Muchos padres han experimentado la frustración de intentar que los niños se duerman y se queden dormidos. El coronavirus tampoco ha ayudado. Muchos niños, incluso aquellos que antes de la pandemia no tenían problemas significativos para dormir, ahora los están teniendo. Y aquellos que ya los habían superado, puede que hayan retrocedido.

Los cambios desconcertantes en la rutina y la creciente ansiedad (los niños mayores puede que estén preocupados y los niños más pequeños pueden estar sintiendo la ansiedad de sus padres) están causando problemas de comportamiento en todos los ámbitos, y el sueño no es la excepción.

Afortunadamente, hay estrategias que han probado ser eficaces para ayudar a los niños a aprender a dormirse en sus propias camas y a permanecer dormidos. Se ha demostrado que una forma de terapia conductual llamada terapia cognitivo-conductual para el insomnio o TCC-I (CBT-I, por sus siglas en inglés) es más eficaz que la medicación para tratar a los niños con insomnio, explica la Dra. Wendy Nash, psiquiatra de niños y adolescentes del Child Mind Institute. Y para los niños con problemas menos graves, los padres pueden usar estrategias de la terapia cognitivo-conductual o TCC (CBT, por sus siglas en inglés) para cambiar los hábitos de sueño.

Entonces, ¿qué podemos hacer como padres? Primero, usted querrá identificar el problema. Después de esto podrá buscar las soluciones. Los mismos lineamientos pueden aplicarse a las siestas, las cuales son más valiosas que nunca, debido al gran número de padres que trabajan en casa.

Hablar con sus hijos

Tan solo hablar con un niño sobre los problemas relacionados con el sueño es un buen punto de partida. Anna Loiterstein, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute, dice que los padres deberían tratar de entender primero lo que está pasando con sus hijos. Digamos que están ansiosos. Antes del coronavirus, podría haber sido la escuela, conflictos con los amigos o estar separados de sus padres. ¿Será ahora la crisis en sí misma? ¿Tendrán miedo de que ellos o sus padres se enfermen? Descubrir estas cosas lo ayudará a ayudar a sus hijos.

Validar los miedos, estimular la valentía

La Dra. Loiterstein dice que la idea es empatizar con el niño y validar su miedo. Comience diciéndole: “Entiendo que te sientes asustado y que es un sentimiento realmente difícil”, y luego anímelo a ser valiente. De este modo, un padre podría decirle a su hijo que entiende lo aterrador que puede ser dormir en su propia habitación, y luego explicarle que van a practicar la rutina de irse a dormir por etapas para superar esta preocupación. Hágales saber a los niños que usted confía en que pueden hacerlo.

Entrenamiento para dormir

Una vez que sepa lo que está sucediendo con su hijo y sus desafíos con el sueño, puede utilizar técnicas conductuales para ayudarlo a dormir de manera independiente.

No estamos hablando de la forma de entrenar a los bebés que se basa en “dejarlos llorar”, sino de una forma para niños mayores que implica irse alejando gradualmente del niño.

“Nuevamente, dice la Dra. Loiterstein, queremos que los niños aprendan que tienen la habilidad de calmarse a sí mismos para manejar lo que sea que los esté angustiando. De lo contrario, se vuelven demasiado dependientes de la presencia o el consuelo de sus padres”.

La Dra. advierte a los padres que esto requiere tiempo y paciencia. “Usted no pasará de una noche en la que se quedó a dormir en la habitación de los niños, a que ellos duerman de manera independiente al día siguiente”, dice.

Hay pasos sistemáticos para lograrlo. Por ejemplo, si usted está recostado en la cama con su hijo, lo primero que debe hacer es cambiarse a una silla junto a la cama, y tomarlo de la mano. Lo siguiente podría ser alejar la silla, y luego sentarse fuera de la habitación para alejarse más de la cama. Los pasos que usted podría dar dependerán de cada caso específico.

Finalmente, su objetivo es llegar al punto en el que pueda entrar, dar las buenas noches y salir de la habitación. Pueden establecer una rutina en la que los padres entran, por ejemplo, para leerle un cuento a un niño pequeño o abrazar a uno mayor, pero el niño no debería depender de que usted esté ahí para quedarse dormido.

Establecer una rutina

Un horario visible en la pared con una rutina consistente y predecible los ayudará a todos, tanto a los padres como a los niños, a dar seguimiento a los pasos, desde el cepillado de dientes hasta el apagado de luces, pasando por la hora de despertarse. A medida que el niño cumple cada paso, se le puede reforzar con esa misma tabla, en la que podrá reconocer su progreso y obtener recompensas por dar pasos tan valientes como quedarse por su cuenta en su habitación después de que sus padres se han ido.

Los padres también pueden usar tablas para monitorear el progreso y anotar cualquier patrón. “Si un padre piensa: ‘A mi hijo le va peor el domingo que el viernes’, eso nos dice algo”, señala la Dra. Loiterstein. “Así que hacer un seguimiento de este tipo de información puede realmente ayudar a dirigir ciertas intervenciones”.

Minimizar la dependencia, recompensar la valentía

Algunos niños tienen el hábito de quedarse dormidos por sí solos, pero se despiertan a media noche y van a la habitación de sus padres.

“Les gusta tener estas interacciones con sus padres”, dice la Dra. Loiterstein. “Es su zona de confort”. Lo que ella recomienda es que cuando esto ocurre, lo mejor es llevarlos a su propia cama lo antes posible.

“No queremos reforzar esta interacción y aumentar la probabilidad de que el niño quiera venir todas las noches”, dice. “Queremos minimizar la gratificación que obtienen en la habitación de sus padres”. También en este caso se puede usar un sistema de incentivos por su valentía.

