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Niños furiosos: Cómo lidiar con la conducta explosiva

Cómo responder cuando un niño arremete con violencia

Cuando un niño, incluso un niño pequeño, pierde el control y se vuelve agresivo, puede representar un riesgo grave para sí mismo y para otros, incluidos los padres y los hermanos.

No es raro que los niños que tienen problemas para manejar sus emociones pierdan el control y dirijan su angustia a un cuidador, gritando y maldiciendo, lanzando objetos peligrosos, o golpeando y mordiendo. Puede ser una experiencia aterradora y estresante para usted y también para su hijo. Los niños suelen arrepentirse una vez que se han agotado y calmado.

Así que, ¿qué debe hacer usted?

Es de ayuda entender primero que el comportamiento es una forma de comunicación. Un niño que está tan abrumado que reacciona con violencia es un niño angustiado. El niño no tiene la habilidad para manejar sus sentimientos y expresarlos de una manera más madura. Puede que no cuente con las habilidades verbales o de control de impulsos o de solución de problemas.

[fbshare “Es de ayuda entender primero que el comportamiento es una forma de comunicación.”]

Algunas veces los padres ven este tipo de comportamiento explosivo como manipulador. Pero los niños que reaccionan con violencia suelen ser incapaces de manejar la frustración o la ira de una manera más efectiva, es decir, hablar y pensar cómo alcanzar lo que quieren.

Sin embargo, la forma como usted reacciona cuando un niño reacciona violentamente tiene un efecto en si el niño continuará respondiendo a la angustia de la misma manera o aprenderá mejores formas de manejar sus sentimientos para que no se vuelvan abrumadores. Algunos consejos prácticos:

  • Mantenga la calma. Cuando se enfrenta a un niño enfurecido, es fácil sentirse fuera de control y gritarle. Pero cuando usted grita, tiene menos posibilidad de comunicarse con él. En cambio, solo lo estará poniendo más agresivo y desafiante. Tan difícil como pueda ser, si se mantiene calmado y en control de sus propias emociones, puede servir de modelo para su hijo y enseñarle a hacer lo mismo.
  • No se dé por vencido. No le aliente a seguir este comportamiento al aceptar lo que él quiere para hacer que se detenga.
  • Elogie el comportamiento apropiado. Cuando él se haya calmado, elógielo por recobrar la compostura. Y cuando él trate de expresar sus sentimientos de forma verbal y calmada, o trate de llegar a un acuerdo en un área de discrepancia, también elógielo por esos esfuerzos.
  • Ayúdelo a practicar las habilidades para solucionar problemas. Cuando su hijo no esté molesto, es el momento para ayudarlo a que pruebe cómo comunicar sus sentimientos y proponer soluciones a conflictos antes de que se intensifiquen en estallidos agresivos. Puede preguntarle cómo se siente y cómo piensa que podría solucionar un problema.
  • Sistemas de tiempo fuera (time out) y de recompensas. Los tiempos fuera para el mal comportamiento no violento pueden funcionar bien en niños menores de 7 u 8 años de edad. Si un niño es demasiado grande para los tiempos fuera, usted querrá pasar a un sistema de refuerzo positivo por la conducta apropiada, puntos o fichas para algo que el niño quiera.
  • Evite los desencadenantes. El Dr. Vasco Lopes, psicólogo clínico, dice que en la mayoría de los niños que tienen crisis emocionales frecuentes, estas crisis suceden en momentos predecibles, como a la hora de las tareas, de irse a dormir o cuando es el momento de dejar de jugar, ya sea con Legos o Xbox. El detonante suele ser pedirle que haga algo que no les gusta o que deje de hacer algo que sí les gusta. Las advertencias de tiempo (“nos vamos en 10 minutos”), dividir las tareas en instrucciones de un paso (“primero, ponte los zapatos”), y la preparación del niño para situaciones (“por favor, pide permiso antes de levantarte de la mesa de la abuela”) pueden ayudar a evitar las crisis emocionales.

¿Qué tipo de berrinche es?

