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Adolescentes y enojo

De qué manera pueden los padres modelar habilidades de afrontamiento saludables

Rae Jacobson

La ira de los adolescentes es una cosa de leyenda. El estereotipo del adolescente rebelde que voltea los ojos y da un portazo a menudo se utiliza como chiste, pero para los padres que se enfrentan a la realidad, no es nada divertido. Los estallidos amargos, cambios de humor imprevisibles y las frecuentes batallas por todo, desde la escuela hasta los amigos, pasando por la ropa y quién va a poner la mesa, pueden hacer que los padres se sientan como si siempre tuvieran que caminar de puntitas.

Y el enojo de los adolescentes está de moda. Porque, seamos sinceros, hay muchas cosas por las que los adolescentes pueden enojarse en estos momentos. La pandemia ha provocado un año de frustraciones e interrupciones. No hay escuela (bueno, la parte del trabajo, pero nada de la socialización), no hay salidas, no hay fiestas, no hay citas amorosas. Pasan interminables horas frente a las pantallas y están encerrados con la familia. Tienen estrés por entrar en la universidad. A esto hay que agregar los grandes problemas a los que se enfrentan los adolescentes: La lucha constante contra la injusticia racial, los temores sobre el cambio climático y la incertidumbre sobre lo que depara el futuro.

Está bien enojarse

La ira, dice Lauren Allerhand, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute, no es necesariamente algo malo. “La ira es una parte importante de nuestra vida emocional,– dice. –Pero la ira tiene mala fama porque los impulsos que la acompañan, gritar, pelear, ser poco amable con los demás, pueden ser destructivos y molestos”.

Los padres deben hacer un esfuerzo para no ver el enojo de los adolescentes como algo que hay que disipar o superar, sino como una parte normal de ser una persona. “Nuestro trabajo es ayudar a los niños a entender que está bien sentirse enojado”, dice. En las circunstancias adecuadas, como cuando nos sirve de impulso para luchar por el cambio social, la ira puede ser motivadora. “Estar enojado no significa que haya algo malo en ti, sólo significa que tienes que encontrar una manera de lidiar con esos sentimientos”. El objetivo, menciona, no debería ser impedir que los adolescentes sientan enojo, sino ayudarlos a encontrar maneras más seguras, menos dañinas e incluso productivas de expresarlo.

Encontrar formas saludables de procesar la ira puede ser un reto incluso para los adultos más maduros, en el caso de los adolescentes, la biología crea una capa adicional de dificultad. Aunque por fuera los adolescentes puedan parecer básicamente adultos (e insistir en que lo son), sus cerebros y cuerpos todavía están creciendo. “La corteza prefrontal, que es la parte de nuestro cerebro que se encarga de la resolución de problemas y el control de los impulsos, no se desarrolla completamente hasta mediados o finales de los veintes”, dice el Dr. Allerhand. Los adolescentes también están repletos de hormonas, como la testosterona y el estrógeno, los cuales pueden tener un impacto significativo en el estado de ánimo. Cuando los niños toman decisiones impulsivas o parece que reaccionan de forma exagerada ante pequeñas provocaciones, puede ser útil recordar que están biológicamente menos preparados que los adultos para manejar sentimientos abrumadores, como la ira.

Descifre la ira

Ayudar a los niños a aprender a hablar sobre las causas de su enojo puede ser muy importante. Es verdad que algunos enfados de los adolescentes pueden atribuirse a la tarea de separarse de los padres, que es apropiada para su desarrollo (aunque molesta para los padres: ¿Te gusta? ¡Lo odio!).

Pero la ira también puede revelar problemas graves. La irritabilidad, los cambios de humor o los arrebatos pueden ser síntomas de trastornos como la ansiedad y la depresión. Las reacciones a los traumas o a las experiencias negativas a las que los niños se sienten incapaces de hacer frente también pueden aparecer como estallidos de ira. Incluso las dificultades menos importantes, como los problemas en la escuela o los problemas con los amigos o las relaciones, pueden disfrazarse de ira, especialmente si los niños carecen de las herramientas necesarias para investigar y articular sus sentimientos.

Por lo tanto, ¿qué deben hacer los padres?

Acérquese

Si usted nota que su hijo adolescente está más enojado o irritable de lo habitual, no ignore el problema. En su lugar, hágales saber que ha notado que algo va mal e invítelos a hablar cuando estén preparados. “Me doy cuenta de que estás enojado. Me gustaría ayudarte. ¿Podemos tratar de hablar un momento?”. Si su hijo parece resistirse, dé un paso atrás y espere, dice Colin De Miranda, ACSW, trabajador social clínico del Child Mind Institute. “Deje la puerta abierta pero no la fuerce. En su lugar, le recomendaría decir algo como: ‘Veo que estás muy enojado en este momento y parece que no quieres hablar. Estaré en la otra habitación para cuando estés preparado’”.

Valide y muestre respeto

Cuando su hijo esté preparado para hablar, hágale saber que usted toma en serio sus sentimientos. “Lo más importante es la validación,– dice el Dr. Allerhand. –Nuestras emociones son una herramienta de comunicación. Permiten a los demás saber cómo nos sentimos y nos ayudan a satisfacer nuestras necesidades”. Los problemas de los adolescentes pueden parecer una tontería o un exceso de dramatismo para los adultos, pero para su hijo, los sentimientos que estos problemas provocan son reales y dolorosos. Cuando su hijo exprese su enojo por algo, tenga cuidado de no minimizar o desestimar el sentimiento. En lugar de ello, reconozca cómo se están sintiendo, “Eso parece muy molesto”, y haga todo lo posible por preguntar y escuchar sin juzgar ni tratar de “resolver” el problema.

