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Cómo ayudar a los niños con el pensamiento flexible

Cómo el pensamiento flexible puede ayudar a los niños a lidiar con la incertidumbre y los cambios.

Rae Jacobson

A medida que la pandemia avanza, todos hemos tenido que aprender nuevas habilidades para manejar el estrés: Reponerse de la decepción, adaptarse a los cambios inesperados de planes, sentirse cómodos con el cambio y lidiar con la incertidumbre.

Es agotador.

Pero hay un lado positivo: Muchas de las habilidades que nos hemos visto obligados a practicar dependen de una función ejecutiva clave llamada pensamiento flexible. Se trata de una habilidad que otorga beneficios para toda la vida, pero muchos niños (y también adultos) suelen tener dificultades para aprenderla. Y los altibajos, los pros y los contra, los momentos en los que parece acabarse y las continuas prórrogas de la pandemia significan que estamos recibiendo un curso intensivo, nos guste o no.

¿Qué es el pensamiento flexible?

El pensamiento flexible es la capacidad de pensar en las cosas de una manera nueva o diferente. Nos ayuda a afrontar la incertidumbre, a resolver problemas, a ajustarnos a los cambios y a incorporar nueva información a nuestros planes e ideas. El pensamiento flexible es también un aspecto clave de la autorregulación y del manejo de las grandes emociones. Cuando los niños (y, seamos realistas, también los padres) son capaces de adoptar un enfoque flexible ante un problema, es menos probable que se desmoronen cuando las cosas no salen según lo previsto.

Los niños que pueden pensar con flexibilidad son más adaptables y es menos probable que vean los contratiempos como desastres sin solución. Por ejemplo, si hay que cancelar un viaje para ver a la abuela, un niño que no puede pensar con flexibilidad podría verlo como algo catastrófico (“¡¡ahora NUNCA podremos ver a la abuela!!”), y no ser capaz de ver una salida a su decepción. Un niño que puede pensar con flexibilidad también se sentirá decepcionado, pero es probable que se muestre más abierto cuando usted le ofrezca soluciones alternativas: “Sé que estás muy triste porque no podremos ver a la abuela. Yo también lo estoy. ¿Y si la llamamos por FaceTime esta noche y hacemos galletas juntos? Luego podemos hacer una tarjeta para que se la entregues cuando sí podamos verla”.

Cómo ayudar a los niños a tener un pensamiento flexible

Entonces, ¿qué pueden hacer los padres para ayudar a los niños a aprender a pensar con flexibilidad?

Validar las emociones

Manejar la decepción o la incertidumbre es difícil. Y eso está bien. Es importante validar los sentimientos de los niños, por muy exagerados o confusos que sean, antes de seguir adelante. “Veo lo triste que estás porque tus primos no han podido venir de visita este año. Sé que los echas de menos. Yo también los extraño. Es muy difícil”. Cuando los niños se sienten escuchados y comprendidos, es menos probable que se concentren en la emoción negativa y que sean más capaces de encontrar una solución.

Hacerlos participar

Pero recuerde que pasar de la frustración o la tristeza a la aceptación y la acción requiere tiempo. Es posible que los niños no respondan tan rápido como a usted le gustaría. Cuando eso ocurra, sea paciente y anime a los niños a probar un pensamiento flexible que los ayude a manejar la angustia y desarrollar su resiliencia. “Veo que todavía echas mucho de menos a tus primos, me pregunto si hay algo que pueda ayudar. ¿Quizás podríamos escribirles una carta y tú podrías decorarla?”.

Cuando los niños estén preparados, piensen juntos en cómo lidiar con la incertidumbre y los cambios difíciles. Por ejemplo: “Bien. Yo también estoy muy emocionado por tu fiesta de cumpleaños, pero existe la posibilidad de que no podamos invitar a tus amigos a la casa. Vamos a pensar en algunas ideas increíbles sobre qué hacer si eso ocurre”. Cuando los niños se sienten parte del equipo, tienen una mayor sensación de control y la oportunidad de practicar sus habilidades de pensamiento flexible.

Modele la flexibilidad

Los niños acuden a los padres en busca de señales sobre cómo comportarse. Cuando usted poner en práctica sus propias habilidades para enfrentar situaciones difíciles de manera saludable, ayuda a que ambos desarrollen mejores hábitos y se sientan menos abrumados cuando las cosas no salen según lo esperado.

Expresar sus pensamientos en voz alta mientras resuelve un problema es una buena manera de hacerlo. Por ejemplo, si un amigo le dice que no se siente cómodo de ir a un restaurante para la cena que habían planeado juntos, permita que su hijo lo vea procesando el cambio de planes de forma saludable: “Qué decepción. Lo sé. Sugeriré que nos abriguemos muy bien y pidamos comida para llevar”. Cuando su hijo vea que usted afronta los cambios o las sorpresas de manera razonable y centrándose en soluciones, será más probable que haga lo mismo.

También es importante que los niños vean cómo usted afronta las situaciones cuando no hay una solución inmediata. Por ejemplo, si su hijo se pregunta si los cambios en la pandemia afectarán a su escuela, usted puede decir: “En este momento, no lo sabemos. Puede resultar frustrante y aterrador no tener la respuesta, pero no hay razón para que entremos en pánico en este momento”. Apoyarse en estrategias para reducir sus niveles de estrés en lo que las cosas se aclaran (ya sea ir a dar un paseo, escuchar música, respirar profundamente, llamar a un amigo o cualquier cosa que funcione para usted) muestra a los niños que una situación incierta no tiene por qué sentirse como un desastre.

Pida ayuda si ellos (o usted) la necesitan

El pensamiento flexible puede ser muy difícil de practicar si un niño tiene problemas de salud mental como ansiedad o depresión, o si su familia ha experimentado recientemente un acontecimiento traumático como la pérdida de un ser querido, del trabajo o de la casa.

Muchas familias aún están bajo un estrés importante. Y la nueva incertidumbre puede desencadenar emociones difíciles para las familias que aún se tambalean por las presiones de la pandemia. Si nota que su hijo está inusualmente inflexible, molesto, ansioso o triste, puede ser una señal de que está luchando con un problema de salud mental. Hable con su hijo sobre cómo se siente y acuda a un pediatra, personal de salud o consejero escolar que pueda ayudarlo.

Y recuerde que los niños no son los únicos afectados. Los padres son humanos, y el estrés y las dificultades de la pandemia pueden pasarles la factura. Si se ha sentido inusualmente ansioso, enfadado o triste, es posible que necesite ayuda para recuperarse. Si tiene problemas, no los ignore ni se los guarde para sí mismo. Practique el autocuidado, acuda a sus amigos o concierte una cita con un terapeuta o un médico. Cuidarse a sí mismo es una parte esencial del cuidado de su familia.