La manera en la que usted responde ante un berrinche también depende de su gravedad. La primera regla para manejar las rabietas no violentas es ignorarlas lo más frecuentemente posible, ya que incluso la atención negativa, como decirle al niño que pare, puede ser alentadora.

Pero cuando un niño comienza a pasar al plano físico, no se recomienda ignorarlo ya que puede causar daño a otras personas o a sí mismo. En esta situación, el Dr. Lopes aconseja poner al niño en un ambiente seguro desde el cual no tenga acceso a usted o a ninguna otra posible recompensa.

Si el niño es pequeño (generalmente de 7 o menos edad), trate de ponerlo en una silla para tiempo fuera. Si no se queda en la silla, llévelo a un área de respaldo donde pueda calmarse por sí mismo sin nadie más en la habitación. De nuevo, para que este enfoque funcione, no debe haber ningún juguete ni juego en el área que pueda hacerlo gratificante.

Su hijo debe permanecer en esa habitación durante un minuto y debe calmarse antes que se le permita salir. Luego, debe volver a la silla para tiempo fuera. El Dr. Lopes explica que, “Lo que esto hace es darle a su hijo una consecuencia inmediata y coherente para su agresión y elimina todo acceso a cosas gratificantes en su ambiente”.

Si tiene un niño de más edad que está siendo agresivo y no puede llevarlo a un área aislada para que se calme, el Dr. Lopes aconseja que usted se aleje de él. Esto asegura que él no obtenga ninguna atención o refuerzo de usted y lo mantiene a usted seguro. En casos extremos, puede que sea necesario llamar al 911 para garantizar su seguridad y la de su hijo.

Ayude con técnicas conductuales

Si su hijo está teniendo muchas reacciones violentas, lo suficiente como para asustarlo frecuentemente y perturbar a su familia, es importante obtener ayuda profesional. Hay buenas terapias conductuales que pueden ayudarlos a usted y a su hijo a superar la agresión, aliviar su estrés y mejorar su relación. Usted puede aprender técnicas para manejar este comportamiento con mayor efectividad y él puede aprender a frenar la mala conducta y a disfrutar de una relación mucho más positiva con usted.

  • Terapia de interacción padres-hijos (PCTI, por sus siglas en inglés). La terapia de interacción padres-hijos ha demostrado ser de mucha ayuda para niños entre 2 y 7 años de edad. El padre y el hijo trabajan juntos a través de un conjunto de ejercicios mientras que el terapeuta adiestra a los padres a través de un audífono intrauricular. Usted aprende cómo prestar más atención a la conducta positiva de su hijo, ignorar los malos comportamientos menores y ofrecer consecuencias coherentes para la conducta negativa y agresiva, todo mientras permanece calmado.
  • Entrenamiento para padres en manejo o control (PMT, por sus siglas en inglés). La PMT enseña técnicas similares a la PCIT, aunque el terapeuta suele trabajar con los padres y no con el niño.
  • Soluciones proactivas y colaborativas (CPS, por sus siglas en inglés). La CPS es un programa que se basa en la idea de que la conducta explosiva o la mala conducta es consecuencia de un retraso en las habilidades en vez de, digamos, un intento de obtener atención o probar los límites. La idea es enseñar a los niños las habilidades de las que carecen para que respondan a una situación en una forma más efectiva que con una rabieta.

Descifrar la conducta explosiva

Los berrinches y las crisis emocionales son especialmente inquietantes cuando ocurren con mayor frecuencia, mayor intensidad o después de la edad en la que se esperan para su nivel de desarrollo, esos terribles dos años y durante la edad preescolar. A medida que el niño crece, la agresión se vuelve cada vez más peligrosa para usted y para el niño. Y puede convertirse en un gran problema para él en la escuela y también con los amigos.

