Todos estamos conscientes de que ser acosados de niños no es cualquier cosa. No solo porque causa un gran sufrimiento, también está relacionado con problemas emocionales a largo plazo y los niños que no tienen apoyo sólido de los padres parecen experimentar el daño más duradero.

Pero también sabemos que tener experiencias sociales dolorosas o embarazosas es parte del desarrollo, y que aprender a recuperarse de estas interacciones es una habilidad importante que los niños deben aprender.

Si nuestros hijos se quejan del bullying, necesitamos tomar sus quejas muy en serio, darles el apoyo y las herramientas para manejarlo e intervenir en su nombre cuando sea necesario. Pero no queremos enseñarles que cada experiencia negativa con sus compañeros es una forma de acoso escolar.

Los niños con los que trabajo dicen: “Estaba siendo acosado”. Y cuando describen lo que sucedió, algunas veces en realidad era solo una broma. Tal vez alguien les estaba haciendo pasar un mal momento y era difícil lidiar con ello. Pero no todos los incidentes maliciosos, rechazo u hostilidad son acoso.

¿Cuándo las burlas o la intimidación se convierten en acoso?

  • Cuando hay una diferencia de poder: el acoso es realizado por alguien en una posición de poder (puede ser en forma de fuerza física o popularidad) y está dirigido a alguien que es percibido como menos poderoso.
  • Cuando hay intención de causar daño: el acoso puede tomar la forma de un ataque físico o verbal, amenazando, difundiendo rumores o excluyendo a alguien de un grupo intencionalmente. No es inadvertido.
  • Cuando se repite: el comportamiento de acoso es un patrón continuo de acciones hostiles o abusivas dirigidas al niño que es el blanco de ataque.
  • Cuando causa daño: el comportamiento se convierte en acoso cuando perjudica el bienestar o el funcionamiento del niño que es el blanco de ataque.

Si su hijo le informa que ha sido acosado, mi consejo es que se lo tome muy en serio, porque, aunque no lo sea, es algo que realmente hirió sus sentimientos y está luchando con eso. Debe escuchar y expresar empatía sin tratarlo como si fuera frágil. Desea modelar una actitud de confianza de que juntos pueden resolver este problema.

Lo que no quiere hacer es expresar sorpresa, enojo y prometer de inmediato que irá a la escuela o que hablará con los padres del niño. Moderar su respuesta alienta a su hijo a abrirse.

Antes de dar consejos para el acoso, recopile los hechos

El primer paso es tratar de obtener una imagen detallada de lo que sucedió. Es difícil cuando se es padre o madre porque su estómago da un giro, sus instintos protectores se activan y solo quiere castigar al niño que ha herido los sentimientos de su hijo. Pero es más efectivo ser como un reportero: “Bien, ¿quién estuvo allí? ¿Qué está pasando? ¿Qué se dijo exactamente? ¿Qué hiciste? ¿Cómo te sentiste?”.

Usted está reuniendo toda la información, la evidencia de lo que sucedió. Los detalles son importantes, no con el propósito de invalidar los sentimientos de su hijo o minimizar lo que sucedió: “Bueno, eso no parece que fuera realmente tan malo”, sino para que usted pueda diseñar mejor sus estrategias.

Parte del objetivo de hacer preguntas es tener una idea de la estructura social.

Podría decir: “¿Era un gran grupo de niños? ¿Había muchos niños rodeándolo cuando él te dijo eso? ¿Es un niño realmente popular? ¿Qué estaban haciendo los otros niños? Y también le da una idea de lo embarazoso que pudo haber sido.

Estrategias sobre cómo manejar el acoso

Una vez que le haya preguntado a su hijo exactamente qué sucedió, aquí hay algunos consejos para el acoso que debe considerar:

  • Practique la confianza. Eso significa mostrar confianza tanto verbal como no verbal. Sugiérale a su hijo que intente ponerse de pie y decir: “¡No me hables así!” Puede ser útil escribir algunas cosas que su hijo podría decir y hacer un juego de roles: primero lo hace usted y luego deja que él lo intente.
  • Encuentre aliados. Sugiérale a su hijo que hable con sus amigos sobre las formas en que podrían manejarlo y las formas en que han manejado cosas similares. Puede que tengan algunas buenas ideas y hará que su hijo se sienta menos aislado.
  • Involúcrese. Las actividades en las que su hijo es bueno, que disfruta, son muy protectoras. Porque si está haciendo algo que disfruta y está progresando, no le importará tanto. La confianza que siente cuando está haciendo lo que le gusta se trasladará a entornos en los que está menos seguro.
  • Reclute a adultos. Si su hijo necesita un defensor adulto, considere comunicarse con un maestro o con el director de la escuela. Primero, trate de obtener el permiso de su hijo, diciéndole: “Realmente quiero llamar al maestro y pedirle que esté al pendiente de esta situación”. Si su hijo se opone firmemente, yo mantendría la opción abierta, diciendo:
    “No voy a hacerlo por ahora, y te lo diré antes de hacerlo”. Entonces, hay cierta percepción de control. Pero también le está enseñando una lección: “Mira, sí, puede ser vergonzoso, pero debes defenderte. Y la autodefensa es más importante”.
  • Monitoree los incidentes. Un incidente no es necesariamente acoso, pero debe darse cuenta si se está convirtiendo en un patrón. Dígale a su hijo que le avise si vuelve a ocurrir. Podría decir: “Quiero estar al tanto de esto y asegurarme de que lo resolvamos”.
  • Esté preparado. Es importante hablar sobre el acoso, incluso si no ha sucedido, de modo que, si lo hace, su hijo esté mejor equipado para reconocerlo y se sienta más cómodo para contárselo.
  • Cree una sociedad con el maestro. Dígale a la maestra de su hijo que espera que se ponga en contacto con usted cada vez que haya algo preocupante, y que espera que no le importe si usted hace lo mismo.