También puede ser difícil no sentirse frustrado cuando la ira de su hijo adolescente, como suele ocurrir, va dirigida a usted. Pero incluso cuando los niños están siendo increíblemente difíciles, siguen confiando en que usted sea la influencia más calmada y les haga saber que lo que sienten le importa. Tomarse un momento para realmente reconocer su experiencia emocional también puede ayudar a calmar la situación, dice el Dr. Allerhand. “Es difícil seguir enojado cuando alguien dice sinceramente: ‘Entiendo cómo te sientes. Estoy aquí para ayudarte’ ”.

Examínese a usted mismo

Pero seamos realistas. Es difícil dar lo mejor de uno mismo cuando se está bajo presión. A nadie le gusta que le griten o que le cierren la puerta en la cara. Los padres son humanos y los adolescentes pueden ser exasperantes. Es normal sentirse frustrado, confundido o, ya sabe, furioso. Pero los niños (sí, incluso los adolescentes) se fijan en los padres para saber cómo comportarse. Y, como ocurre con gran parte de la crianza, ayudar a los niños a aprender las habilidades que necesitan para hacer frente a la ira consiste más en mostrar que en decir.

“Una cosa que suele ser muy difícil de reconocer para los padres cuando intentan controlar la ira de sus hijos es el papel que desempeñan sus propias emociones”, dice De Miranda. Esto no significa que los padres no puedan, o no deban, enfadarse, comenta. “Pero sí significa que la forma en que se maneja cuando se enfada es una parte importante del mensaje que se envía”.

Para responder con eficacia, sobre todo cuando se siente frustrado, es fundamental que se controle a sí mismo.

  • Sea consciente de su lenguaje corporal y su tono. La forma de decir las cosas puede ser tan importante como lo que se dice. Por ejemplo decir, “Lamento que te sientas tan frustrado” suena bien sobre el papel, pero si lo dice con los dientes apretados es poco probable que obtenga una buena respuesta.
  • Practique habilidades de conciencia plena, como respirar profundamente, contar hasta diez o dar un paseo para despejar la mente. Y deje que su hijo adolescente lo vea hacerlo.

Tómese un descanso

Puede ser tentador lanzarse con todo a una discusión, pero siendo realistas, nadie está en su mejor momento cuando está enojado. Si usted o su hijo adolescente están luchando para mantener su temperamento durante un intercambio, no lo presione. En lugar de eso, modele las habilidades de afrontamiento saludables al elegir tomar un descanso hasta que se hayan calmado. Sea abierto y claro sobre la razón por la que ha interrumpido la conversación. Por ejemplo: “Sabes, realmente quiero hablar de esto contigo, pero me doy cuenta de que estoy demasiado frustrado y no va a ser productivo en este momento. Vamos a tomarnos un tiempo para calmarnos y volveremos a hablar cuando estemos más tranquilos”.

Vuelve a retomar la conversación cuando ambos se sientan menos alterados. No sólo se estará dando a usted mismo, y a su hijo adolescente, una mejor oportunidad de decir lo que realmente quiere, sino que también estará demostrando el valor de aprender a reducir la tensión.

Cuándo buscar ayuda

El enojo, la frustración, la irritación e incluso la furia son parte normal del ser humano. Y los adolescentes son propensos a tener sentimientos intensos, pero si la ira de su hijo tiene un impacto negativo y desmesurado en su vida, puede ser el momento de buscar ayuda.

“Siempre que haya una violencia constante o una agresividad constante que no se pueda reprimir o que no esté necesariamente correlacionada con el estímulo, por ejemplo, si las explosiones son realmente desproporcionadas para lo que está ocurriendo, son señales de alarma”, dice De Miranda. De igual manera, la ira que parece surgir de la nada o que es persistente, independientemente de lo que ocurra, puede ser una señal de algo más serio.

“El umbral de cada persona será diferente,– dice el Dr. Allerhand. –Pero si la ira de un niño está impactando su capacidad para funcionar, o tiene un impacto serio en la familia en general, o hay preocupación por el daño físico, como engancharse en peleas o hacerse daño a sí mismo o a otros, es cuando es el momento de buscar ayuda externa”.

Recuerde lo bueno

Dicho esto, nuestros profesionales clínicos advierten a los padres que recuerden que este último año ha sido inusualmente difícil para los adolescentes (y para todo el mundo) y que nuestra capacidad colectiva para hacer frente al estrés se ha visto sometida a una gran presión.

“A todos nos vendría bien practicar un poco de aceptación,– dice De Miranda. –Esta ha sido una época muy difícil, sobre todo para los adolescentes. Creo que es muy importante que los padres reconozcan que, aunque no lo parezca, sus hijos lo están intentando. Y que, aunque puedan estallar, tiene más que ver con el desarrollo de su cerebro y su capacidad para controlar las señales químicas, y la extraordinaria cantidad de estrés a la que todos nos hemos enfrentado, que con cualquier otra cosa”.

Puede ser fácil, dice, que los padres se centren demasiado en lo malo y en las locuras, y se olviden de honrar los buenos momentos. El Dr. Allerhand está de acuerdo. “Algo sencillo que podemos hacer es recordar que todos estamos haciendo lo mejor que podemos, dada la situación actual y nuestras habilidades”.

Encontrar maneras de dar un poco de espacio y un poco de gracia, y ser intencional en el reconocimiento y el disfrute de los buenos momentos con su hijo adolescente, los ayudará a ambos a sentirse más conectados y les dará a los dos algo a lo que volver cuando los estallidos inevitablemente sucedan.