Si su hijo tiene un patrón de reacciones violentas puede ser debido a un problema subyacente que necesita tratamiento. Algunas razones posibles para la conducta agresiva incluyen:

  • TDAH: Los niños que tienen el trastorno por déficit de atención con hiperactividad o TDAH se frustran con facilidad, especialmente en ciertas situaciones, tales como cuando se supone que deben hacer tarea o ir a la cama.
  • Ansiedad: Un niño ansioso puede mantener sus preocupaciones en secreto, luego reacciona violentamente cuando las exigencias de la escuela o del hogar ejercen presión sobre él que no puede manejar. Generalmente, un niño que “mantiene la calma” en la escuela, la pierde con uno o ambos padres.
  • Discapacidades del aprendizaje no diagnosticadas: Cuando su hijo tiene arranques de furia repetidamente en la escuela o durante el tiempo de tareas, puede que se deba a que el trabajo es demasiado difícil para él.
  • Problemas de procesamiento sensorial: Algunos niños tienen problemas al procesar la información que están captando a través de sus sentidos. Cosas como demasiado ruido, multitudes e incluso la ropa que “pica” puede ponerlos ansiosos, incómodos o abrumarlos. Eso puede conducir a acciones desconcertantes, incluida a la agresión.
  • Autismo: Los niños que se encuentran en todos los puntos del espectro suelen ser propensos a crisis emocionales importantes cuando se sienten frustrados o se enfrentan a un cambio inesperado. También suelen tener problemas sensoriales que los hace angustiarse y agitarse.

Dado que hay tantas causas posibles para los estallidos emocionales y la agresión, contar con un diagnóstico preciso es clave para obtener la ayuda que usted necesita. Puede que quiera comenzar con su pediatra, quien puede descartar causas médicas y luego derivarlo a un especialista. Un psicólogo o psiquiatra infantil capacitado y experimentado puede ayudar a determinar qué problemas subyacentes están presentes, si es que hay alguno.

Cuando los planes de conducta no son suficientes

Los profesionales están de acuerdo en que, mientras más pequeño se pueda tratar al niño, es mejor. Pero, ¿qué pasa con los niños mayores, e incluso con los más pequeños, que son tan peligrosos para ellos mismos y para otros que las técnicas conductuales no son suficientes para mantenerlos seguros a ellos y a otros que les rodean?

  • Medicación. La medicación para las condiciones subyacentes, como el TDAH y la ansiedad puede hacer que su hijo sea más accesible y educable. A los niños que tienen problemas extremos de conducta se les suele tratar con medicamentos antipsicóticos como Risperdal o Abilify. Pero estos medicamentos deben estar acompañados con técnicas conductuales.
  • Zonas de apoyo. La capacitación de los padres puede, de hecho, incluir aprender cómo usar zonas de apoyo de seguridad con su hijo de manera que usted pueda protegerlo a él y a usted de daños.
  • Ambientes residenciales. Puede que los niños que tienen conductas extremas necesiten pasar tiempo en un centro residencial de tratamiento, algunas veces, pero no siempre, en un contexto hospitalario. Allí, ellos reciben tratamiento conductual y, posiblemente, tratamiento farmacéutico. Los internados terapéuticos proporcionan estabilidad y estructura las 24 horas del día, siete días a la semana. La meta es que el niño internalice el autocontrol de manera que pueda regresar a casa con una conducta más apropiada con usted y con el mundo en general.
  • Tratamiento diurno. Con el tratamiento diurno, un niño que tiene problemas extremos de conducta vive en casa, pero asiste a una escuela que tiene un plan de conducta estricto. Estas escuelas deberían tener personal preparado para manejar con seguridad situaciones de crisis.

Los niños explosivos necesitan padres calmados y seguros

Puede ser un trabajo desafiante para los padres aprender a manejar a un niño agresivo con enfoques conductuales, pero para muchos niños, esto puede hacer una gran diferencia. Los padres que son seguros, calmados y consistentes pueden tener mucho éxito en ayudar a los niños a desarrollar las habilidades que necesitan para regular su propia conducta.

Esto puede requerir más paciencia y disposición para probar técnicas diferentes que las que podría tener con un niño que se desarrolla típicamente, pero cuando el resultado es una mejor relación y un hogar más feliz, bien merece la pena el esfuerzo.