¿Cuándo es el momento de terminar el tratamiento?
Y si se ha llegado a ese punto, ¿cómo hay que proceder?
Expertos clínicos: Heather Bernstein, PsyD , Stephanie A. Lee, PsyD , Carolyn Moriarty, LCSW
in EnglishLo que aprenderá
- ¿Por qué es útil establecer objetivos al principio del tratamiento?
- ¿Cuándo es demasiado pronto para terminar la terapia?
- ¿Qué tipo de plan deberías tener preparado cuando tu hijo deje el tratamiento?
Lectura rápida
Quizá sea difícil saber cuándo es el momento indicado para que tu hijo finalice la terapia. Establecer objetivos al principio de la terapia facilita mucho monitorear cómo van progresando las cosas. Una vez que se han alcanzado los objetivos, pueden avanzar hacia el final con el pie derecho. Los niños deben concluir la terapia sintiendo que sus síntomas se han reducido y que cuentan con habilidades para manejarlos. Pero la decisión de terminar el tratamiento no significa que todos los síntomas hayan desaparecido. La perfección no es el objetivo.
Por otro lado, no se debe abandonar el tratamiento demasiado pronto. Los niños, e incluso los padres, podrían sentir la necesidad de abandonar el tratamiento a la primera señal de que las cosas están mejorando. Esto es especialmente importante en el caso de los niños que siguen un tratamiento como la TCC o la DBT, donde las habilidades de afrontamiento se enseñan en un orden determinado. Concluir la terapia antes de tiempo puede hacer que los síntomas vuelvan a aparecer.
La reducción gradual del tratamiento o aumentar el tiempo entre sesiones, pueden ser buenas ideas. Por ejemplo, pueden pasar de reunirse cada semana a reunirse cada dos semanas. Esto les da a los niños la oportunidad de ver lo bien que están utilizando las habilidades que han aprendido. Los terapeutas también pueden hablar con los niños (y los padres) sobre qué habilidades utilizar cuando las cosas se ponen difíciles.
A veces, incluso cuando el terapeuta cree que es momento de dejar la terapia, puede que los niños o los padres tengan dudas. Eso es normal. Es útil tener un plan para manejar los síntomas que pueden aparecer de vez en cuando. Algunos niños se podrían reunir con su terapeuta para una sesión ocasional de “refuerzo”. Esto es especialmente importante para los niños con un historial de autolesiones.
Por último, los niños deben poder reconocer las señales que indican que necesitan volver a pedir ayuda. Padres, maestros y psicólogos escolares también deberían prestar atención a las señales de alerta.
Cuando tienes un hijo que está recibiendo tratamiento por problemas emocionales o de comportamiento, puede ser difícil saber cuándo es el momento de detenerse. ¿Qué papel deberían tener los padres, el terapeuta y el niño en esa decisión? ¿Y cómo asegurarse de que concluir el tratamiento será una experiencia positiva para el niño?
En general, opinan nuestros expertos, es tiempo de terminar la terapia cuando se han alcanzado los objetivos del tratamiento. Eso puede significar, por ejemplo, que el niño vuelva a la escuela, que se reduzcan los síntomas de ansiedad o depresión o que haya menos berrinches. Por otro lado, si el tratamiento no está funcionando (si el niño no ha progresado) puede ser momento de cambiar de rumbo y considerar un enfoque diferente.
Establecer objetivos con antelación y hacer revisiones regulares
Un buen término de la terapia se establece desde el principio. La clave está en establecer objetivos claros y medibles al principio del tratamiento, y hacer revisiones durante el proceso para discutir cuánto se ha progresado. Cuando el terapeuta y la familia se han esforzado por alcanzar objetivos específicos y han identificado los avances, debería estar claro cuándo se acerca el punto final.
“Comienzas por preguntarte: ‘¿Cuál es el objetivo de todo esto? ¿Para qué estamos trabajando?”, dice Heather Bernstein, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute. Y luego, a lo largo del camino, se evalúa constantemente: “¿Cuánto nos hemos acercado a esos objetivos?”.
Los chequeos programados deben ser una oportunidad para que todos sean transparentes sobre lo que está funcionando y lo que no. El niño puede informar cómo se siente, y padres y maestros pueden añadir comentarios sobre los comportamientos que observan. Y a medida que se acerca el momento de alcanzar los objetivos, se dispone de la información para hablar sobre la finalización del tratamiento.