Inculcar una cultura del sueño

Además de las técnicas conductuales, hay formas de crear un ambiente propicio para dormir. La idea es entrenar a nuestros cuerpos para que se acuesten y se despierten a la misma hora cada día. Algunos métodos para entrar en ese ritmo son:

  • Un baño caliente y relajante. “Puede ser de gran ayuda tomar un baño caliente una o dos horas antes de acostarse, dice la Dra. Loiterstein, porque eleva la temperatura del cuerpo, haciendo que te sientas somnoliento”.
  • Técnicas de meditación y relajación. La Dra. Nash recomienda apps de meditación específicas para el sueño creadas para diferentes edades. Con música calmante y una voz guía, estas aplicaciones ayudan a los niños a relajarse, a partir de un “escaneo corporal” que empieza desde los dedos de los pies y culmina con ejercicios de respiración y visualización. Todas estas aplicaciones están pensadas para reducir la ansiedad y guiar a los niños a relajarse lo suficiente como para conciliar el sueño.
  • Audífonos con cancelación de ruido. Algunos niños podrían tolerar los dispositivos que sean blandos.
  • Antifaz y cortinas para oscurecer la habitación. Estos pueden ayudar a crear un ambiente oscuro, como el de una cueva.
  • Una habitación fresca. Agregar un ventilador también proporciona un ruido blanco relajante.
  • Una manta con peso. Hay evidencia anecdótica de que una manta con peso puede ser de ayuda para los niños. Solo asegúrese de que no sea demasiado pesada o caliente.
  • Nada de ejercicio antes de irse a la cama. El ejercicio eleva la temperatura corporal, acelera el ritmo cardíaco y estimula el sistema nervioso, ninguno de los cuales es bueno para dormir.
  • Que la cama sea solo para dormir. Usen la cama únicamente para dormir, no como un lugar para hacer la tarea, comer o ver televisión. “Realmente queremos entrenar a nuestros cuerpos para que aprendan que la cama está asociada con el sueño y la hora de dormir”, dice la Dra. Loiterstein.

Cuando llega el momento de evaluar

La Dra. Nash dice que si estas medidas fallan y hay insomnio crónico, es hora de hablar con su pediatra. “Asegúrese de abordar cualquier problema subyacente”, dice. Estos podrían incluir el asma o la apnea del sueño. Los efectos secundarios de los medicamentos también podrían ser la razón del insomnio.

Si un niño necesita un estudio del sueño, añade, hay algunos que se pueden hacer en casa.

Si nada de lo anterior está involucrado, es momento de que los padres comprueben con una evaluación si hay alguna condición psiquiátrica subyacente, la cual ahora se puede hacer a través de la telemedicina.

Los trastornos como la ansiedad, depresión, bipolaridad, TDAH, autismo y TOC pueden interferir con el sueño, al igual que las fobias y factores estresantes asociados a los medios de comunicación, dice la Dra. Nash. Por ejemplo, los niños y adolescentes con autismo podrían no poder dormir debido a problemas sensoriales, mientras que la ansiedad por separación podría conducir al apego.

Terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I)

Si un niño tiene problemas persistentes para dormir, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio puede ser eficaz. La TCC-I (CBT-I, por sus siglas en inglés) enseña a los niños a manejar su propia ansiedad, ahora y en el futuro, y apoya a los padres para que ayuden a sus hijos a mejorar. La Dra. Nash dice que la TCC-I ha demostrado ser más efectiva que la medicación (enlace disponible solo en inglés) para tratar el insomnio.

Medicación para el insomnio

Los medicamentos son el último recurso. “No tenemos ningún medicamento aprobado por la FDA para los problemas del sueño en niños”, dice la Dra. Nash. “Yo diría que el más usado es la melatonina, para iniciar el sueño, pero los niños podrían despertar después de cuatro horas. Algunos padres prueban el XR de liberación retardada pero se arriesgan a que en la mañana estén aletargados”. La idea es empezar con una dosis baja.

La Dra. Nash señala que ha habido resultados anecdóticos con el medicamento para la presión sanguínea llamado clonidina. Aunque ella lo ha usado con algunos pacientes, es posible que en algunos casos no permita descansar toda la noche.

Dos medicamentos más que se usan extraoficialmente para dormir son los antidepresivos Trazodone y Remeron. La Dra. Nash señala que los efectos secundarios de Trazodone pueden incluir somnolencia, por lo que nuevamente ella recomienda empezar con una dosis baja. “Tal vez solo lo usaría en adolescentes que presentan casos realmente severos”, dice. En cuanto a Remeron, cuando se usa en dosis bajas, funciona como un antihistamínico. También aumenta el apetito, por lo que tiende a ser bueno para los niños que toman estimulantes, que se sienten ansiosos y tienen insomnio. Por estas razones, normalmente preferirá probar con Remeron antes de con Trazodone.

Posiblemente los padres hayan oído hablar de Gabapentin, un fármaco antiepiléptico que también se utiliza para tratar el dolor de nervios en los adultos. Pero puede ser sedante y causar náuseas.

¿Qué hay del antihistamínico difenhidramina, más conocido como Benadryl, al que acuden algunos padres cuando quieren que su hijo duerma? La Dra. Nash no recomienda su uso regular debido a sus efectos secundarios, entre los que se encuentran la tolerancia y el aumento de peso.

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Beth Arky es una escritora y editora independiente radicada en Brooklyn que cubre temas relacionados con la crianza, la salud y el aprendizaje y el desarrollo de los niños, incluido el autismo.