese preocupación por su peso en voz alta. Queremos ser ejemplos de autoestima positiva para nuestros hijos. La Dra. Busman también sugiere contar historias de su propia vida para identificarse con su hijo. “Ya sea que se trate de un ejemplo adornado o totalmente basado en los hechos, dice, usted está sirviendo de modelo para aprender a lidiar con las situaciones sin ansiedad y con un diálogo interno más realista”.

Admita y corrija su error. La Dra. Brown también destaca que verse atrapado en medio de una declaración negativa puede servir para crear un momento de aprendizaje valioso. Digamos que quema algo y grita de frustración: “¡Soy una cocinera terrible!” Continúe la conversación delante de su hijo con algo como: “De hecho, soy una buena cocinera la mayor parte del tiempo, acabo de dañar este plato pero no voy a dejar que eso me impida cocinar en el futuro”.

Mantenga contacto con la escuela. Si su hijo está en la escuela, consulte con los maestros sobre lo que usted ha estado escuchando. Conocer su perspectiva puede ayudarlo a tener una imagen más completa. La Dra. Busman señala que este tipo de información también puede ser útil más adelante si usted termina decidiendo hacer que su hijo sea evaluado profesionalmente.

Busque ayuda profesional. Si el comportamiento es persistente y afecta negativamente la vida de su hijo, o si está vinculado a otros cambios preocupantes en su estado de ánimo y comportamiento, podría ser el momento de obtener una evaluación diagnóstica para ayudar a determinar lo que está causando el problema. La Dra. Busman llama a esto un “chequeo de salud mental”, y puede ayudar a determinar qué está pasando y cómo se puede tratar.