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¿Cuándo es el momento de terminar el tratamiento?

Y si se ha llegado a ese punto, ¿cómo hay que proceder?

Caroline Miller

Cuando se tiene un hijo que está en tratamiento por problemas emocionales o de comportamiento, puede ser difícil saber cuándo es el momento de detenerse. ¿Qué papel deben tener los padres, el terapeuta y el niño en esa decisión? ¿Y cómo asegurarse de que concluir el tratamiento será una experiencia positiva para el niño?

En general, dicen nuestros expertos, es tiempo de terminar la terapia cuando se han alcanzado los objetivos del tratamiento. Eso puede significar, por ejemplo, que el niño vuelva a la escuela, que se reduzcan los síntomas de ansiedad o depresión, o que haya menos berrinches. Por otro lado, si el tratamiento no está funcionando (si el niño no ha progresado) puede ser momento de cambiar de rumbo y considerar un enfoque diferente.

Establezca objetivos con antelación y haga revisiones regulares

Un buen término de la terapia se establece desde el principio. La clave está en establecer objetivos claros y medibles al principio del tratamiento, y hacer revisiones durante el proceso para discutir cuánto se ha progresado. Cuando el terapeuta y la familia han trabajado para alcanzar objetivos específicos y han identificado los avances, debería estar claro cuándo se acerca el punto final.

“Usted comienza por preguntarse: ‘¿Cuál es el objetivo de todo esto? ¿Para qué estamos trabajando?”, dice Heather Bernstein, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute. Y luego, a lo largo del camino, se evalúa constantemente: “¿Cuánto nos hemos acercado a esos objetivos?”.

Los chequeos programados deben ser una oportunidad para que todos sean transparentes sobre lo que está funcionando y lo que no. El niño puede informar cómo se siente, y los padres y maestros pueden añadir comentarios sobre los comportamientos que observan. Y a medida que se acerca el momento de alcanzar los objetivos, se dispone de la información para hablar sobre la finalización del tratamiento.

Parte del propósito de estos chequeos es que el niño vea cómo el trabajo que está haciendo en la terapia está dando sus frutos. “Los niños se sienten bien cuando reciben información de que están haciendo un buen trabajo y que están mejorando, señala el Dr. Bernstein. “Y creo que poder relacionar una reducción de los síntomas con el trabajo que han hecho también es importante al final del tratamiento”.

Los objetivos deben ser realistas

Una cosa que hay que tener en cuenta sobre el final del tratamiento es que el objetivo no debe ser la perfección. Ningún niño es siempre complaciente con los adultos o nunca siente ansiedad. “No hay que fijar el objetivo de que su hijo le haga caso el 100% de las veces, señala Stephanie Lee, PsyD, directora del ADHD and Behavior Disorders Center del Child Mind Institute. “De hecho, las investigaciones sugieren que los niños de cinco años solo siguen las indicaciones de sus padres el 75% de las veces la primera vez que se les indica que hagan algo. No hay que fijar un objetivo que esté por encima de lo que consideraríamos típico”.

A veces es difícil para las familias decidir cuánto progreso hacia una meta es suficiente, señala Rachel Busman, PsyD, psicóloga clónica. “Digamos que tenemos un niño con ansiedad por separación y que ha tenido problemas para dormir solo o lejos de sus padres. Pero ahora duerme solo, aunque de vez en cuando tiene un poco de ansiedad. Y está yendo a las citas de juego, aunque a veces dice que no quieren ir, pero por lo general va”. Aunque la ansiedad no haya desaparecido del todo, no interfiere mucho en la vida diaria del niño, por lo que puede ser conveniente terminar el tratamiento.

La Dra. Busman sugiere una manera de pensar sobre esto: “Cuando los padres están inseguros, a veces les digo: ‘Si su hijo no hubiera estado en terapia, y usted viera cómo está hoy, ¿pensaría que necesita ir a terapia?’ Y si estamos cerca del final, es probable que la respuesta sea: ‘No, creo que lo estamos haciendo bastante bien. Estamos superando los momentos difíciles. Estamos utilizando buenas habilidades’”.

Pero no termine el tratamiento a la primera señal de progreso

A veces, las familias pueden estar dispuestas a terminar la terapia antes de que el terapeuta considere que es una buena idea. Esto se debe, a menudo, a que la familia ve que el niño está progresando, pero el terapeuta cree que es necesario trabajar más para mantener ese progreso.

Muchos tratamientos para niños enseñan técnicas en una secuencia específica que ha sido probada en muchos niños y que ha resultado eficaz. Detenerse a mitad de este tratamiento “basado en evidencia”, cuando los niños han aprendido algunas habilidades y han hecho algunos progresos, pero no han completado el curso, puede conducir a un retorno temprano de los síntomas. Entonces, los padres podrían querer volver a empezar la terapia. “Puede llevar a que los niños sientan que no han tenido la oportunidad de completar el ciclo con su terapeuta y que la terapia es más bien un proceso punitivo”, dice la Dra. Lee.

Seguir con la terapia y llevarla hasta el final de forma más deliberada permite al niño, y a la familia, consolidar sus éxitos y hablar de cómo van a continuar con esos éxitos.

Si empieza a preguntarse si el tratamiento sigue siendo necesario, es un buen momento para hablar con el médico sobre el punto en el que se encuentra el proceso, señala la Dra. Busman. Sea sincero sobre lo que piensa y colabore con el médico: “¿Cuáles son nuestros objetivos, en qué seguimos trabajando, cuándo cree que terminaremos?”.

