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¿Es posible que mi hijo sea autista y que tenga mutismo selectivo? ¿Puede recibir tratamiento para los dos?

Respuesta de Steven G. Dickstein, MD

Q Mi hijo de 8 años acaba de diagnosticado con un trastorno del espectro autista leve. Desde los 3 hasta los 6 años ha mostrado todas las características del mutismo selectivo. Hablaba bastante en casa pero era completamente silencioso en el jardín de infantes. Está recibiendo tratamiento para su mutismo selectivo y ha mejorado hasta el punto de que ahora puede contestar las preguntas que le hace su maestra, y puede hablar tranquilamente con uno de sus amigos de la clase. En los últimos 12 meses habíamos notado otro comportamiento inusual, y nuestro psicólogo afirma que él está en el espectro del autismo, lo que significa que no es posible que también tenga mutismo selectivo. ¿Eso correcto a pesar de que se nos indique que lo sigamos tratando para el MS?

Su psicólogo tiene razón en que, técnicamente no es posible, bajo los actuales criterios del DSM-V, ser diagnosticado con los dos, mutismo selectivo y autismo. Pero sabemos que los diagnósticos no son perfectos, y no es inusual que los diagnósticos cambien a medida que los niños se desarrollan. En una etapa de desarrollo, un niño puede no parecer tan diferente de sus compañeros. A los 3 años, las sutiles diferencias en la comunicación no son tan fáciles de detectar, especialmente en los niños de alto funcionamiento. Es solo cuando los niños son mayores y empiezan a no cumplir con los hitos del desarrollo en cuanto al comportamiento social, la pertinencia social y la conexión social, que empiezan más claramente a lucir diferentes de sus compañeros. Los niños con mutismo selectivo o MS son diferentes a los que tienen autismo. En situaciones cómodas, los niños con MS interactúan muy bien, con una variedad de emociones y con conciencia respecto a la interpretación social. Y es sólo cuando se sienten incómodos se quedan callados.

Los niños en el espectro del autismo tienen una diferencia cualitativa en la manera en la que entienden e interactúan socialmente. Les cuesta trabajo interpretar las sutilezas de las interacciones sociales, ya sea que estén o no en ambientes cómodos o incómodos. Es interesante que, en este caso, el tratamiento que recomendamos para el mutismo selectivo no es tan diferente, en cuanto al enfoque, de lo que se recomienda para los niños en el espectro, conocido como análisis de comportamiento aplicado (ABA, por sus siglas en inglés). El ABA consiste en ayudar a los niños a desarrollarse dándoles recompensas positivas por los comportamientos menores, desglosados paso a paso.

En el caso del MS hacemos exactamente lo mismo: ayudamos a los niños a encontrar sus voces mediante la concesión de recompensas etiquetadas por los comportamientos menores desglosados en pequeños pasos que llamamos “charla de valor” (brave talking). Aunque, para ser claros, esperamos que los niños con esos diagnósticos diferentes respondan de manera diferente a los tratamientos, y los objetivos y expectativas siempre se adaptan a las fortalezas y a los desafíos específicos del niño. Así que, aunque hay muchos paralelismos, la diferencia está en nuestras suposiciones de lo que los niños entienden o sienten socialmente, y en nuestras expectativas y objetivos para ellos. Un niño con autismo que no habla puede no estar pensando o sintiendo lo mismo que un niño con MS, que típicamente tiene miedo de que lo juzguen o lo avergüencen. Como describe Temple Grandin tan articuladamente, el autismo hace que una persona piense de forma diferente, tenemos que tratar de entender la manera en la que un niño ve el mundo para ayudarlo a obtener las herramientas para hacer lo que necesita hacer. Un niño en el espectro del autismo puede necesitar un tipo de instrucción más explícita de interacción social, la traducción de lo que puede ser entendido por los demás, un tipo diferente de entrenamiento para conseguir que en la mejor trayectoria posible.