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Mi hijo de 5 años se vuelve disruptivo hacia el final de la escuela. ¿Qué puedo hacer para ayudarlo?

Respuesta de Samantha P. Miller, PhD

Q Mi hijo de cinco años empezó kínder este otoño. Tuvo un maravilloso primer mes y ahora está siendo disruptivo al final del día escolar. Su maestra dice que cuando le pide que haga cosas como "únete al resto de la clase para leer" él grita "¡no!" y hace cosas como golpear la mesa o pisotear fuerte en el suelo. Eventualmente se une a la clase pero en sus propios términos. Su profesor ha intentado sacarlo de la clase y hablarle en el pasillo y redirigirlo, sin éxito. En la tabla de recompensas de la clase, una vez que su pin se ha movido hacia abajo, se rendirá y continuará su comportamiento o hará una o dos cosas buenas y esperará que su pin se mueva hacia arriba. Ahora, he tratado de disciplinarlo con castigos y retirándole privilegios. ¿Qué más puedo hacer para ayudarlo?

El hecho de que su hijo no tenga un comportamiento negativista en otros momentos del día es una gran señal y algo en lo que basarse.

Muchas escuelas prefieren asignar la mayor parte del trabajo académico del día por la mañana porque es cuando muchos niños pueden concentrarse mejor. Es posible que su hijo se sienta muy cansado después del almuerzo y por eso los maestros observan comportamientos más difíciles a esa hora del día. Para algunos niños en este rango de edad puede requerir mucha energía para seguir adelante. Se están acostumbrando a un horario diario sin siestas o periodos de descanso significativos.

Lo primero que recomendaría es dejarle al maestro cualquier castigo por el comportamiento escolar de su hijo. Reaccionar a un comportamiento disruptivo varias horas después de que ocurra es poco probable que lo mejore, pero hará que el ambiente del hogar parezca más negativo. Los castigos son poco motivadores, y recomendaría una estrategia que se centre más en la prevención, echarle porras, recompensas e incentivos para ayudar a que siga adelante durante todo el día escolar.

Algunos niños se sienten capacitados cuando tienen una responsabilidad o un trabajo especial. Hable con su maestra, tal vez ella pueda hacer que sea su ayudante especial, especialmente durante el descanso después del almuerzo. Por ejemplo, podría encargarse de llevar todos los libros a la alfombra durante la hora de lectura o tal vez podría ser el que se siente justo al lado de ella y sea el primero en hablar sobre el dibujo. Recomiendo un diálogo con la maestra para reflexionar sobre las formas de incentivar la participación y el buen comportamiento en su hijo.

Las tablas de recompensas cuidadosamente diseñadas (que los clínicos llaman “Tarjetas de informe diario”) que se usan durante un tiempo de desafío específico, como la tarde, son útiles porque están diseñadas para aumentar la motivación y centrarse en objetivos de comportamiento específicos. Evaluar su comportamiento en general (en lugar de un comportamiento específico, como “mantener las manos quietas”) puede ser demasiado vago para un niño de la edad de su hijo. El sistema de tablas funciona mejor cuando los niños entienden los comportamientos específicos que el profesor está buscando. Si sabe que su pin subirá si se acerca a la alfombra en silencio, tendrá un mayor incentivo para hacerlo.

Además, ver su pin bajando podría ser muy desalentador. Sería mejor si el profesor se centrara en alentar comportamientos específicos a una hora específica del día usando un sistema de recompensas (uno en el que gane premios o privilegios en lugar de perder la posición del pin). Esto aumentará su motivación y lo hará sentir bien cuando empiece a ver su pin moverse hacia arriba por las tardes, en vez de siempre hacia abajo.

Por último, mantenga la calma e intente tener la mente abierta sobre lo que su hijo le dice que necesita al final del día. Todavía es muy joven. Los maestros que están dispuestos a trabajar con los niños en estos temas pueden evitar que un niño pierda el interés en la escuela o en materias académicas específicas, como la lectura. Además, debe tener en cuenta que estos pequeños ajustes en el horario o en el sistema de recompensas no tienen por qué continuar para siempre. Una vez que un niño esté motivado y seguro de sí mismo, el comportamiento positivo a menudo se convertirá en algo que lo motive, y entonces no será necesario un estímulo adicional.

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