Parte del propósito de estos chequeos es que el niño vea cómo el trabajo que está haciendo en la terapia está dando sus frutos. “Los niños se sienten bien cuando les dicen que están haciendo un buen trabajo y de que están mejorando, señala la Dra. Bernstein. “Y creo que poder relacionar una reducción de los síntomas con el trabajo que han hecho también es importante al final del tratamiento”.
Los objetivos deben ser realistas
Una cosa que hay que tener en cuenta acerca de finalizar el tratamiento es que el objetivo no debe ser la perfección. Ningún niño es siempre complaciente con las personas adultas o está libre de ansiedad por completo. “No hay que fijar el objetivo de que tu hijo te haga caso el 100% de las veces, señala Stephanie Lee, PsyD, directora del Centro para el TDAH y trastornos del comportamiento del Child Mind Institute. “De hecho, las investigaciones sugieren que los niños de cinco años solo siguen las indicaciones de sus padres el 75% de las veces la primera vez que se les pide que hagan algo. No hay que fijar un objetivo que esté por encima de lo que consideraríamos típico”.
A veces es difícil para las familias decidir cuánto progreso hacia una meta es suficiente, señala Rachel Busman, PsyD, psicóloga clínica. “Digamos que tenemos un niño con ansiedad por separación y que ha tenido problemas para dormir a solas o lejos de sus padres. Pero ahora duerme solo, aunque de vez en cuando siente un poco de ansiedad. Y está yendo a las citas de juego, aunque a veces dice que no quiere ir, pero por lo general va”. Aunque la ansiedad no haya desaparecido del todo, no interfiere mucho en la vida diaria del niño, por lo que podría ser conveniente terminar el tratamiento.
La Dra. Busman sugiere una manera de pensar sobre esto: “Cuando los padres tienen dudas, a veces les digo: ‘Si tu hijo no hubiera estado en terapia, y vieras cómo está hoy, ¿pensarías que necesita ir a terapia?’ Y si estamos cerca del final, es probable que la respuesta sea: ‘No, creo que lo estamos haciendo bastante bien. Estamos superando los momentos difíciles. Estamos utilizando buenas habilidades’”.
Pero no finalices el tratamiento a la primera señal de progreso
A veces, las familias podrían pensar en terminar la terapia antes de que el terapeuta considere que es una buena idea. Esto se debe, a menudo, a que la familia ve que el niño está progresando, pero el terapeuta cree que es necesario trabajar más para mantener ese progreso.
Muchos tratamientos para niños enseñan técnicas en una secuencia específica que ha sido probada en muchos niños y que ha resultado eficaz. Detenerse a mitad de este tratamiento “basado en evidencia”, cuando los niños han aprendido algunas habilidades y han hecho algunos progresos, pero no han completado el proceso, puede conducir a un retorno temprano de los síntomas. Entonces, los padres podrían querer volver a empezar la terapia. “Puede llevar a que los niños sientan que no han tenido la oportunidad de completar el ciclo con su terapeuta y que la terapia es más bien un proceso punitivo”, dice la Dra. Lee.
Seguir con la terapia y llevarla hasta el final de forma más deliberada permite al niño, y a la familia, consolidar sus éxitos y hablar de cómo van a continuar con esos éxitos.
Si empiezas a preguntarte si el tratamiento sigue siendo necesario, es un buen momento para hablar con el profesional clínico sobre el punto en el que se encuentran en el proceso, señala la Dra. Busman. Expresa abiertamente lo que piensas y colabora con el terapeuta: “¿Cuáles son nuestros objetivos, en qué seguimos trabajando, cuándo cree que terminaremos?”.
Puede ser útil ir disminuyendo el tratamiento
A veces, cuando una familia no está segura de estar preparada para terminar la terapia, el terapeuta propone disminuir la frecuencia. “En lugar de interrumpir la terapia de golpe –dice la Dra. Lee– disminuimos la frecuencia (la dosis, por así decirlo) de la terapia”.
Pasar de una semana a otra, o a una vez al mes, da a todos la oportunidad de ver cómo se desenvuelve el niño con menos apoyo, al tiempo que se reserva tiempo para reforzar las habilidades que ha aprendido.
“Cuando haces eso, no esperas que el niño venga diciendo: ‘Es genial Estoy completamente bien’”, explica la Dra. Busman. “En realidad, lo que es genial escuchar es: ‘Lo pasé muy mal el martes pasado, pero hice esto, esto y esto, y lo superé’. Y eso es una buena indicación para el terapeuta de que el niño está utilizando las habilidades. Es su oportunidad de decir: ‘¡Increíble! ¡Genial! ¡Has sido tu propio terapeuta’!”.
