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Mi hijo de 8 años siempre se siente mal y es muy sensible. Yo tengo depresión, y nuestras interacciones son muy difíciles. Por favor, ayúdeme.

Respuesta de Janine Domingues, PhD

Q Mi hijo de 8 años siempre está enfermo. Sin ningún orden en particular, a lo largo del día, sufrirá dolores de cabeza, de estómago, de diferentes partes del cuerpo. Es muy sensible y reactivo. A mí me diagnosticaron depresión hace décadas, así que nuestras interacciones se vuelven bastante desagradables, y me dejan sintiéndome agotado y culpable. Por favor, ayúdenme. No sé cómo ayudar a mi hijo. Es un niño muy infeliz, y me ha dicho que sabe que estoy cansado de todas sus quejas, y creo que se siente un poco rechazado.

Me alegro de que nos haya contactado. Para muchos padres es difícil y a menudo agotador cuando no están seguros de cómo ayudar a un niño, especialmente si parece que siempre tiene problemas.

Como ya sabrá, los síntomas físicos suelen estar relacionados a las dificultades emocionales, incluyendo la depresión y la ansiedad. Por ejemplo, dolores de cabeza, dolores de estómago, músculos tensos, dificultades para dormir y la sensibilidad al dolor pueden estar relacionados tanto con la ansiedad como con la depresión. Debido a que su hijo tiene algunos de estos síntomas y a que hay antecedentes familiares de depresión, mi consejo sería que se le hiciera una evaluación psicológica completa con un psicólogo. La evaluación lo ayudará a comprender lo que su hijo está viviendo emocionalmente y también le proporcionará orientación para un tratamiento eficaz.

Con el diagnóstico correcto, su hijo puede recibir un tratamiento que lo ayude a aprender la conexión entre sus pensamientos, sentimientos y conductas, y le proporcione las habilidades específicas para afrontar la situación y manejar su reactividad emocional, así como también lo ayudará a sentirse más en control de su propia experiencia. Otra parte realmente importante del tratamiento será que el terapeuta de su hijo lo ayude a aprender estrategias efectivas de crianza que apoyen su capacidad para manejar y hacer frente a sus síntomas. Parte de esto es manejar su propia angustia como padre. Modelar su capacidad para hacer esto puede ayudar a su hijo a empezar a aprender a tolerar la angustia y la frustración por sí mismo, lo cual es una parte integral del manejo de sus emociones.

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