Puede ser de ayuda ir disminuyendo el tratamiento

A veces, cuando una familia no está segura de estar preparada para terminar la terapia, el terapeuta propone disminuir la frecuencia. “En lugar de interrumpir la terapia de golpe –dice la Dra. Lee– disminuimos la frecuencia (la dosis, por así decirlo) de la terapia”.

Pasar de una semana a otra, o a una vez al mes, da a todos la oportunidad de ver cómo se desenvuelve el niño con menos apoyo, al tiempo que se reserva tiempo para reforzar las habilidades que ha aprendido.

“Cuando hace eso, usted no espera que el niño venga diciendo: ‘Es genial Estoy completamente bien’”, explica la Dra. Busman. “En realidad, lo que es genial escuchar es: ‘Lo pasé muy mal el martes pasado, pero hice esto, esto y esto, y lo superé’. Y eso es una buena indicación para el terapeuta de que el niño está utilizando las habilidades. Es su oportunidad de decir: ‘¡Increíble! ¡Genial! ¡Has sido tu propio terapeuta’!”.

Los expertos afirman que las conversaciones al final del tratamiento deben destacar las habilidades que los niños han aprendido y están utilizando con éxito. Y es importante que ellos ensayen cómo aplicarán esas habilidades cuando se encuentren en momentos difíciles o estresantes en el futuro.

Pero las habilidades que los padres han aprendido también son importantes, señala la Dra. Lee. Especialmente en el caso de los niños pequeños, mantener los avances dependerá en parte de la capacidad de los padres de apoyar a los niños de forma eficaz a medida que el papel del terapeuta vaya desapareciendo.

Los padres (y los niños) pueden estar preocupados

En algunos casos, el terapeuta considera que el niño está preparado para terminar el tratamiento, pero los padres se muestran reticentes. La Dra. Busman dice que es útil hablar acerca de los que les preocupa a los padres. ¿Cómo manejarán los desafíos que puedan surgir? ¿Cómo pueden los padres utilizar las habilidades que han aprendido durante el tratamiento? ¿De qué manera estarán disponibles los terapeutas para el apoyo de seguimiento o las sesiones de repaso?

Los niños también pueden estar preocupados por el término del tratamiento. “A veces los niños dicen: ‘No quiero terminar. Me gusta mucho nuestro tiempo’. O, ‘tú me ayudaste y me siento nervioso’”, señala la Dra. Busman. Abordar las preocupaciones de los niños es una parte importante de las últimas sesiones.

También es útil tener una conversación sobre los límites de la comunicación después de que el tratamiento termine. “Algunos terapeutas dirán: ‘Me encantaría escuchar las buenas noticias o saber cómo van las cosas’”, señala la Dra. Bernstein. “Algunos querrán entrar en contacto solo para programar una futura cita. Pero eso depende totalmente del terapeuta”. Sea cual sea el plan, saber qué esperar puede facilitar la transición a los niños.

Haga un plan para manejar la situación después del tratamiento

Nuestros expertos insisten en que, antes de terminar el tratamiento, el terapeuta, el niño y los padres deben trabajar juntos en un plan para afrontar los problemas que surjan o un aumento de los síntomas. “Hablamos mucho de la prevención de recaídas”, dice la Dra. Busman. “Bien, ¿qué harías si apareciera este síntoma? ¿Qué harías si empezaras a sentirte peor por esta cosa en particular?”.

El plan podría incluir habilidades que el niño podría utilizar para manejar emociones incómodas o situaciones estresantes. Podría incluir un acuerdo de que si el niño experimenta un aumento de ansiedad o depresión, se lo dirá a sus padres. Y debería haber puntos de referencia para los eventos que podrían impulsarlos a volver al tratamiento. Los niños que tienen ansiedad o el trastorno obsesivo-compulsivo o TOC (OCD, por sus siglas en inglés) suelen volver de vez en cuando a sesiones de “refuerzo” para recibir apoyo y repasar sus habilidades.

“Si tuvieran un historial de pensamientos suicidas o de autolesiones, tienen que haber un plan de seguridad o de crisis”, añade la Dra. Bernstein.

Nuestros expertos subrayan que el niño debe participar en la identificación de las señales de alerta de que necesitan apoyo nuevamente. Carolyn Moriarty, LCSW, trabajadora social clínica, señala: “La terapia no siempre elimina los problemas. Solo te da habilidades para enfrentarte a ellos. Y parte de afrontar un problema es ser capaz de identificarlo cuando está ocurriendo. Así que creo que una parte importante de dar por terminado el tratamiento no es solo que los padres puedan reconocer cuándo es el momento de regresar, sino que el niño pueda decir: ‘No me siento bien. De repente, esto otra vez se ha vuelto muy difícil’”.

Para algunos niños, es importante asegurarse de que los adultos ajenos a la familia conozcan el plan después del tratamiento, para que actúen como respaldo, añade Moriarty, quien trata a niños en un programa relacionado con el trauma en las escuelas. “Algunos estudiantes han aprendido lo suficiente como para utilizar las habilidades de afrontamiento y los padres pueden asegurarse de que están apoyando esas habilidades en casa. Otros estudiantes necesitan a otra persona con quien hablar. A veces es un maestro o un psicólogo escolar. A veces es un mentor o un programa extraescolar”.

Lo importante, añade Moriarty, es que “terminar el tratamiento no es simplemente: ‘¡Y ya hemos terminado! Siempre hay un plan para después de finalizar el tratamiento. Y cuantas más personas participen en ese plan, más éxito tendrás”.