Los expertos afirman que las conversaciones al final del tratamiento deben destacar las habilidades que los niños han aprendido y están utilizando con éxito. Y es importante que ellos ensayen cómo aplicarán esas habilidades cuando se encuentren en momentos difíciles o estresantes en el futuro.
Pero las habilidades que los padres han aprendido también son importantes, señala la Dra. Lee. Especialmente en el caso de niños pequeños, mantener los avances dependerá en parte de la capacidad de los padres de apoyar a los niños de forma eficaz a medida que el papel del terapeuta vaya desapareciendo.
Preocupaciones que podrían tener padres (y niños)
En algunos casos, el terapeuta considera que el niño está preparado para terminar el tratamiento, pero los padres se muestran reticentes. La Dra. Busman dice que es útil hablar acerca de lo que les preocupa a los padres. ¿Cómo manejarán los desafíos que puedan surgir? ¿Cómo pueden los padres utilizar las habilidades que han aprendido durante el tratamiento? ¿De qué manera estarán disponibles los terapeutas para el apoyo de seguimiento o las sesiones de repaso?
Los niños también se podrían preocupar por el término del tratamiento. “A veces los niños dicen: ‘No quiero terminar. Me gusta mucho nuestro tiempo’. O, ‘tú me ayudaste y me siento nervioso’”, señala la Dra. Busman. Abordar las preocupaciones de los niños es una parte importante de las últimas sesiones.
También es útil tener una conversación sobre los límites de la comunicación después de que el tratamiento termine. “Algunos terapeutas dirán: ‘Me encantaría escuchar las buenas noticias o saber cómo van las cosas’”, señala la Dra. Bernstein. “Algunos querrán entrar en contacto solo para programar una futura cita. Pero eso depende totalmente del terapeuta”. Sea cual sea el plan, saber qué esperar puede facilitar la transición a los niños.
Hacer un plan para manejar la situación después del tratamiento
Nuestros expertos insisten en que, antes de terminar el tratamiento, el terapeuta, el niño y los padres deben trabajar juntos en un plan para afrontar los problemas que surjan o un aumento de los síntomas. “Hablamos mucho de la prevención de recaídas”, dice la Dra. Busman. “Bien, ¿qué harías si apareciera este síntoma? ¿Qué harías si empezaras a sentirte peor por esta cosa en particular?”.
El plan podría incluir habilidades que el niño podría utilizar para manejar emociones incómodas o situaciones estresantes. Podría incluir un acuerdo de que si el niño experimenta un aumento de ansiedad o depresión, se lo dirá a sus padres. Y debería haber criterios de referencia para los eventos que podrían impulsarlos a volver al tratamiento. Los niños que tienen ansiedad o el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) suelen volver de vez en cuando a sesiones de “refuerzo” para recibir apoyo y repasar sus habilidades.
“Si tuvieran un historial de pensamientos suicidas o de autolesiones, tiene que haber un plan de seguridad o de crisis”, añade la Dra. Bernstein.
Nuestros expertos subrayan que el niño debe participar en la identificación de las señales de alerta de que necesitan apoyo nuevamente. Carolyn Moriarty, LCSW, trabajadora social clínica, señala: “La terapia no siempre elimina los problemas. Solo te da habilidades para enfrentarte a ellos. Y parte de afrontar un problema es ser capaz de identificarlo cuando está ocurriendo. Así que creo que una parte importante de dar por terminado el tratamiento no es solo que los padres puedan reconocer cuándo es el momento de regresar, sino que el niño pueda decir: ‘No me siento bien. De repente, esto otra vez se ha vuelto muy difícil’”.
Para algunos niños, es importante asegurarse de que los adultos ajenos a la familia conozcan el plan después del tratamiento, para que actúen como respaldo, añade Moriarty, quien trata a niños en un programa relacionado con el trauma en las escuelas. “Algunos estudiantes han aprendido lo suficiente como para utilizar las habilidades de afrontamiento y los padres pueden asegurarse de que están apoyando esas habilidades en casa. Otros estudiantes necesitan a otra persona con quien hablar. A veces es un maestro o un psicólogo escolar. A veces es un mentor o un programa extraescolar”.
Lo importante, añade Moriarty, es que “terminar el tratamiento no es simplemente: ‘¡Y ya hemos terminado! Siempre hay un plan para después de finalizar el tratamiento. Y cuantas más personas participen en ese plan, más éxito tendrás”.
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